El 11 de octubre de 2025 ya escribí la reseña de la película y me quedé con la incógnita de saber que era el animalito que salía en el guión. Tan extraño y tan esencial para entender la película.
Y aquí llega mi gran descubrimiento en Sitges 2025: la película gira en torno a una criatura simbólica, el ajolote (Ambystoma mexicanum). Al principio pensé que era un simple guiño visual, pero ahora comprendo su papel esencial. Originario de México, este anfibio pertenece a la familia Ambystomatidae y es famoso por su capacidad para regenerar partes del cuerpo: extremidades, órganos internos e incluso la médula espinal. Su singularidad no acaba ahí: el ajolote vive en un estado larval permanente, conservando sus branquias externas y su aspecto juvenil durante toda su vida. En otras palabras, es un ser que nunca completa su metamorfosis.
En Mother’s Baby, el ajolote funciona como espejo biológico del horror: la ciencia que resucita lo que debería morir, la vida que se rehace sin renacer, la maternidad detenida en un punto intermedio entre naturaleza y laboratorio. La directora utiliza esa metáfora con una elegancia sutil, casi clínica, para plantear una pregunta demoledora: ¿cuándo deja algo de ser lo que era?
El reparto es un acierto para los amantes de las series: rostros familiares como Marie Leuenberger, Hans Löw o Claes Bang dan verosimilitud cotidiana a una historia que roza lo imposible. Sin embargo, lo que más perturba no es lo que vemos, sino lo que no se muestra del todo: cómo está hecho ese bebé. La película elige el silencio y deja al espectador con hambre de verdad, justo como la madre que intenta entender el origen de su hijo.
✨ Me felicito por haber visto esta película en Sitges 2025. No solo por su tensión y su atmósfera, sino porque en medio de tanta perfección cinematográfica, este pequeño monstruo llamado ajolote me recordó que el verdadero horror es querer vivir sin instinto.



No hay comentarios:
Publicar un comentario