viernes, 9 de diciembre de 2016

3%, en Brasil se hace algo más que culebrones


Reconozco que cuando vi el título de la serie, inmediatamente la asocié a algún caso de corrupción política. Se sabe que ese es el porcentaje mínimo cobrado por la clase política para dar contratos de obra pública. Así que me dije que sería bueno saber cómo iban las cosas en Brasil, país de origen de esta curiosa serie. Luego resulta que no va a mordidas ni de dentelladas de corruptos, sino que discurre por unos derroteros completamente diferentes. La serie remite, inmediata e involuntariamente, a Los Juegos del Hambre (2012), Los juegos del hambre: en llamas (2013), Los Juegos del hambre: Sinsajo (2014 y 2015). Se parece, pero no es eso exactamente. No podía serlo por la diferencia de inversión y por la naturaleza de sus promotores. Se trata de la primera serie brasileña producida para Netflix.

IDEA Y COMPARACIONES

A veces es difícil establecer por qué caminos un guionista y director español de cierto recorrido en Iberoamérica, termina creando una serie elaborada en Brasil y promovida internacionalmente por Netflix. Será por la globalización o acaso porque los talentos españoles necesitan irse al extranjero para fijarse nuevas metas, pero el caso es que Pedro Aguilera, después de obtener su título de Bellas Artes en la Complutense, adquirió experiencia en el cine en Cuba y México y en 2007 vio seleccionada su película La influencia para la Quincena de Realizaciones de Cannes, cinta que luego fue presentada en el Festival de Montreal. Pues bien, fue Aguilera quien creó esta serie rodada en Brasil y en lengua portuguesa por actores en su mayoría jóvenes y desconocidos. La serie 3% había partido como serie web, producida por el propio Aguilera y subido a YouTube en 2011. La idea gustó a los directivos de Netflix que la asumieron siendo una de las primeras series producidas por esta plataforma en lengua no inglesa.

Farenheit 9/11, acaso el mejor documental de Michael Moore


Se suele decir que con el ataque a las Torres Gemelas se inició el siglo XXI, de la misma forma que se decía que con los asesinatos de Jack el Destripador se había iniciado el siglo XX. Y, al menos en el primer caso, no es cierto: Michael Moore nos lo recuerda. Tiene razón en establecer el precedente inmediato en la llegada al poder de George W. Bush. Dicho bien: “llegada al poder”, no “victoria electoral”. Bush no venció en las elecciones de noviembre de 1999. Los votos del Estado de Florida decantaron las elecciones a su favor y en contra de Al Gore, pero la sospecha de que allí existió fraude masivo nunca se disiparon. La crónica de este fraude electoral es el punto de partida del que quizás sea el mejor documental de Michael Moore. Fue ahí donde comenzó el siglo XX: una época de fraude, cinismo y engaño permanente a las masas. Nuestra época.

LO QUE FUE DE LA LLEGADA DE BUSH AL PODER A LOS ATAQUES DEL 11-S

Cuando dentro de unas décadas se reconstruya la historia de los EEUU en el arranque del siglo XX se recordará aquello que hoy parece olvidado deliberadamente: que el gobernador de Florida, Jeff Bush, que el Tribunal Supremo de los EEUU, que el Congreso de los EEUU y que la cadena Fox News dirigida por un primo de George W. Bush, se confabularon para concederle una victoria que las urnas no le habían dado. ¿Es posible, en una democracia como la americana, que puedan ocurrir estos episodios tercermundistas? Moore lo recuerda y, además, lo demuestra. 

Sargento Preston, el encanto de la policía montada del Canadá


En mi infancia, por algún motivo, me llamo particularmente la atención aquella canción Una casita en Canadá cantada primorosamente por la argentina Elder Barber y la Policía Montada del Canadá cuya existencia pudimos conocer gracias a la serie Sargento Preston. Sería porque ambos fenómenos, canción y serie, coincidieron en el tiempo, finales de los 50, o porque intuíamos que Canadá jugaría un papel importante en nuestra vida, el caso es que nunca pudimos olvidar una serie curiosa hecha en EEUU sobre la policía del vecino país. Lo que menos nos imaginábamos es que la Policía Montada del Canadá sigue existiendo y que cuando tuvimos que presentar una denuncia por pérdida de pasaporte, tuvimos que dirigirnos, a uno de sus cuartelillos. Ni visten –al menos en su trabajo diario– el estirado uniforme de la película, ni siquiera van acompañados de caballo o de perro, como el protagonista de esta seria.

