Vuelve Sorogoyen con su drama más personal.
Si hay algo que caracteriza al cineasta es su forma de analizar las relaciones personales y cómo nos afectan psicológicamente. Después del gran éxito de AS BESTAS y la serie LOS AÑOS NUEVOS, regresa con este thriller dramático de una historia mucho más íntima, moviéndose en su “zona de confort” y abordando los entresijos del rodaje de una película. Es decir, recurriendo al siempre interesante “cine dentro del cine” y explorando, además, la relación entre un padre y una hija, de forma que lo que podría parecer parte de la trama de la película que están rodando se convierte en el propio conflicto entre los protagonistas.
Esteban (JAVIER BARDEM), un exitoso director de cine con un pasado marcado por el alcohol y la violencia, está rodando en España su próxima película y le pide a su hija Emilia (VICTORIA LUENGO) que sea la protagonista. Aunque acepta con cierta reticencia debido a los conflictos personales entre ambos, quizá como una forma de catarsis o con la intención de sanar la relación, pronto descubrirá que el abuso de autoridad de su padre y su egocentrismo, fruto de creerse un gran artista, son su mayor lastre. Su propia genialidad terminará jugándole malas pasadas.
Una vez más, el director y su inseparable guionista Isabel Peña nos traen una cruda historia de relaciones, con las emociones a flor de piel. Sorogoyen sabe sacar todo el jugo a sus actores y exprimirlos al máximo, y eso se nota. Tanto Bardem como Luengo están sublimes en sus respectivos personajes, protagonizando un constante duelo interpretativo entre la contención y la explosión.
El filme juega con la ambigüedad de tratar sobre cine, lo que permite extralimitarse y experimentar con infinidad de recursos narrativos.
En esta ocasión, Sorogoyen lo utiliza para provocar sentimientos en el espectador que pueden confundirle o encandilarle, aunque algunos podrían tacharlo de pretencioso. Sin embargo, ese uso de las técnicas cinematográficas pone de manifiesto su maestría a la hora de dirigir y su conocimiento del oficio. El blanco y negro, el formato 4:3, el filtro retro, los primerísimos planos, etc. En palabras del propio director: “Así, queda plausible que, como cada personaje tiene su versión de la historia vivida, la forma en que perciben la realidad por parte del otro cambia al mirarlo”.
Sin duda, es una película que hace sentir y que atrapa desde la intensa conversación inicial, cargada de tensión —otro de los rasgos indiscutibles del director—, hasta la escena de la cena, en mi opinión, la mejor de la película. Consigue mantener la intriga de una forma brillante, alargando las escenas y con un estilo que vuelve a demostrar por qué Sorogoyen es único.
El padre es director → quiere controlar la película. También quiere controlar la relación: intenta dominar la conversación, sus emociones e incluso aquello que ocurre con su hija.
La hija es actriz → tiene que interpretar.
Y lo más interesante es que el propio Sorogoyen coloca a un director de cine como protagonista de esa contradicción.
Por eso creo que El ser querido no es tanto una película sobre si Emilia perdona a su padre, sino sobre si tiene obligación de hacerlo.
Sin duda, estamos ante una de las firmes candidatas a varias nominaciones a los Goya, aunque recordemos que este año competirá con LA BOLA NEGRA, que también promete mucho.
Puntuación
️

1/2 sobre 5
Anna Bayón
Instagram: @cine-anabayon










