Están de moda las series, los documentales y las películas sobre narcotraficantes y sobre los policías que los persiguen. En Netflix hay varias series sobre el tema y una de ellas de alta calidad (Narcos que, además, está narrado por uno de los agentes de la DEA que participaron en su persecución), así que cuando se anuncia una película sobre el mismo tema, lo primero que se piensa es en que hay demasiada reiteración.
¿De qué manera sería posible plantear la lucha contra los cárteles de la droga desde una perspectiva nueva e inédita? Brad Furman director de esta cinta, El infiltrado, nos lo expone: presentándose como directivo de un banco y proponiendo el blanqueo y la inversión de los dineros procedentes del tráfico de cocaína. Tal es el papel asumido por “Robert Mazur” (Bryan Cranston), policía harto de detener a pequeños traficantes y que, al encontrarse próximo a la jubilación, se plantea dar un golpe decisivo y en la cúpula del negocio de la droga.

