viernes, 8 de mayo de 2026

Japón. “Una sociedad con alma de cristal dentro de un cuerpo social de acero.”

 

Una sociedad con alma de cristal dentro de un cuerpo social de acero.


El cine japonés contemporáneo muchas veces convierte problemas sociales cotidianos en auténticas tragedias existenciales silenciosas. Y lo hace sin grandes discursos. Mientras una parte del cine español todavía necesita verbalizar mucho el conflicto, discusiones, explosiones emocionales, personajes explicando lo que sienten, el cine japonés suele mostrar una bandeja de comida intacta, un alumno mirando la ventana, un traje negro repetido cien veces, un silencio incómodo en un ascensor, o alguien durmiendo en el metro. Y con eso ya te está hablando de agotamiento, alienación, presión colectiva, miedo al fracaso, soledad moderna, desaparición emocional.


Por eso muchas películas japonesas dejan una sensación rara que aparentemente “no pasa nada”… pero sales con una tristeza pegada al cuerpo. Además, Japón tiene una capacidad muy particular para convertir lo estructural en íntimo. La demografía contamina en la cocina, el trabajo dinamita el erotismo en el dormitorio, la presión escolar crea un “queso de gruyere” en la salud mental y la vergüenza social estigma la identidad.


En España solemos hacer más cine de conflicto interpersonal. Japón muchas veces hace cine de fricción invisible entre individuo y sistema. Y hay otro detalle fascinante: Japón no siempre filma la rebelión. A veces filma simplemente el desgaste.


Eso en Occidente cuesta más porque culturalmente esperamos héroes, catarsis, denuncias claras y finales liberadores. El cine japonés en cambio puede terminar con alguien simplemente continuando su rutina y ahí está precisamente la tragedia.


Películas como Drive My Car, Una hija en Tokio (A Missing Part)), Shoplifters, Perfect Days, Monster, o incluso Tokyo Sonata hablan muchísimo de eso, personas intentando seguir funcionando mientras por dentro algo ya se ha roto.


Y creo que por eso conecto con ese cine. Porque no miro solo la superficie narrativa. Suelo detectar la tensión invisible que hay debajo de los personajes. Probablemente esa sensación que tengo sea la clave. Japón me parece muchas veces un laboratorio humano llevado al extremo de ciertas ideas modernas.


Muchos sociólogos, filósofos y psicólogos llevan décadas observando Japón casi como una “sociedad adelantada”. Hiperurbanización, envejecimiento, aislamiento social, digitalización emocional, sustitución del contacto humano, agotamiento laboral, caída de natalidad, relaciones afectivas más frías, identidades muy disciplinadas, presión por encajar. Japón parece haber llevado ciertos mecanismos de civilización moderna “hasta el final del túnel”.  Es como si el individuo estuviera continuamente limando sus bordes para no alterar la armonía colectiva.


Muchos directores japoneses parecen decir que “la sociedad funciona… pero las almas están cansadas”. Japón reduce muchísimo ese “caos humano regulador” y el resultado puede ser una sociedad elegantísima… pero emocionalmente contenida hasta extremos difíciles de comprender desde fuera. Por eso a veces el cine japonés parece casi extraterrestre para un espectador occidental. No porque los japoneses “sientan menos”, sino porque muchas emociones han sido educadas para no desbordarse públicamente. Quizás lo más inquietante sea que muchas tendencias occidentales actuales, móviles, aislamiento, hipercontrol social, fatiga mental, relaciones digitales, hacen pensar que partes del mundo se están “japonizando” lentamente. Es cuando Japón deja de parecer exótico y empieza a parecer un espejo adelantado del futuro.


El país que su gente ha sido moldeada por los terremotos, tifones, volcanes, tsunamis y han aprendido a recuperarse pronto, con coraje, con poder para levantarse en cualquier circunstancia. Porque la colectividad es más importante que el individuo, como un Ejército. 


Japón se entiende como una adaptación permanente a la fragilidad. Todo puede romperse mañana.


