Asistí a la ponencia de Christian Katzenbach, en el +Rain Film Fest 2026: Bringing Generative AI into Being: Controversies, Corporate Power and Creative Work .
Christian Katzenbach es catedrático en el Centro de Investigación en Medios, Comunicación e Información (ZeMKI) de la Universidad de Bremen y dirige el laboratorio “Platform Governance, Media and Technology”. En este contexto investiga las interrelaciones entre comunicación, tecnología y política en el marco de la digitalización de la sociedad. Sus áreas de especialización incluyen el análisis conceptual y empírico de la regulación y gobernanza de Internet y de las plataformas, el papel de los datos, los algoritmos y las infraestructuras en la organización de la comunicación social, así como los discursos y la regulación de la inteligencia artificial.
Y… nos formulaba estas cuestiones: ¿Qué somos cómo seres humanos?. Un vertiginoso aumento del uso Ghatgpt!. ¿Estamos perdiendo la creación? Propaganda de noticias falsas. Desigualdades. Riesgos existenciales. Entidades externas “socio-tecnológicas”. ¿Modificar las plataformas? hay moderadores que vigilan que un texto sea publicable y cual no. Gobernanza. Censura en las redes Sociales. ¿Aceptar o no aceptar las conversaciones cuestionables? Elecciones políticas en los países que previamente las Plataformas se inundan de información falsa. Fraude Electoral. También habló de pasada de actores y la suplantación de personalidad. Fallecidos digitales para superar el duelo.
Lo interesante es que no hablaba tanto de tecnología como de poder. La IA era casi la excusa para plantear preguntas más profundas: ¿Quién controla las plataformas? ¿Quién decide qué se puede decir? ¿Quién fija las reglas de moderación? ¿Quién asume la responsabilidad cuando un algoritmo se equivoca? ¿Qué ocurre cuando unas pocas empresas privadas gestionan espacios donde se desarrolla buena parte de la conversación pública mundial?. Son cuestiones menos espectaculares que generar una imagen o una voz artificial, pero probablemente mucho más importantes.
La revolución de la IA no consiste únicamente en crear contenido, sino en decidir quién tiene autoridad para crearlo, distribuirlo, limitarlo o eliminarlo. Y ahí aparece el tema de la gobernanza. Porque durante años discutimos sobre la libertad de expresión como si el problema fuera únicamente el Estado. Ahora aparece un escenario más complejo.
Una parte importante de la conversación pública transcurre en plataformas privadas. Por eso surgen preguntas difíciles: ¿Debe eliminarse una noticia falsa? ¿Quién determina que es falsa? ¿Qué ocurre si una información inicialmente considerada falsa acaba siendo cierta?¿Hasta dónde llega la moderación y dónde empieza la censura?… para las que no existen respuestas cómodas.
Lo que ocurrió cuando Elon Musk compró X fue interpretado de formas muy distintas según quién lo analizara. Para unos, la moderación previa había llegado demasiado lejos y existía un riesgo de censura ideológica. Para otros, reducir equipos de confianza y seguridad aumentaba el riesgo de desinformación, campañas coordinadas, acoso, cuentas falsas, manipulación política.
Ningún medio es completamente independiente de las estructuras que financian su existencia. Un medio puede depender de subvenciones públicas, grandes anunciantes, grupos empresariales, fondos de inversión, audiencias concretas, afiliaciones ideológicas. Cada fuente de financiación introduce sus propias presiones.
Lo interesante desde el punto de vista de Katzenbach es que el caso puso sobre la mesa una pregunta incómoda. Si una plataforma puede cambiar radicalmente sus normas porque cambia de propietario, ¿hasta qué punto estamos hablando de una plaza pública y hasta qué punto de una empresa privada?
Durante años se discutió sobre si las plataformas debían moderar más. Tras la compra de Twitter, apareció la pregunta contraria: ¿Qué ocurre cuando deciden moderar menos?. Se produjo un cierto efecto de tonto el último. No porque todas las empresas pensaran igual, sino porque el equilibrio entre moderación, crecimiento, ingresos publicitarios y usuarios empezó a convertirse en una competición estratégica.
Quizá la pregunta que habría interesado que planteara Katzenbach es ¿Quién vigila a los vigilantes?
Además, hay una ironía muy propia de nuestra época. ¿quién decide qué contenido vemos, qué contenido desaparece y bajo qué reglas se toman esas decisiones?. Muchos ciudadanos desconfían de los gobiernos, desconfían de los medios y desconfían de las grandes empresas tecnológicas y al segundo, obtienen casi toda su información diaria a través de plataformas de grandes empresas tecnológicas.
Y creo que eso conecta bastante con la ponencia: The Evolution of Propaganda from Film to AI, de Veronika Solopova, investigadora en inteligencia artificial en el German Research Center for Artificial Intelligence (DFKI) y la TU Berlin. La Dra. Veronika Solopova es investigadora sénior y líder del equipo de PLN en la Universidad Técnica de Berlín. Estudió en Ucrania, España (Universidad de Granada) y Francia (Sorbona Nueva), con un doctorado por la Universidad Libre de Berlín. Su trabajo se centra en IA para fact-checking, detección de desinformación y análisis multimodal. Desarrolla métodos para comprender y evaluar LLM para el soporte de decisiones inteligentes en entornos de alto riesgo.
Antes la propaganda necesitaba periódicos, radios o televisiones. Ahora basta con inundar plataformas digitales con miles de mensajes simultáneos. La cuestión ya no es convencer a todo el mundo de una misma mentira. La cuestión es generar suficiente ruido para que nadie sepa qué es verdad. Esa diferencia es enorme. También me parece muy significativa la parte que comentó sobre los fallecidos digitales. Ahí la conferencia entraba en un terreno casi filosófico. ¿Podemos recrear digitalmente a una persona fallecida?
Ahora la pregunta empieza a ser: ¿Deberíamos hacerlo?. Y después aparece otra todavía más inquietante:
¿Quién posee esa identidad digital? La familia. ¿La empresa que desarrolló el avatar? ¿La persona fallecida? ¿Nadie? Son cuestiones que apenas estamos empezando a explorar.
Y luego está el asunto de los actores digitales y la suplantación de personalidad. Para una crítica de cine como yo, esa parte me intereso pero lo resolvió como un apunte.
Pensé asistir a una conferencia sobre tecnología y acabé escuchando una conferencia sobre poder.
Katzenbach parece haber formulado una pregunta que sobrevuela muchas de las ponencias.
¿Qué seguimos considerando humano cuando la tecnología empieza a imitar capacidades que creíamos exclusivamente humanas?
¿Qué clase de sociedad estamos construyendo mientras nos entretenemos hablando de inteligencia artificial?
Esa es una pregunta que sigue resonando cuando termina la conferencia…
Amor DiBó
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