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miércoles, 26 de noviembre de 2025

La Justicia como espectáculo: Grandes juicios de la historia contemporánea


A raíz de la última película sobre Núremberg del director James Vanderbilt he reflexionado y buscado información sobre hechos históricos, para llegar a una conclusión perturbadora.

Un mapa amplio y ordenado de los juicios más significativos del siglo XX y XXI que han convertido la justicia en un escenario político, moral y mediático. Son procesos donde el tribunal, además de impartir justicia, configuró un relato histórico y creó un auténtico espectáculo global.

1. Juicios fundacionales del derecho internacional

Juicio de Núremberg (1945–1946). Crímenes contra la humanidad, de guerra y genocidio. Primer tribunal internacional moderno.

Juicios de Tokio (1946–1948). Responsables japoneses de crímenes de guerra en Asia-Pacífico.


2. Tribunales Internacionales Especiales (1990–2000s)

Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY)

  • Slobodan Milošević (2002–2006) – primer jefe de Estado juzgado por crímenes de guerra.
  • Radovan Karadžić
  • Ratko Mladić

Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR)

  • Juicio a Jean-Paul Akayesu (1998): primer reconocimiento del genocidio como crimen a juzgas y de la violación como arma genocida.
  • Juicios a líderes de gobierno ruandés responsables de 1994.

Tribunal Especial para Sierra Leona

  • Charles Taylor, expresidente de Liberia (2012).

Tribunal Especial para el Líbano

  • Juicio por el asesinato de Rafic Hariri (2014–2020).

Tribunal Especial para Camboya (ECCC)

  • Juicio a los responsables del régimen de los Jemeres Rojos (Kaing Guek Eav Duch, Nuon Chea, Khieu Samphan).

3. La Corte Penal Internacional (CPI) – (2002–presente)

Ha generado numerosos debates sobre selectividad y espectacularización.

Procesos relevantes:

  • Thomas Lubanga (2012): reclutamiento de niños soldados (primer condenado de la CPI).
  • Laurent Gbagbo (ex presidente de Costa de Marfil).
  • Omar al-Bashir (Sudán – órdenes de arresto por genocidio).
  • William Ruto (Kenia – proceso muy mediático).
  • Investigaciones en Afganistán, Palestina, Myanmar.

4. Grandes juicios nacionales con impacto mundial

🇩🇪 Juicios contra dirigentes nazis en Alemania (Auschwitz Trial, 1963–65)

Proceso clave en la memoria alemana; impulsó un nuevo relato histórico.

🇮🇱 Juicio a Adolf Eichmann (1961)

Transmitido internacionalmente; transformó la percepción del Holocausto.

🇺🇸 Juicio de los Siete de Chicago (1969–1970)

Escenario de protestas, teatralización política y rebelión contracultural.

🇰🇭 Juicio a los Jemeres Rojos (en paralelo al ECCC)

Gran dispositivo mediático internacional.

🇦🇷 Juicio a las Juntas Militares (1985)

Televisado para consolidar la democracia; uno de los más importantes del siglo XX en América Latina.

🇪🇸 Juicio al 23-F (1981)

Proceso público que buscó reforzar la recién nacida democracia española.

🇵🇪 Juicio a Alberto Fujimori (2008–2009)

Televisado, con eco en toda América Latina.

🇿🇦 Comisión de la Verdad y la Reconciliación (Sudáfrica, 1996–1998)

No un juicio, pero sí un escenario público judicializado de verdad y perdón.

🇹🇷 Juicio Ergenekon (2008–2013)

Proceso masivo y politizado contra supuesta organización clandestina.

🇷🇺 Juicio a Mijaíl Jodorkovski (2004–2010)

Muy mediático; considerado por muchos un espectáculo político.

🇨🇳 Juicio a Jiang Qing y otros líderes de la Banda de los Cuatro (1980–1981)

Drama político televisado, clave en el relato posmaoísta.

🇺🇸 Juicio a O.J. Simpson (1995)

Un hito mediático mundial: justicia-espectáculo en estado puro.


5. Juicios por terrorismo – con gran proyección global

Juicio del 11-M en Madrid (2007). Amplísima cobertura.

Juicio de los atentados del 13 de noviembre en París (2021–2022). Sesiones diarias, retransmisiones y un enorme dispositivo mediático.

Juicio de Guantánamo (procesos en curso desde 2002). Opacidad e hipervisibilidad según conveniencia política.


6. Juicios que cambiaron la cultura jurídica y mediática

Caso Dreyfus (1894–1906). El precursor histórico: justicia, prensa, antisemitismo y opinión pública.