Por eso desarrollaron tanto la disciplina, la previsión, el control emocional, la rapidez para reconstruir, la obediencia colectiva, y la importancia del grupo en armonía. Porque cuando millones de personas viven en espacios reducidos y además bajo amenaza natural constante, el caos individual puede poner en peligro al conjunto. El lema es “aprende a convivir sin romper la armonía”. Conceptos como: Mono no aware: la tristeza suave de las cosas pasajeras y Wabi-sabi: la belleza de lo imperfecto y transitorio nacen de convivir con un mundo inestable.


Como resultado yo la defino: Una sociedad con alma de cristal dentro de un cuerpo social de acero.





Amor DiBó 

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jueves, 7 de mayo de 2026

BCN FILM FEST 2026. Magallanes, Palestine 36 y CowGirl con Daniel Padilla


BCN FILM FEST 2026. Daniel Padilla
Instagram: @lordcinefild
1. Magallanes . Lav Diaz 2. Palestine 36 . Annemarie Jacir 3. Cowgirl . Cristina Fernández Pintado, Miguel Llorens

#bcnfilmfest2026 #magallanes #Palestine36  #cowgirl  




Daniel Padilla
Instagram: @lordcinefild

martes, 5 de mayo de 2026

BCN FILM FEST 2026. Un Taxi en Tokio de Yōji Yamada (Tokyo Taxi)

FICHA TÉCNICA

Título original: Tokyo Taxi

Dirección: Yōji Yamada

Guion: Yōji Yamada, Yûzô Asahara

Historia original: Christian Carion, Cyril Gély (basada en Un paseo con Madeleine)

Producción: Shunsuke Fusa

Música: Taisei Iwasaki

Fotografía: Masashi Chikamori

Montaje: Hiroshi Sugimoto

País: Japón

Duración: 91–103 min (según fuente)

Género: Drama / Road movie / Vejez y memoria

Productora: Shochiku

Estreno: 2025 (Japón) / 2026 (España)

Reparto principal:  Chieko Baishō – Sumire Takano. Takuya Kimura – Koji Usami. Aoi Yū – Sumire joven. Takaya Sakoda. Yûka. Runa Nakashima. Misuzu Kanno. Lee Jun-young. Takashi Sasano

Sinopsis: 

Un taxista tokiota recibe el encargo de trasladar a una anciana de 85 años hasta una residencia. Lo que debería ser un trayecto rutinario se transforma en un viaje lleno de desvíos, geográficos y emocionales, cuando la mujer decide volver a visitar los lugares clave de su vida.

A lo largo del trayecto, la pasajera reconstruye su pasado: amores, pérdidas, decisiones y cicatrices. El taxi se convierte así en un espacio íntimo donde dos desconocidos conectan y donde el tiempo deja de ser lineal para convertirse en memoria viva.


Premios y reconocimientos


Japan Academy Film Prize (2026):

Mejor Actriz: Chieko Baishō

Mejor Actor Revelación: Runa Nakashima

Nominaciones múltiples (película, guion, música, fotografía, etc.)

Blue Ribbon Awards (2026):

Mejor Director (Yamada)

Nikkan Sports Film Awards (2025): Mejor película, actor y actriz


Anécdotas del rodaje

Remake consciente: Yamada no hace copia, sino reinterpretación cultural de la película francesa Un paseo con Madeleine, trasladando el viaje emocional al contexto japonés.

Rodaje híbrido: muchas escenas dentro del taxi se realizaron con tecnología de producción virtual, combinando realismo y control técnico del entorno.

Localizaciones reales: se rodó en barrios auténticos de Tokio como Shibamata, reforzando el carácter de “memoria urbana”.

Película nº 91 del director: un dato casi poético, tratándose de una historia sobre el paso del tiempo.


Anécdotas de actores y director

Chieko Baishō, Actriz icónica del cine japonés, vuelve a encarnar la vejez con una mezcla de fragilidad y lucidez que recuerda su trabajo en Plan 75.  Su interpretación fue tan potente que le valió el premio a Mejor Actriz en la Academia Japonesa. 

Takuya Kimura. Reencuentro con Yamada tras casi dos décadas sin trabajar juntos, lo que añade una capa emocional extra al proyecto.

