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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Capitalismo, una historia de amor: la crítica al capitalismo en 2008


Sicko fue rodado por Michael Moore antes de que los EEUU se precipitaran por el agujero negro de las “suprimes”. Se trataba de una crítica al modelo sanitario de los EEUU pero en cuyo trasfondo se adivinaba la responsabilidad del capitalismo americano, al menos en lo relativo a las compañías aseguradoras médicas y a su peso en los organismos representativos de los EEUU: en relación a sus beneficios, cabría decir que la carne de congresista se vende a buen precio. Sin embargo, aquella crítica solamente fue apreciada por los que sufrían las consecuencias directamente de la perversión del sistema médico norteamericano; el país, por lo demás, vivía momentos de euforia económica. 

Al igual que en España, las “cifras macroeconómicas” sugerían que el PIB ascendía y que se estaba produciendo un período de crecimiento económico sin precedentes. Luego todo se derrumbó en apenas un trimestre: cuando Michel Moore rodó Capitalismo: una historia de amor, el país entero –salvo su élite económica- se precipitada por la pendiente de la crisis. El error de Moore, en los diez minutos finales, consistió en pensar que con Obama llegaba la solución y se restablecería un gobierno democrático.


¿LIBERALISMO Y DEMOCRACIA EQUIVALEN A CAPITALISMO?

El documental es estremecedor especialmente en lo que se refiere a las imágenes de Detroit, la ciudad de la General Motors que entró en quiebra en esos meses. Grandes y céntricos edificio completamente abandonados, superficies que en otro tiempo fueron zonas industriales, desérticas, barrios despoblados cubiertos de malas hierbas y, lo peor, de todo, una sociedad completamente desarticulada y destruida. Pero el documental no se concentra en Detroit, pasa revista a los efectos más perversos del capitalismo tal como se concebía en la primera década del milenio: como actividad especulativa especialmente centrada en la vivienda y en los “derivados”, eufemismo para llamar a determinados “productos financieros” que encubrían toxicidad y, sobre todo, dolor al contener bienes raíces expropiados.