domingo, 21 de septiembre de 2025

April de Dea Kulumbegashvili es una película poderosa y perturbadora.


La historia en pocas líneas
Nina es una ginecóloga-obstetra en una provincia rural de Georgia. Cuando un bebé muere durante el parto bajo su supervisión, su profesionalidad y moral quedan bajo sospecha. Pero ella también ayuda, en secreto, a mujeres que recurren a abortos clandestinos, y esa doble realidad (lo legítimo y lo oculto, lo permitido y lo condenado) define la tensión central del filme. 


Lo que no olvidaré

  • El contraste entre el silencio y la crudeza visual: momentos de enorme tensión estética, donde el encuadre, la luz y los sonidos se imponen de forma casi dolorosa. La cámara fija en planos que obligan al espectador a mirar, sin distracciones. 

  • La ambigüedad moral de Nina: no es un personaje de blanco o negro, sino alguien que lucha, que oculta cosas, que actúa con convicción, pero sabe que lo que hace podría destruirla profesional y personalmente. 

  • Las secuencias que se salen del realismo puro: lo simbólico, lo onírico, lo que no se explica del todo. Sobre todo la criatura “fantasmal” que aparece al inicio. Todo ello suma una atmósfera que oprime. 

  • La manera en que la película denuncia sin moralina explícita: más bien las estructuras sociales, las tradiciones religiosas, las desigualdades de género, el peso del ruralismo, La falta de recursos, y cómo todo eso termina erosionando a las personas que intentan hacer lo correcto bajo circunstancias adversas. 

  • Los momentos en que oímos su voz pero no vemos su rostro, como si el espectador compartiera su ángulo de resistencia. Esa estrategia fotográfica convierte al público en testigo íntimo, casi cómplice, de lo que Nina calla con su cuerpo.

  • El lenguaje visual que la película utiliza para situarla frente al poder masculino: Nina acusada en el extremo izquierdo de la pantalla, mientras tres hombres a la derecha lanzan preguntas y acusaciones. La composición habla por sí sola.

  • La aparición inicial de ese cuerpo de mujer terrorífico, que vuelve como un espectro a lo largo del metraje. No es una imagen gratuita: cuando aparece abrazado por el antiguo novio y compañero de hospital, se entiende como la encarnación de la vida interior de Nina, despojada de toda belleza, consumida por la contradicción entre su labor médica y sus actos clandestinos.

  • April de Dea Kulumbegashvili no es fácil de ver: insiste en mostrarnos los abortos, con su crudeza repetida, y esa insistencia incomoda. Pero la película merece ser recomendada porque coloca a Nina, la médica, en una posición ambigua: la de un verdugo contemporáneo. Como en la Edad Media, cuando el ejecutor de la justicia vivía apartado del pueblo y ocultaba su rostro bajo una capucha, Nina también ejerce una función necesaria y clandestina, que la aparta del resto de la comunidad y consume su propia identidad. Esa lectura es la que deja huella: más allá del dolor, April habla de la soledad de quienes cargan con un deber inconfesable.







Amor DiBó
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