miércoles, 8 de octubre de 2025

Actores poseídos: “Actuar se convierte en un rito de desaparición”


“Actuar se convierte en un rito de desaparición”, un intento de atravesar el personaje hasta el otro lado, donde ya no hay distinción entre realidad y ficción.

Aquí ya no hablamos solo de “vivir un papel”, sino de habitarlo hasta disolverse, de usar el cuerpo y la mente como territorio sagrado o maldito.


1. Tilda Swinton – La actriz como entidad mutante

Swinton no interpreta, invoca. En Orlando (1992), The Chronicles of Narnia o Suspiria (2018), su identidad se diluye entre géneros, edades y sexos.
 Durante Suspiria, pidió rodar algunas escenas en silencio total, “para escuchar los susurros del personaje”.
También interpretó en secreto al viejo psicoanalista Dr. Klemperer (bajo maquillaje prostético) durante semanas sin que el equipo lo supiera.
Su credo: “Actuar es morir y renacer en otro cuerpo.”


2. Isabelle Adjani – Possession (1981), el exorcismo literal

La escena del túnel (esa convulsión entre orgasmo, aborto y posesión demoníaca) la dejó emocionalmente destrozada.
Adjani confesó que tardó años en recuperarse psicológicamente.
Dijo: “Nunca volveré a rodar algo así. Di demasiado.”
El resultado fue una de las interpretaciones más perturbadoras de la historia del cine.


3. Klaus Kinski – El actor como apocalipsis ambulante

Kinski no actuaba: entraba en trance. Werner Herzog decía que filmar con él era como “rodar con un volcán”.
En Aguirre, la cólera de Dios, caminó descalzo durante horas por la selva sin guion, gritando delirios místicos.
En Nosferatu (1979), se mantenía despierto y en silencio por días, convencido de que realmente era un vampiro.
Herzog escribió: “Kinski no interpretaba locos, los encarnaba.”


4. Gena Rowlands – Cuando Cassavetes era su espejo roto

En A Woman Under the Influence (1974), dirigida por su esposo John Cassavetes, Rowlands exploró la locura femenina con tal intensidad que el rodaje se suspendió varias veces por agotamiento.
El límite entre actriz y personaje se borró: su hijo (Nick Cassavetes) dijo años después que “no sabía si mi madre actuaba o se desmoronaba de verdad.”


5. Marina Abramović – Performance o autodestrucción

En piezas como Rhythm 0 (1974), ofreció su cuerpo al público con objetos (cuchillos, cadenas, una pistola cargada).
Dijo: “El artista debe estar dispuesto a morir para el arte.”
En The Artist Is Present (2010), permaneció sentada durante 736 horas mirando a extraños. Muchos lloraban, otros temblaban; Abramović hablaba de “transferencia energética real”.
Aquí el actor ya no finge: se convierte en altar.


6. Charlotte Gainsbourg – Antichrist (Lars von Trier, 2009)

Rodó escenas de mutilación y dolor extremo con tanta entrega que su director temió por su estabilidad.
Gainsbourg admitió: “Lars me pidió algo imposible, y yo se lo di.”
Tras el rodaje, necesitó terapia para “reaprender la calma”.
La película parece un exorcismo filmado.


7. Philip Seymour Hoffman – El alma dividida

Conocido por su entrega total (Capote, Synecdoche, New York), Hoffman decía que cada personaje lo “vaciaba un poco más”.
Durante The Master, dormía en la misma habitación que su compañero Joaquin Phoenix para mantener la tensión psicológica.
Murió en 2014 por sobredosis. Muchos lo describen como alguien que “no podía salir de su mente cuando no estaba en escena”.


8. Björk – Dancer in the Dark y el sacrificio emocional

Lars von Trier (otra vez) la llevó al límite. Björk declaró que “me robó el alma”.
Se negaba a hablar con él fuera de rodaje, lloraba durante horas después de cada escena.
Tras la película, anunció que nunca volvería a actuar: “Selma (su personaje) me mató un poco por dentro.”
Y cumplió su palabra.


9. Daniel Kaluuya – Get Out y la hipnosis emocional

En la escena del llanto, Kaluuya mantuvo las lágrimas corriendo durante múltiples tomas. Jordan Peele dijo que “no se desconectó ni un segundo”.
Kaluuya confesó que el proceso le provocó pesadillas y ansiedad social.
Durante semanas, evitaba mirarse al espejo “para no volver a entrar en la escena”.


10. Cate Blanchett – Manifesto y la multiplicidad absoluta

Interpreta 13 personajes diferentes en monólogos que citan manifiestos artísticos y políticos.
Blanchett consideró el proyecto “una posesión colectiva”: “Sentí que habitaban en mí todas las voces de la historia del arte.”
Es un caso de trance intelectual: el actor como médium del pensamiento.








Amor DiBó 
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