jueves, 13 de noviembre de 2025

Barcelona, mon amour de Jaume Fargas y Roser Texidó

 

“Barcelona, mon amour” (2025): cuando alguien te señala el camino… y empiezas a verlo 

por todas partes


Jaume Fargas y Roser Texidó entregan una comedia amable, limpia y luminosa, de esas que respiran ciudad. Barcelona aparece como un decorado afectivo, un refugio donde una mujer, en esa edad biológica en la que el deseo de encontrar “al indicado” pelea con la serenidad aprendida, se embarca en su particular búsqueda del amor.


La chispa que desencadena todo es casi un juego: una tarotista improvisada en una fiesta de amigas le anuncia que su futuro amor será francés. Nada más. Un gesto, un arcano, una frase suelta. Pero qué poder tiene una predicción cuando cae en un corazón preparado para escucharla.


A partir de ahí, la película capta con mucha finura ese fenómeno tan humano: cuando alguien te enfoca la mirada, tú ves solo eso. Como cuando te compras un coche rojo y, de repente, todas las calles están llenas de coches rojos. Aquí, cada francés potencial se convierte en una pista, un guiño del destino, un “quizá este sí”. Y la protagonista se ilusiona, no tanto por ellos, sino por creer que ya está alineada con su camino, como si el futuro estuviera predefinido y ella solo tuviera que reconocerlo.


La comedia funciona en ese terreno: la criba afectiva entre infinitas ofertas de hombres bajo un mismo filtro, a veces ridículo, a veces tierno. Y lo mejor es cómo la película muestra que, más que buscar al francés correcto, la protagonista se está buscando a sí misma, o buscando alguien que le devuelva el reflejo que desea proyectar.


Una historia ligera, sí, pero no hueca: habla del autoengaño dulce, del poder de la sugestión y de cómo un simple detalle puede reordenar nuestra percepción del amor.


Y lo mejor es que Barcelona, mon amour cierra su búsqueda con un juego de equívocos delicioso: la película se permite bromear con nuestras obsesiones románticas, esas que nos hacen perseguir una pista como si fuera un destino escrito en piedra… para luego demostrar que el amor suele entrar por la puerta menos obvia. No voy a contar el remate, que es simpático, circular y muy de “la vida te guiña un ojo”, pero sí puedo decir que la película acierta en algo muy real: a veces buscamos un francés y encontramos… otra cosa. O casi.









Amor DiBó 

Instagram: @amordibo

Youtube. @amordibo


No hay comentarios: