Los cinco son:
It Sounds Louder on Rainy Days, Kim Sang-yun, 29 min. — familia, matrimonio, padre e hija y todo aquello que una familia es incapaz de decirse.
Allergy, Kim Se-young, 17 min. — una mujer literalmente «alérgica» a los seres humanos: una premisa fantástica estupenda para hablar del aislamiento y la incomunicación.
Floor, Jo Bareun, 13 min. — el infernal ruido del vecino de arriba convertido en acción y violencia. Y aquí, siendo tú una cinéfila misofónica, sospecho que tenemos conversación para rato. Además, había ganado premios en BIFAN y Fantasia.
Hooing, Choi Jee-hee, 15 min. — una anciana de 98 años, última habitante de un pueblo prácticamente extinguido, encuentra un bebé abandonado. Aquí aparece directamente uno de los grandes problemas de Corea: envejecimiento + despoblación + desaparición del mundo rural.
In Our Day, Kim Soyeon, 20 min. — un comerciante de 75 años y su pequeño supermercado deteriorándose junto con él: probablemente el más cotidiano de todos.
Y entiendo perfectamente que ganara It Sounds Louder on Rainy Days. Además, hay un dato que le da mucho peso: no llega a Barcelona como un corto cualquiera. Ya había obtenido en 2025 el Sonje Award al mejor cortometraje coreano del Festival Internacional de Cine de Busan. El jurado de Busan destacó precisamente su capacidad para convertir pequeños gestos, interacciones y espacios íntimos en algo extraordinario.
El KFFBCN señala la referencia a Yi Yi de Edward Yang, mientras que la propia ficha de Busan encontraba ecos de Still Walking (Caminando) de Hirokazu Kore-eda. Eso ya nos coloca en un territorio que conocemos bien: la familia asiática como espacio donde se quiere muchísimo y se habla poquísimo.
Cinco cortos de una Corea que no consigue comunicarse
En It Sounds Louder..., una hija no consigue comunicarse con su padre. En Allergy, la protagonista directamente no soporta el contacto humano. En Floor, los vecinos son incapaces de entenderse y el conflicto termina expresándose físicamente. En Hooing, una anciana vive prácticamente sola en un pueblo que está desapareciendo.Y en In Our Day, tenemos a otro anciano aferrado a una tienda y a una forma de vida que envejece con él.
Es decir: cinco historias muy diferentes y la misma pregunta por debajo: ¿qué ocurre cuando los vínculos entre las personas empiezan a romperse?
Y precisamente el ganador parece el más sencillo de todos. No necesita una gran idea fantástica, ni acción, ni una Corea futurista. Una casa. Una comida. Un cumpleaños. Una hija que vuelve con marido e hijo. Y un padre que se encierra literalmente en una habitación. La arquitectura hace visible el conflicto familiar: hay una puerta cerrada porque antes ya había una conversación cerrada.
Además, el propio Kim Sang-yun dice que quería hablar de la diferencia entre lo que mostramos exteriormente y lo que sentimos interiormente, y de descubrir los sentimientos ocultos de personas que quizá nunca llegamos a comprender en nuestra vida cotidiana.
Para mi la que me llamó más la atención fue Hooing — Cuando vivir muchos años deja de ser solamente una victoria
Durante décadas hemos celebrado el aumento de la esperanza de vida como uno de los grandes triunfos de nuestras sociedades. Pero ahora que aquella victoria se ha hecho realidad, los Estados parecen contemplarla con una venda en los ojos y las manos tapándose los oídos. Sabemos prolongar la vida; otra cuestión muy distinta es saber qué hacer socialmente con todos esos años que hemos conseguido añadir.
Hooing introduce una idea mucho más incómoda: ¿qué ocurre cuando una sociedad comienza a considerar que quien ya no produce tampoco resulta necesario? Su anciana de 98 años parece pertenecer a un mundo que se extingue con ella. Vive prácticamente sola en un pueblo vaciado y envejecido. Sin embargo, la aparición de un bebé abandonado transforma por completo nuestra mirada sobre el personaje. Aquella mujer aparentemente frágil despliega una energía formidable para rescatar a una criatura cuya llegada al mundo, además, ella misma había ayudado a nacer.
No rejuvenece su cuerpo. Rejuvenece su propósito. Y quizá ahí se encuentre la pequeña bofetada de Hooing: aquella anciana nunca había dejado de tener valor. En los dos extremos quedan una mujer de 98 años y un recién nacido. Entre ambos debería haber familias, hijos, nietos, vecinos y generaciones enteras. Pero apenas queda nadie. La persona más vieja termina protegiendo a la más joven. El pasado carga literalmente con el futuro.






























