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miércoles, 4 de enero de 2017

Lo que escondían sus ojos… una vez meditada y digerida


La revisión de la historia de nuestro país es una asignatura pendiente de nuestra cinematografía. Y a veces se entiende los motivos. Este, empecemos por ahí, es un país Cainita. Aquí basta que alguien destaque en algo para que tenga a medio país jaleándolo y al otro medio tratando de apisonarlo. Por eso somos incapaces de revisar serenamente nuestra historia y todo lo que se oculta bajo la apariencia de “la memoria histórica” no pase de ser un intento de cambiar la historia, ocultarla o, simplemente, ensalzar a los que fueron denigrados sin atender a sus méritos. Así que, en principio, habría que alabar series como Lo que escondían sus ojos por lo que de inusual tienen. Luego, resulta que, una vez vista, la decepción se apodera de nosotros: hemos asistido a una especie de culebrón sentimental que solamente se diferencia de los que empezaron a llegar de Iberoamérica hace 30 años. Para eso casi mejor el olvido.

EL CULEBRÓN DE POSTGUERRA

La miniserie nos cuenta los amoríos entre el entonces ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de Franco y cuñado suyo, Ramón Serrano Suñer, y la marquesa de Llanzol, Sónsoles de Icaza. Es de sobras conocido que aquellos amores dieron como fruto el nacimiento de Carmen Díaz de Rivera, vivo retrato de su padre, que creció como una más en casa de los marqueses de Llanzol y solamente en plena pubertad se enteró de su origen. Primero se encerró en un convento y luego se fue a unas misiones en África. Regresó fortalecida para convertirse en secretaria de Adolfo Suárez durante su paso por Televisión Española y luego  cuando estuvo al frente del gobierno español. Falleció tempranamente con 57 años y tras ser uno de los personajes más relevantes de la transición.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Silencio, estrenamos… ironías sobre el teatro

 

Eran los últimos meses del franquismo. Toda España sabía que cuando falleciera Francisco Franco, concluiría el régimen que él había creado. No se sabía exactamente cómo se produciría el tránsito del franquismo a la democracia, ni lo que tardaría en realizarse; sólo existía la sensación de que las cosas cambiarían en breve. Cuando en diciembre de 1973, ETA asesinó al presidente del gobierno, el único personaje del régimen que tenía claridad de ideas suficiente sobre cómo frenar el inevitable tránsito a la democracia, la única duda era si se produciría una “ruptura democrática” (como pretendía la oposición), o una “evolución por etapas” (como proponían los sectores más abiertos del régimen). De momento, en 1974, las riendas del poder estaban repartidas entre los sectores más duros (el “búnker”) y algunos islotes conscientes de que, tras la caída de los regímenes autoritarios de Portugal (el más antiguo de Europa) y de Grecia (la dictadura de “los coroneles”), España iba a seguir el mismo sendero. Sólo se trataba de que el país no quedase sumido en el caos. RTVE estaba en manos de los sectores más “dialogantes” del régimen. Fue en ese ambiente en el que se ideó la serie Silencio, se estrena. Hay que situarla como consecuencia del llamado “espíritu del 12 de febrero” anunciado por Carlos Arias Navarro, sucesor de Carrero Blanco, que supuso uno de los tímidos e inconstantes intentos liberalizadores del régimen.