miércoles, 4 de enero de 2017

Lo que escondían sus ojos… una vez meditada y digerida


La revisión de la historia de nuestro país es una asignatura pendiente de nuestra cinematografía. Y a veces se entiende los motivos. Este, empecemos por ahí, es un país Cainita. Aquí basta que alguien destaque en algo para que tenga a medio país jaleándolo y al otro medio tratando de apisonarlo. Por eso somos incapaces de revisar serenamente nuestra historia y todo lo que se oculta bajo la apariencia de “la memoria histórica” no pase de ser un intento de cambiar la historia, ocultarla o, simplemente, ensalzar a los que fueron denigrados sin atender a sus méritos. Así que, en principio, habría que alabar series como Lo que escondían sus ojos por lo que de inusual tienen. Luego, resulta que, una vez vista, la decepción se apodera de nosotros: hemos asistido a una especie de culebrón sentimental que solamente se diferencia de los que empezaron a llegar de Iberoamérica hace 30 años. Para eso casi mejor el olvido.

EL CULEBRÓN DE POSTGUERRA

La miniserie nos cuenta los amoríos entre el entonces ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de Franco y cuñado suyo, Ramón Serrano Suñer, y la marquesa de Llanzol, Sónsoles de Icaza. Es de sobras conocido que aquellos amores dieron como fruto el nacimiento de Carmen Díaz de Rivera, vivo retrato de su padre, que creció como una más en casa de los marqueses de Llanzol y solamente en plena pubertad se enteró de su origen. Primero se encerró en un convento y luego se fue a unas misiones en África. Regresó fortalecida para convertirse en secretaria de Adolfo Suárez durante su paso por Televisión Española y luego  cuando estuvo al frente del gobierno español. Falleció tempranamente con 57 años y tras ser uno de los personajes más relevantes de la transición.


Sin embargo, la miniserie se centra en lo más banal de la historia: las relaciones prohibidas entre los dos protagonistas, Serrano Suñer y Sónsoles de Icaza. El episodio era conocido de los mentideros madrileños de postguerra. El gracejo de quienes estaban al tanto de la relación les llevó a rebautizar a la marquesa como “Sónsoles de I–caza y pesca”. Su relación con Serrano Suñer, no era un secreto, ni algo que hubiera pasado desapercibido a la opinión pública de la época. 

El error de esta miniserie es insistir excesivamente en las relaciones entre ambos amantes. Pero es que lo esencial del guión no deriva de un libro de historia, ni siquiera de una reconstrucción novelada de aquella época, sino del relato escrito por la periodista Nieves Herrero con todos los problemas que ello entraña. El libro, publicado en 2013, no tuvo excesiva repercusión. En ambientes literarios no gusta excesivamente el que un locutor de televisión firme un libro (decimos firme) a la vista de que lo han hecho tantos que casi resulta un tópico y de los tantos que lo han hecho, la mayoría ha sido con “ayudas”. Por lo demás, la Herrero no está especializada en historia política. Ha recorrido, prácticamente todos los canales, con magazines o historias de higadillos y vísceras. No son, desde luego, las mejores credenciales para una novela histórica. Pero, con todo, vamos a aceptar que el libro fue trabajado por ella y que reconstruyó con distintas informaciones los escenarios en los que se desarrollaron los hechos.

UN CASTING POLÉMICO

Bien y entonces llegamos a la serie. Mal asunto porque el casting, especialmente en sus principales papeles no estuvo muy fino. Blanca Suárez y Rubén Cortada podrán gustar más o menos, pero no eran, sin lugar a dudas, los actores más adecuados para  encarnar a la pareja protagonista. Debo decir, al llegar aquí, que conocí personal y fugazmente a Serrano Suñer en un puente aéreo, cuando debía de tener en torno a los ochenta años. 

