lunes, 2 de marzo de 2026

Cine Francés bajo la Ocupación Alemana y la Posguerra


CINE FRANCÉS BAJO OCUPACIÓN Y POSGUERRA

Para enriquecer mis conocimientos, he completado la ficha de las dos películas clave como ejemplos de "mitología de la Resistencia Francesa” de la posguerra. Aquí están los detalles:


La Bataille du rail (1946)

Título: La Bataille du rail

Dirección: René Clément

Guion:  René Clément, Colette Audry   

País: Francia   

Año: 1946   

Duración: 85 minutos   

Sinopsis: Narra los esfuerzos de los trabajadores ferroviarios franceses por sabotear los trenes militares alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente tras el Desembarco de Normandía.   

Contexto histórico: Es la primera gran película sobre la Resistencia. Encarna a la perfección la construcción de la "mitología resistencialista", presentando una imagen de una Francia unida en su oposición al ocupante, sin apenas fisuras.   

Particularidades: Mezcla ficción y documental. Muchos de los actores son auténticos ferroviarios que participaron en la Resistencia. La película ganó el Premio del Jurado y el de Mejor Director en el primer Festival de Cannes en 1946.   


Le Silence de la mer (1949)

Título: Le Silence de la mer   

Dirección: Jean-Pierre Melville   

Guion: Jean-Pierre Melville (basado en la novela de Vercors)   

País: Francia   

Año: 1949   

Duración: 88 minutos   

Sinopsis: En la Francia ocupada, un oficial alemán es alojado en la casa de un anciano y su sobrina. Su única forma de resistencia será el silencio absoluto, negándole la palabra durante toda su estancia.   

Contexto histórico: La novela original se publicó de forma clandestina en 1942, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia intelectual. La película de Melville, rodada en condiciones precarias, bebe directamente de esa fuente.   

Particularidades: Es la ópera prima de Jean-Pierre Melville, quien se convirtió en un director fundamental y puente hacia la Nouvelle Vague. La película se rodó en condiciones similares a las de la clandestinidad, sin autorización oficial, lo que refuerza su leyenda.   


Son dos formas muy distintas de abordar el mismo trauma: una desde el épico y colectivo himno a la resistencia, y otra desde la íntima y silenciosa resistencia cotidiana. La primera construye un mito necesario para la reconstrucción nacional, mientras que la segunda se sumerge en la ambigüedad moral y psicológica de la ocupación.


Hablando del cine francés... 


Sería apasionante analizar cómo estas dos películas reflejan el proceso de depuración que menciona Herbert Lottman. Mientras La Bataille du rail parece diseñada para limpiar la imagen de Francia, Le Silence de la mer plantea preguntas más incómodas sobre la convivencia y la humanidad del enemigo. Vamos a ello.


La clave para entender la diferencia entre La Bataille du rail y Le Silence de la mer no es solo estética, es moral y política. Ambas películas hablan de la Resistencia, pero una construye el mito oficial que Francia necesitaba para sentirse unida tras la Liberación, mientras que la otra siembra las dudas que la "depuración" (la Épuration que estudia Lottman) intentaba barrer bajo la alfombra.


Aspectos entre La Bataille du rail (1946) y  Le Silence de la mer (1949)   

Protagonista:  Colectivo (los ferroviarios) -//- Individual (el oficial alemán, el tío, la sobrina)   

Resistencia: Activa y violenta: sabotajes, destrucción de trenes -//- Pasiva y silenciosa: negar la palabra, la acogida fría.   

El Alemán:   El enemigo abstracto: una fuerza a la que sabotear, sin rostro ni matices -//- El enemigo humanizado: un oficial culto, amante de Francia, que no cree en el nazismo pero lo sirve.   

Francia: Unida y heroica: todos los franceses están en la misma lucha  -//- Dividida y silenciosa: la resistencia es un drama íntimo y solitario.   

Objetivo:   Construir el Mito: Crear la épica de la Liberación -//-Cuestionar la Memoria: Explorar la ambigüedad y la culpa.   