UN CÓMIC EN EL ORIGEN DE LA SERIE

Antes que serie televisiva, Sergeant Preston fue un programa de radio. Eran los tiempos gloriosos de aquel medio que en los 40 solía emitir “seriales” y que no fue sino hasta finales de la década cuando empezó a declinar frente al naciente medio televisivo. Tras su aparición televisiva, el Sargento Preston se convertiría también en un cómic para adolescentes de la mano de Gaylord Du Bois (guionista, entre otros de Bonanza, The Rebeld, Los hombres de la Wells Fargo, Bat Masterson, Roy Rogers, etc.) y Alberto Giolitti (creador de Cisco Kid, Turok, Gunsmoke, y dibujante de Star Trek). 

Última oportunidad, el “noir” francés de toda la vida


El 23 de agosto e 2016, TVE emitió el último episodio de la serie francesa Una chance de trop. La serie tuvo una buena acogida por parte del público español mientras que en Francia supuso un verdadero éxito de masas. A pesar de que la serie se ha desarrollado a partir de la novela del escritor norteamericano Harlan Coben, los guionistas franceses han sabido imprimir el ritmo y los rasgos propios del “género negro” francés. Tales características son: el seguimiento del trabajo policial de manera destacada, una mayor profundización psicológica de los personajes, cierta poesía que está ausente en las variedades anglosajonas y nórdicas y, finalmente, un ritmo frenético en la acción. Con este bagaje surgió y con actores de la talla de Jean Gabin, Alain Delon, Jean Paul Belmondo, o Lino Ventura, surgió toda una granizada de películas de género negro que cubrió las décadas 50-70. Donde ha habido mucho siempre queda algo, dice el viejo refrán español. La serie Última oportunidad lo confirma.

TEMÁTICA: SECUESTRO DE NIÑOS 

La serie, Inicialmente, nos muestra a un matrimonio francés con una niña de pocos meses que vive felizmente y con cierto nivel de comodidades. Ella es médico en un hospital. Bruscamente, una mañana, en su hogar, ella recibe un disparo. Cuando despierta después de una semana en coma, conoce que su vida ha saltado en pedazos: su marido ha sido asesinado y su hija desaparecida. A partir de aquí, la protagonista hará todo lo posible por encontrar al bebé, pagará el rescate que se le ha pedido, pero sin que le devuelvan a su hija. Es solamente, a partir del cuarto episodio cuando se empezará a intuir qué está detrás de todo el episodio: dos años después del secuestro, cuando el caso ya ha sido archivado por la policía, los secuestradores vuelven a ponerse en contacto con la doctora para pedir un nuevo rescate.

jueves, 8 de diciembre de 2016

La isla de Gilligan, comedia de situación en el Pacífico


La marina de McHale se prolongó entre 1962 y 1966. Sus más altas cotas de popularidad se dieron entre 1963 y 1965. No es raro que otras series partieran de temáticas similares. La Segunda Guerra Mundial fue objeto de ironías no sólo en esta serie, sino también en Los héroes de Hogan (1965-1971) y el tema de la isla del Pacífico en la que se ven obligados a convivir en poco espacio una serie de protagonistas, reapareció en La isla de Guilligan (1964-1967). La diferencia con La marina de McHale era que, en lugar de convivir en una lancha torpedera, lo hacían en una isla desierta a la que habían sido arrojados tras el naufragio de su yate. 
En estas tres series que se superpusieron en el tiempo, el esquema de los protagonistas era siempre el mismo: el tonto, el listo, el antipático, los excéntricos y la situación inusual. Obviamente, en Los héroes de Hogan el papel de tontos-muy-tontos correspondía a los alemanes. Los oficiales con mando (los capitanes de barco, Hogan), son siempre las figuras “serias” y tienen a su cargo a un personaje más o menos torpe pero siempre bienintencionado. Tal es el esquema de este modelo de comedias de situación que convivieron y se hicieron la competencia en los años 60.

