viernes, 5 de junio de 2026

Entrevista a Yolanda Trancho por Amor DiBó

 

Yolanda Trancho

Conferenciante | Ex Policía Nacional · Suicidio policial, violencia y pederastia · Formo equipos de RRHH y docentes que salvan vidas desde el conocimiento real


"Como escritora especializada en temas de denuncia social, he dedicado parte de mi trabajo a visibilizar realidades que con frecuencia permanecen ocultas o silenciadas, violaciones, pederasta, víctimas nunca nombradas de ETA. 

La problemática del suicidio en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, es una cuestión que considero de enorme relevancia humana y social".


Entrevista a Yolanda Trancho por Amor DiBó 


Hace algún tiempo comencé una investigación sobre los suicidios laborales en Francia. El punto de partida fueron varias noticias que me impactaron y que estaban relacionadas con funcionarios, policías y otros colectivos profesionales sometidos a una fuerte presión psicológica. Como suele ocurrirme, una pregunta llevó a otra.

Buscando comprender mejor este fenómeno encontré documentales, películas y reportajes franceses que abordaban el sufrimiento laboral, la soledad profesional y, en algunos casos, el suicidio como desenlace trágico. El cine, una vez más, me ofrecía una puerta de entrada para entender una realidad compleja.

Sin embargo, al trasladar la mirada a España descubrí algo que llamó poderosamente mi atención. Mientras en Francia existen obras audiovisuales que se atreven a explorar estas cuestiones, en nuestro país la presencia de este tema en el cine y el documental parece mucho más limitada. No es que el problema no exista. Las noticias demuestran que existe. La pregunta es otra: ¿por qué apenas lo vemos reflejado en nuestras pantallas?

Esa inquietud me llevó hasta Yolanda Trancho, ex Policía Nacional, conferenciante y divulgadora en materia de suicidio policial, violencia y prevención. Una reciente publicación suya en redes sociales, en la que denunciaba el impacto de varios suicidios entre agentes de las fuerzas de seguridad, me animó a contactar con ella.

Lo que inicialmente iba a ser una simple consulta terminó convirtiéndose en una conversación profunda sobre el silencio, el estigma, la salud mental y la dificultad de pedir ayuda en profesiones donde la fortaleza parece una obligación permanente.

Pero esta entrevista también deja abierta una cuestión más amplia que trasciende el ámbito policial y se adentra en el terreno cultural: ¿por qué determinados sufrimientos sociales encuentran representación en el cine mientras otros permanecen prácticamente invisibles?

Quizá esa sea una de las preguntas más importantes de todas. Porque las películas hablan de aquello que una sociedad decide mirar. Y sus silencios, a veces, hablan de aquello que todavía no se atreve a mirar.


¿Quién cuida al que está acostumbrado a cuidar de los demás? ¿Por qué cree que la sociedad

conoce tan poco esta realidad?


Nadie, o muy pocos, por desgracia, solo se habla cuando en una unidad alguien decide quitarse la vida.

El agente aprende desde el primer día a ser el que resuelve, el que protege, el que aguanta, el que guarda su malestar. Mostrar vulnerabilidad se percibe como una fisura en esa armadura. Ningún agente dice estar mal, o que una intervención le ha dejado marcado. Y la sociedad no lo conoce porque nosotros mismos lo ocultamos. Nos han enseñado a ser fuertes, a ser invulnerables. Hemos construido un relato del agente invulnerable que nos ha terminado atrapando a todos.


Usted ha escrito que “el silencio nos está matando” ¿A qué tipo de silencio se refiere principalmente?


El silencio entre compañeros. El institucional es conocido y denunciable. El social es ignorancia. Pero el silencio entre nosotros es el más peligroso, porque es el que aísla a quien más lo necesita. El compañero que sufre no habla porque sabe exactamente lo que piensan los demás. Él mismo lo ha pensado antes de otros.


¿Cuáles son los principales factores de riesgo que pueden afectar a la salud mental de los agentes?

La exposición continuada a situaciones traumáticas sin acompañamiento posterior. La cultura del silencio. El miedo a perder el arma si piden ayuda psicológica. La soledad en el mando cuando algo va mal. Y algo que se habla poco: la desconexión entre la vida laboral y la personal, porque es muy difícil llegar a casa después de ciertos servicios y hacer como si nada.

También y por supuesto, el acoso laboral, la familia, la economía, como cualquier persona de la sociedad.


¿Existen señales de alerta que compañeros, familiares o mandos puedan detectar?