Nostra Aetate Trials en Italia (Mafia Maxiproceso, 1986–1987). Juicio monumental contra la Cosa Nostra, con sistema de seguridad y transmisión masiva.

Operación Mani Pulite (Década 1990, Italia – Tangentopoli). Juicios televisados, fin de la Primera República italiana.


Una pregunta perturbadora que me hago... 


En base a esta Lista deduzco que Estados Unidos nunca ha sido juzgado ante ningún tribunal internacional por los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki (6 y 9 de agosto de 1945). Y esto no es una casualidad histórica, sino el resultado de razones políticas, jurídicas y geoestratégicas muy concretas.


¿Por qué Estados Unidos nunca fue juzgado por Hiroshima y Nagasaki?

No existía aún un tribunal internacional con competencia para juzgar a un Estado vencedor. En 1945 no existía la Corte Penal Internacional, ni un sistema de justicia penal internacional consolidado.
Núremberg y Tokio fueron tribunales creados por los vencedores para juzgar a los derrotados. Los Aliados nunca contemplaron someterse a sí mismos al mismo estándar.


La doctrina de “victor’s justice”

Los Juicios de Núremberg y Tokio son, en parte, ejercicios del llamado: “victors’ justice”, la justicia de los vencedores. Esto significaba que: 

Solo los crímenes de los países derrotados serían examinados. 

Los crímenes potenciales de los Aliados se considerarían “acciones de guerra necesarias”.

Por ejemplo:

  • Bombardeos masivos sobre Dresde. (Alemania) entre los días 13 y 15 de febrero de 1945 fue extremadamente devastador.
  • Aquí tienes los datos clave: Las fuerzas aliadas (Royal Air Force británicas y la United States Army Air Forces-USAAF estadounidenses) realizaron una serie de ataques aéreos que crearon una tormenta de fuego que arrasó amplias zonas del centro de la ciudad.  Las estimaciones modernas más fiables calculan que murieron entre unas 22.700 y 25.000 personas en esos bombardeos.  Durante mucho tiempo circularon cifras mucho mayores (100.000, 200.000 muertos) que fueron resultado de propaganda u otras fuentes menos confiables.
  • Bombardeo de Tokio (100.000 muertos en una noche).
  • Hiroshima y Nagasaki. Nunca se incluyeron en las acusaciones.

El argumento estratégico: “acortar la guerra”

Estados Unidos justificó el uso de la bomba con la narrativa de que: Evitó una invasión terrestre de Japón. Salvó cientos de miles de vidas (este cálculo sigue siendo debatido) Esa narrativa se convirtió en la posición oficial, protegida diplomáticamente. A nivel jurídico, se consideró “un acto de guerra en un conflicto total”.


Japón no podía exigir responsabilidad

Tras su rendición, Japón quedó: Ocupado por EE.UU. Sin capacidad política ni jurídica para emprender acciones contra los Aliados. Dependiente del “nuevo orden” impuesto por Washington (Constitución de 1947).


No existía aún el concepto jurídico de “crimen contra la humanidad” aplicado retroactivamente

En 1945 el término estaba naciendo. No había consenso ni tratados que prohibieran con claridad el bombardeo masivo de civiles. Los Aliados lo sabían y aprovecharon ese vacío legal.


La Guerra Fría congeló cualquier intento posterior

Una vez creado el bloque soviético y el bloque occidental, ningún país iba a: Revisar responsabilidades. Debilitar la posición de EE.UU. en Asia. Abrir un juicio simbólico contra la potencia que garantizaba la defensa de Europa.


Pero sí hubo intentos de denunciarlo. Aunque no prosperaron, hubo: Investigaciones morales. Foros académicos. Campañas de hibakusha (supervivientes). Declaraciones de Naciones Unidas sobre armas nucleares. Incluso hoy: La Corte Internacional de Justicia en 1996 dictaminó que el uso de armas nucleares sería ilegal en la mayoría de los casos, pero no evaluó Hiroshima y Nagasaki retroactivamente.


Políticamente: EE.UU. ha sido y es intocable desde 1945


En resumen:  Legalmente: No había tribunal competente. Los vencedores escribieron las reglas. No existía el delito tipificado.  Históricamente: La justicia internacional nació juzgando a los derrotados, no a quienes vencieron.


Los vencedores también cometen crímenes, pero no suelen ser juzgados

La justicia internacional, desde su origen, ha funcionado de manera asimétrica. Núremberg y Tokio fueron fundamentales para la historia de los derechos humanos, pero al mismo tiempo dejaron fuera: Dresde,  Hamburgo, Bombardeo de Tokio, Hiroshima, Nagasaki.


