Concepto: Amor DiBó · Imagen generada con IA
Vamos al grano: no, los policías de paisano no van a solucionar el problema irresoluble. La Policía tiene su propia crisis de autoridad y de salud mental Los datos que aporta El Periódico (abril de 2026) son demoledores:
- Más de 200 policías se han suicidado en los últimos siete años.
- El suicidio es ya la principal causa de muerte de los agentes en activo.
- Ellos mismos denuncian "silencios y olvidos institucionales".
- Sus problemas: ansiedad, depresión, falta de comprensión de mandos, dificultad de conciliación, falta de reconocimiento.
¿Cómo va a resolver un colectivo así la crisis de autoridad en las aulas? ¿Cómo va a infundir respeto quien no recibe respeto de sus propias instituciones? ¿Cómo va a mediar en conflictos quien arrastra un desgaste emocional que le lleva al suicidio?
La paradoja es cruel: se envía a policías sin uniforme a poner orden donde los profesores con uniforme (simbólico) ya no pueden. Pero esos policías están rotos por dentro. El problema la pérdida de autoridad compartida, de desmantelamiento de lo público, de sociedad que ha abolido cualquier jerarquía. Y eso no lo arregla ni un agente de paisano ni cien. El respeto al profesor no se recupera con policías. Se recupera con: Ratio de alumnos por aula que permita conocer y acompañar. Profesionales de apoyo (educadores sociales, psicólogos) en número suficiente. Familia que respalde la autoridad docente en vez de boicotearla. Reconocimiento social y económico a la profesión. Formación en gestión de conflictos para los docentes.
Pero todo eso cuesta dinero y voluntad política. Y lo que están haciendo en Cataluña es lo contrario: recortar educadores sociales y poner policías de paisano. Es más barato. Y más demagógico.
En 2014 ya lo advertí: "La crisis de la autoridad del profesor es uno de los problemas que constituye a la vez la mayor preocupación y el mayor desafío". Doce años después, la respuesta es enviar policías con depresión, cabe la posibilidad, a unos institutos que parecen jaulas.
La contradicción es total y refleja el "pozo sin fondo"
Y el mensaje final lo voy a posponer, hasta ver que pasa dentro de 5 años.
jajajaja. Acabo de leer una noticia que me ha dejado de pasta de boniato. Titular corresponde a un artículo publicado por El Mundo el 13 de julio de 2026
La noticia no habla del nivel de los profesores, sino de unas oposiciones para ser profesor. Es decir, estamos hablando de aspirantes, no de docentes en ejercicio. Puede parecer un matiz pequeño, pero cambia bastante el enfoque.
"Se presentó con sus progenitores." Eso sí refleja un cambio generacional que va mucho más allá de las oposiciones.
Hace treinta o cuarenta años era difícil imaginar a padres acompañando a hijos de 25, 30 o incluso 35 años a reclamar una nota de una oposición pública. Hoy se ve con más frecuencia en universidades, oposiciones e incluso entrevistas laborales.
No significa necesariamente que esos padres estén equivocados; muchas veces simplemente apoyan emocionalmente a sus hijos. Pero también puede transmitir la idea de que el conflicto debe resolverlo siempre un adulto protector, incluso cuando el aspirante ya es un adulto plenamente responsable.
Y ahí aparece una paradoja curiosa.
Para ser profesor de Secundaria o de Formación Profesional no basta con dominar una materia. También se espera cierta capacidad para gestionar conflictos, asumir responsabilidades y ejercer autoridad delante de adolescentes. Por eso la imagen de opositores acompañados por sus padres produce un cierto choque psicológico.
El verdadero debate quizá sea otro:
- ¿Estamos seleccionando bien a los futuros docentes?
- ¿Los criterios de corrección son claros y homogéneos?
- ¿Debe una falta de ortografía invalidar completamente un examen de determinadas especialidades?
- ¿Cómo se conjuga la exigencia académica con la proporcionalidad de la sanción?
Hace unos días comentaba con amigos, de cómo determinadas instituciones parecen perder autoridad ante los ojos de la sociedad. Esta noticia, independientemente de quién tenga razón, transmite precisamente esa sensación: ya no se discute solo una nota; se discute la confianza en el sistema que la ha puesto. Y cuando una sociedad empieza a desconfiar simultáneamente de jueces, policías, universidades, oposiciones o medios de comunicación, el problema deja de ser un "cero" en un examen para convertirse en una crisis de legitimidad institucional. Eso sí es un tema de fondo, y mucho más inquietante que escribir "globo" con "v". En este caso, hay varias posibles líneas de reflexión:
- La autoridad del conocimiento. ¿Ha disminuido la aceptación social de que un examen pueda suspenderse sin más?
- La infantilización de los adultos. La imagen de padres acompañando a opositores abre un debate interesante, sin necesidad de ridiculizar a nadie.
- La exigencia en la profesión docente. Si pedimos excelencia a médicos, jueces o pilotos, ¿debemos rebajar el listón para quienes educarán a las siguientes generaciones?
- La transparencia frente al mérito. Es perfectamente compatible exigir criterios claros de corrección y, al mismo tiempo, defender un alto nivel de exigencia.
Amor DiBó
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