El Mito contra la Ambigüedad


La Bataille du rail: La épica necesaria (1946)

Imagina la Francia de 1946. Acaba de terminar la guerra, pero la herida de la ocupación y la colaboración (el gobierno de Vichy) es profundísima. La "depuración" está en marcha, llena de juicios sumarios y ajustes de cuentas. En ese contexto, llega La Bataille du rail.

La película de René Clément es un golpe en la mesa. Dice: "Mirad, los franceses no fuimos cobardes ni colaboracionistas. Fuimos héroes. Luchamos. Volamos los trenes". Es una película que borra cualquier rastro de ambigüedad. No hay franceses dudosos, no hay un alemán con el que se pueda hablar. Hay un "nosotros" (los buenos, unidos) contra "ellos" (los malos, la maquinaria nazi).

¿Cómo se relaciona con la "depuración" de Lottman? Esta película es, en sí misma, un acto de depuración de la imagen de Francia. Ayuda a crear el relato de que todo el país fue resistente, lo que hace más fácil juzgar a los pocos "traidores" que colaboraron, y más difícil hacer preguntas incómodas sobre el día a día de la mayoría.


Le Silence de la mer: La pregunta incómoda (1949)

Tres años después, Jean-Pierre Melville estrena su ópera prima, rodada en condiciones casi clandestinas. Y plantea lo que la "mitología resistencialista" quería ocultar: la ocupación fue compleja y ambigua.

El oficial alemán, Werner von Ebrennac, no es un monstruo. Es un compositor que ama a Bach, a Racine y a la cultura francesa. Está convencido de que puede haber una "colaboración" honorable entre Alemania y Francia. Al llegar a la casa, se encuentra con el muro de silencio de sus anfitriones. Y durante meses, habla solo, desnudando su alma, mientras ellos escuchan en silencio.


¿Dónde está la incomodidad?

La humanidad del enemigo: La película nos obliga a ver al ocupante como un ser humano, lo que hace que la resistencia sea mucho más difícil y dolorosa.

El silencio como resistencia: Es una forma poderosa, sí, pero también pasiva y llena de matices. No es el heroísmo explosivo de La Bataille du rail. ¿Es suficiente? ¿Es la única forma?

La culpa y la duda: Cuando el oficial descubre las barbaridades del nazismo (en un viaje a París) y decide pedir ir al frente del Este a morir, la película no celebra su "redención". Deja un poso de tristeza y de preguntas sin respuesta sobre lo que pudo haber sido.


Conclusión: Dos formas de hacer las paces con el pasado


La Bataille du rail es la película que la Francia oficial necesitaba para reconstruirse. Es una película que mira hacia adelante, alimentando el orgullo nacional y enterrando los traumas bajo una capa de épica. Es funcional a la "depuración" porque simplifica el mundo en buenos y malos.


Le Silence de la mer es la película que la conciencia individual necesitaba para no olvidar. Es una película que mira hacia atrás, a la complejidad de esos cuatro años, y nos recuerda que la historia no es blanco o negro, sino que está llena de silencios, de matices y de humanidad. Es una película que, en lugar de simplificar para juzgar,  es para entender.


Por eso, mientras la primera fue un éxito inmediato y premiado (Cannes 1946), la segunda tuvo una acogida más contenida y difícil. Su tiempo llegaría después, cuando la Nouvelle Vague y otros cineastas comenzaran a mirar a Melville como un padre y a preguntarse de nuevo por esa memoria incómoda.


En la película sobre Pagnol y en documentales históricos se ve que hubo una respuesta brutal contra las mujeres cortándoles el pelo hasta dejarlas calvas y otras siniestras lindezas. ¿Directores, actores y actrices que fueron depurados?. 