Sí, y son más visibles de lo que creemos si sabemos mirar. El aislamiento progresivo, cambios en el humor, irritabilidad sostenida, desapego del trabajo que antes le apasionaba, insomnio, o al contrario, una calma repentina que en realidad es resignación. Muchos son actores extraordinarios. Pero el entorno cercano, si presta atención, nota que algo se ha apagado.


¿Qué medidas considera realmente eficaces y cuáles deberían mejorarse?


Lo que funciona es la intervención temprana, los programas —compañeros formados para detectar y acompañar— y los canales de ayuda confidenciales que no tengan consecuencias para el expediente ni para el arma; en la actualidad, esto es imposible. Lo que hay que mejorar es precisamente eso: mientras pedir ayuda psicológica pueda suponer una retirada de arma o una señal en el expediente, muchos preferirán callar. Hay que desligar completamente la salud mental de las consecuencias profesionales. Y aquí te hago una reflexión, te quitan el arma para evitar ¿el qué? ¿Solo puedes quitarte la vida con la pistola? Cada día se suicidan 11 personas, según las últimas estadísticas, ¿utilizaron armas de fuego? La respuesta es no.


¿Sigue existiendo estigma a la hora de pedir ayuda psicológica?


Sí. Y es uno de los estigmas más resistentes que conozco. He conocido a compañeros que preferían aguantar años de sufrimiento antes que ser vistos entrando a una consulta de psicología. Porque en nuestra cultura interna eso sigue significando debilidad. Cambiar eso requiere que los propios mandos hablen de su salud mental, que no se estigmatice al compañero, muchos les acusan de no querer trabajar.

Que se normalice la enfermedad mental, que se vea como lo que es: valentía, no rendición. Y aquí, en muchísimos departamentos es imposible.


¿Cómo afecta el sufrimiento psicológico de un agente a su entorno familiar?


De forma devastadora y silenciosa. La familia percibe que algo pasa, pero no sabe qué, porque el agente tampoco lo explica. Hay distancia emocional, irritabilidad, ausencia aunque el cuerpo esté presente. Y muchas veces la familia termina cargando con un peso que tampoco sabe cómo sostener. El suicidio de un agente no destruye solo una vida. Destruye a todos los que le rodeaban.


¿Qué papel pueden desempeñar los compañeros?


Un papel fundamental, porque son los primeros que notan el cambio. No hace falta ser psicólogo. Basta con preguntar de verdad: ¿dime la verdad, cómo estás? Y quedarse a escuchar la respuesta. No dar consejos, no minimizar, no decir “ya pasará”.  Solo estar. A veces eso es lo que salva. El acompañamiento es primordial, y hablar de una actuación traumática no significa que seamos débiles.


¿Qué cambios considera prioritarios para los próximos años?


Primero, desligar la salud mental de las consecuencias profesionales. Segundo, formación obligatoria en detección del riesgo para todos los mandos y compañeros. Tercero, programas de intervención formalizados y financiados. Y cuarto, datos: necesitamos saber cuántos compañeros se encuentran de baja psicológica, mueren por suicidio cada año, porque sin estadísticas oficiales el problema sigue siendo invisible para quienes tienen que tomar decisiones.


¿Qué mensaje le daría a los responsables institucionales?


Que el coste humano de ignorar esto es incalculable. Y que el coste económico de prevenirlo es infinitamente menor que el de gestionarlo cuando ya es tarde. No es filantropía, es inteligencia institucional. Cuiden a quienes cuidan a los ciudadanos, o seguiremos contando bajas que no deberían existir.


¿Qué le diría a un agente que hoy se siente sobrepasado y cree que no tiene salida?


Que lo entiendo. Que esa situación en la que se encuentra, la de no ver ninguna salida, la de que todos estarán mejor sin ti, es errónea. Que muchos y recalco muchos, te echarán en falta, familia, amigos, compañeros, y sí, ese dolor es insoportable, no lo niego, no puedes más, y te cuesta respirar. Pero, te aseguro que podrás salir de ahí, y no porque yo haya salido, sino porque eres lo mejor que te ha pasado, ser tú.

Y no escribo esto desde la teoría de los libros, sino desde dentro. Que ese túnel en el que está parece no tener fin, pero lo tiene. Que pedir ayuda no te hace menos agente, te hace más humano y mejor agente. 

Y que si hoy no puedes más, solo te pido una cosa: hoy no. Mañana veremos. Pero hoy, no.


Muchas gracias Yolanda por tu inestimable trabajo. 







Amor DiBó

Instagram: @amordibo

Youtube: @amordibo





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