FICHA TÉCNICA
Título original: Tokyo Taxi
Dirección: Yōji Yamada
Guion: Yōji Yamada, Yûzô Asahara
Historia original: Christian Carion, Cyril Gély (basada en Un paseo con Madeleine)
Producción: Shunsuke Fusa
Música: Taisei Iwasaki
Fotografía: Masashi Chikamori
Montaje: Hiroshi Sugimoto
País: Japón
Duración: 91–103 min (según fuente)
Género: Drama / Road movie / Vejez y memoria
Productora: Shochiku
Estreno: 2025 (Japón) / 2026 (España)
Reparto principal: Chieko Baishō – Sumire Takano. Takuya Kimura – Koji Usami. Aoi Yū – Sumire joven. Takaya Sakoda. Yûka. Runa Nakashima. Misuzu Kanno. Lee Jun-young. Takashi Sasano
Sinopsis:
Un taxista tokiota recibe el encargo de trasladar a una anciana de 85 años hasta una residencia. Lo que debería ser un trayecto rutinario se transforma en un viaje lleno de desvíos, geográficos y emocionales, cuando la mujer decide volver a visitar los lugares clave de su vida.
A lo largo del trayecto, la pasajera reconstruye su pasado: amores, pérdidas, decisiones y cicatrices. El taxi se convierte así en un espacio íntimo donde dos desconocidos conectan y donde el tiempo deja de ser lineal para convertirse en memoria viva.
Premios y reconocimientos
Japan Academy Film Prize (2026):
Mejor Actriz: Chieko Baishō
Mejor Actor Revelación: Runa Nakashima
Nominaciones múltiples (película, guion, música, fotografía, etc.)
Blue Ribbon Awards (2026):
Mejor Director (Yamada)
Nikkan Sports Film Awards (2025): Mejor película, actor y actriz
Anécdotas del rodaje
Remake consciente: Yamada no hace copia, sino reinterpretación cultural de la película francesa Un paseo con Madeleine, trasladando el viaje emocional al contexto japonés.
Rodaje híbrido: muchas escenas dentro del taxi se realizaron con tecnología de producción virtual, combinando realismo y control técnico del entorno.
Localizaciones reales: se rodó en barrios auténticos de Tokio como Shibamata, reforzando el carácter de “memoria urbana”.
Película nº 91 del director: un dato casi poético, tratándose de una historia sobre el paso del tiempo.
Anécdotas de actores y director
Chieko Baishō, Actriz icónica del cine japonés, vuelve a encarnar la vejez con una mezcla de fragilidad y lucidez que recuerda su trabajo en Plan 75. Su interpretación fue tan potente que le valió el premio a Mejor Actriz en la Academia Japonesa.
Takuya Kimura. Reencuentro con Yamada tras casi dos décadas sin trabajar juntos, lo que añade una capa emocional extra al proyecto.
Yōji Yamada. Considerado uno de los grandes cronistas del Japón cotidiano, vuelve a su tema favorito: la dignidad de lo simple. Su cine siempre ha explorado el paso del tiempo, pero aquí lo hace desde una mirada casi testamentaria.
Hablando de la película…
Teniendo un gran valor cinematográfico ésta película japonesa. Tengo una debilidad y es que vi antes en 2023 la película francesa que me impresionó, me gustó y puedo decir que tengo un grato recuerdo. La película japonesa, la encuentro mucho más sentimental, discreta, contenida, como si no arriesgara tanto, incluso para encontrar el glamour de la ciudad de Tokio. Un viaje de secretos que no permite disfrutar del fascinante último viaje por la ciudad. No se, puede que el fallo esté en mi
Dos viajes, dos temperaturas emocionales
Un paseo con Madeleine
La francesa tiene algo que golpea primero y deja huella. Es más directa emocionalmente. Más narrativa en su confesión. Más “te lo cuento todo antes de que sea tarde”. Ahí hay una urgencia vital. Como si la protagonista supiera que el tiempo no solo se acaba, sino que debe ser contado.
Un taxi en Tokio
La japonesa, en cambio. Es más contenida (muy Yamada). Más sugerida que declarada. Más emocional en lo que calla que en lo que dice. Aquí no hay confesión urgente, hay una evaporación lenta de la memoria.
Lo que me ha pasado
He visto primero la versión que marca el tono emocional como referencia, y eso condiciona inevitablemente: La sorpresa (ya no existe). El impacto narrativo (ya lo conoces). El descubrimiento (ya está resuelto). Entonces, la japonesa entra en comparación… y ahí pierde terreno porque no juega al mismo juego.
Mi intuición cuando digo: “la encuentro más sentimental, discreta, contenida, y como si no arriesgara tanto”
Estoy señalando algo clave. Sí es más sentimental. Sí es más discreta, porque confía en el espectador y sí parece que arriesga menos, pero ya entramos en el ADN japonés. La verdadera diferencia es que la francesa te dice “escucha esta vida antes de que desaparezca” y la japonesa te dice “siéntate conmigo y observa cómo una vida se disuelve”
Posiblemente lo que siento tiene una capa emocional mía. Yo ya hice ese viaje, me emocioné, conecté y cuando se repite un viaje tan íntimo es muy difícil que vuelva a doler igual.
Un Taxi en Tokio pertenece a ese subgénero secreto del cine: el coche como confesionario móvil.
Como lo fueron tantas y tantas películas. La primera que me viene a la mente es Drive My Car
El coche como confesionario, cuando el movimiento obliga a hablar
Drive My Car
Aquí el coche no es transporte, es un espacio intermedio (ni casa ni destino). Un lugar donde no puedes escapar de la conversación. Y donde el silencio pesa más que las palabras. En esa Saab rojo, los personajes no hablan porque quieran… hablan porque el trayecto los obliga a quedarse. El coche crea una paradoja: estás en tránsito, pero atrapado. Dos desconocidos compartiendo un espacio mínimo se rompe la máscara social. El trayecto tiene fin lo que no se diga ahora, no se dirá nunca.
Y si tiramos del hilo… (más ejemplos que seguro te resuenan)
Taxi Driver, aquí el coche no es confesión… es incubadora de locura
Collateral, el taxi como confesionario moral entre asesino y testigo
Locke, directamente: un hombre, un coche y su vida desmoronándose en llamadas
Night on Earth, pequeñas confesiones humanas en taxis por el mundo
El conductor, el pasajero y un retrovisor
El triángulo: quién mira a quién y quién se esconde
En este tipo de escenas siempre hay tres niveles:
1. El conductor. Mira hacia delante (el futuro, el control, el rumbo)
2. El pasajero. Mira lateralmente o habla (el pasado, la confesión, la herida)
3. El retrovisor. Y aquí está la magia, es la mirada indirecta, la verdad sin confrontación
El retrovisor no es un detalle… es un dispositivo emocional
En cine, el retrovisor hace algo muy concreto. Permite mirar sin mirar. Evita el enfrentamiento directo. Introduce una distancia segura para decir lo incómodo. La imposibilidad de mirarse directamente cuando lo que se dice importa demasiado
En estos viajes en taxi, nadie se mira a los ojos… porque hay verdades que solo se pueden decir a través de un espejo.
Amor DiBó
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