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jueves, 8 de diciembre de 2016

La isla de Gilligan, comedia de situación en el Pacífico


La marina de McHale se prolongó entre 1962 y 1966. Sus más altas cotas de popularidad se dieron entre 1963 y 1965. No es raro que otras series partieran de temáticas similares. La Segunda Guerra Mundial fue objeto de ironías no sólo en esta serie, sino también en Los héroes de Hogan (1965-1971) y el tema de la isla del Pacífico en la que se ven obligados a convivir en poco espacio una serie de protagonistas, reapareció en La isla de Guilligan (1964-1967). La diferencia con La marina de McHale era que, en lugar de convivir en una lancha torpedera, lo hacían en una isla desierta a la que habían sido arrojados tras el naufragio de su yate. 
En estas tres series que se superpusieron en el tiempo, el esquema de los protagonistas era siempre el mismo: el tonto, el listo, el antipático, los excéntricos y la situación inusual. Obviamente, en Los héroes de Hogan el papel de tontos-muy-tontos correspondía a los alemanes. Los oficiales con mando (los capitanes de barco, Hogan), son siempre las figuras “serias” y tienen a su cargo a un personaje más o menos torpe pero siempre bienintencionado. Tal es el esquema de este modelo de comedias de situación que convivieron y se hicieron la competencia en los años 60.

GILLIGAN: ICONO DE LA CULTURA POP

Televisión Española emitió esta serie al concluir La marina de McHale y en la misma franja horaria. En España todavía no existían canales como para que dos series pudieran competir entre sí. Se consideraba que la mejor franja horaria para las sit-com era, o bien al mediodía, justo antes del informativo, o bien en las tardes, después de los dibujos animados y antes del telediario de las tardes. Esta rutina siguió así prácticamente hasta el primer tercio de los años 70. Fue una serie que no recibió adhesiones unánimes ni comentarios encendidos por parte de la crítica y de los espectadores. Tenía su “parroquia” pero no se trató de una serie icónica como pudo serlo El túnel del tiempo, series de producción propia a lo Historias para no dormir o Silencio, estrenamos, miniseries de fuerte impacto momentáneo, Belfegor, el fantasma del Louvre, o series de suspense (Alfred Hitchcock presenta) que eran unánimemente comentadas y contaban con entusiastas dispuestos a partirse el pecho en su defensa.