sábado, 13 de diciembre de 2025

Jay Kelly de Noah Baumbach


Ficha Técnica 

Título: Jay Kelly

Año: 2025

Director: Noah Baumbach

Guion: Noah Baumbach, Emily Mortimer

Productores: Noah Baumbach, Amy Pascal, David Heyman

Fotografía: Linus Sandgren

Música: Nicholas Britell

Montaje: Valerio Bonelli, Rachel Durance

Productora y Distribución: Pascal Pictures / Heyday Films / NB/GG Pictures / Netflix

Duración: ~132 min

Género: Comedia dramática / Drama existencial

Idioma: Inglés

Estreno:

• Premier mundial — Festival de Venecia 28 ago. 2025

• Cines (selección limitada) — 14 nov. 2025

• Global Netflix — 5 dic. 2025

Sinopsis:

Jay Kelly sigue a una superestrella de Hollywood en plena crisis personal, famosa por sus éxitos en pantalla pero incapaz de reconocerse a sí mismo fuera del personaje. Tras recibir noticias que sacuden su vida profesional y familiar, Jay (George Clooney) emprende con su fiel mánager Ron (Adam Sandler) un viaje por Europa que se convierte en una intensa introspección sobre decisiones pasadas, relaciones rotas y el peso de la fama. La historia oscila entre drama y toques de humor basado en la personalidad de un hombre que ha dedicado toda su energía a construir un mito sin entender nunca quién es detrás de él.

Reparto:

Estos son algunos de los nombres que te pueden haber sorprendido gratamente:

  • George Clooney como Jay Kelly- Un actor icónico que interpreta a un personaje muy reflexivo sobre la fama.
  • Adam Sandler como Ron Sukenick. El manager leal y amigo de Jay, un papel más serio y profundo de lo habitual. 
  • Laura Dern como Liz. Publicista de Jay. 
  • Billy Crudup como Timothy. Un viejo amigo y actor que confronta a Jay sobre su pasado, con una escena particularmente recordada por su intensidad actoral.
  • Riley Keough como Jessica Kelly. La hija de Jay, cuyo enfrentamiento con su padre agrega peso emocional a la historia. 
  • Jim Broadbent, Emily Mortimer (además de co-guionista), Greta Gerwig, Patrick Wilson, Stacy Keach y otros miembros del reparto en papeles de apoyo. 
  • Lars Eidinger y su intervención es una de las sorpresas en Jay Kelly.

Comentarios y Críticas

  • La película ha sido vista como un retrato emocional y reflexivo de la fama y la identidad, con actuaciones destacadas de Clooney y Sandler.
  • Algunos críticos la consideran una tragedia cómica elegante, aunque apuntan que su ritmo no siempre llega al impacto emocional que promete.
  • Otros resaltan la cinematografía y la escritura de Baumbach como puntos fuertes, aunque con un enfoque narrativo que puede sentirse familiar dentro del cine de autor. 
Hablando de la película... 

Anécdotas y Detrás de Cámaras
Inspiración de Baumbach: El propio director admitió que la película surgió a partir de una frase que imaginó antes que cualquier otra cosa de la historia, lo que influenció el tono introspectivo de toda la obra. 

Baumbach en pantalla: El director incluso se mete en la película en un pequeño cameo, dirigéndose a sí mismo en una “película dentro de la película”. 

Recepción en Venecia: El film recibió una ovación de 10 minutos en su debut en el Festival de Venecia, un momento muy comentado por la prensa y el público. 

Dinámica Clooney-Sandler: El contraste entre la sobriedad profunda de Clooney y la calidez terrosa de Sandler ha sido destacado como uno de los ejes emocionales del film, algo que ha sorprendido gratamente a muchos espectadores por lo poco habitual de esa dupla.

Recaudación y Distribución

Aunque Jay Kelly tuvo estreno limitado en salas, su presencia principal es en Netflix, donde se proyecta globalmente desde diciembre de 2025.

Según cifras estimadas, su taquilla mundial teatral fue modesta, rondando ~100.000 USD, lo cual refleja su naturaleza más autoral y de festival que de blockbuster comercial. 

En términos de impacto y visualizaciones en streaming, los datos detallados de Netflix no son públicos, pero su presencia en listas y debates de películas de fin de año indica una alta visibilidad global.


Lars Eidinger en Jay Kelly (el ladrón, el espejo incómodo)

Lars Eidinger aparece en un papel breve pero decisivo: el del hombre que roba el monedero a una anciana en el tren. No es un gag ni un cameo ornamental; es una escena moral, casi una parábola. Eidinger compone al personaje con su habitual ambigüedad: educado, discreto, aparentemente inofensivo, pero capaz de un gesto mezquino, casi invisible, que sólo existe si alguien decide mirarlo. Y ahí entra Jay Kelly.


Jay Kelly como héroe fuera del foco

Cuando Jay interviene, recupera el monedero y se lo devuelve a la anciana, la película hace algo muy claro: Jay Kelly no es héroe por lo que representa en el cine, sino por cómo actúa cuando no hay público. Ese gesto conecta con lo que señalo: Jay es, en la vida cotidiana, un héroe para los viajeros del tren, para los desconocidos, para los espacios donde nadie espera épica. El tren vuelve a funcionar como: no-lugar, espacio de tránsito, escenario donde la ética no se ensaya, se ejecuta.