Recuerdo la Guerra del Vietnam y que Estados Unidos usó napalm de forma masiva en Vietnam. Ese hecho se convirtió en uno de los símbolos más oscuros y traumáticos de la guerra. 


El uso de napalm en Vietnam: ¿qué fue y por qué impactó tanto?. 

¿Qué es el napalm? Es un compuesto incendiario espeso que: se adhiere a la piel, ropa y superficies, arde entre 800–1.200 °C, no se apaga con agua. Su efecto es devastador porque provoca quemaduras profundas, incendios masivos y destrucción total en zonas pobladas o selváticas. 

Napalm en la Guerra de Vietnam (1955–1975). Los EE.UU. lo utilizaron: para “limpiar” selvas donde se escondía el Viet Cong, para destruir aldeas, cultivos y refugios enemigos, en ataques aéreos de saturación. Su uso fue tan extendido que se convirtió en uno de los símbolos antimilitaristas más potentes del siglo XX.

La imagen que cambió la historia. Seguramente recuerdas esta fotografía icónica: Phan Thị Kim Phúc, la niña que corre desnuda y llorando tras un bombardeo con napalm en 1972. Esa imagen: dio la vuelta al mundo, generó un rechazo internacional enorme, fue clave para cuestionar la legitimidad moral de la guerra. Kim Phúc sobrevivió, pero con quemaduras gravísimas Años después dijo: “El napalm es el dolor más terrible que puede sentir un ser humano.”

¿Fue juzgado? No. Como antes con Hiroshima, Dresde o Tokio, ningún tribunal internacional juzgó a Estados Unidos por el uso de napalm. Razones: No existía una normativa clara que prohibiera su uso en ese momento. Los grandes tratados sobre armas incendiarias surgieron después (Protocolo III de 1980). Las superpotencias rara vez se someten a jurisdicción penal internacional.

El Protocolo III de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales limita severamente el uso de napalm, pero llegó tarde. Impacto moral e histórico: El napalm simboliza: el horror indiscriminado hacia civiles, la brutalidad de la guerra moderna, la fragilidad del Derecho Internacional Humanitario, y la enorme distancia entre poder militar y rendición de cuentas. Para mucha gente, y quizá para ti ahora, estos episodios son tan difíciles de digerir porque muestran la cara más cruda del doble rasero internacional: lo que pueden hacer las potencias sin consecuencias.


La justicia internacional nació bajo una contradicción

Se creó un tribunal para juzgar el mal, pero sin permitir que ese tribunal mirara hacia los Aliados. Es como si el mundo dijera: “Estos crímenes son intolerables… pero solo si los cometen otros.” Ese doble rasero es lo que todavía hoy muchos juristas llaman el pecado original del derecho penal internacional.


Las potencias nunca se someten voluntariamente

Ni EE.UU., ni Rusia, ni China, ni Israel han aceptado plenamente la jurisdicción de la Corte Penal Internacional. ¿Por qué? Porque saben que un tribunal verdaderamente universal podría juzgarles.


Asimilarlo no significa demonizar a un país. Es comprender que: Los Estados actúan según intereses. Los relatos oficiales se escriben desde el poder. La justicia es, muchas veces, lo que los vencedores permiten que sea. Es un despertar duro, todo consiste en mirar la historia sin filtros patrióticos ni narrativas simplificadoras. 


Mi conclusión es que es moralmente perturbador, según mi sentido de la justicia






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viernes, 21 de noviembre de 2025

Nuremberg de James Vanderbilt

 

Acabo de venir de ver el pase de prensa de la película Núremberg del director James Vanderbilt basado en el libro de Jack El-Hai. Y quería reflexionar un asunto. Durante estos últimos años y a raíz del 7 de octubre de 2023 he percibido en los espectadores cierta incomodidad en ver películas de nazis cuando Israel está afrontando un guerra muy sensible. 


Es una percepción muy comprensible. Especialmente desde el 7 de octubre de 2023 se ha producido un desplazamiento emocional y político en la forma en que ciertos públicos reciben las narrativas sobre el nazismo, el Holocausto y, en general, las representaciones del mal histórico en el cine.

No porque las películas hayan cambiado, sino porque el clima moral en el que se ven sí lo ha hecho.


Aquí dejo algunas claves que pueden ayudar a ordenar esa incomodidad que menciono:


Cuando la actualidad “contamina” la memoria histórica

El espectador nunca llega “virgen” a una sala de cine. Se sienta con su contexto político, su saturación mediática y su sensibilidad del momento. En años relativamente “estables”, una película sobre nazis puede vivirse como memoria, reflexión, distancia crítica. Sin embargo, cuando una guerra actual ocupa titulares y polariza opiniones, el pasado deja de ser solo pasado y se vuelve un espejo incómodo.


