lunes, 1 de diciembre de 2025

Amélie et la Métaphysique des Tubes / Little Amélie de Maïlys Vallade y Liane-Cho Han Jin Kuang

 


Ficha técnica

Título original: Amélie et la Métaphysique des Tubes / Little Amélie or the Character of Rain
Dirección: Maïlys Vallade y Liane-Cho Han Jin Kuang
Guion: Liane-Cho Han, Aude Py, Maïlys Vallade, Eddine Noël. Adaptación del libro Métaphysique des tubes de Amélie Nothomb. 
Música: Mari Fukuhara
Producción: Ikki Films, Maybe Movies, Puffin Pictures, 2 Minutes, France 3 Cinéma, 22D Music
País: Francia / Bélgica
Duración: 77 minutos
Año: 2025
Género: Animación / Drama / Biopic infantil-autobiográfico


Sinopsis

La película narra los primeros años de vida de Amélie, una niña belga nacida en Japón, cuya infancia transcurre de forma particular: hasta los dos años y medio se percibe a sí misma como un “tubo digestivo”, una entidad vegetativa e inconsciente del mundo, sin verdadera conciencia de sí ni del mundo. 

Ese estado cambia tras un suceso, un terremoto en la versión literaria, o un “evento clave” en la película, que desencadena su despertar: Amélie sale de su letargo e inicia un viaje de descubrimiento sensorial y emocional. Aprende el lenguaje, empieza a percibir su entorno, a interactuar con sus padres, hermanos y, sobre todo, con su niñera japonesa, Nishio-san. Gracias a ella, el mundo se convierte en un terreno de maravillas: jardines, agua, lluvia, carpas Koi, juegos, sensaciones nuevas, olores, sabores, movimientos, todo aquello que para un adulto pasa desapercibido.

Pero cuando cumple tres años, su vida da un vuelco: las tensiones familiares, los prejuicios culturales entre su familia belga y los japoneses, la inestabilidad… provocan un quiebre. El vínculo con Nishio-san se resiente, el regreso a Bélgica se anuncia, y Amélie, con su nueva conciencia, experimenta dolor, pérdida y nostalgia.

La película es un viaje poético, sensorial y filosófico: un relato sobre el despertar del yo, la memoria, la infancia como territorio de lo onírico, la ruptura entre culturas y la huella indeleble del asombro originario.


Anécdotas y curiosidades

La película está basada en la novela autobiográfica Métaphysique des tubes (2000) de Amélie Nothomb, donde la propia autora recuerda sus primeros tres años de vida en Japón.

Es el primer largometraje de animación dirigido por Maïlys Vallade y Liane-Cho Han.

Su estilo visual busca evocar la sensibilidad de la infancia: la animación utiliza paletas de colores suaves, evocadoras, casi oníricas, que recuerdan acuarelas o pasteles, recreando la mirada de un bebé ante el mundo como algo nuevo, vibrante, fantástico. 

Según críticas especializadas, la película intenta romper con la idea de que los bebés no tienen recuerdos reales antes de los tres años: al narrar desde su alter-ego infantil/adulto, reivindica la capacidad de memoria, emoción y sensibilidad desde edades muy tempranas.

El film ha recibido reconocimiento internacional: se presentó en el Cannes Film Festival 2025 (sección especial) y en el Annecy International Animation Film Festival 2025  donde ganó el premio del público.



¿Qué teoría científica hay detrás del título Amélie et la Métaphysique des tubes?

La teoría del bebé como “tubo digestivo”

El título alude a una idea tomada de la biología del desarrollo y la neonatología:
Durante los primeros meses de vida, el bebé funciona casi exclusivamente como un sistema digestivo y reflejo. No hay todavía: conciencia de sí, pensamiento coherente, intención, memoria organizada, relación simbólica con el entorno

En términos científicos, al recién nacido se le describe como un organismo que responde a reflejos primarios (succión, búsqueda y agarrar con la mano un objeto), regula homeostasis y procesa alimento. Su conducta es mínima y está centrada en alimentarse y expulsar.

De ahí que Nothomb, con humor filosófico, bautice a su yo-bebé como un “tubo”: un sistema hueco donde entra leche y salen desechos.
Es una metáfora basada en un principio real: el cerebro todavía no ha “despertado” como aparato consciente.


Metafísica del despertar de la conciencia

La otra mitad del título, metafísica, introduce la pregunta filosófica y científica fundamental:

¿Cuándo empieza la conciencia humana?. ¿Qué ocurre entre ser un organismo biológico y convertirse en un sujeto?

El film y la novela juegan con esta idea: el bebé pasa de “tubo” a “ser que piensa” tras un evento (en el libro un terremoto).
Este salto coincide con lo que en neurociencia del desarrollo se llama: Emergencia de la atención sostenida. Aparición del yo corporal (“yo soy este cuerpo”). Inicio de la memoria autobiográfica implícita. Desarrollo del córtex prefrontal primitivo

El título sugiere que ese tránsito, de pura biología a identidad, es un misterio metafísico, aunque la ciencia lo describe en términos de maduración neuronal.


Una lectura desde la psicología: “el yo nace dos veces”

La teoría implícita se relaciona también con:  Winnicott: nacimiento psicológico

Para el psicoanalista D.W. Winnicott, el bebé no nace sujeto de inmediato: primero es un organismo dependiente, y sólo en relación con la madre/figura cuidadora empieza a adquirir un “yo”. Piaget: etapa sensoriomotriz Hasta los 2 años, el niño no distingue del todo entre él y el mundo. Es pura percepción y acción.

La película se apoya en ambas ideas: primero el tubo, luego el yo
El título encapsula el tema profundo del film: La infancia como un terreno donde lo biológico, lo filosófico y lo poético se encuentran.


Lectura simbólico-poética: Dejar de ser tubo y convertirse en persona

Convertirse en persona es un acto revolucionario. La película lo muestra con ternura, pero también con un pellizco: salir del tubo es el comienzo de la aventura… y también de la herida.

Porque ser persona es aceptar que la conciencia viene con factura. Ya no basta con entrar y salir, ahora hacemos algo que un tubo jamás podría: vibrar ante la belleza, oír el eco de una despedida, guardar en la memoria un color que no sabíamos que existía.

En resumen: dejar de ser tubo es el primer acto poético de la existencia. Es pasar de ser un tránsito a ser un territorio. Un despertar que no se elige, pero que, una vez ocurrido, te obliga a hacerte cargo de ese milagro incómodo que es estar vivo.







Amor DiBó 

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