lunes, 22 de diciembre de 2025

Father Mother Sister Brother de Jim Jarmusch


Ficha técnica

Título: Father Mother Sister Brother
Dirección: Jim Jarmusch
Guion: Jim Jarmusch
Producción: Charles Gillibert, Joshua Astrachan, Carter Logan, Atilla Salih Yücer
Música: Jim Jarmusch, Anika
Fotografía: Frederick Elmes, Yorick Le Saux
Montaje: Affonso Gonçalves
Compañías Productoras: Saint Laurent Productions, Badjetlag, CG Cinéma, The Apartment Pictures, Fremantle, Les Films du Losange, Cinema Inutile, Fís Éirann / Screen Ireland, Hail Mary Pictures
Distribución: Mubi (EE. UU. y territorios selectos), Lucky Red (Italia)
Duración: 110 min.
Países: Estados Unidos, Irlanda, Francia, Italia, Japón
Idioma: Inglés
Género: Comedia dramática
Estreno: 24 diciembre 2025 (cines EE. UU.)
Premios: León de Oro – Festival de Venecia 2025 🏆

Reparto principal:

  • Tom Waits
  • Adam Driver
  • Mayim Bialik
  • Charlotte Rampling
  • Cate Blanchett
  • Vicky Krieps
  • Sarah Greene
  • Indya Moore
  • Luka Sabbat
  • Françoise Lebrun

Sinopsis

Father Mother Sister Brother es una película de estructura antológica en tres capítulos que examina las dinámicas familiares y las tensiones emocionales que persisten entre adultos y sus padres, así como entre hermanos.

  1. “Father” – En el noreste de EE. UU., dos hermanos adultos (Jeff y Emily, interpretados por Adam Driver y Mayim Bialik) visitan a su padre (Tom Waits), un hombre excéntrico y solitario con quien han perdido contacto.
  2. “Mother” – En Dublín, dos hijas (Timothea y Lilith, Cate Blanchett y Vicky Krieps) se reúnen anualmente con su madre (Charlotte Rampling) para tomar té, reviviendo viejas frustraciones y silencios familiares.
  3. “Sister Brother” – En París, dos hermanos (Skye y Billy, Indya Moore y Luka Sabbat) se enfrentan a su relación y legado familiar tras la muerte de sus padres.

El tono general es contemplativo, con humor sutil, silencios significativos y una exploración de cómo se tejen —y a menudo se rompen y recomponen— los lazos familiares.


Anécdotas de rodaje y curiosidades

  • Estructura: Jarmusch ha descrito el filme como un tríptico narrativo cuidadosamente ordenado —no son tres historias separadas sino partes de un conjunto que funcionan en un orden específico para construir significado. 
  • Origen del guion: Jarmusch escribió el guion muy rápidamente tras llevar meses con la idea en la cabeza; trabaja intuitivamente y no analíticamente.
  • Inspiraciones personales: Algunas ideas, como la relación telepática de los gemelos en el tercer segmento, vienen de recuerdos de su propia familia —su madre y su tío eran gemelos con conexiones curiosas.
  • Casting curioso: Mayim Bialik fue elegida en parte porque Jarmusch la conocía por ser presentadora de Jeopardy!, programa que él veía, sin conocerla previamente como actriz televisiva.
  • Producción complicada: Un incidente con un representante sindical (IATSE) en Nueva Jersey obligó a detener temporalmente la filmación y trasladar parte de la producción a Irlanda y París, lo cual generó frustración en Jarmusch.
  • Minimalismo artístico: Jarmusch pensó inicialmente que la película podría no tener música, queriendo que sus silencios y ritmos narrativos fueran la “banda sonora”.

Lugares donde se filmó

La película se rodó en tres regiones principales para representar cada historia:

  • West Milford, Nueva Jersey (EE. UU.) – escenario rural para la historia de “Father”.
  • Dublín, Irlanda – donde se filmó “Mother”. 
  • París, Francia – locación para el segmento “Sister Brother”.

Reacción de los actores y entrevistas

Aunque la promoción todavía está en curso, Adam Driver ha hablado recientemente de su afinidad por trabajar con directores de autor como Jarmusch y que la película es un regreso a narrativas centradas en personajes más que en espectáculo. Con Father Mother Sister Brother completa su tercera colaboración con Jarmusch tras Paterson y The Dead Don’t Die.

En prensa y presentaciones de festivales, Jarmusch ha comentado que el filme es intencionalmente anti-acción: casi nada de violencia, sexo o drama convencional —más bien se apoya en gestos, silencios y pequeños momentos para revelar emociones.

Además, en Venecia Jarmusch expresó sorpresa y agradecimiento al ganar el León de Oro, destacando la naturaleza tranquila y reflexiva de su obra frente a otras más espectaculares del festival.


