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miércoles, 26 de agosto de 2026

El Ser Querido . Rodrigo Sorogoyen con Anna Bayón


Vuelve Sorogoyen con su drama más personal.

Si hay algo que caracteriza al cineasta es su forma de analizar las relaciones personales y cómo nos afectan psicológicamente. Después del gran éxito de AS BESTAS y la serie LOS AÑOS NUEVOS, regresa con este thriller dramático de una historia mucho más íntima, moviéndose en su “zona de confort” y abordando los entresijos del rodaje de una película. Es decir, recurriendo al siempre interesante “cine dentro del cine” y explorando, además, la relación entre un padre y una hija, de forma que lo que podría parecer parte de la trama de la película que están rodando se convierte en el propio conflicto entre los protagonistas.

Esteban (JAVIER BARDEM), un exitoso director de cine con un pasado marcado por el alcohol y la violencia, está rodando en España su próxima película y le pide a su hija Emilia (VICTORIA LUENGO) que sea la protagonista. Aunque acepta con cierta reticencia debido a los conflictos personales entre ambos, quizá como una forma de catarsis o con la intención de sanar la relación, pronto descubrirá que el abuso de autoridad de su padre y su egocentrismo, fruto de creerse un gran artista, son su mayor lastre. Su propia genialidad terminará jugándole malas pasadas.

Una vez más, el director y su inseparable guionista Isabel Peña nos traen una cruda historia de relaciones, con las emociones a flor de piel. Sorogoyen sabe sacar todo el jugo a sus actores y exprimirlos al máximo, y eso se nota. Tanto Bardem como Luengo están sublimes en sus respectivos personajes, protagonizando un constante duelo interpretativo entre la contención y la explosión.

El filme juega con la ambigüedad de tratar sobre cine, lo que permite extralimitarse y experimentar con infinidad de recursos narrativos.

En esta ocasión, Sorogoyen lo utiliza para provocar sentimientos en el espectador que pueden confundirle o encandilarle, aunque algunos podrían tacharlo de pretencioso. Sin embargo, ese uso de las técnicas cinematográficas pone de manifiesto su maestría a la hora de dirigir y su conocimiento del oficio. El blanco y negro, el formato 4:3, el filtro retro, los primerísimos planos, etc. En palabras del propio director: “Así, queda plausible que, como cada personaje tiene su versión de la historia vivida, la forma en que perciben la realidad por parte del otro cambia al mirarlo”.

Sin duda, es una película que hace sentir y que atrapa desde la intensa conversación inicial, cargada de tensión —otro de los rasgos indiscutibles del director—, hasta la escena de la cena, en mi opinión, la mejor de la película. Consigue mantener la intriga de una forma brillante, alargando las escenas y con un estilo que vuelve a demostrar por qué Sorogoyen es único.

El padre es director → quiere controlar la película. También quiere controlar la relación: intenta dominar la conversación, sus emociones e incluso aquello que ocurre con su hija.

La hija es actriz → tiene que interpretar.

Y lo más interesante es que el propio Sorogoyen coloca a un director de cine como protagonista de esa contradicción.

Por eso creo que El ser querido no es tanto una película sobre si Emilia perdona a su padre, sino sobre si tiene obligación de hacerlo.

Sin duda, estamos ante una de las firmes candidatas a varias nominaciones a los Goya, aunque recordemos que este año competirá con LA BOLA NEGRA, que también promete mucho.


Puntuación

⭐⭐⭐⭐1/2 sobre 5







Anna Bayón

Instagram: @cine-anabayon

viernes, 1 de septiembre de 2023

As Bestas, de Rodrigo Sorogoyen (2022)



Una pareja francesa que lleva tiempo viviendo en una pequeña aldea gallega recibe presiones del resto del pueblo para que vendan también sus tierras y así no perder la oportunidad de negocio que tienen todos con una empresa eólica noruega. Su tranquila vida se verá afectada por esta tensión creciente entre los vecinos, en particular una pareja de hermanos que llevarán el conflicto hasta límites insospechados.


Película ganadora de 9 premios Goya, entre ellos mejor película, mejor dirección para Rodrigo Sorogoyen, mejor guion para Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen, mejor actor principal para Denis Ménochet y mejor actor de reparto para Luis Zahera que está inmenso como uno de los hermanos Anta. Por nuestra parte poco más que decir ya que fue la sorpresa del 2022 y nos extrañó que no fuera seleccionada para los Oscars, favoreciendo la Academia Española a Alcarràs por haber ganado en Berlín. Desde su atmósfera agobiante creada gracias al personaje de Luis Zahera, hasta su fotografía o música, esta película es uno de los pocos deleites que nos ha dado el cine español en los últimos años.