Yōji Yamada. Considerado uno de los grandes cronistas del Japón cotidiano, vuelve a su tema favorito: la dignidad de lo simple. Su cine siempre ha explorado el paso del tiempo, pero aquí lo hace desde una mirada casi testamentaria.


Hablando de la película… 

¿Porqué los profesores no llevan Uniforme…? En 2026

El 9 de septiembre de 2014 publiqué este artículo ¿Porqué los profesores no llevan uniformes? . Lo comento porque ahora en 2026 veo que ha acumulado 8209 visitas. Estoy sorprendida porque para mi, no es baladí ésta cifra.

Lo que hace 12 años planteaba como una hipótesis sobre el uniforme y la autoridad, hoy se ha convertido en una situación cruda y polémica en las aulas catalanas. La realidad es muy distinta según el lugar del mundo. Lo que ocurre en L'Hospitalet no se parece a lo que ocurre en Finlandia, ni en China, ni en un colegio privado de Estados Unidos.

Resulta que la Generalitat de Cataluña acaba de poner en marcha, estamos a Mayo de 2026, un plan experimental en 13 institutos de máxima complejidad, entre ellos dos de L'Hospitalet de Llobregat, para desplegar agentes de los Mossos d'Esquadra vestidos de paisano, sin uniforme y sin arma, con el objetivo de reducir la conflictividad escolar.

Los datos que han llevado a esta decisión son escalofriantes: solo en lo que va de curso 2025-2026 se han registrado más de 5.000 incidentes en centros educativos catalanes, incluyendo 1.718 casos de acoso escolar, 573 agresiones y 165 situaciones de odio y discriminación.

La paradoja del "uniforme invisible" que señalaba en el artículo se cumple aquí de forma trágica. ¿El uniforme inspira autoridad? Stanley Milgram demostró que obedecemos a una figura autoritaria cuando va acompañada de uniforme". Y también señalé que los adolescentes "siguen al líder de una banda antes que al profesor e incluso imitan su uniforme'*. Pues bien, la solución que ha planteado la Generalitat es eliminar el uniforme policial precisamente para no generar rechazo. Los agentes van de paisano, sin distintivos, para "evitar posibles conflictos entre los menores" y no parecer una "fuerza de ocupación".

Antes de seguir creo que debo afrontar la explicación más a mi estilo, no quiero engañar a mis lectores: Si la Generalitat de Cataluña acaba de poner en marcha un plan experimental en 13 institutos de máxima complejidad, es porque sencillamente a los profesores no los respetan nadie. La depresión, las bajas, los incentivos de ver que los alumnos están asilvestrados, que amenazan o conatos de violencia a los profesores, etc, etc... ¿Tu te crees que los policías de paisano van a solucionar el problema irresoluble? ¿Los policías y la crisis de autoridad que tienen en su institución son capaces de tener recursos para solucionar éste problema?

Artículo publicado el 24 de Abril 2026

Vamos al grano: no, los policías de paisano no van a solucionar el problema irresoluble. La Policía tiene su propia crisis de autoridad y de salud mental Los datos que aporta El Periódico (abril de 2026) son demoledores:

  • Más de 200 policías se han suicidado en los últimos siete años.
  • El suicidio es ya la principal causa de muerte de los agentes en activo.
  • Ellos mismos denuncian "silencios y olvidos institucionales".
  • Sus problemas: ansiedad, depresión, falta de comprensión de mandos, dificultad de conciliación, falta de reconocimiento.

¿Cómo va a resolver un colectivo así la crisis de autoridad en las aulas? ¿Cómo va a infundir respeto quien no recibe respeto de sus propias instituciones? ¿Cómo va a mediar en conflictos quien arrastra un desgaste emocional que le lleva al suicidio?

