Género: Drama independiente / Coming-of-age adulto / Tragicomedia íntima
Fotografía: (estética naturalista, luz suave, muy apoyada en interiores reales)
Montaje: De ritmo observacional, con silencios expresivos
Reparto principal: Eva Victor, Naomi Ackie, Lucas Hedges (entre otros)
Productoras: A24 (distribución)
Estreno: Sundance 2024
Sinopsis:
Agnes, una joven profesora universitaria, intenta recomponer su vida tras una experiencia traumática que nunca se nombra del todo —porque la película entiende que hay cosas que no se pueden explicar sin romperlas—.
Entre clases anodinas, amistades que no saben cómo acompañarla y una cotidianidad que continúa con indecente normalidad, Agnes ensaya la difícil tarea de volver a habitar su propio cuerpo y su propia voz.
Sorry, Baby no es un relato “sobre” el trauma, sino sobre la extraña vida que viene después, cuando el mundo ya ha pasado página… y tú no.
Hablando de la película...
Anécdotas y curiosidades del rodaje
Ópera prima muy personal. Eva Victor, conocida hasta ahora como actriz y figura del circuito cómico-indie, escribió el guion como una pieza profundamente autobiográfica en tono emocional (sin ser estrictamente confesional).
Rodaje contenido y casi doméstico. Muchas escenas se filmaron en espacios reales (apartamentos, aulas activas), buscando que los actores convivieran con el entorno en lugar de “representarlo”.
Improvisación controlada. Aunque el texto estaba muy trabajado, Victor permitió variaciones en los diálogos para mantener la sensación de conversación incómoda, interrumpida, real.
El silencio como estructura narrativa. La directora pidió al equipo de sonido que registrara “respiraciones, pausas, ropa moviéndose” como si fueran música.
Influencia del cine independiente de los 90. Se ha señalado la huella de cineastas como Kelly Reichardt o el primer Todd Solondz en la mezcla de humor seco y dolor sin subrayados.
Producción de A24 tras su paso por Sundance. El estudio apostó por mantener intacto el tono minimalista, evitando “explicarla más” para hacerla accesible.
5 escenas clave
La clase que sigue adelante
Agnes imparte una clase aparentemente normal. Habla, escribe en la pizarra, responde preguntas… pero la cámara permanece demasiado tiempo en su rostro. Nada ocurre. Y, sin embargo, entendemos que todo está ocurriendo dentro. Es la declaración de intenciones: la película no dramatizará; observará.
La conversación imposible con la amiga
En una cocina cualquiera, una amiga intenta decir “lo correcto”. Las frases salen torpes, equivocadas, casi ridículas. Hay pequeños chistes involuntarios.
Aquí emerge el núcleo del film: el dolor no aísla por lo que pasó, sino por la incapacidad del lenguaje para acompañarlo.
El paseo invernal por el campus
Agnes camina sola entre edificios universitarios nevados. Plano largo, sin música. Los estudiantes cruzan a su alrededor sin mirarla.
La escena convierte el espacio académico —lugar de pensamiento y sentido— en un paisaje emocionalmente vacío.
El momento de humor incómodo (el “sorry” automático)
En una interacción banal, Agnes pide perdón por algo que no ha hecho. Luego otra vez. Y otra. El espectador empieza a notar que ese “sorry” es un tic defensivo, casi una forma de existir sin molestar. El título de la película cobra aquí toda su dimensión: disculparse por seguir viva.
El final sin catarsis
La película rehúye la redención clásica. No hay gran discurso, ni justicia simbólica, ni superación épica. Solo un gesto pequeño —habitar un instante sin pedir perdón— que sugiere una posibilidad de futuro.
Es un cierre coherente con todo lo anterior: la sanación no es narrativa, es microscópica.
Sorry, Baby desmonta la dramaturgia habitual del trauma. No hay clímax porque la vida tampoco lo tiene. Sorry, Baby no narra un trauma: retrata el eco que deja cuando el mundo ya ha pasado página y tú sigues buscando cómo volver a estar de pie, sin pedir perdón por ocupar espacio. La película habla del desfase entre el tiempo social (rápido, productivo) y el tiempo interior (lento, viscoso, repetitivo). Es cine de pos-acontecimiento: lo importante no es lo que pasó, sino cómo se sobrevive cuando ya nadie mira.
Afinidades: películas del “después”, no del “durante”
Aftersun (Charlotte Wells, 2022)
Aquí también importa más la huella que el hecho. Como en Sorry, Baby, el dolor no se explica: se intuye, se recuerda, se reconstruye a destiempo.
Ambas hablan de lo que solo comprendemos cuando ya es tarde.
The Assistant (Kitty Green, 2019)
Si la de Green mostraba la violencia estructural a través de la rutina laboral, Victor muestra la digestión íntima de algo que tampoco necesita mostrarse.
Las dos convierten lo cotidiano en un espacio opresivo sin levantar la voz.
A Woman Under the Influence (John Cassavetes, 1974)
Cassavetes ya filmaba esa fragilidad sin red, donde vivir es casi una tarea física.
Sorry, Baby parece una heredera minimalista: menos volcánica, más congelada, pero igual de expuesta.
En las tres —y en la de Eva Victor— el verdadero tema no es el trauma, sino la intemperie emocional que deja. Nadie “supera” nada: simplemente aprende a colocarse dentro de lo que queda.
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