El fenómeno de la «doble tirantez moral»

Muchas personas describen algo parecido a lo que señalo: cuando ven una historia sobre barbarie nazi, no pueden evitar que su mente conecte la indignación moral del pasado con la del presente. Aunque se trate de contextos, causas y actores totalmente distintos, la emoción hace puentes donde la razón no quiere hacerlos.

La consecuencia: ver un relato histórico se vuelve emocionalmente más difícil, porque el espectador siente que el dolor está demasiado cerca, demasiado vivo.


El riesgo de la comparación impulsiva

La incomodidad también proviene del miedo explícito ó no, a caer en comparaciones simplistas o inapropiadas. El cine sobre el nazismo es un territorio moral ultrasensible por razones obvias.
Y cuando que en la actualidad hay un conflicto donde Israel es parte, muchas personas temen que cualquier reacción emocional pueda interpretarse políticamente, como si “ver nazis” fuese automáticamente una declaración sobre el conflicto actual. No lo es. Pero el clima cultural hace que la percepción sea más frágil.


La “fatiga moral” del espectador contemporáneo

Desde 2020 vivimos encadenando crisis: pandemia, Ucrania, Gaza, polarización interna en muchos países, saturación informativa…
En ese contexto, enfrentarse a una película sobre juicios de Núremberg no es solo ver Historia: es exponerse a un recordatorio de la capacidad humana para destruir.
Y hay un momento en que el espectador siente que ya no tiene más energía emocional para gestionar horrores, ni pasados ni presentes.

Por eso, películas que antes parecían pedagógicas o necesarias ahora pueden resultar insoportablemente pesadas, incluso culpabilizadoras.



¿Qué hace el cine con el mal cuando el mal está en directo?

El cine sobre nazis ha cumplido durante décadas una función: recordar, advertir, enseñar.
Pero cuando la actualidad está llena de violencia real en directo, esa función se desestabiliza.
El espectador puede sentir que el cine llega tarde, o que queda atrapado entre dos dolores: el del pasado que se narra y el del presente que se vive. De ahí la incomodidad: no sabemos dónde poner la mirada.


  • ¿Debe el cine histórico esperar “climas más tranquilos”?
  • ¿Qué papel tiene el espectador cuando los relatos del pasado colisionan con los conflictos morales del presente?
  • ¿Por qué Núremberg en concreto se puede sentir distinta hoy que hace diez años?

¿Qué papel tiene el espectador cuando los relatos del pasado colisionan con los conflictos morales del presente?

Cuando el espectador entra en una sala hoy, ya no entra “neutral”; llega atravesado por un territorio emocional saturado: guerras en directo, redes que amplifican cada micro-juicio moral, y un clima político donde cualquier gesto se lee como una postura.
En ese contexto, el espectador se convierte casi en un mediador entre tiempos, obligado a sostener dos dolores simultáneamente:

a) El dolor histórico del relato

Las películas sobre el nazismo han sido, durante décadas, espinas necesarias: memorias obligatorias que sostienen una ética común (“esto es intolerable, esto debe recordarse”).
Ese pacto ético funcionaba cuando la distancia histórica era clara y el presente relativamente más estable.

b) El dolor inmediato del presente

Hoy, el espectador no ve cámaras de gas o discursos de odio como un fósil moral, sino como algo que resuena con la crispación actual, como si la sombra larga del siglo XX volviera a moverse.

Esto genera una doble exposición moral: lo que se mira en pantalla y lo que ocurre mientras miramos

Y el espectador, en esa posición, deja de ser un testigo pasivo del pasado para transformarse en un sujeto moral en tensión, casi vigilado por su propia conciencia:
“¿Puedo indignarme por esto sin que se me lea como una comparación con aquello?”
“¿Puedo conmoverme por el sufrimiento histórico cuando el presente está sangrando?”

Esa autocensura, esa hipervigilancia moral, modifica profundamente la experiencia estética.
El espectador ya no se limita a interpretar la película: interpretar también significa interpretarse a sí mismo.

En resumen: el papel del espectador en tiempos convulsos ya no es solo el de recordar; es también el de navegar una compleja red de resonancias, silencios y cautelas que antes no existían.


¿Por qué Núremberg en concreto se puede sentir distinta hoy que hace diez años?