PARLANChINES. Estrenos de Películas 8 de mayo 2026

 


PARLANChINES con Miguel-Fernando Ruíz de Villalobos periodista y crítico de cine,

participa con sus recomendaciones, de los Estrenos de Películas del 8 Mayo 2026


1. LOS MEJORES AÑOS DE NUESTRA VIDA . Charlie Arnaiz, Alberto Ortega (A CONTRACORRIENTE FILMS) 2. HANGAR ROJO . Juan Pablo Sallato (FESTIVAL FILMS) 3. DÍA OCHO: EL SOPLO DEL ESPÍRITU . José Gómez de Vargas (European Dreams Factory, Goya Producciones) 4. RONDALLAS . Daniel Sánchez Arévalo (Movistar+) #rondallas #losmejoresañosdenuestravida #hangarrojo #diaochoelsoplodelespiritu


BCN FILM FEST 2026. Wasteman de Cal McCau con Anna Bayón


Wasteman | BCN Film Festival – Zona Abierta

Director:  Cal McCau

Año: 2.025

País: Reino Unido


Thriller carcelario que demuestra que, incluso en los entornos más hostiles, la inteligencia suele imponerse a la intimidación y la fuerza bruta.

Taylor es un preso a punto de obtener la libertad condicional y reencontrarse con su hijo, al que no ve desde que ingresó en prisión. Sin embargo, todo se complica con la llegada de Dee, un nuevo compañero de celda conflictivo. Manipulador, violento y con una insaciable ansia de poder, Dee intentará hacerse con el control del tráfico de drogas a cualquier precio… y con Taylor a su lado.

Nos encontramos ante la película con la que su director, Cal McCau, ha obtenido el premio a Mejor debut en la dirección en los British Independent Film Awards 2025. Este asfixiante thriller, con escenas muy explícitas y cargadas de violencia, dista bastante de ser una de las películas del año; sin embargo, posee un innegable componente adictivo que atrapa al espectador desde el inicio.

Un magnífico Tom Blyth interpreta al maléfico Dee de forma hipnótica, como ya nos tiene acostumbrados. Su personaje está lleno de matices y reúne todos los elementos del villano por excelencia: psicótico, impulsivo y dominado por el odio y la ira, logrando que no sintamos ninguna empatía hacia él. Por su parte, David Jonsson cumple correctamente en el papel de Taylor, un personaje muy marcado por su adicción, como así lo podemos ver en su comportamiento de ir drogado en todo momento.

El ritmo del filme es frenético y absorbente, pero no alcanza los ingredientes necesarios para consolidarse como un gran thriller carcelario. Se echan en falta mayor dramatismo y carga emocional, así como una mayor profundidad en los personajes. La inclusión de flashbacks habría enriquecido notablemente la historia, permitiendo conocer mejor aspectos como los delitos de Dee o el origen de su carácter violento. Asimismo, se percibe cierta limitación en los escenarios, ya que la narración se mantiene casi exclusivamente dentro del entorno carcelario.

En conclusión, si buscas una película que retrate con crudeza y realismo la vida en prisión, casi con un enfoque documental, esta propuesta puede resultar de tu interés.


⭐️⭐️⭐️ ½ (3 ½ /5)




Anna Bayón

Instagram: @cine-anabayon

lunes, 4 de mayo de 2026

La violencia con el hombre. El mismo lenguaje visual de dominación en el cine… cambiando el sujeto. Parte 2.0

La violencia con la mujer en el cine desde los años 40 del Siglo XX. Parte 1.0

Como ya planteé en la Parte 1.0. Dejo aparcado este tema porque sería motivo de una tesis doctoral, que estoy segura, debe estar ya circulando por la Red. Pero abro otro melón y es que te podría decir que no me gusta para nada como las mujeres, en el cine, toman la iniciativa con la misma estética que lo hacían los hombres. Empujan al hombre contra la pared, lo besan sin pedir permiso, con cierta violencia en esa iniciativa.

Si, yo me quejaba de que las películas antiguas primero era la bofetada y luego llegaba el beso, como... te perdono la vida y te tienes que rendir a mi "pasión-violenta. “Te someto, luego te deseo y eso lo justifica todo”, Me desagrada igualmente esa feminidad masculinizada tan brutal. Muchas ficciones han adoptado el mismo lenguaje visual de la dominación… cambiando el sujeto. Y eso tiene implicaciones interesantes y problemáticas.


1. El gesto: de quién lo hace… a cómo se representa

Ese momento que describo: empujar contra la pared, besar sin previo acuerdo, invadir el espacio físico, no es neutro. Es un código muy reconocible del cine clásico y del thriller erótico del Siglo XX.

