miércoles, 28 de enero de 2026

Marty Supreme de Josh Safdie (2025) y la música de Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never)

 


En un artículo de Espinof he descubierto que la música de la película Marty Supreme de Daniel Lopatin no es valorada por Hollywood la música electrónica. “Voy a abrir este melón”

Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never)


Voy por partes y con contexto.


Daniel Lopatin y el “problema” de la electrónica en Hollywood

Daniel Lopatin no es un compositor al uso dentro del sistema clásico de Hollywood. Viene de: la electrónica experimental, el ambient, el glitch, la deconstrucción sonora más conceptual que melódica.

Y ahí empieza el conflicto: Hollywood sigue valorando la música de cine como “subrayado emocional”, no como dispositivo narrativo.


La electrónica, sobre todo la no melódica, incomoda porque:

  • no “abraza” al espectador,
  • no le dice qué sentir,
  • no ofrece leitmotivs fáciles de recordar,
  • no se puede tararear al salir del cine.

El caso Safdie–Lopatin: música como presión, no como emoción

Con los Safdie (Good Time, Uncut Gems, Marty Supreme), Lopatin no acompaña la imagen:
la invade, la contamina, la asfixia.

Su música funciona como:

  • ansiedad en estado puro,
  • ruido interior del personaje,
  • latido obsesivo.

Eso choca frontalmente con los criterios clásicos de premios y reconocimiento: Hollywood suele premiar la música que “embellece” la película, no la que la desestabiliza.


Por qué no se valora (todavía) la música electrónica en premios

No es que no exista electrónica en el cine, existe y cada vez más,, es que no se legitima del todo. Algunos motivos claros:


Herencia sinfónica: la Academia sigue teniendo como referencia a Williams, Zimmer, Morricone, Desplat.
Desconfianza estética: la electrónica se percibe como “textura” más que como composición.
Falta de espectacularidad emocional: no busca lágrimas, busca incomodidad.
Asociación con lo experimental: y Hollywood premia lo experimental solo cuando ya ha sido digerido.

Incluso cuando la electrónica es brillante (Lopatin, Mica Levi, Cliff Martinez), suele quedarse en el margen del reconocimiento institucional.


Lopatin no quiere gustar (y eso se nota)

Y aquí viene lo interesante: Lopatin no parece especialmente interesado en gustar a Hollywood.

Su música en Marty Supreme: no busca consenso, no embellece al personaje, no redime la obsesión, la amplifica hasta lo incómodo.

Es coherente con Marty: una música obsesiva, repetitiva, a ratos grotesca, casi una parodia sonora del mito del genio.



Mi lectura crítica

Si tuviera que resumirlo en una idea clara: La música electrónica no está infravalorada por falta de calidad, sino porque no cumple la función emocional tranquilizadora que Hollywood sigue esperando de una banda sonora. Y en Marty Supreme, precisamente por eso, funciona tan bien. No acompaña al héroe. No ennoblece el relato. No te deja cómoda. Como Marty.


Ansiedad en estado puro. Es como estar dentro de un videojuego que no te permite respirar.  Esa música no se escucha, se habita. Y además se habita mal. como debe ser.


Daniel Lopatin vs. Mica Levi: dos formas de incomodar

Daniel Lopatin y Mica Levi comparten algo esencial: no creen que la música de cine deba proteger al espectador. Pero lo hacen desde lugares distintos:


Mica Levi (Under the Skin, Jackie) trabaja la incomodidad desde el vacío.
Sus partituras parecen agujeros negros: silencios tensos, notas que se estiran, sonidos que no terminan de ser música. El espectador flota, desorientado, como si le hubieran quitado la gravedad emocional.

Daniel Lopatin, en cambio, actúa por saturación.
En Marty Supreme la música no deja huecos: pulsa, insiste, se repite, te persigue. Es exactamente lo que dices: un videojuego sin pausa, sin opción de salir al menú, donde cada nivel aumenta la ansiedad y el cuerpo empieza a pedir aire.

Levi te abandona.
Lopatin te acorrala.

Ambos rompen con la tradición sinfónica, pero Lopatin es más cruel: no te deja ni siquiera la ilusión del silencio.





Amor DiBó 

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