Mostrando entradas con la etiqueta Richard O’Sullivan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Richard O’Sullivan. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de diciembre de 2016

Un hombre en casa, la serie que precedió a Los Roper


Hay series que son importantes en sí mismas y que prolongan su éxito después de desaparecidas gracias a spin-off notables. Cheers (1982-1993), por ejemplo, no desapareció al cabo de las once temporadas, logró mantenerse a través de uno de sus personajes, Frasier (1993-2004), durante otro ciclo que, incluso, en algunos aspectos, superó la comicidad del original y, desde luego, lo actualizó. Otro tanto ocurrió con una serie británica precedente emitida por Televisión Española en los momentos más duros de la transición, entre el 11 de abril de 1978 y el 5 de enero de 1979, Un hombre en casa (1973-1976) que tuvo dos secuelas, una de ellas que superaba el original, Los Roper (1976-1979) y otra que no contó con el mismo éxito y se extinguió en apenas una temporada, El nido de Robin (1977). 
UN HOMBRE EN CASA O LA FANTASÍA DEL MENAGE A TROIS
Uno de los factores del éxito de la serie en aquellos momentos (la “revolución sexual” apenas tenía 10 años en EEUU cuando empezó a filmarse esta serie y llegó tardíamente a España, coincidiendo más o menos con su emisión en nuestro país) era el “menage-a-trois”. Todo hacía pensar que, antes o después, los protagonistas de la serie, terminarían haciéndola realidad. Sin embargo, los episodios son castos y esta posibilidad que permanentemente planeaba en la lujuriosa mentalidad del espectador (y que los guionistas cultivaban en cierta medida), nunca terminaba de concretarse, pero siempre había la esperanza de que en el episodio siguiente, “algo” ocurriera. Y nada, que no. Al protagonista, “Robin”, le gustaba la morena (“Crissy”). A fin de cuentas era el personaje juicioso, moderado, enérgico y bienpensante. La rubia (“Jo”), por el contrario, más atractiva, fantasía sexy de muchos adolescentes de la época, era, literalmente, una tonta del bote. Y, para colmo, “Robin” le era completamente indiferente para la morena.

Esta correlación de fuerzas hacía que la serie, poco a poco, nos fuera pareciendo cada vez más a la obra de teatro de Jean-Paul Sarte, A puerta cerrada (en donde, el infierno son los otros), mucho más que al “menage-a-trois” esperado. Se trataba, en cualquier caso, de una comedia de situación diseñada para que el espectador se viera convulsionado semanalmente por treinta minutos de sonrisa permanente alternada con crestas de carcajadas. Cuando aparecían los créditos, los realizadores, guionistas, equipo técnico y actores, podían darse por satisfechos: la serie nunca defraudó al público.

LA JUVENTUD INGLESA DE AQUELLOS AÑOS

Los jóvenes eran así en aquella época: ya por entonces sus salarios alcanzaban difícilmente para pagar un piso, así que empezaban a verse obligados a vivir juntos tras abandonar el domicilio paterno (porque, entonces, raro era el joven que al cumplir 23 años seguía en la casa de sus padres). Especialmente a partir de 1973, cuando estalló la primera crisis económica mundial de la postguerra que ponía broche final a los “treinta años gloriosos” de la economía, los salarios se estancaron y, a partir de ese momento, fueron perdiendo, cada vez más,  poder adquisitivo, el paro aumentó y puede decirse que uno de los factores que contribuyeron al éxito de esta serie fue que respondía bastante bien a la realidad de la juventud británica de la época.