Cuando lo hacía el hombre se leía como pasión dominante o como romanticismo agresivo.

Cuando lo hace ahora una mujer muchas veces se presenta como empoderamiento. Aquí está la grieta, el gesto sigue siendo el mismo.


2. ¿Empoderamiento… o repetición del modelo?

Hay dos formas de leerlo. La mujer toma la iniciativa. Rompe el rol pasivo tradicional. Decide sobre el deseo. Esto sería liberador. Y otra lectura sería mantener la lógica de imposición física. El consentimiento se vuelve ambiguo. Se copia una estética de dominación. Es decir, no se cambia el modelo… se invierte el actor. Y eso puede resultar incómodo porque no hay diálogo, no hay construcción del deseo, hay una especie de “asalto emocional estilizado”


Antes, él empujaba contra la pared y el cine lo llamaba amor. Ahora, ella empuja contra la pared y el cine lo llama libertad. Pero en ambos casos, la pared sigue ahí. Y nadie pregunta, si el otro quería estar contra ella.


 “La nueva iniciativa femenina en el cine: ¿liberación o copia del viejo gesto masculino?” no basta con cambiar quién actúa… hay que cambiar cómo se ama en pantalla.


El problema real. Es que el deseo sigue representándose como conquista física. El cine, durante décadas, ha asociado la intensidad a brusquedad, pasión a pérdida de límites y amor a invasión. Antes, la violencia venía con traje de hombre y el cine la llamaba pasión. Ahora se pone tacones y el cine la llama iniciativa.


El cine ha aprendido a cambiar de protagonista, pero aún no ha aprendido a cambiar de gesto. Cuando una mujer empuja en 2026, el espectador trae una historia de opresión real.  Hay un camino más interesante, desobedecer al gesto. El cine que realmente innova no invierte el modelo, lo abandona. Por ejemplo, el deseo en Retrato de una mujer ardiendo (2019) no empuja contra ninguna pared. Es pura mirada, permiso, espera. No necesita violencia para ser intenso.


Aquí tienes una selección de películas: 

1. El ejemplo más "clásico" del gesto invertido: Wild Things (1998)

Es el ejemplo perfecto de cómo el cine adoptó la "feminidad masculinizada". Aunque la famosa escena es un trío, el imaginario colectivo asocia esta película con la mujer (Denise Richards, Neve Campbell) tomando la iniciativa sexual de forma depredadora y manipuladora. Aquí, la mujer no solo empuja: usa la seducción como un arma de dominación (aunque con un giro de thriller). Es la materialización de "la mujer copia el gesto masculino" dentro de una fantasía de poder heterosexual.


2. El deseo que nace de una pesadilla: Thou Wast Mild and Lovely (2014)

Esta es una película rara pero muy interesante. En ella, el deseo y la violencia son indistinguibles. Hay una escena brutal que describe la crítica : la chica captura una rana, la acaricia, y de repente le arranca la cabeza de un mordisco. Con la sangre del animal aún en la boca, el chico se acerca y la besa apasionadamente mientras tienen sexo.

Directamente alude a mi queja sobre "la bofetada y luego el beso". Aquí no es una bofetada, es algo mucho más visceral. Se pregunta: ¿Es esto liberación femenina? No. Es la representación de que el deseo sigue estando ligado a la transgresión y a una violencia primitiva, pero ahora ejecutada o iniciada por la chica.


3. La heroína que rechaza el rol pasivo: The Marsh Girl (2022). 
Título original: Where the Crawdads Sing

Aunque aquí la violencia no es sexual sino de defensa personal, es útil porque condensa la otra cara de la moneda. En una escena, el exnovio (violento) la acorrala y ella le golpea y amenaza con matarle si vuelve .

Contraste clave: Mientras que en `Wild Things` la mujer usa el gesto masculino para seducir, aquí la mujer rechaza ser víctima con violencia física. Es el límite de "la iniciativa femenina": ¿dónde termina el empoderamiento y empieza la copia de la brutalidad masculina?