La "depuración" (la Épuration) que estudia Herbert Lottman fue un fenómeno de masas, y en él, las mujeres fueron las víctimas visibles de una violencia expiatoria que la sociedad francesa dirigió sobre sus cuerpos. No fue un acto de justicia, sino un ritual de humillación pública. Las actrices, por su estatus de figuras públicas, fueron objetivo prioritario. El rapado de cabezas fue el castigo emblemático para las acusadas de "colaboración horizontal" (haber mantenido relaciones sentimentales o sexuales con alemanes). Pero detrás de ese acto había una violencia mucho más profunda: palizas, paseos humillantes, violaciones y, en muchos casos, la muerte o la destrucción total de sus vidas. Aquí tienes los casos más emblemáticos de actrices y actores que sufrieron este proceso, con especial atención a las mujeres, que fueron las que pagaron el precio más alto y público.


Mireille Balin: La belleza fulminada

Sin duda, el caso más trágico y representativo es el de Mireille Balin, la gran estrella del cine francés de antes de la guerra, famosa por sus papeles junto a Jean Gabin en Pépé le Moko (1937) y Gueule d'amour (1937) .


El crimen: Durante la Ocupación, Balin continuó su carrera sin interrupción, rodando varias películas. Pero su perdición fue enamorarse de un oficial alemán, el vienés Birl Deissböck. En 1943, cuando la guerra empezaba a torcerse para Alemania, ella se paseaba abiertamente con él por la Costa Azul, convirtiéndose en el blanco perfecto del odio popular como encarnación de la "colaboración horizontal" .

El castigo: Al ser liberada la zona, la pareja intentó huir a Italia pero fue capturada cerca de Niza el 28 de septiembre de 1944. Lo que siguió es un horror difícil de imaginar. Según relata su biógrafo, Deissböck fue casi con toda seguridad ejecutado delante de ella. A Mireille Balin la golpearon, la violaron, la arrastraron por las calles y la encarcelaron .

El final: Fue juzgada, condenada y luego indultada, saliendo de prisión en enero de 1945. Pero su vida estaba destruida: su apartamento en París había sido saqueado, sus bienes incautados y su carrera, arrasada. Intentó un regreso al cine en 1948 con La Dernière Chevauchée, pero fue demolida por la crítica. Arruinada, olvidada y alcohólica, murió en 1968. Solo la caridad de una asociación de artistas le evitó terminar en una fosa común .


Arletty: El cinismo como escudo


Arletty es otro caso célebre, aunque con un desenlace muy diferente. La protagonista de Les Enfants du paradis (rodada durante la Ocupación) mantuvo una relación con un oficial alemán, Hans Jürgen Soehring.


El crimen: Su romance era un secreto a voces en el París ocupado. Su actitud desafiante y su famosa frase, pronunciada a la Liberación cuando un resistente le reprochó su conducta, se convirtió en un símbolo de su cinismo y, para muchos, de su desvergüenza: "Mi corazón es francés, pero mi culo es internacional" .

El castigo: A diferencia de Balin, Arletty fue detenida pero no sufrió violencia física en la calle. Fue sometida a un arresto domiciliario y luego a una breve estancia en prisión. Su castigo fue más "administrativo" que popular, aunque su carrera también se resintió durante un tiempo.

La diferencia: ¿Por qué un trato tan distinto al de Balin? Posiblemente por su fama, por su carácter y porque supo gestionar su personaje público. Sin embargo, su caso nos recuerda que la "colaboración horizontal" se juzgaba con diferente vara según la mujer y el contexto.


Ginette Leclerc: La mala de la película en la vida real


Ginette Leclerc, famosa por sus papeles de "mujer fatal" en el cine de antes de la guerra (como en Le Corbeau de Clouzot, otra película polémica de la época), también tuvo una relación con un alemán.


El crimen: Su amante era un oficial de la Wehrmacht. Al igual que Balin, fue detenida a la Liberación.

 El castigo: Sufrió el rapado de cabeza y el paseo humillante por las calles, convertida en un espectáculo público de escarnio. Su carrera, aunque se reanudó después de la guerra, quedó marcada por este episodio.


El "Train de la Honte" y el mundo del espectáculo


Más allá de las relaciones sentimentales, el mundo del cine y la cultura fue objeto de una purga específica. Un episodio que menciona la obra de Brana y Dusseau es el del train de la honte.


