CRÍTICA: LA LEYENDA DE OCHI
Aunque con un intento de atraer al público con una historia que podría parecer original y encandilar por medio de la ternura, la propuesta no logra su objetivo final y decae en los primeros 10 minutos de metraje.
Yuri (Helena Zengel) vive en los Cárpatos intentando superar la pérdida de su madre—al parecer a manos de unas bestias salvajes llamadas Ochi—al menos, esto es lo que les explica su padre (Willem Dafoe, Extrañas criaturas), obsesionado con darles caza y vengarse. A su cargo, un grupo de jóvenes de la aldea, encabezados por Petro (Finn Woodward, Stranger Things), serán adiestrados para este propósito. Sin embargo, Yuri se encariñará con uno de los bebés Ochi y al rescatarlo, emprenderá una aventura para devolverlo a su hogar. En su viaje se topará con sorpresas inesperadas.
Esta ópera prima del director Isaiah Saxon toma como referencia clásicos como E.T.: el extraterrestre, con la intención de construir una aventura visualmente vibrante donde el vínculo entre humano y criatura—una especie de Baby Yoda de The Mandalorian— despierte una respuesta emocional en el espectador. Sin embargo, la película tiene un ritmo muy lento, quizás intentando crear una fórmula entre cine contemplativo y épico que, sin embargo, no consigue dar buenos resultados. No en vano, nos muestra los paisajes y sonidos de las montañas y los bosques, con el fin de que nos sumerjamos en su atmósfera envolvente y un intento fallido de emular un Mizayaki en acción real, tratando de armonizar la belleza de la naturaleza con la más profunda emoción.
En cuanto a la narrativa, se hace tediosa con silencios eternos con pocos diálogos, siendo la única escena más emocionante con algo de movimiento y acción la inicial, cuando los Ochi son perseguidos por el grupo para darles caza.
Por otro lado, los personajes secundarios, están muy poco desarrollados, lo cual es una pena, ya que contando con Willem Dafoe o Emily Watson, deja mucho que desear en cuanto a su labor como director.
En conjunto, La leyenda de Ochi propone un discurso ya conocido sobre la empatía, el miedo a lo desconocido y la protección del otro, pero lo hace desde un enfoque previsible y poco arriesgado. El resultado es una obra que remite constantemente a referentes más logrados, sin alcanzar la fuerza emocional ni la coherencia narrativa.
Anna Bayón
Instagram: @cine_anabayon



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