4. La parodia del "asalto romántico": Attenberg (2010)

Es una película incómoda, pero en el sentido opuesto. En lugar de glorificar la pasión violenta, la ridiculiza. Hay una escena donde dos chicas intentan besarse apasionadamente. La crítica señala que fue "uno de los peores besos de la historia del cine", con lenguas moviéndose de forma torpe y una chica diciendo que sabe a "babosa" .

Aquí no hay violencia. Hay torpeza. Es una reflexión metalingüística: cuando una mujer intenta copiar el gesto "seguro y dominante" del hombre, el resultado es grotesco y artificial. Cuestiona si ese gesto tiene sentido sin el poder patriarcal que lo sostenía.


5. Un contraejemplo esclarecedor: The Adamant Girl (2024)

Esta película india no tiene la escena del empujón exactamente. Muestra el sistema patriarcal como una prisión. La protagonista es llevada a un ritual de "exorcismo" para curar su deseo de amar a quien quiere.

Si comparas la rebeldía de esta chica, que nunca empuja a nadie, simplemente se niega a bajar la mirada,  con la de Wild Things, ves la diferencia entre resistencia y imitación. Podemos decir que el cine occidental confunde imitar la violencia con ser libre.





Amor DiBó 
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domingo, 3 de mayo de 2026

La violencia con la mujer en el cine desde los años 40 del Siglo XX. Parte 1.0


A lo que voy y voy al grano. Recuerdo ver las películas en blanco y negro de gansters americanas, la misma película que salía Gilda, o Cuando ruge la Marabunda que el modelo americano en las películas era abofetear a la mujer, por rabia, desprecio ó por deseo. El cine americano llegó a Italia, Francia, España y así como se imitaba beber Coca-cola, Martini o Gin-tónic, también se imitaba la moda, los night-clubs, las relaciones amorosas, incluso recuerdo, las mujeres super arregladas en casa, haciendo pasteles para cuando llegara el marido, por nombrar algo. 

“El modelo americano” en abstracto, era una combinación de códigos del cine negro, melodramas y comedias screwball, donde la violencia hacia la mujer, incluida la bofetada, aparecía como recurso dramático, gesto de dominación o, peor aún, como sustituto torpe del deseo. Y sí, eso viajó. Como el Gin-tónic… pero con más resaca moral.


1. El cine negro: amor, violencia y control

Aquí la bofetada no era anecdótica, era parte del lenguaje.

Gilda (1946, Charles Vidor) Glenn Ford abofetea a Rita Hayworth. Celos, control y deseo mezclados.  

The Big Sleep (Howard Hawks) No hay una bofetada icónica, pero sí un juego constante de dominación verbal y física entre Humphrey Bogart y Lauren Bacall.

Double Indemnity (Billy Wilder) La violencia es más psicológica, pero el tono es el mismo. Relaciones donde el poder pasa por la manipulación y la agresión latente. 

Out of the Past Otra femme fatale donde el amor va de la mano del castigo. En este universo, la mujer era o “ángel del hogar” o “femme fatale”. Y a esta última… se la castigaba.


2. Melodramas y westerns. La bofetada “correctiva”

Aquí entramos en terreno aún más incómodo: la bofetada como acto “legítimo”.

Johnny Guitar (Nicholas Ray) Joan Crawford recibe y también da violencia, en un duelo emocional brutal. Aquí la agresión es casi coreografía.

Red River (Howard Hawks) John Wayne encarna ese modelo masculino autoritario que no duda en imponer físicamente su voluntad.

Gone with the Wind Clark Gable no necesita levantar la mano muchas veces: su masculinidad dominante es la norma, y cuando hay violencia, se romantiza.

Aquí aparece algo clave. La bofetada como mecanismo narrativo para “poner orden”.


3. El código cultural. Cuando Hollywood enseñaba a amar mal

La mujer arreglada haciendo pasteles no es una exageración. Es iconografía real del ideal doméstico americano de posguerra. Mujer: bella, paciente, doméstica. Hombre: proveedor, dominante, emocionalmente torpe. Y cuando ese hombre “perdía el control”, el cine muchas veces lo justificaba como pasión, celos, amor mal canalizado

Traducido: la violencia se normalizaba como parte del vínculo.