En 1942, un grupo de actrices, periodistas y figuras de la cultura francesas aceptaron una invitación del gobierno alemán para viajar a Alemania y conocer el "nuevo orden" cultural nazi. Aunque algunas fueron presionadas o ingenuas, el viaje fue visto tras la Liberación como un acto de colaboración imperdonable. Las participantes fueron incluidas en las listas negras y muchas sufrieron la prohibición de trabajar durante años.


Actores y directores: la depuración "profesional"


Para los hombres, el castigo solía ser menos físico y más administrativo, aunque igualmente devastador para sus carreras. La justicia (a través de los comités de depuración del Comité de Liberación del Cine Francés) se encargó de inhabilitar a quienes habían colaborado activamente con la Continental Films (la productora nazi) o con el régimen de Vichy.


Henri-Georges Clouzot: Es el caso más paradigmático. Había dirigido Le Corbeau (1943) para la Continental. La película, que mostraba a la sociedad francesa corrupta y llena de delatores, fue vista por algunos como una herramienta de propaganda nazi para desacreditar a los franceses. A la Liberación, Clouzot fue inicialmente prohibido de por vida, aunque la sanción se redujo después, y pudo volver a rodar a finales de los 40, convirtiéndose en un maestro del suspense.

Robert Le Vigan: El caso más extremo de un actor. Le Vigan era una gran estrella, conocido por sus papeles en Les Misérables (1934) y Golgotha. Pero era un antisemita y colaboracionista convencido. Tras la Liberación, huyó a Alemania y luego a Argentina. Fue juzgado en rebeldía y condenado a muerte, aunque luego la pena le fue conmutada. Nunca pudo regresar a Francia con normalidad y su carrera terminó de forma abrupta.

Sacha Guitry: El célebre dramaturgo y cineasta fue detenido y encarcelado durante varias semanas acusado de colaboración por sus relaciones con los alemanes y por no haber mostrado suficiente apoyo a la Resistencia. Finalmente fue liberado sin cargos, pero su imagen quedó dañada y su detención fue un símbolo de los excesos de la depuración contra figuras culturales.


Conclusión: La mujer como chivo expiatorio


La respuesta fue brutal y tuvo un claro componente de género. Mientras que los hombres (productores, directores) eran juzgados por comités y podían argumentar que "solo hacían su trabajo" o que "protegían la cultura francesa", las mujeres fueron castigadas en la calle, en público, sobre sus propios cuerpos. El rapado de cabeza no era solo un castigo, era un ritual de exclusión y humillación que marcaba a la mujer como la "traidora" sexual de la nación.


Este fenómeno, que la historia ha tardado en estudiar en profundidad, es esencial para entender la hipocresía de la "mitología de la resistencia”. Se purgó la imagen de Francia sobre las cabezas rapadas de las mujeres, desviando la atención de la colaboración política y económica de muchas élites.


Le Corbeau (1943) de Henri-Georges Clouzot


Vamos a sumergirnos en el fascinante y turbio caso de Le Corbeau, una película que envenenó la carrera de su director y se convirtió en un espejo incómodo para la Francia de la Ocupación y la Liberación. Para entenderlo, tenemos que desentrañar tres elementos: la película en sí, la maquinaria que la hizo posible (Continental Films) y el huracán político que desató.


La película: Un retrato incómodo de la Francia profunda


Le Corbeau (El cuervo) se estrena en septiembre de 1943 . En apariencia, es un thriller psicológico ambientado en un pequeño pueblo francés. Un misterioso personaje, que firma como "El Cuervo", comienza a enviar cartas anónimas que destapan los secretos más sórdidos de los habitantes: abortos, adulterios, tráfico de drogas, corrupción . La tranquilidad del pueblo se transforma en un hervidero de paranoia, sospecha y delaciones. Todos acusan a todos, y el tejido social se desintegra .


