Backrooms Adaptación cinematográfica dirigida por Kane Parsons y producida por A24. Además de James Wan y Shawn Levy. Película protagonizada por Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve y Mark Duplass.
Se habla de la primera publicación anónima en 4chan en mayo de 2019 hasta el descubrimiento del origen real de la fotografía fundacional en Osh, Wisconsin pasando por definiciones como los espacios liminales y los no-lugares del antropólogo Marc Augé. Se exploran mecánicas de videojuegos como el no-clip
Además, se examina el impacto psicológico de estos espacios vacíos mediante términos como la kenopsia y la anemoia, extraídos de The Dictionary of Obscure Sorrows. Se aplica la hipótesis del Valle Inquietante de Masahiro Mori a la arquitectura estática.
En el apartado sonoro, se aborda la hauntología y la influencia de músicos como The Caretaker o teóricos como Mark Fisher en la creación de la atmósfera nostálgica y opresiva. Importante conocer a Kane Parsons, desde sus cortometrajes en YouTube hasta su acuerdo con A24.
En la película Clark, un arquitecto frustrado y vendedor de muebles, descubre esta dimensión tras experimentar un no-clip en su almacén.
La vida misma puede considerarse un espacio liminal pues todos estamos de paso entre lo que sea que hubiera antes y lo que sea que haya después. No puede ser habitada indefinidamente. La vida no acaba contigo ni empezó contigo por lo que el concepto solo aplica a tu percepción, no a toda la vida. El planeta, la especie, la historia ya estaban antes de nosotros y van a seguir después de nosotros. Vivimos como si fuéramos eternos aún sabiendo que no lo somos.
Los comentarios entre los críticos había cierta sensación de ¿pero esto va de una película o de una tesis doctoral sobre la angustia contemporánea?
¿Qué son realmente los Backrooms?
La explicación superficial es sencilla. Un individuo atraviesa accidentalmente una grieta de la realidad (no-clip, tomado de los videojuegos). Aparece en un laberinto infinito de oficinas vacías, pasillos amarillos y espacios absurdos. No hay salida evidente.
¿Por qué millones de personas encontraron inquietante una fotografía de una oficina vacía?
Porque la foto no muestra un monstruo. Nos muestra algo que reconocemos. Y ahí empieza el problema. El miedo no está en el monstruo
Los Backrooms representan una sensación moderna y me parece que está tocando algo muy profundo. Estar en un lugar que parece diseñado para personas. Pero donde no hay personas. Estar rodeado de estructuras con una finalidad que ya no recuerdas. Sentir que deberías estar haciendo algo. Pero no saber qué. Es casi una metáfora de muchas vidas contemporáneas. Trabajar. Consumir. Desplazarse. Dormir.
Por eso aparece el concepto de los no lugares de Marc Augé. Aeropuertos. Centros comerciales. Hoteles. Estaciones. Espacios por los que pasamos sin habitarlos realmente. La vida puede parecer una sala de espera de la existencia que conecta directamente con algo que aparece constantemente en el cine contemporáneo. Lost in Translation Her Perfect Days Anomalisa. Ninguna trata de monstruos. Todas tratan de personas que habitan espacios aparentemente normales pero que experimentan una extraña desconexión con el mundo. Los Backrooms serían la versión fantástica de esa sensación.
Lo que sospecho que ocurrirá con la película
Sin haberla visto todavía, y viendo que la produce A24, sospecho que mucha gente saldrá del cine diciendo:
No he entendido nada. Y otra parte dirá: Lo he entendido perfectamente, pero no sé explicarlo. Eso suele ocurrir cuando una película funciona más como sueño que como relato. La experiencia importa más que la explicación.
Lo que creo que me interesará como crítica
Me haría estas preguntas: ¿Qué emoción intenta provocar el espacio? ¿Qué representa ese laberinto? ¿Por qué este fenómeno aparece precisamente en una generación criada entre videojuegos, internet y centros comerciales? ¿Por qué la nostalgia puede ser aterradora? ¿Qué está diciendo sobre nuestra forma de habitar el mundo?
Por lo tanto la finalidad sería descubrir por qué millones de personas se reconocen en un edificio vacío.
Los Backrooms parecen un lugar real... pero no lo son. Quizá el verdadero impostor de la historia sea el propio espacio.
Backrooms, sin haberla visto enseguida he tenido el pálpito de asociarla con la serie Severance. Seguro que no tiene nada que ver ó si. Aunque por lo que sabemos Backrooms y Severance no cuentan la misma historia, sí parecen beber de una fuente psicológica parecida.
Cuando uno ve los pasillos de Severance y las imágenes clásicas de los Backrooms, encuentra varios elementos comunes: Espacios aparentemente funcionales pero absurdos. Pasillos que parecen no terminar nunca. Arquitectura diseñada para personas... donde la presencia humana resulta extraña. Sensación de desorientación. Pérdida de identidad.
La diferencia es que Severance tiene un conflicto muy concreto: ¿Qué ocurre cuando divides artificialmente una identidad en dos? Mientras que Backrooms parece plantear otra pregunta: ¿Qué ocurre cuando el propio espacio pierde su significado?
Dicho de otra forma. En Severance el laberinto está dentro de la mente. En Backrooms la mente parece quedar atrapada dentro del laberinto.
En ambas casi nadie hablaba de monstruos o sustos. Todo el mundo acababa hablando de soledad, transición, identidad, propósito, sensación de estar de paso.