Hablando de la película... 


En Father Mother Sister Brother no fracasan las familias por exceso de conflicto, sino por exceso de cortesía. Esa educación emocional que parece civilizada pero que, en realidad, asfixia.


La cortesía como forma de violencia blanda

Jarmusch retrata familias donde nadie grita, nadie estalla… y sin embargo todo está roto. El tiempo compartido no se aprovecha porque está domesticado: se habla de lo correcto, se calla lo importante. El silencio no es contemplativo, es evasivo.

En el episodio de las dos hijas —Timothea y Lilith— esto es especialmente cruel. El ritual del té anual con la madre funciona como una liturgia vacía: Se repite el gesto. Se mantiene la forma- Se evita el fondo

La cortesía aquí no es elegancia: es miedo a desordenar el decorado emocional.


Maquillar la vida para ser aceptados

Timothea y Lilith no solo interpretan un papel ante su madre; lo hacen ante sí mismas. Se han construido identidades presentables, exitosas, cosmopolitas… pero profundamente desconectadas de lo que no encaja en el relato familiar.

Ahí está la tragedia silenciosa: no se miente para engañar, se miente para no incomodar.

Jarmusch sugiere que el verdadero sacrificio no es la verdad, sino el tiempo. El tiempo perdido en conversaciones que no van a ningún sitio, en visitas que no transforman nada, en encuentros que solo sirven para confirmar que “todo está bien” cuando nada lo está.


Familias que no se hieren… y por eso no se tocan

Estas familias fallan porque han confundido respeto con distancia, educación con negación emocional. Nadie se atreve a ser incómodo, y por tanto nadie se atreve a ser honesto.

En ese sentido, la película es devastadora: no hay grandes rupturas, no hay escenas catárticas, solo la certeza de que cuando alguien muera, ya será demasiado tarde para decir lo que importaba.


Para el debate 

  • ¿Es la cortesía una forma socialmente aceptada de cobardía emocional?
  • ¿Preferimos parecer una familia “funcional” antes que ser una familia viva?
  • ¿Cuánto tiempo compartido es en realidad tiempo perdido por miedo a incomodar?
  • ¿Jarmusch acusa a la familia… o a una cultura que ha sustituido la verdad por la corrección?

1. La primera historia: cortesía que sí funciona

Y funciona porque no está moralizada.

Lo que hace grande el episodio del padre (Tom Waits) no es que sea “simpático”, sino que no intenta agradar. Jarmusch deja a los personajes existir sin pedir perdón. El humor aparece como un subproducto natural del carácter, no como un gesto calculado.

Tom Waits no hace chistes, es el chiste: su cuerpo, su manera de estar, su silencio, su tempo

Y los hijos, sentándose en la mecedora, no buscan reconciliarse ni arreglar nada. Simplemente comparten presencia. Eso es profundamente zen.

La música ahí es clave:
Jarmusch no la usa para subrayar emoción, sino para sincronizar al espectador. No miramos el lago: estamos sentados ahí. El cine se vuelve experiencia física.
Eso es cine en estado puro.

Aquí la cortesía no castra, porque no oculta nada. Es una cortesía honesta, casi animal: no sabemos decir mucho, pero no fingimos ser otra cosa.


2. Las hijas y la madre: cuando la corrección mata la escena

Coincido contigo: este episodio se asfixia a sí mismo.

La escena del té es tan perfecta, tan medida, tan “bien escrita”, que termina siendo inerte. No hay respiración. No hay fisura. Y sin fisura, no hay vida.

Digo algo que para mi certero: “no hace gracia ni siquiera la hermana más tímida”

Porque la timidez aquí no es vulnerabilidad, es un rol aprendido. Nadie se sale del guion. Ni la madre. Ni las hijas. Ni la escena.

El guion se estanca porque los personajes no corren ningún riesgo emocional. Todo está diseñado para no molestar, y el cine, cuando no molesta ni un poco, deja de existir.

Aquí Jarmusch parece más prisionero de su concepto que libre dentro de él.


3. La última historia: el elefante en la habitación

Y ahora vamos al punto verdaderamente delicado.

Jarmusch parece no permitirse humanizar a los gemelos desde la tontería.

Y eso es grave, porque la tontería es profundamente humana.

El duelo es un marco legítimo, sí. Pero el duelo no cancela lo absurdo; lo convive. Todos hemos hecho algo ridículo estando tristes. Todos hemos reído donde “no tocaba”.

Aquí, en cambio, Jarmusch santifica el dolor. Lo vuelve respetable, serio, contenido. Y al hacerlo, lo vuelve menos verdadero.