Nuestra puntuación: 8 sobre 10

© Martín Blázquez



Rodrigo Sorogoyen, Diego Anido e Isabel Peña presentando la película 

en el Festival de Sitges 2022.

domingo, 27 de enero de 2019

El Reino... de Rodrigo Sorogoyen



En su momento, no pudimos asistir al estreno de la película El Reino de Rodrigo Sorogoyen y es ahora, cuando se ha editado el DVD cuando hemos tenido ocasión de ver una cinta que se ha llevado unos cuantos premios Feroz y cuyo nombre suena para los Goya de este año. La película se ha ganado fama de ser “comprometida” y de “sacar los colores” a nuestra clase política. Lo lamento, pero no compartimos este juicio. En España sigue sin haber un cine político “comprometido” digno de tal nombre. Esta película hubiera estado bien a mediados de los años 80, cuando ya existía la certidumbre de que la corrupción estaba anidada en el corazón del sistema político español (¿o es que ahora habrá alguien capaz de negarlo?), pero 35 años después, francamente, parece un arcaísmo o, incluso, un despropósito, por lo deslavazado de sus últimos 30 minutos. 

En la actualidad están cerrados ya muchos procesos y otros muchos siguen en los juzgados su curso o están a punto de verse ante los tribunales. No hubiera costado nada elegir uno, o incluso tres, que afectasen al centro-derecha, al centro-izquierda y al independentismo y haber armado una buena película, con nombre, siglas y apellidos, que nos ilustrase sobre las siglas y los rostros de la corrupción en España, sus colores políticos y los presidentes de gobiernos o de autonomías que les han dado amparo y tolerado, por activa o por pasiva. Pero eso de presentar a unos políticos de un partido indefinido, en una región mal definida, con acentos procedentes de todas las regiones de España, con situaciones y personajes construidos sobre la mesa de guionización y, para colmo, titular la película El Reino sugiriendo de tapadillo que esto no pasaría con una “república”, es dar una de cal, otra de arena y, en definitiva, amagar el golpe.

No basta con coger elementos de tal o cual caso de corrupción y jugar con la ambigüedad: en series políticas como Alpha House, A very English Scandal, Fatal News, El Puntero, 1992, La Mafia sólo mata en verano, Baron Noir, El Hombre de las mil caraspor citar solamente a unos pocos productos accesibles, se dan nombres, siglas, apellidos, sin miedo. En El Reino, el miedo a ofender a alguna sigla es palpable e incluso llega a quitar las castañas del fuego a locutoras de televisión fácilmente reconocibles como Ana Pastor y cuya figura se pretende dignificar….

A estas alturas, cuando se han cerrado judicialmente casos de corrupción y otros están ya en su tramo final, no valen alusiones vagas y fantasías simplistas. Hay que llamar al pan, pan y al vino, vino. ¿O es que vamos a preferir que sigan las ambigüedades y las medias tintas y que los votantes socialistas sigan creyendo que su partido es puro y los del PP que el suyo es inmaculado o que los nacionalistas catalanes se sigan permitiendo soslayar la corrupción en beneficio de la independencia como si la cosa no fuera con ellos, ni ellos protagonizado ningún caso?

Lo que ha conseguido “El Reino” es “quemar” el tema de la corrupción. Tardará tiempo en el que algún director se decida hacer otra película sobre el mayor problema de la democracia española. Nosotros sostenemos que la realidad da situaciones mucho más escabrosas y reales, con personajes más siniestros y grotescos que los que aparecen en esta película. Bien por el cuerpo de actores, bien por el director de fotografía, pero mal, muy mal por el guion, y especialmente por el último tramo de la película que resulta increíble, risible, inasumible y muy mal resuelto. El clon de Ana Pastor termina dando una filípica sobre la honestidad del periodismo que, en el fondo, en esta España, no deja de ser hoy la voz de su amo. La película, desde el momento en el que el protagonista entra en la casa del jefe del clan mafioso para robar los cuadernos de notas, se convierte en inasumible y frustrada. Frustrada, además de ambigua: hoy ya no basta con denunciar la corrupción (que es, algo así como denunciar que el sol sale cada mañana por el Este y se pone por el oeste), además, si se quiere el marchamo de “director comprometido” hace falta tener el valor de dar nombres, apellidos y situaciones, no esperar que el público los identifique según su leal saber y entender. La corrupción, además, en este momento, no afecta solamente a las constructoras o a la obra pública, sino a las subvenciones, a las ayudas al desarrollo, a la gestión de las ONGs con el dinero público, dinero público entregado a los “amigos” que retorna, en parte, bajo mano, a quién ha firmado la transferencia. La “estafa humanitaria” que se llama… Y esto tampoco aparece en El Reino. 

No es una película completamente frustrada, pero ni merece buena parte de las 13 nominaciones a los Goya, ni los cinco premios Feroz que ya ha obtenido, por mucho que Antonio de la Torre, Josep María Pou o Luís Zahera hayan realizados actuaciones excelentes. Ha fallado el guion y la voluntad de denuncia. Estamos en el tiempo en el que como decía Unamuno en la introducción de su Vida de Don Quijote y Sancho, “hay que llamar ladrón, al ladrón, y adelante”. Cualquier película sobre la corrupción que no señales las sedes sociales en las que se han amparado y atrincherado los corruptos, no deja de ser una bagatela de pocos vuelos por mucho que se la encumbre…