Tanto Severance como los Backrooms parecen hijos culturales de una misma época, la de los edificios corporativos impersonales. Hoy muchas ficciones utilizan oficinas, aeropuertos, hoteles, centros comerciales, parkings subterráneos. Es decir, los no lugares descritos por Marc Augé.
La ironía es magnífica, nuestros abuelos tenían miedo de perderse en un bosque oscuro; nosotros parecemos tener miedo de quedarnos atrapados eternamente en un edificio de oficinas con moqueta beige y luz de tubo fluorescente. El monstruo ha cambiado de vestuario, pero sigue alimentándose de la misma pregunta: ¿dónde encajo yo aquí?.
Los edificios corporativos impersonales en un momento que nadie quiere volver a la oficina porque incluso hay trabajadores que prefieren que les despidan a volver a trabajar en oficinas. Donde los locales comerciales se están comercializando en viviendas. Cambios, cambios.
Quizá con Backrooms o Severance estamos viendo el final simbólico de una época arquitectónica. Durante buena parte del siglo XX, el éxito tenía una imagen muy concreta: Un despacho. Una mesa propia. Un edificio corporativo. Un ascensor lleno de ejecutivos. Una tarjeta identificativa colgada al cuello. La oficina era el equivalente moderno del castillo medieval. Cuanto más arriba estuviera tu despacho, más poder tenías. Sin embargo, después de la pandemia ocurrió algo curioso. Millones de personas descubrieron que podían trabajar sin ese edificio. Y entonces apareció una pregunta incómoda: Si puedo hacer mi trabajo desde casa, ¿para qué existe este edificio? De repente, muchos rascacielos parecieron Backrooms gigantes.
Por eso no me sorprende que algunas ciudades estén transformando oficinas en viviendas. Es casi una metáfora perfecta. El espacio cambia de identidad. Lo que antes era un lugar de producción se convierte en un lugar para vivir. Por eso me parece tan interesante que los Backrooms nazcan precisamente en 2019, justo antes del gran experimento mundial del teletrabajo. Como si el inconsciente colectivo ya estuviera percibiendo que algo chirriaba en esos espacios.
Hay una imagen que me parece muy potente: Un centro comercial vacío. No da miedo porque esté vacío.
Da miedo porque fue construido para estar lleno. Lo mismo ocurre con una oficina desierta. Es como entrar en un teatro después de la función. El decorado sigue en pie, pero los actores se han marchado.
Y quizá eso es lo que tanto inquieta de los espacios liminales, nos recuerdan que las estructuras permanecen mientras las personas pasan.
Y sospecho que Severance, Backrooms y muchas obras recientes están intentando explorar precisamente ese paisaje nuevo, un mundo lleno de edificios que siguen en pie mientras las certezas que los justificaban empiezan a mudarse a otra parte.
Te voy a contar una anécdota personal, por que hoy tengo tiempo. Durante 14 años trabajé en una ETT que me mandaban a empresas (recorrí Barcelona Norte/Sur/Este/Oeste) a trabajar en sustituciones, en puntas de trabajo, en empleados que se tomaban las vacaciones y faltaba personal, etc. Yo iba tipo RAC... como solucionadora. Eso si, tenía que aprender en unas horas el trabajo del trabajador que sustituía. Una vez me preguntaron si no echaba de menos mi mesa, mi ordenador, mi silla, mi lámpara, vamos que no eran mías pero así se expresa cuando vas todos los días a tu empresa y tienes tu despacho. Ese tipo de trabajo me ayudó a no aferrarme a nada.
La mayoría de las personas construyen una parte de su identidad sobre la permanencia. Mi mesa. Mi ordenador. Mi despacho. Mi empresa. Mi plaza. Mi barrio. Aunque en realidad nada de eso les pertenece.
Yo hice justamente el ejercicio contrario. Entré en espacios que otros consideraban suyos. Me senté en la silla de otro. Utilicé el ordenador de otro. Aprendí en horas un trabajo que llevaba años haciendo otra persona. Y cuando terminaba la sustitución, desaparecía hacia otro destino. Eso tiene algo de nómada profesional con dos aprendizajes: Puedo adaptarme. El segundo, filosófico: Nada de esto es realmente mío.
Si es como entrar en un Bingo, pierdes…? te sales cortando el viento; ganas…? te sales pies para que os quiero. O ir a un Supermercado que tiene unas ofertas, entra atrapa las ofertas y sal cortando porque el super-mercado con los demás artículos, te van a secuestrar.
Más tarde trabajé 3 años en una empresa, cuando decidieron despedirme porque yo era más cara que contratar a 2 becarios. Es en ese momento cuando experimenté el destierro de pertenencia. Que si recuerdas en Roma, en la antigua Roma el peor castigo era el destierro de tu hogar dónde se custodiaba el fuego de los antepasados de la Familia.
Comprender intelectualmente el desapego y experimentar emocionalmente la pérdida de pertenencia. Cuando llegó el despido, lo que se rompió no fue solo un contrato. Se rompió una narrativa. La empresa cree que está eliminando un coste. La persona siente que ha sido expulsada de una comunidad. A la semana siguiente alguien ocupa tu silla. Tu ordenador sigue encendiéndose. El teléfono sigue sonando. Las reuniones continúan. Y uno descubre algo incómodo: El lugar que parecía necesitarme puede continuar sin mí.
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