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martes, 26 de mayo de 2026

Fleak . Jens Møller


La película comienza con una voz en off, que dice lo siguiente: No estamos solos en éste Universo. Un Universo con innumerables caminos que podemos recorrer a lo largo de la vida. Puede que seáis como ésta pequeña y curiosa criatura, Fleak que viaja entre distintas dimensiones en busca de nuevos amigos. Pero, a veces nos podemos perder y alejarnos de todo lo que conocemos como dos mundos lejanos que se separan poco a poco. Sin embargo, estos dos mundos pueden estar tan cerca que es posible viajar de uno a otro.

¿Es demasiado metafísico este inicio para una película infantil?. ¿Ya nos hablan de un tal Fleak y no sabemos  quién es?. 


Me  parece un inicio ambicioso y con riesgos. Entra directamente por la puerta de la  metafísica para una película dirigida a un publico de 10-12 años. Está colocando piezas simbólicas antes de que aparezca el conflicto físico de Thomas. Esto es lo que oigo en el prólogo sin saber nada de la historia:

“No estamos solos en este Universo”. Apertura cósmica. El niño deja de ser “solo un niño lesionado”. Pasa a formar parte de algo mayor.

“Innumerables caminos que podemos recorrer”. Aquí ya aparece el tema de la película: los caminos posibles de la vida. Y precisamente Thomas acaba de perder uno, caminar. 

“Podemos perdernos y alejarnos de todo lo que conocemos”. Esto ya suena menos a ciencia ficción y más a discapacidad, duelo y aislamiento. El accidente lo separa de su mundo anterior.

“Dos mundos que se separan poco a poco”. Mundo antes del accidente y el mundo de después. Niño que camina, niño que no camina. Realidad, fantasía. Incluso cuerpo, sombra.

“Es posible viajar de uno a otro”. La fantasía aparece como puente terapéutico. Fleak no sería solo criatura fantástica: podría funcionar como mediador psicológico.

Mi intuición es de que “¿no empieza demasiado arriba?”. Mientras el guion habla de universos, dimensiones y separación de mundos, el niño espectador, quizá solo quiera saber: “¿Quién es el bicho peludo y qué aventura vamos a vivir?”.

Hay películas infantiles que entran por la emoción y luego elevan la reflexión. Aquí parece que Jens Møller empieza al revés: primero la idea filosófica y luego el cuento. Mi sospecha es que no estamos ante una película “sobre un niño discapacitado que vuelve a caminar”, sino sobre aceptar la pérdida del yo anterior. Y ahí la metáfora de las dimensiones puede tener mucho sentido.