El director, Henri-Georges Clouzot, construye una atmósfera asfixiante. No hay héroes ni villanos claros; solo una galería de personajes mezquinos, atrapados en sus propias miserias . El propio doctor Rémy Germain (Pierre Fresnay), el supuesto protagonista, es un hombre que practica abortos y cuya frialdad lo hace profundamente antipático . Como bien apunta un análisis, Clouzot no juzga, sino que "diserta sobre la podredumbre inherente a la condición humana" .


El contexto: Continental Films, la fábrica de sueños de Goebbels


Aquí es donde la cosa se complica. Le Corbeau fue producida por Continental Films, una empresa fundada en 1940 por el mismísimo Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi. Goebbels inyectó capital alemán (procedente de los fondos de la ocupación) y se quedó con lo mejor de los estudios, el talento y los técnicos franceses. El objetivo era controlar la industria cinematográfica francesa y producir películas "ligeras, vacías y, a ser posible, estúpidas" para mantener a la población entretenida y dócil, aunque en cuatro años, Continental produjo treinta películas, muchas de ellas exitosos thrillers y comedias.


Clouzot, como otros muchos profesionales del cine, se enfrentó a un dilema moral: trabajar para una empresa alemana significaba colaborar con el enemigo, pero también era la única manera de seguir haciendo cine en Francia. Aceptó un puesto como jefe del departamento de guiones y, con dinero alemán, rodó su primera película, El asesino vive en el 21 (1942), y luego Le Corbeau.


La tormenta: Todos contra "El Cuervo"


Lo que hizo de Le Corbeau un caso único fue que, en lugar de granjearle el favor de los alemanes o de los franceses, consiguió enfurecer a todos los bandos por igual . Fue una "piedra en el zapato incómoda para unos y otros".

La Francia de Vichy (derecha): La película fue acusada de ser una ofensa a la moral y a los "buenos valores" por mostrar una sociedad corrupta y sin principios.   

La Resistencia y la prensa comunista (izquierda): La odiaron por presentar a los franceses como un pueblo mezquino y delator, justo cuando se quería construir el mito de una Francia unida y heroicamente resistente . La vieron como "propaganda nazi" que justificaba la ocupación al mostrar a los franceses como seres despreciables.   

Los alemanes (la Gestapo): También la prohibieron porque leyeron en ella una crítica feroz a la delación anónima, que era una de las herramientas clave del sistema de terror nazi y de la colaboración en la Francia de Vichy.   

La Iglesia Católica: Se sumó a las críticas por la inmoralidad de los personajes y los temas tratados.   


La depuración: La condena de Clouzot


Con semejante historial, el destino de Clouzot tras la Liberación estaba sellado. En 1945, el Comité de Liberación del Cine Francés (CLCF) lo juzgó por colaboracionismo. Aunque su coguionista, Louis Chavance, se salvó al demostrar que la idea original era anterior a la guerra, Clouzot fue condenado inicialmente a una prohibición de por vida para trabajar en el cine francés.

Fue el chivo expiatorio perfecto. Necesitaban un castigo ejemplar para limpiar la imagen de la industria. Pero, como en el caso de las mujeres rapadas, la justicia fue selectiva. Figuras como Jean-Paul Sartre y Jean Cocteau, que vieron en Le Corbeau una "fábula anti-delación" y "antigestapo", intercedieron por él. Su condena se conmutó por una suspensión de dos años .


El legado: Una obra maestra maldita


Para cuando Clouzot pudo volver a rodar en 1947 (con Quai des Orfèvres), su reputación estaba herida, pero su talento, intacto. Le Corbeau permaneció prohibida en Francia hasta 1969 . Con el tiempo, la crítica ha terminado por reconocerla como una obra fundacional, "el primer clásico del cine negro francés" y una de las películas más lúcidas sobre la naturaleza humana bajo un régimen de terror. De hecho, Quentin Tarantino la homenajeó en Malditos bastardos, proyectándola en el cine de Shoshanna como un guiño a la realidad histórica de las salas francesas durante la ocupación.


