“Viajar para dejar de ser quien ya has escrito”
Acabo de ver en el Festival D'A la película: Two Seasons, Two Strangers (2025) de Shô Miyake y dado que en 2025 vi varias películas y conocí la literatura tan especial de Kōbō Abe, me ha recordado ésta historia a la temática a una película.
¿He acertado con mi intuición? Vamos a ver esa resonancia. Probablemente la película The Face of Another (basada en la novela de Kōbō Abe)
El eco de Kōbō Abe en Two Seasons, Two Strangers
Aunque el director Shō Miyake no adapta directamente a Abe, hay un aire de familia muy claro en términos existenciales y de identidad.
La identidad como algo inestable
En The Face of Another, un hombre desfigurado adopta otra cara descubre que cambiar de rostro implica cambiar de moral. En Two Seasons, Two Strangers, los personajes parecen desplazados, como si no terminaran de habitar su propia identidad. Eso es puro Abe: no somos quienes creemos ser, sino una construcción frágil dependiente de la mirada ajena.
La extrañeza cotidiana
Abe siempre metía lo absurdo dentro de lo cotidiano (oficinas, hospitales, relaciones). Miyake, en cambio, lo hace más silencioso y emocional, pero la raíz es parecida. Lo cotidiano se vuelve extraño sin necesidad de romper la realidad.
El otro como espejo inquietante
En Abe: el “otro” suele ser una amenaza o una tentación. En Miyake, el otro puede ser una posibilidad de conexión… o una prueba de soledad. Pero en ambos casos, el otro te desestabiliza.
El tiempo como fractura
Abe trabajaba con la ruptura de continuidad del yo. Miyake parece hacerlo con estaciones, encuentros, repeticiones emocionales. Como si el tiempo no avanzara, sino que rodeara al personaje.
Diferencia clave
Si Abe disecciona la identidad como un científico cruel, Miyake la contempla como un poeta melancólico. Abe “no eres nadie” (golpe seco). Miyake “quizá nunca llegues a ser del todo alguien” (susurro). Miyake no adapta a Abe, pero lo sueña desde otro lugar. Donde Abe arrancaba máscaras, Miyake observa cómo las llevamos sin darnos cuenta.
The Box Man (basada en la novela de Kōbō Abe)
El encierro como identidad. el espacio cerrado no es un escenario… es el núcleo del sentido. En The Box Man (y en el universo de Abe en general). El personaje se mete dentro de una caja se aísla del mundo. Pero ese aislamiento no es huida… es una nueva forma de existir. La identidad se vuelve opaca, anónima, intercambiable
La cabaña en Miyake: el mismo gesto, otra emoción. En Two Seasons, Two Strangers. La cabaña funciona como una especie de cápsula emocional. Los personajes no salen, no porque no puedan, sino porque están suspendidos. El exterior deja de importar → todo ocurre en ese microcosmos. Exactamente como en Abe:
cuando reduces el espacio, amplificas la conciencia.
El encierro como experimento existencial. Abe: mete a un hombre en una caja. Miyake: encierra a dos personas en una cabaña. Resultado en ambos: la identidad empieza a desdibujarse.
Desaparición del mundo exterior. No hay “afuera” real. En Abe, el mundo se vuelve irrelevante. En Miyake el mundo parece lejano, casi imaginario. Lo importante no es dónde están, sino quiénes dejan de ser
El otro como única referencia. Cuando el espacio se reduce, el otro se vuelve espejo pero también amenaza, límite, posibilidad. Dos desconocidos + espacio cerrado = laboratorio del yo
La diferencia. Abe convierte el encierro en algo casi enfermizo, obsesivo, incómodo.Miyake lo vuelve íntimo, melancólico, casi tierno… pero igual de inquietante. Abe te encierra para asfixiarte. Miyake te encierra para que escuches el silencio… y te des cuenta de que tampoco sabes quién eres. La cabaña de Miyake no protege disuelve. Como en Abe, el encierro no es una limitación física, sino una estrategia para desmontar la identidad pieza a pieza.
La protagonista de Two Seasons, Two Strangers escribe porque es guionista de cine y series, dice que las palabras encierran y viajar liberan las palabras. ¿Parece significativo? Es casi el manifiesto secreto de la película.
“Las palabras encierran, viajar las libera”
El lenguaje como prisión
La protagonista es guionista, vive de construir historias con palabras. Pero también, las palabras definen, clasifican, fijan identidades. En cuanto nombras algo, lo cierras. El lenguaje no revela quién eres… te fabrica.
Viajar como ruptura del relato
Si las palabras encierran, viajar implica, salir del relato que te define, romper la continuidad de tu identidad, dejar de ser “el personaje que eras”. Viajar no es desplazarse, es desprogramarse. Miyake introduce algo interesante, los personajes no viajan realmente (están en la cabaña) y sin embargo hablan de viajar como liberación. Es una contradicción brutal, desean escapar del lenguaje… pero siguen atrapados en él.
El cine dentro del cine. Que ella sea guionista no es casual. Porque el cine también, construye relatos, encierra a los personajes en estructuras, da sentido a lo que quizá no lo tiene. Miyake está lanzando una pregunta incómoda:¿Contar historias es una forma de comprender la vida ó de no enfrentarse a ella?. La protagonista sospecha que cada palabra es una jaula. Quizá por eso habla de viajar como liberación, no para ver otros lugares, sino para dejar de ser el personaje que ya ha escrito de sí misma.
Si no me hubiera acordado de Kōbō Abe, yo habría tirado por otras comparaciones
El tiempo suspendido y los encuentros de Ryūsuke Hamaguchi
Como en Drive My Car o Wheel of Fortune and Fantasy, no pasa “gran cosa”, pero pasa todo por dentro.Aquí la conexión es muy directa. Personajes que hablan, pero en realidad rodean lo que no pueden decir. Encuentros aparentemente simples que esconden capas emocionales. Tiempo dilatado, casi hipnótico Diferencia: Hamaguchi confía en la palabra como puente. Miyake parece sospechar de ella.
La intimidad como territorio extraño. Hong de Hong Sang-soo
En Hong, las conversaciones revelan pequeñas verdades incómodas. En Miyake, las conversaciones parecen rodear un vacío más profundo. Espacios reducidos, relaciones ambiguas, repeticiones emocionales, sensación de que los personajes no avanzan, sino que giran
El encierro emocional y la imposibilidad de escapar de uno mismo. Michelangelo Antonioni lo llamó “trilogía de la alienación”: L’Avventura (1960), La Notte (1961), and L’Eclisse (1962)
Antonioni hacía del paisaje un espejo del vacío. Miyake hace de la cabaña un eco emocional cerrado. Esto es más sutil, pero muy potente. Personajes aislados incluso cuando están juntos, espacios que reflejan estados mentales. sensación de desconexión existencial
Cuentos Siniestros de Kōbō Abe. El Grupo de Petición Anticanibalista y los tres caballeros
Amor DiBó
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