Era entonces, a esa avanzada edad, un anciano venerable, pero “diferente”. Había en él un aura de personalidad y estilo que llamaba la atención y que lo hacía radicalmente diferente a cualquier otro pasajero del puente aéreo. Por lo demás, su memoria era privilegiada y su carácter afable. Todos estos rasgos están ausentes en el perfil de Rubén Cortada. Y lo mismo cabría decir de Blanca Suárez. Un rostro joven y agradable no basta para interpretar ambos papeles. Hace falta algo más que los responsables de casting de Tele 5 o no lo tomaron en consideración o a fuerza de seleccionar a horteras, horterillas y enredadores chirriantes para sus shows, se han olvidado de lo que es el “estilo”. 


Tiene gracia que los personajes secundarios sean mucho más creíbles y estén mucho más en su papel que los protagonistas. No todos, claro. El modista Balenciaga (protagonizado por Javier Rey), luce un look que jamás tuvo. Y aquí el intérprete sí que estaba a la altura; quién no estuvo fue el diseñador del personaje (¿para qué diablos ponerle a Balenciaga un bigotillo que jamás mostró?). Más veraces parecen Antonio Tovar y Dionisio Ridruejo, interpretados por Víctor Clavijo y Antonio Pagudo). Para colmo –y para acentuar el culebrón– tenemos a un marqués de Llanzol (Emilio Gutiérrez Caba) que saca cuarenta años a su esposa… cuando en realidad apenas le sacaba veinte. Y queda citar a la marquesa de Llanzol, angelical ella, pero, eso sí, displicente y distante hasta la náusea (los redactores de Europa Press, agencia instalada en un edificio de su propiedad en el que además vivía, recuerdan como, por contrato, ellos debían de subir por la escalera de servicio) considerada como la quintaesencia del oportunismo entre la aristocracia madrileña. Personaje, en definitiva de culebrón.

EL ENCUADRE POLÍTICO–HISTÓRICO

Hay que alabar algunos aspectos aislados de la cinta. No se elude reconocer que si España no entró en guerra fue gracias a que el embajador británico, Samuel Hoare repartiera a espuertas millones entre los generales más significativos de la época y lo hiciera a través de Juan March que, de paso, se quedó las comisiones correspondientes. Corrupción, ha existido en todas partes y esto era corrupción. Nos salvó de participar en la guerra mundial, claro, pero si empezamos a encontrar excusas a la corrupción, resultará que al final los Pujol pueden justificar sus mochilas repletas de billetes de 100 euros por los servicios prestados a Cataluña.

Este es otro aspecto de la cuestión. El encuadre político era quizás el elemento más fácil de abordar. Resumimos la situación: la izquierda, sobreactuando, pidió la retirada de la serie a poco que se emitió el primer episodio y eso que en absoluto se exalta al franquismo, ni siquiera el papel de Serrano Suñer al frente de Exteriores. Serrano no fue ni un génocida, ni pesan contra él acusación de haber cometido delitos de sangre. Ni uno. De hecho, lo único que puede reprochársele es que se casara con la hermana de Franco y que ocupara un ministerio clave en aquellos años. 


El grupo de Serrano Suñer –hay que recordarlo– estaba formado por un grupo de falangistas que creían en la posibilidad de realizar una “revolución nacional” en España, al estilo de la que se habían realizado en Alemania e Italia. Vale la pena recordar lo que se entendía por “revolución nacional”: un proceso modernizador. Eso era todo. Ahora bien, eran conscientes de que en la situación de la época, las resistencias a un proceso de este tipo eran muchas, en especial de la Iglesia, de la aristocracia terrateniente y de los sectores militares. La única posibilidad de realizar esta revolución (que tenía una vertiente social muy acusada en lo relativo a distribución de la riqueza, participación de los trabajadores en los beneficios de las empresas, seguridad social, etc.) era alterando el equilibrio de fuerzas que se daba en España y eso solamente podía hacerse entrando en la segundo guerra mundial. Tal era el esquema de actuación del grupo falangista de Serrano Suñer. Existían otros falangistas que no compartían esas posiciones: Pilar Primo de Rivera, Girón de Velasco, Fernández Cuesta, etc que no iban tan lejos: simplemente se habían acomodado al espacio que Franco les había entregado. Y el régimen franquista albergó también bajo su manto a tradicionalistas carlistas, monárquicos alfonsinos, derecha tradicional, conservadores catalanes y vascos, etc. Comete un error quien vea en el franquismo a un todo homogéneo. De todas formas no es éste el lugar para realizar un juicio al franquismo sino para comentar la miniserie Lo que ocultaban sus ojos. Y sobre esto cabe decir que la serie acierta al presentar a Franco como un militar austero que prefería tomar achicoria en tiempos de escasez de café.