La paradoja final es que una película pagada por los nazis para entretener a Francia se convirtió en un retrato tan incómodo de la delación que todos la repudiaron. Y que su director, un hombre que hizo un pacto con el diablo para poder filmar, pagó por ello con su carrera mientras otros, con oscuros secretos, lograban esconderse tras el mito de la resistencia. Las dinámicas de chivo expiatorio, la humillación pública como espectáculo, la construcción de relatos oficiales que ocultan complejidades incómodas... todo eso sigue vigente, solo que con otros rostros, otras tecnologías y otros contextos. Lo que hace tan valioso este período histórico es precisamente eso: nos proporciona un laboratorio para entender mecanismos humanos universales. La Francia de la Ocupación y la Liberación es un caso de estudio sobre cómo las sociedades procesan (o fracasan al procesar) la culpa colectiva, la colaboración y la memoria.


Epílogo: La depuración profesional. Hombres en el banquillo


Si las mujeres pagaron con sus cuerpos, los hombres lo hicieron con sus carreras. La justicia oficial, a través del Comité de Liberación del Cine Francés (CLCF), se encargó de investigar a directores, actores, guionistas y productores que habían trabajado para la Continental Films o colaborado activamente con el régimen de Vichy. El objetivo era limpiar la industria, pero el resultado fue un proceso lleno de contradicciones, donde algunos fueron castigados con dureza mientras otros esquivaron las balas.


Henri-Georges Clouzot: El chivo expiatorio perfecto


El caso más paradigmático y complejo fue el del director de Le Corbeau. Clouzot había trabajado para la Continental como jefe de guiones y había rodado dos películas con dinero alemán. Pero no era un colaboracionista convencido; era un hombre obsesionado con su arte que hizo un pacto con el diablo para poder filmar.

La acusación: Le Corbeau fue vista por muchos como "propaganda nazi" al mostrar a los franceses como un pueblo de delatores mezquinos. La Resistencia, la prensa comunista e incluso la Iglesia se unieron para condenarla.

La condena: En 1945, el comité de depuración le impuso una **prohibición de por vida** para trabajar en el cine francés. Era el castigo ejemplar que necesitaban para demostrar que la casa se estaba limpiando.

La redención: Figuras como Jean-Paul Sartre y Jean Cocteau intercedieron por él, argumentando que la película era en realidad una fábula antidelación. Su condena se conmutó por dos años de suspensión. En 1947 volvió con Quai des Orfèvres, y con el tiempo se convertiría en uno de los grandes maestros del suspense. Pero la herida nunca cerró del todo.


Robert Le Vigan: El colaboracionista convencido


En las antípodas de Clouzot encontramos a Robert Le Vigan, una de las grandes estrellas del cine francés de los años 30, conocido por sus papeles en Les Misérables (1934) y Golgotha.

El crimen: Le Vigan no era un colaborador por oportunismo, sino un antisemita y simpatizante nazi convencido. Durante la Ocupación, participó activamente en programas de propaganda y mantuvo estrechas relaciones con las autoridades alemanas.

El castigo: Al producirse la Liberación, huyó a Alemania y luego a Argentina. Fue juzgado en rebeldía y condenado a muerte. Aunque la pena le fue conmutada años después, nunca pudo regresar a Francia con normalidad. Su carrera, sencillamente, se esfumó. Murió en el exilio en 1972, convertido en el fantasma de lo que fue.


Sacha Guitry: El poder de los contactos


El célebre dramaturgo y cineasta Sacha Guitry representa otro tipo de caso: el de las figuras públicas con suficientes contactos y popularidad para sortear el temporal.

La acusación: Guitry había seguido trabajando durante la Ocupación y mantenía relaciones sociales con alemanes, aunque nunca filmó para la Continental. Su pecado fue no haber mostrado suficiente apoyo a la Resistencia y haberse movido con demasiada comodidad en el París ocupado.

El castigo: Fue detenido y encarcelado durante varias semanas en 1944. La prensa de la Resistencia lo atacó con saña. Sin embargo, fue liberado sin cargos y nunca llegó a ser juzgado. Su detención se convirtió en un símbolo de los excesos de la depuración contra figuras culturales demasiado visibles. Pudo retomar su carrera, aunque su imagen quedó dañada para siempre.


