Megane (Glasses), una joya del “slow cinema” japonés contemporáneo de Naoko Ogigami.
Ficha técnica
Sinopsis
Una mujer llamada Taeko llega a una remota playa japonesa buscando un lugar tranquilo para descansar. Se aloja en una sencilla pensión frente al mar, regentada por Yuji, donde el tiempo parece haberse detenido. Allí conoce a Sakura-san, una mujer serena que prepara granizados de judía roja y lidera cada mañana una enigmática actividad colectiva llamada mojimoji —una suerte de gimnasia o meditación junto al mar.
El único gran acontecimiento cotidiano es el atardecer: todos se reúnen frente al horizonte. Cuando Taeko pregunta si se necesita alguna habilidad para disfrutarlo, le responden que basta con “rememorar el pasado o pensar en alguien”.
Anécdotas y curiosidades
Segunda colaboración clave: Ogigami repite aquí con la actriz Masako Motai, quien ya había interpretado a personajes sabios y excéntricos en otras películas suyas, como Kamome Shokudo (2006). En Megane, Motai encarna casi un arquetipo zen: la mujer que enseña a disfrutar la inacción.
El “mojimoji” (もたい体操): la actividad matutina que practican los personajes no tiene traducción literal ni explicación racional. Es una invención de la directora que simboliza la armonía del cuerpo con el entorno.
La playa y el silencio: Ogigami rodó la película en la isla de Yoron (prefectura de Kagoshima), un lugar real pero poco conocido incluso por los japoneses. No hay carreteras asfaltadas en el entorno del rodaje y el equipo convivió allí durante semanas, en una especie de retiro.
El granizado de judía roja (azuki kakigōri) se convirtió tras la película en un plato simbólico para los fans del cine de Ogigami: una metáfora de lo simple, lo artesanal y el placer sin urgencia.
Frases emblemáticas que resumen el espíritu del film:
“¿Se necesita alguna habilidad para disfrutar del atardecer?” “Solo rememorar el pasado o pensar en alguien.”
“Koji entierra cosas importantes y luego no recuerda por qué lo eran.”
“Tejer el hilo es como tejer el aire.”
Estas líneas condensan la filosofía de Ogigami: la belleza del gesto sin finalidad.
Hablando de la película...
