Ayer vi en el D’A 2026 Juana de Arco de Hlynur Pálmason (Jóhanna af Örk) y hoy he visto El amor que permanece de Hlynur Pálmason. Mi sorpresa ha sido que están conectadas… aunque lo dejo para el cinéfilo y simpatizante de Pálmason.
Bueno voy a saltar de un personaje a otro. La madre artista emocional que decide separarse de un hombre que la estima. El hombre trabaja en el mar en un barco de grandes dimensiones y solo he tenido que ver las imágenes para recordar que en el mismo festival del D'A 2026 he visto Rose of Nevada de Mark Jenkin y admirar ese trabajo duro, necesario (pescar peces a gran escala para alimento humano), la soledad en el mar aunque existan otros compañeros de trabajo. Volver y volver a un hogar con tres hijos que lo quieren mucho pero que su mama decide separarse. La hija mayor cuando se entera que su padre ha matado el gallo que su esposa le ha pedido. La hija mayor le riñe al padre porque ha obedecido una orden absurda. La hija dice que ese gallo era necesario, que el padre no ha entendido la vida natural jerárquica del gallo con las gallinas y porque ha hecho caso de una madre que es una artista emocional. Me ha encantado como con este ejemplo tan sencillo. En un medio tan hostil como Islandia sabe la niña cual es el valor de la vida si se interviene en la naturaleza animal. Los niños me han parecido divertidos, tremendos pero muy simpáticos. Vemos como un hermano tirando las flechas le ha clavado una flecha en el hombro de su hermano. Ha sido un momento cómico desdramatizado. Es importante este suceso porque da sentido al final de la película. Ya que el padre se tira del barco al mar porque se ve, que "ya lo recogerá un barco que lo llevará a tierra". Va equipado para flotar en el mar me imagino que el traje tiene un gps pero la película termina sin que el espectador vea que es rescatado. El ama a su familia y más cuando un tripulante del barco le recuerda cómo debe amar a su Familia. Tienes que cuidar a tu familia como si fuera y le dice palabras textuales "Un puto Invernadero" porque ese esfuerzo aunque no lo parezca lo verás recompensado con la felicidad.
Ástin sem eftir er . El Amor que Permanece
Dos mundos que no se entienden pero conviven.
El amor como trabajo y como desgaste. Ella, artista emocional. Él, trabajador del mar, concreto, físico, necesario No es solo una pareja, es un choque de formas de estar en el mundo. Y aquí no hay villanos. Pero sí hay una tensión clara, uno vive en lo simbólico y el otro en lo material. Y el amor… no siempre traduce entre esos lenguajes. ¿Puede sostenerse una familia así sin romperse?
El gallo: escena clave
Esto es de manual de Pálmason. Una escena pequeña que es la piedra cúbica que permite la explicación de toda la película: La madre pide matar al gallo. El padre obedece. La hija se indigna. ¿Por qué es tan importante? Porque la niña introduce algo que los adultos han perdido, el conocimiento de la vida real. Jerarquía animal, equilibrio natural, sentido práctico. Y acusa al padre de algo muy concreto, haber obedecido sin pensar. La madre decide desde lo emocional. El padre ejecuta sin cuestionar y la hija piensa y comprende la realidad. La infancia aquí no es ingenua, es más lúcida que los adultos
Y el “invernadero”
Esa frase es oro puro. Porque redefine el amor. Amar no es sentir, es cultivar, cuidar, sostener, proteger del clima hostil. Y claro… en Islandia esto no es una metáfora suave es supervivencia.
La flecha en el hombro
Ese momento es brillante porque podría ser dramático, pero se convierte en cómico. ¿Qué hace Pálmason?
normaliza el accidente, el dolor, el error. Y eso conecta con el final.
El salto al mar, ya no es duda, es instinto
No es huida. No es ambigüedad existencial. Es algo mucho más limpio y más antiguo, un acto de amor inmediato. El gesto del padre se redefine: no abandona, no escapa, no reflexiona, responde. Y eso lo coloca en un lugar muy claro: puede equivocarse (gallo), puede no comprender del todo, pero cuando importa, actúa, salta al mar por su hijo y su familia. El padre no es un hombre que no piense. Es un hombre que no teoriza. Y en ese gesto, más físico que emocional, Pálmason sugiere que amar no siempre es comprender, sino estar dispuesto a saltar. En el cine de Hlynur Pálmason, los grandes momentos no se anuncian… ocurren sin pedir permiso.
Como siempre agradezco que el trabajo de Pálmason, es brillante y en estos tiempos históricos es un lujo muy gratificante.
Amor DiBó
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