Es una película de Park Chan-wook que no habías visto y te sorprendió mucho. La estética, el guion, Lee Young-ae y los actores secundarios.
Y había una circunstancia importante del KFFBCN: el festival había seleccionado varias películas de Park Chan-wook buscando diferentes perfiles o representaciones de la mujer. Por eso queríamos mirar a Geum-ja no simplemente como «la mujer que se venga», sino como una pieza dentro de esa galería femenina del director.
Sinopsis
Lee Geum-ja sale de prisión después de cumplir trece años y medio de condena por el secuestro y asesinato de un niño. Durante su estancia en la cárcel se ha construido una imagen de mujer bondadosa, casi angelical. Pero esa imagen forma parte también de una cuidadosa preparación.
Geum-ja fue obligada a asumir la responsabilidad de un crimen cometido por el señor Baek. Una vez recuperada la libertad, comienza a reunir a antiguas compañeras de prisión y a preparar su venganza mientras intenta reconstruir la relación con la hija de la que fue separada.
Pero Park Chan-wook complica progresivamente la pregunta inicial: ¿puede la venganza reparar algo?
Geum-ja no prepara simplemente «el crimen perfecto». Lo interesante es que prepara su propia idea de justicia, pero cuando llega el momento de ejecutarla, Park Chan-wook convierte la venganza individual en algo mucho más incómodo: una decisión colectiva.
La mujer según Park Chan-wook
Geum-ja resulta fascinante porque Park Chan-wook evita presentarla únicamente como víctima. Es víctima, culpable, madre, manipuladora, protectora, vengadora y también una mujer que busca alguna forma de expiación. Durante su estancia en prisión fabrica deliberadamente una personalidad. La llaman prácticamente un ángel. Cuando sale, esa representación deja de ser necesaria. Y ahí aparece aquella extraordinaria transformación estética.
El maquillaje rojo de los ojos.
Geum-ja ya no necesita parecer buena. Su rostro empieza a anunciar lo que está preparando.
Pero lo interesante es que tampoco estamos ante una heroína convencional. La venganza no consigue devolverle la inocencia que perdió.
EL ROJO
Encuentro algo muy particular en el uso que el cine coreano hace del rojo: tejidos, vestidos, zapatos, maquillaje... y, por supuesto, sangre a espuertas. En Lady Vengeance, Park Chan-wook lo utiliza de manera extraordinariamente calculada. El rojo aparece asociado a Geum-ja, pero no tiene un único significado. Puede ser: belleza — seducción — peligro — violencia — pecado — venganza.
Y frente al rojo tenemos progresivamente el blanco. La nieve. El tofu. El pastel. La búsqueda imposible de pureza... rojo = pecado/venganza blanco = expiación/pureza. Pero Park Chan-wook introduce la trampa: El blanco no consigue borrar el rojo. Geum-ja puede vengarse. Puede intentar expiar su culpa. Puede hundir el rostro en aquel pastel blanco. Pero no puede volver a ser inocente.
La reunión de los padres
Cuando descubren que Baek no asesinó solamente a un niño, la película cambia. Ya no estamos simplemente ante Geum-ja contra Baek. Aparecen las familias de las víctimas. Y Park Chan-wook monta algo parecido a un tribunal clandestino. Los padres reciben información. Ven las grabaciones. Conocen lo ocurrido. Discuten. Votan. Y finalmente tienen que decidir qué hacer con el asesino.
Aquí la película traslada al espectador una pregunta incómoda: ¿Qué haríamos nosotros?
Desde la tranquilidad de una butaca resulta relativamente sencillo defender conceptos abstractos como justicia, castigo o legalidad. Park Chan-wook coloca delante de esos padres las imágenes de sus hijos asesinados y después les pregunta qué quieren hacer con el hombre responsable. Y prácticamente transforma la venganza en una decisión democrática del dolor.
La violencia fuera de campo
También destacamos algo que me parece muy Park Chan-wook. La película puede ser tremendamente violenta, pero no necesita enseñarnos constantemente la violencia. En la secuencia de la venganza colectiva, una parte importantísima queda fuera de campo. Nosotros sabemos qué están haciendo. Lo imaginamos. Y quizá precisamente por eso resulta todavía más desagradable.
El director está mucho más interesado en qué ocurre emocionalmente con quienes ejercen la violencia que en convertir el castigo en espectáculo. Después deben limpiarse. Vestirse. Recuperar cierta normalidad. Y hasta hacerse una fotografía. Ese contraste entre una atrocidad y la organización casi burocrática de quienes la realizan es estremecedor.
¿Venganza o expiación?
Este era probablemente el corazón de nuestro comentario. La venganza se cumple. Pero Geum-ja no queda liberada. Y ahí el final adquiere toda su importancia. La nieve, el blanco, el pastel y la relación con su hija nos llevan hacia la idea de purificación. Pero la película se niega a concederle una absolución sencilla.
Geum-ja puede castigar al culpable, pero no puede recuperar aquello que perdió.
La venganza modifica el presente. No reescribe el pasado.
Y la sorpresa: la nana catalana
Sí, era cierto. La música que acompaña la escena final y los créditos es «Mareta, Mareta no'm faces plorar», una nana tradicional valenciana. El arreglo es de Jordi Savall y está interpretada por Montserrat Figueras y Arianna Savall. Las fuentes sobre la banda sonora la identifican como una pieza tradicional/anónima vinculada a Alicante. Por tanto, mi recuerdo de Jordi Savall era correcto.
Y no es un detalle musical gratuito. Después de Vivaldi, Paganini, clavecines y una banda sonora barroca tremendamente elaborada, Park Chan-wook termina con una canción de cuna mediterránea. CineAsia también señala expresamente el uso de la nana catalana/valenciana en el cierre. La elección resulta preciosa por la relación madre-hija que atraviesa la película. Después de tanta violencia, terminamos prácticamente con una nana.
Tenemos la columna vertebral bastante sólida:
Geum-ja como uno de los perfiles femeninos elegidos por el KFFBCN → la construcción del ángel dentro de prisión → maquillaje rojo y transformación → maternidad perdida → tribunal de los padres → justicia frente a venganza → violencia fuera de campo → imposibilidad de recuperar la inocencia → blanco, nieve, tofu y pastel como expiación → nana final de Jordi Savall.
