Aquí ocurre algo muy interesante: Núremberg no es simplemente “otra película de nazis”; es una película sobre la construcción jurídica del mal, sobre cómo el mundo intentó poner palabras, categorías y castigos a lo que parecía inimaginable.

Y por eso mismo es especialmente sensible al clima contemporáneo.


Porque hoy la idea de “crimen contra la humanidad” está en el centro del debate público

Hace diez años, Núremberg era un capítulo solemne de la Historia del Derecho.
Hoy, las nociones de genocidio, proporcionalidad, crímenes de guerra e impunidad están en titulares, en redes, en debates, y cada parte del conflicto actual intenta apropiarse de ese vocabulario.

Esto hace que ver Núremberg se sienta menos como una lección histórica y más como entrar en un territorio donde las palabras pesan y se disputan.


El espectador se siente menos protegido por la distancia histórica y más vulnerable a la pregunta íntima:
“¿Puede repetirse? ¿Y cómo sabré si soy testigo, víctima o engranaje?”

c) Porque el juicio de Núremberg se ve hoy como un modelo… y como un espejo incómodo


Antes, Núremberg funcionaba como faro: el triunfo de la justicia internacional.
Hoy, se mira con más ambivalencia:
– ¿por qué algunos crímenes se juzgan y otros no?
– ¿qué determina qué atrocidad es “visible” y cuál se ignora?
– ¿quién tiene poder para nombrar un crimen contra la humanidad?

Es decir: Núremberg hoy plantea no solo “qué es el mal”, sino quién tiene el privilegio de definirlo.


Primero: La Guerra entre Israel y Palestina que lleva más de 100 años enquistada con momentos muy críticos y que el mundo les dejaba hacer porque como sucede en la vida real, cuando dos personas se están peleando con navajas y bates de beisbol, no puedes intervenir para poner paz y separarlos porque puedes morir.  Segundo: me da que hay una necesidad urgente, urgente, de que el mundo mantenga intacta el relato de que los judíos, son el bando donde la historia es la correcta. Tercero: si el momento actual empaña ese relato la industria del cine está ahí para "Insistir" 


Lo que estoy planteando no es una opinión aislada, sino una sensación cada vez más extendida entre críticos, programadores, profesores de cine y espectadores con memoria histórica y conciencia política. Mi intuición creo que toca tres capas distintas del problema: 


1. La guerra Israel–Palestina como conflicto enquistado y “no intervenible”

La comunidad internacional ha asumido durante décadas que intervenir en ese conflicto es exponerse a consecuencias geopolíticas, energéticas, diplomáticas y militares que ningún actor quiere asumir. Por eso, más que un conflicto, funciona como un punto ciego estructural del mundo contemporáneo. Un espacio donde “hay que mirar sin mirar demasiado” para no tener que actuar. Y los puntos ciegos, cuando se vuelven demasiado dolorosos, buscan compensarse en otros lugares del imaginario cultural.


2. El relato histórico que debe mantenerse “intacto”

La historia del siglo XX dejó un relato moral muy nítido, donde los judíos son el sujeto víctima de la mayor atrocidad industrializada jamás cometida. Ese relato es real, fundamental y esencial para la memoria ética de Occidente. Esa incomodidad que aparece hoy surge cuando el presente muestra una realidad en la que el sujeto víctima también puede ejercer poder, violencia o errores políticos, como cualquier Estado moderno y ese hecho entra en fricción con la imagen histórica que debía permanecer intocable para no desdibujar la magnitud del Holocausto.


3. La industria del cine como “mantenedora” del relato cuando la actualidad lo tensiona

Creo que hay un patrón: Cuando el presente se vuelve confuso, el cine tiende a reforzar los relatos fundacionales del pasado que daban estabilidad moral.

Esto ha pasado muchas veces:

  • Durante la Guerra Fría se produjeron oleadas de cine anticomunista cuando EE.UU. tenía contradicciones internas profundas.
  • Tras el 11S se financiaron decenas de películas y series que reforzaban la narrativa del “bien democrático vs. mal terrorista”.
  • Durante la crisis de refugiados de 2015 proliferaron ficciones donde Europa aparecía como “baluarte humanitario”, incluso cuando las políticas eran contradictorias.

Es un mecanismo del ecosistema cultural para reequilibrar una identidad moral que siente amenazada.

No es que Núremberg sea propaganda, en absoluto. Es que su llegada en este momento tiene más peso simbólico que hace una década.


¿Qué se percibe entonces?  Que.. El presente tensiona el relato del pasado. Que... La cultura trata de restaurar ese relato para que el mundo no quede sin brújulas morales. En ese intersticio, el espectador sensible detecta la insistencia.







Amor DiBó
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