GILLIGAN: ICONO DE LA CULTURA POP

Televisión Española emitió esta serie al concluir La marina de McHale y en la misma franja horaria. En España todavía no existían canales como para que dos series pudieran competir entre sí. Se consideraba que la mejor franja horaria para las sit-com era, o bien al mediodía, justo antes del informativo, o bien en las tardes, después de los dibujos animados y antes del telediario de las tardes. Esta rutina siguió así prácticamente hasta el primer tercio de los años 70. Fue una serie que no recibió adhesiones unánimes ni comentarios encendidos por parte de la crítica y de los espectadores. Tenía su “parroquia” pero no se trató de una serie icónica como pudo serlo El túnel del tiempo, series de producción propia a lo Historias para no dormir o Silencio, estrenamos, miniseries de fuerte impacto momentáneo, Belfegor, el fantasma del Louvre, o series de suspense (Alfred Hitchcock presenta) que eran unánimemente comentadas y contaban con entusiastas dispuestos a partirse el pecho en su defensa. 

¿Qué invadimos ahora? La mayor broma de Michael Moore


No es, desde luego, el mejor documental de Michael Moore. No está a la altura de su Bowlings for Columbine ni de su Farenheit 9/11. Demuestra, eso sí, cómo está la sociedad norteamericana y su pérdida acelerada de derechos que, en otro tiempo, supusieron, precisamente, conquistas de esa misma sociedad. Hay en la visión de Moore, un rasgo extremadamente pesimista –y, por otra parte, comprensiblemente pesimista- sobre su propia sociedad y, especialmente, sobre la degradación del sistema político-social de los EEUU. Su error es considerar que, en Europa, la felicidad es la norma e ignorar que en el Viejo Continente se viven procesos similares muy avanzados. Claro está que Moore lo justifica afirmando en un momento dado del documental que ha llegado a Europa para “recoger flores, no malezas”. Esto puede servir en los EEUU, pero no en la Vieja Europa.

UNA MIRADA ADMIRATIVA POR LOS DISTINTOS PAÍSES EUROPEOS

La idea del documental es que, después de la invasión de Irak y de su fracaso absoluto (para lo único que sirvió derribar a Saddan Hussein fue para extender el caos por una región y el fundamentalismo islámico por una región que hasta ese momento era no democrática pero estable y laica), los EEUU deben pensar en invadir otros países para apoderarse de sus riquezas. Y Moore se presenta voluntario en el Pentágono para invadir esos países y robar sus mejores productos. Su periplo le llevará sucesivamente por Italia, Francia, Finlandia Eslovenia, Alemania, Portugal, Noruega, Túnez e Islandia… En todos estos países extraerá alguna idea social presente que haya sido abandonada o de la que no quede ni rastro en los EEUU.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

La marina de McHale… historias cómicas de la Segunda Guerra Mundial


El presidente Kennedy había servido durante la Segunda Guerra Mundial en una lancha torpedera (PT). Acaso porque cuando se inició esta serie Kennedy todavía vivía, el creador de la serie –Edward Montagne– consideró que situar en una tranquila isla del Pacífico a una PT similar a la que había tenido bajo su mando JFK, podía tener atractivo para el espectador. No hay muchas escenas bélicas en los 138 episodios de la serie y, en cualquier caso, la tripulación ni tiene ganas de combatir, ni está preparada para hacerlo. En 1962 la Segunda Guerra Mundial había quedado muy atrás: ya era posible ironizar en torno a ella. Los alegres muchachos de Quinton McHale, capitán de corbeta, recordaban que la inmensa mayoría de soldados norteamericanos que participaron en el conflicto no tenían madera de héroes.