4. ¿Por qué esto se imitó en Europa?

Porque Hollywood no solo exportaba películas, exportaba modelos de relación, estética del deseo, jerarquías de género

Italia con el neorrealismo tardío, Francia con el polar y España con el cine de los 50–60, por poner estos 3 ejemplos. Todos absorbieron algo de ese lenguaje. No siempre copiando la bofetada literal, pero sí la idea de que el amor podía incluir dominación.

Lo inquietante no es que esas películas existieran. Lo inquietante es que durante décadas nadie veía el problema. La bofetada no era un escándalo… era puntuación dramática. Como una coma. O un punto y aparte. Y claro, si el cine es el espejo donde aprendemos a amar, no es raro que durante años muchos amaran… como quien da órdenes. O como quien castiga.


5. Y aquí conecto con lo contemporáneo

A raíz de ver en el BCN FILM FEST 2026 y 2023 Un taxi en Tokio y Un paseo con Madeleine, van en la dirección contraria. Ya no se muestra la violencia como gesto romántico, sino como trauma, memoria o herida social.

Lista de películas de EE. UU - siglo XX,  con violencia hacia la mujer. 


1. Gilda (1946, Charles Vidor)

Escena: Johnny (Glenn Ford) abofetea a Gilda (Rita Hayworth) en un estallido de celos y frustración.

Lectura: No es solo violencia: es posesión disfrazada de amor. La bofetada funciona como “acto de corrección emocional”.


2. The Big Heat (1953, Fritz Lang)

Escena: Vince (Lee Marvin) arroja café hirviendo al rostro de Debby (Gloria Grahame).

Lectura: Aquí la violencia ya no es simbólica: es brutalidad explícita. El noir muestra sin pudor la misoginia estructural del poder masculino.


3. Johnny Guitar (1954, Nicholas Ray)

Escena: Vienna (Joan Crawford) y Emma (Mercedes McCambridge) se enfrentan físicamente: abofeteos incluidos.

Lectura: Interesante giro: la violencia no es solo masculina. Aquí se convierte en lucha de poder entre mujeres dentro de un sistema patriarcal.


4. Red River (1948, Howard Hawks)

Escena: Tom Dunson (John Wayne) impone su autoridad de forma agresiva en sus relaciones, con gestos físicos intimidatorios hacia Tess (Joanne Dru).

Lectura: El western legitima una idea: el hombre domina porque el mundo es suyo.


5. Gone with the Wind (1939, Victor Fleming)

Escena: Rhett (Clark Gable) fuerza físicamente a Scarlett (Vivien Leigh) en una escena cargada de violencia sexual implícita.

Lectura: Uno de los ejemplos más problemáticos: la agresión convertida en clímax romántico.


6. A Streetcar Named Desire (1951, Elia Kazan)

Escena: Stanley (Marlon Brando) agrede a Stella (Kim Hunter) en una discusión violenta.

Lectura: Aquí ya aparece la grieta: el film no justifica, expone la violencia doméstica como tragedia.


7. The Postman Always Rings Twice (1946, Tay Garnett)

Escena: Relación cargada de empujones, tensión física y dominación entre Frank y Cora.

Lectura: El deseo se construye como territorio violento, donde amar es arriesgar el cuerpo.


8. Cape Fear (1962, J. Lee Thompson)

Escena: Max Cady (Robert Mitchum) amenaza y acosa psicológicamente a la hija adolescente del protagonista.

Lectura: La violencia evoluciona hacia el terror psicológico y sexualizado.


9. Mildred Pierce (1945, Michael Curtiz)

Escena: Mildred (Joan Crawford) abofetea a su hija Veda en un momento de ruptura total.

Lectura: La violencia ya no es romántica: es fracaso del modelo familiar ideal.


Mi enfoque

  • En los años 30–40 la violencia se normaliza o romantiza
  • En los 50 empieza a tensarse, pero sigue integrada
  • En los 60 se vuelve incómoda, más psicológica, menos justificable

Es decir, el cine no inventa la violencia… pero sí enseña cómo mirarla.








Amor DiBó 
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