Francis Lawrence, director de Soy leyenda y Los juegos del hambre: En llamas, se pone a los mandos de este thriller en el que un grupo de adolescentes participan en una brutal carrera donde solo habrá un ganador y no hay línea de meta.
Las reglas de LA LARGA MARCHA son muy simples: si bajas la velocidad de 5 kilómetros por hora, te darán un aviso. Si te paras, te darán un aviso. Si das la vuelta, te darán un aviso. Al tercer aviso, recibes tu pasaporte.
Divididos entre su feroz deseo de ganar y el de mantener a salvo a sus amigos, este vibrante joven elenco entre el que tenemos a David Jonsson, Cooper Hoffman, Charlie Plummer, Garrett Wareing, Roman Griffin Davis y Ben Wang, se darán cuenta de que su mayor desafío puede ser preocuparse los unos por los otros.
Opinión del Director Francis Lawrence
Cuando leí por primera vez La larga marcha de Stephen King hace más de veinte años, hubo algo en su sencillez —un grupo de jóvenes caminando— que me impactó a la vez por lo espeluznante y profundamente humano. Con el paso de los años, seguí pensando en ello, imaginando lo que significaría llevar esta historia a la pantalla. Y un día, cosas del destino, pasé junto al libro en una estantería de mi casa y me pregunté qué pasaba con la adaptación. Horas después, Roy Lee me llamó de repente y me preguntó si estaría interesado en dirigirla.
Más allá del emocionante concepto de caminar o morir, lo que realmente me marcó a lo largo de los años es la camaradería que se desarrolla entre los caminantes. Aunque técnicamente son competidores, no pueden evitar crear lazos, formando amistades que se sienten genuinas y auténticas. La relación entre Garraty y McVries, en particular, es lo que le da a la historia su centro emocional. Es una conexión que revela quiénes son estos personajes bajo la presión, y creo que es lo que hará que el público se preocupe profundamente por ellos.
Otro aspecto que adoro de La Larga Marcha es la intimidad de la historia enmarcada en esta competencia épica. Acompañamos a los chicos en cada paso del camino, compartiendo su agotamiento, miedo y fugaces momentos de esperanza. Es una oportunidad única para hacer una película que se siente a la vez épica y personal, donde la tensión proviene no solo de lo que está en juego en la caminata, sino también de las relaciones que se desarrollan a lo largo del camino.
Pero más allá de la premisa de la historia, la emoción y los personajes, lo que espero que haga que La Larga Marcha resuene es su significado más profundo como metáfora de la erosión del sueño americano. El estancamiento salarial, la inflación, el costo de vida y otras presiones financieras han hecho que muchos sientan que sus metas se han vuelto inalcanzables y sus ingresos, inútiles. Esta sensación de nihilismo financiero y existencial se puede observar en todo Estados Unidos y en todo el mundo. La Larga Marcha lleva esta idea al extremo, retratando una América donde la gente no tiene más remedio que arriesgar la vida para intentar asegurar un futuro mejor, pagar un techo o tener comida en la mesa.
Escrita originalmente en 1967 como una alegoría de la guerra de Vietnam, la novela de King se siente, de alguna manera, igual de relevante y actual en 2025. Mi objetivo con esta película es honrar lo que hace de la novela de King una experiencia tan poderosa: los personajes inolvidables, el ritmo implacable y las preguntas incómodas que plantea sobre quiénes somos y qué valoramos. Quiero que el público salga del cine pensando no solo en lo que ha visto, sino en el mundo del que forma parte.
Diamond Films España
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