Las listas negras y la sospecha permanente


Más allá de los nombres célebres, decenas de profesionales del cine (directores de fotografía, técnicos de sonido, montadores) fueron incluidos en listas negras que les impidieron trabajar durante años. Muchos tuvieron que acreditar su pertenencia a la Resistencia o encontrar avales para poder volver a rodar.

La paradoja final es que la depuración profesional, como la popular, fue arbitraria y desigual. Castigó con dureza a algunos (Clouzot, Le Vigan) mientras que otros, con oscuros secretos, lograron esconderse tras el mito de la resistencia o gracias a sus contactos. El cine francés emergió de la guerra con la conciencia limpia... o al menos, con la apariencia de tenerla.


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CINE FRANCÉS BAJO OCUPACIÓN Y POSGUERRA


1. EL CONTEXTO (1940-1944)

Producción: 220 películas rodadas bajo control nazi   

Productora clave: Continental Films (creada por Goebbels)   

Paradoja: "Edad de oro" creativa en medio de la ocupación   

Obras clave: Les enfants du paradis (Carné), Le Corbeau (Clouzot)   


2. LA DEPURACIÓN (ÉPURATION) 1944-1953

Fuente principal La depuración (1943-1953) - Herbert Lottman (Tusquets)   

Mecanismos: Justicia popular (calle) + Justicia oficial (comités de depuración)   


3. LAS MUJERES: EL CUERPO COMO CAMPO DE BATALLA

Mireille Balin: Relación con oficial alemán. Violada, rapada, encarcelada. Carrera destruida. Murió olvidada (1968)   

Arletty: Relación con oficial alemán. Arresto domiciliario. Su frase: "Mi corazón es francés, mi culo internacional"   

Ginette Leclerc: Relación con oficial alemán. Rapada y paseada por las calles   

Clave: La "colaboración horizontal" fue castigada con violencia pública y ritualizada. Las mujeres, chivos expiatorios de una nación que no quería mirar su propia colaboración política y económica.


4. DOS MODELOS DE RESISTENCIA EN EL CINE

Películas: La Bataille du rail (1946)  Le Silence de la mer (1949)     

Director: René Clément. Jean-Pierre Melville   

Resistencia: Activa, colectiva, violenta. Pasiva, individual, silenciosa   

El alemán: Enemigo abstracto. Enemigo humanizado (culto, ambiguo)   

Francia: Unida y heroica. Dividida, silenciosa, culpable   

Función: Construir el mito de Resistencia. Pregunta incómoda sobre la ambigüedad   


5. EL CASO LE CORBEAU (CLOUZOT, 1943)

Producción: Continental Films (nazi)   

Trama: Cartas anónimas destapan la podredumbre de un pueblo francés   

Quién la odió: Vichy, Resistencia, Gestapo, Iglesia (todos)   

Acusación: "Propaganda nazi" por mostrar a los franceses como delatores   

Castigo a Clouzot: Prohibición de por vida (luego conmutada a 2 años)   

Ironía: La película también fue prohibida por los alemanes   


6. OTROS DEPURADOS (HOMBRES)

Henri-Georges Clouzot: Dirigir *Le Corbeau* para Continental    Prohibido inicialmente de por vida   

Robert Le Vigan: Colaboracionista convencido. Huye a Argentina. Condenado a muerte en rebeldía   

Sacha Guitry: Relaciones con alemanes. Encarcelado semanas, luego liberado sin cargos   


 7. PUERTAS ABIERTAS (PARA OTRO MOMENTO)

 Continental Films: Catálogo completo: ¿solo entretenimiento o propaganda encubierta?   

 Jean Gabin: El mito que se exilió. ¿Cómo fue recibido a su regreso?   

 Italia vs Francia: Neorrealismo italiano (mirar la miseria) vs mito de la Resistencia Francesa 

Nouvelle Vague: Cómo los jóvenes críticos mataron al "cine de papá" que sobrevivió a la guerra.






Amor DiBó

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