domingo, 28 de septiembre de 2025

¿Ha muerto Hollywood o se ha transformado?


¿Hollywood ha muerto o se ha transformado?

Más que hablar de “muerte”, yo lo llamaría mutación profunda. Lo que vemos es el colapso de un modelo de producción centralizado en California, basado en grandes estudios, rodajes carísimos y cadenas laborales que antes parecían indestructibles. Esa columna vertebral se ha resquebrajado por tres golpes encadenados:

  • Covid-19,  paralizó proyectos y dejó a miles de técnicos y artistas en la cuerda floja.
  • Huelgas (guionistas y actores), dejaron en evidencia el desfase entre las plataformas y el trabajo creativo.
  • Crisis local (costes, incendios, burocracia), terminó de expulsar la producción a otros lugares.

Hollywood como centro geográfico del cine está debilitado, pero la industria global del audiovisual no ha muerto: se ha descentralizado. Hoy Atlanta, Londres, Roma, Budapest, Nueva Zelanda, Corea del Sur o incluso Canarias tienen más peso que nunca.


Los trabajadores invisibles

Me parece fundamental los técnicos, maquilladores, conductores, gente de catering, etc. El cine siempre fue un ecosistema colectivo, y cuando la producción huye, los que quedan sin red son ellos. Lo que está en juego no es solo “el glamour de las estrellas”, sino la destrucción de una clase media creativa y técnica que daba estabilidad a miles de familias en California.


La batalla fiscal y burocrática

El cine, paradójicamente, es nómada: va donde le resulte más barato filmar. Si en Bulgaria consigues rodar tres días con menos papeleo que uno en Los Ángeles, los productores no se lo piensan. El arte se hace en función de la contabilidad, no de la mística del lugar. Eso erosiona el “mito Hollywood” como ciudad-cine.


El divorcio con el público

Apunto un tema delicado: la percepción de que Hollywood “sermonea” en vez de entretener. El cine norteamericano siempre mezcló espectáculo y discurso social (desde Casablanca hasta Do the Right Thing), pero hoy la saturación de mensajes políticos en blockbuster y premiados genera fatiga en parte de la audiencia. Esto no significa que el cine deba ser neutro, pero sí que la industria perdió el equilibrio entre divertir y hacer pensar.


La democratización tecnológica

El contraste con los creadores independientes es demoledor:

  • Con un iPhone se pueden ganar premios en festivales.
  • Un dron y un portátil bastan para producir un programa competitivo.
  • YouTubers y streamers alcanzan audiencias que antes eran imposibles sin un estudio.

La autoridad cultural de Hollywood ya no es exclusiva. El talento se dispersa y plataformas digitales globalizan voces pequeñas. El público percibe que no necesita Hollywood para ser sorprendido.


Roma, Europa y el renacimiento

El ejemplo de Roma y Cinecittà es clave: el cine se mueve hacia centros donde confluyen incentivos fiscales, patrimonio cultural y estabilidad industrial. Roma, Londres, París o incluso Berlín pueden convertirse en polos fuertes, no solo como “locación”, sino como centros creativos de guionistas, directores y técnicos.


Mi conclusión

Hollywood no ha muerto como símbolo, pero sí como único centro hegemónico. Ha pasado de ser el corazón del cine mundial a ser una marca desgastada, incapaz de retener producción y trabajadores. El futuro es multipolar: estudios repartidos por el mundo, talentos emergentes con recursos digitales y públicos más fragmentados.

Quizá la pregunta ya no es “¿Ha muerto Hollywood?”, sino:

¿Qué significa “Hollywood” hoy? ¿Un lugar físico en California, un estilo de narración, o simplemente una marca cultural que deberá compartir protagonismo con otros polos?








Amor DiBó

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