LA MARINA DE MCHALE O BARCO A LA VISTA

La serie se proyectó en España durante los medios días laborables hacia el año 1965-66. Tenía ciertas reminiscencias de La Isla de Guilligan (1964-67) que le sucedió, con la diferencia de que esta serie se desarrollaba en tiempo de paz y que el protagonista central era un marinero chapuzas y escasamente dotado para la vida naval. En ambos casos, el escenario eran islas del Pacífico. De hecho, La Isla de Guilligan, sustituyó a La Marina de McHale cuando esta concluyó.

La semilla del diablo "Rosemary’s Baby". Polansky colocó el listón muy alto


Los remakes son algo arriesgados: o la nueva versión supera al original, o no pasa a la historia. Y este es el problema: que algunos remakes, ni son malos, ni particularmente malintencionados, tienen cierta calidad, pero al no poder superar al original, pierden su oportunidad de pasar a la historia del cine por la puerta grande. Esto es lo que le ocurre a esta nueva adaptación de la famosa novela de Ira Levin Rosemary’s Baby (también conocida como La semilla del diablo): la versión que realizó Roman Polansky en 1968 era tan magistral que resulta incomprensible que alguien se haya atrevió a tratar de revisarla. Ofrecida en forma de miniserie por Netflix y por Movistar+, tiene, eso sí, la virtud de interesarnos por aquel producto del mejor Polansky.

POLANSKY EN SU CÉNIT

En 1968, Polansky era un hombre feliz. L habían bastado dos películas para ser considerado como un director notable: Repulsión (1965), protagonizada por una joven francesa, Catherine Deneuve, y luego, al año siguiente, Cul-de-sac (1966) con Donald Pleasance. La primera fue un thriller psicológico, la segunda una muestra humor negro. Eso le bastó para ser reclamado por Hollywood y ponerse en sus manos una gran superproducción: El baile de los vampiros (1967). Allí conoció a una joven de 23 años que asumía un relevante papel de reparto en la película: Sharon Tate. A partir de ese momento (con tres películas de éxito en su haber y una esposa extremadamente atractiva), Polansky estaba en boca de todos. Era evidente que le iba lo siniestro y que era en aquel momento el director que mejor podía interpretar en imágenes la novela de Ira Levin, un best-seller que hacía furor en 1968 centrado en una hermandad de satanistas en pleno Manhattan: Rosemary’s Babe.

Capitalismo, una historia de amor: la crítica al capitalismo en 2008


Sicko fue rodado por Michael Moore antes de que los EEUU se precipitaran por el agujero negro de las “suprimes”. Se trataba de una crítica al modelo sanitario de los EEUU pero en cuyo trasfondo se adivinaba la responsabilidad del capitalismo americano, al menos en lo relativo a las compañías aseguradoras médicas y a su peso en los organismos representativos de los EEUU: en relación a sus beneficios, cabría decir que la carne de congresista se vende a buen precio. Sin embargo, aquella crítica solamente fue apreciada por los que sufrían las consecuencias directamente de la perversión del sistema médico norteamericano; el país, por lo demás, vivía momentos de euforia económica. 

Al igual que en España, las “cifras macroeconómicas” sugerían que el PIB ascendía y que se estaba produciendo un período de crecimiento económico sin precedentes. Luego todo se derrumbó en apenas un trimestre: cuando Michel Moore rodó Capitalismo: una historia de amor, el país entero –salvo su élite económica- se precipitada por la pendiente de la crisis. El error de Moore, en los diez minutos finales, consistió en pensar que con Obama llegaba la solución y se restablecería un gobierno democrático.


¿LIBERALISMO Y DEMOCRACIA EQUIVALEN A CAPITALISMO?