VALORACIÓN Y RECOMENDACIONES

Si tuviéramos que definir a esta serie, cabría decir de ella que es una “serie frustrada”: las buenas intenciones iniciales (una revisión histórica) no se corresponden con el resultado obtenido (un culebrón alambicado). Hubiera hecho falta que el guión se hubiera elaborado con más rigor histórico que la historia de amor ocupara un espacio secundario en relación al que hubiera debido ser el eje central de una miniserie de contenido histórico: la España de la postguerra. Faltan elementos históricos y sobran matices romántico–sentimentales. La pareja protagonista no es, seguramente, lo mejor de la serie, ni tampoco el aire condescendiente con el que se trata de Sónsoles de Icaza. 


Gustará a los que siempre hayan sentido una atracción particular por los dramones. Los antifascistas verán en ella una “exaltación al franquismo” a pesar de que no lo sea, y los últimos mohicanos del franquismo la considerarán una “falta de respeto”… Si usted pertenece a estos tirios o a aquellos troyanos, evítela. Véala si Blanca Suárez o Rubén Cortada les seducen, pero tenga en cuenta que el andar de Cortada y el de su personaje, son como la noche y el día. El giro que le da a su interpretación de Serraño Suñer es, francamente, lamentable: lo presenta como si fuera entre un ligón de Ateneo y un macarrilla de playa. Serrano y la Icaza fueron iconos del estilo en su tiempo. Sus intérpretes no logran captar este matiz central.

La velocidad de lo narrado no es la que exige hoy el lenguaje televisivo, la serie está ralentizada y lo dicho y descrito pudiera haberse hecho con más brevedad. Hay tramas secundarias que no pegan ni con cola. Sobra metraje, en definitiva. Algunos escuadres y la fotografía son en algunos momentos brillantes. Las interpretaciones, en general, aceptables. Voy a mencionar especialmente a Pepa Rus. Reconozco que tuvo gracia en su interpretación de “Macu” en la serie Aida (2005–2014). Bajó puntos por la mala pata del papel que le tocó en suerte en Gym Tony (2014–2016), pero en Lo que escondían sus ojos, realiza una interpretación propia de gran actriz y denota una versatilidad extrema. No es fácil realizar el tránsito de “la Macu” de Aida a la “Matilde” de esta otra serie. 

La miniserie tienes sus alicientes, aunque, desengañémonos: no es la serie que nos hubiera gustado ver. Al acabar nos falta “algo” y esa ausencia es lo que hace irrelevante a esta serie.



Ficha

Título originalLo que escondían sus ojos.
Título en España: Lo que escondían sus ojos.
Temporadas: 1 (4 episodios)
Duración episodio: 75 minutos.
Año: 2016.
Temática: Romance
Subgénero: Postguerra.
Tema: Dramatización de los amores y amoríos del yerno de Franco, Serrano Suñer, con la musa de Balenciaga, Sólsoles de Icaza.
Actores: Rubén Cortada, Bárbara Suárez, Emilio Gutiérrez Caba, Pera Rus, Carlotte Vega, David Solans, Loreto Mauleón, Pepa Aniorte, Jaier Rey, Víctor Clavijo, Antogio Pagudo, Verónika Moral, Belinda Washington, Javier Gutiérrez
Lo mejor: el intento de ofrecer un fragmento de historia de España.
Lo peor: que no pasa de ser una historieta de amor.
Puntuación: 5,5
¿Cómo verla?: Se emitió en Tele 5 y está disponible en la web de ese canal. 


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