Es como si el director se dijera a sí mismo: “Aquí no puedo relajarme. Aquí no puedo permitirme la ligereza.”

Y eso, paradójicamente, es una forma de desigualdad emocional.

No reírse con ellos, no permitirles el gag mínimo, el gesto absurdo, el desliz… es una forma elegante de deshumanización bienintencionada.


4. Comparación brutal (y necesaria)

  • Tom Waits: viejo, blanco, excéntrico → puede ser raro, seco, gracioso sin pedir permiso.
  • Hijas burguesas: blancas, educadas → pueden ser artificiales hasta la asfixia.
  • Hermanos gemelos negros: → deben ser solemnes, dignos, “correctos”.

Y ahí Jarmusch pierde su mejor arma, que siempre ha sido la observación libre del absurdo humano, sin jerarquías morales.


5. Para el debate


¿Puede la corrección política convertirse en una nueva forma de censura emocional?

  • ¿A quién le permitimos ser ridículo en el cine contemporáneo?
  • ¿Humanizamos más cuando idealizamos o cuando dejamos hacer el tonto?
  • ¿Es la risa un privilegio narrativo?

Mi lectura no es incómoda porque sea incorrecta: es incómoda porque toca una contradicción real del cine de autor actual.

Tom Waits no “hace gracia”: se delata.

El momento del Rolex es magistral porque: No hay subrayado. No hay música cómica. No hay diálogo explicativo. Solo un gesto mínimo: bajarse la manga.

Ahí Jarmusch confía plenamente en el espectador. Nos da el plano, nos da el tiempo… y nos deja completar el sentido. El hijo habla con buena fe, el padre escucha con una mezcla de pudor y picardía, y nosotros entendemos todo sin que nadie lo diga.


¿Por qué funciona tan bien?

  1. Es humor moral, no chiste
    No nos reímos porque sea gracioso “en sí”, sino porque reconocemos algo profundamente humano:
    el padre que no quiere decepcionar,
    el adulto que sigue siendo un crío,
    el dinero “bien usado” según la lógica emocional, no la práctica.
  2. El Rolex no es ostentación, es carácter
    No es un símbolo de riqueza, sino de prioridad absurda.
    Las cañerías pueden esperar. El gusto personal no.
    Eso define al personaje sin necesidad de biografía.
  3. La manga bajada es vergüenza, no culpa
    Y eso es clave. No es un estafador, es un hombre que no sabe justificar su deseo. Por eso se tapa, no por miedo, sino por ternura mal gestionada.
  4. Aquí la cortesía es cómplice, no represiva
    El hijo no insiste.
    El padre no se justifica.
    La escena sigue.
    Ese pacto silencioso es lo que hace que la relación sea viva.

Y volvemos a lo que decía antes: esta historia vibra porque no pretende ser ejemplar.
Es pequeña, imperfecta, ligeramente ridícula… y por eso verdadera. Frente a esto, el té con las hijas es todo lo contrario: demasiado consciente de sí mismo, demasiado correcto, demasiado “bien pensado”. El Rolex escondido bajo la manga es cine. El té perfectamente servido es concepto. Jarmusch “no hace humor”. Lo hace, pero solo cuando confía en la imperfección humana.

¿Puede la corrección política convertirse en una nueva forma de censura emocional?

Sí. Cuando el miedo a ofender impide mostrar contradicciones, ridiculeces o flaquezas humanas, la corrección deja de ser ética y se convierte en higiene emocional: todo limpio, todo correcto… y nada vivo.


¿A quién le permitimos ser ridículo en el cine contemporáneo?

Principalmente a quienes ya tienen privilegio simbólico: hombres blancos, excéntricos, personajes “autorizados” a fallar. A otros se les exige dignidad constante, como si el ridículo les restara valor humano.


¿Humanizamos más cuando idealizamos o cuando dejamos hacer el tonto?

Humanizamos cuando dejamos hacer el tonto. La torpeza, el error y el gesto absurdo nos igualan. La idealización, en cambio, convierte a los personajes en figuras respetables pero distantes.


¿Es la risa un privilegio narrativo?

Sí. Reír en pantalla no es neutro: es un permiso. Decidir quién puede ser gracioso y quién no es decidir quién puede ser plenamente humano.


Estas cuatro respuestas, juntas, definen muy bien el núcleo incómodo de Father Mother Sister Brother y explican por qué una historia nos mece como el lago nevado… y otra nos deja fríos.


Father Mother Sister Brother acierta cuando se permite observar a sus personajes sin corregirlos, y se enfría cuando confunde respeto con solemnidad: porque a veces, lo más humano no es ser digno… sino poder taparse un Rolex con la manga y seguir balanceándose en la mecedora.







Amor DiBó

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