Hablando de la peli…


Jay Kelly no va, o no sólo, de un actor famoso en crisis. Va de alguien que, al terminar una película, se queda sin coartada. El rodaje acaba y, con él, desaparece la excusa perfecta para no mirarse al espejo. Es entonces cuando Jay Kelly formula la pregunta nuclear: “Mi vida no es real.” No es una frase melodramática. Es una constatación.

A partir de ahí, la película se abre como una grieta: Jay dispone por primera vez de algo peligroso para un actor, tiempo, y ese tiempo lo obliga a preguntarse cómo llegó a ser actor, pero también qué ha sacrificado para serlo: amigos, familia, hijas, presencia.


El actor y la vida aplazada

Jay ha vivido muchas vidas… pero no la suya.

La película sugiere que actuar no es sólo interpretar personajes, sino habitar existencias ajenas como refugio. Cada papel es una vida prestada que justifica la ausencia en la propia.

Y ahí aparece la tragedia silenciosa de la paternidad: no la del padre malo, sino la del padre ausente por éxito. Elegir trabajo o familia no se plantea como dilema moral, sino como trampa estructural: cuando eliges uno, el otro se convierte en fantasma.


“Puede que no existas”

La frase que le lanza su amigo de juventud es demoledora porque no es cruel, es honesta: “Puede que no existas.” No significa que Jay sea nadie, sino que nunca ha sido sólo uno. Ha sido reflejo, máscara, deseo ajeno, proyección del público. Es la frase que define al actor como figura inestable: siempre alguien a través de otro.


El mentor y la mentira perfecta

El discurso del mentor es quizá el más perturbador: “Te vas a pasar toda la vida mintiendo. Cuanto mejor mientas, más sincero parecerás y más éxito tendrás.” Aquí la película deja de hablar sólo del cine y empieza a hablar del mundo. La paradoja es brutal: la mentira bien ejecutada genera verdad emocional, la sinceridad escénica nace del artificio, y el éxito depende de qué tan bien sabes desaparecer dentro de otro. El actor, entonces, no es el que finge, sino el que se borra con precisión.

“El actor actúa dos veces”

Un mentor de cómo ser actor le habla a Jay Kelly diciendo: El Actor "actúa dos veces: Una, cuando hagas el papel. Dos, cuando hagas de ti mismo.  Jay Kelly entiende que ser uno mismo también es un rol, especialmente cuando el mundo espera de ti una versión reconocible, vendible, tranquilizadora. La identidad se convierte en una performance más, quizá la más agotadora.


“Al primero que te encuentras al bajar de un avión es a ti mismo”

Esta frase es tremenda. Porque dice algo muy simple y muy aterrador: puedes cambiar de ciudad, de país, de rodaje, de idioma, de personaje… pero no puedes bajarte de ti. Jay ha vivido siempre en tránsito, hoteles, sets, trenes, aviones, creyendo que el movimiento lo protegía. Y descubre que la huida no funciona cuando el problema eres tú mismo.


Dualidad, despersonalización, desgaste

Jay Kelly habla de la despersonalización progresiva del actor: tantas vidas vividas con intensidad emocional, que la propia queda anémica, sin relato. No es una película contra el cine. Es una película contra confundir la experiencia emocional con la experiencia vital. Jay no está vacío porque haya actuado demasiado, sino porque ha sentido por encargo.


“Papá, ¿existen los fantasmas?”

La insistencia del niño, cinco años, edad clave, es fundamental: No pregunta una vez. Pregunta hasta que el adulto se incomoda. Y recibe una respuesta rápida, funcional, para cerrar el tema. Eso ya dice mucho: los adultos no saben qué contestar, o no quieren pensarlo.

En Jay Kelly, las preguntas importantes siempre molestan.


El actor como fantasma

¿El actor, cuando abandona un personaje, se convierte en un fantasma? La película sugiere que sí, en varios niveles.

1. El personaje vivido intensamente… y luego abandonado. Cada papel ha sido: amado, llorado, deseado, habitado emocionalmente. Cuando termina el rodaje, esa vida desaparece, pero deja rastro. No muere del todo. Se queda flotando. Como un fantasma.

2. El propio actor queda suspendido

Jay no sabe quién es entre película y película. Ahí no hay personaje, pero tampoco hay identidad firme. Ese espacio intermedio es fantasmagórico: no pertenece a ninguna historia, no tiene relato, no deja huella clara. El actor existe cuando es mirado. Cuando no, se desvanece.


El niño como conciencia limpia

El niño del manager (Adam Sandler) es el único personaje que: no actúa,no miente,no entiende de máscaras. Por eso pregunta por los fantasmas. No porque crea en ellos, sino porque los intuye. Los adultos, Jay incluido, son, a sus ojos, presencias raras: están, pero no del todo. Escuchan, pero están pensando en otra cosa. Aman, pero se van. Eso es exactamente un fantasma para un niño.


Fantasmas y paternidad

Aquí la película conecta dos temas: el actor como figura ausente, el padre como figura intermitente. Para un hijo, un padre que siempre está de paso es casi un espectro. No porque no quiera, sino porque no puede quedarse. Jay ha sido un padre fantasma: presente en recuerdos, ausente en la experiencia diaria.


En resumen

Jay Kelly es una película sobre el precio de ser muchos y no ser nadie del todo. Sobre el éxito como forma elegante de desaparición. Y sobre la pregunta que llega siempre tarde: ¿Quién soy cuando ya no tengo que fingir?

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