El documental es estremecedor especialmente en lo que se refiere a las imágenes de Detroit, la ciudad de la General Motors que entró en quiebra en esos meses. Grandes y céntricos edificio completamente abandonados, superficies que en otro tiempo fueron zonas industriales, desérticas, barrios despoblados cubiertos de malas hierbas y, lo peor, de todo, una sociedad completamente desarticulada y destruida. Pero el documental no se concentra en Detroit, pasa revista a los efectos más perversos del capitalismo tal como se concebía en la primera década del milenio: como actividad especulativa especialmente centrada en la vivienda y en los “derivados”, eufemismo para llamar a determinados “productos financieros” que encubrían toxicidad y, sobre todo, dolor al contener bienes raíces expropiados.

martes, 6 de diciembre de 2016

Alfred Hitchcock presenta, el gran timonel del suspense en la cumbre



En 1955, Hitchcock acababa de filmar Crimen perfecto (1954) y La ventana indiscreta (1954) que habían superado en taquilla a su anterior película, Yo confieso (1953); vivía de las rentas de Extraños en un tren (1951) y se preparaba para filmar Falso culpable (1953) con Henry Fonda. Era un director popular que, si bien no había conseguido –ni le interesa particularmente– ser aceptado como un “gran director”, lograba lo que más interesaba a las productoras: buenas taquillas. Por otra parte, en 1955, el parque de televisores en EEUU ya había alcanzado la densidad suficiente como para poder ser considerado como un “medio de masas”. Así que era inevitable que, antes o después, el director más popular de la época, se acomodase en un medio que suponía entrar en contacto semanal con las masas. De ahí salió la serie Alfred Hitchcock presents que se prolongó de mediados de los 50 a mediados de los 60.

SIETE TEMPORADAS CON 30 MINUTOS DE HITCHCOCK A LA SEMANA

Hitchcock creó la serie pero apenas dirigió unos pocos episodios. Son fácilmente reconocibles por su mayor dramatismo y por la introducción de situaciones de tensión extrema (como el episodio en el que un niño empuña una pistola inconsciente del daño que puede hacer; diez minutos finales en los que el público experimenta esa sensación de que en cualquier momento puede ocurrir un drama: es más, que el drama es absolutamente inevitable), pero lo que sí hizo el director británico fue seleccionar personalmente los guiones de todos los episodios, supervisarlos y, sobre todo, presentarlos. 

Baron Noir o las miserias de la política francesa


¿El protagonista? Un político socialista “de raza” (de los que se lo creen, y de paso se benefician de su creencia). ¿La trama? Los entresijos de la política francesa. ¿Arranque? La primera vuelta para las elecciones presidenciales. ¿Creíble? Hasta cierto punto. ¿Resultado final? Abre un poco más la brecha entre la “Francia oficial” y la “Francia real” cuya existencia estableció hace un siglo Charles Maurras. Indica que los franceses –como los españoles, como los italianos, como los alemanes- no aprecian mucho a su clase política. ¿Lo inevitable? Realizar las comparaciones con la situación política española. Tal sería lo mínimo que puede decirse sobre esta serie francesa todavía no estrenada en España y que, antes o después, Movistar+ lanzará. La serie pertenece a lo que puede llamarse thriller político y ha sido definida como la “mejor serie francesa sobre temática política jamás realizada” (Le Monde) ¿Es así?

UN PUNTO DE PARTIDA POCO CREÍBLE

Un alto cargo socialista del departamento del Norte-Paso de Calais, concejal del ayuntamiento de Dunkerke, implicado en una operación de financiación ilegal, hace desaparecer pruebas para evitar que la sigla del Partido Socialista se vea comprometida en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas. Empecemos por lo más improbable: en la actualidad nadie da dos euros ni dos francos, por una candidatura socialista, ni en Francia, ni en prácticamente lugar alguno de Europa.

Sicko, o lo que supone estar enfermo en EEUU



Cincuenta millones de estadounidenses no tienen seguro médico; si se hacen una herida se tienen que dar ellos mismos los puntos; si pierden dos dedos y no tienen ahorros suficientes, solamente pueden reinsertarse uno (a elegir…). Cada año, 18.000 norteamericanos mueren por enfermedades que hubieran podido curarse  fácilmente, pero ante las que sucumben por falta de recursos. Claro está que a los 250.000.000 que sí tienen seguro médico, tampoco les va muy bien. Las aseguradoras se cuidan de prestar los servicios mínimos establecidos en contratos leoninos y equívocos, con cláusulas difíciles de entender. No basta, pues, con tener un seguro médico, si, a la hora de la verdad, las aseguradoras se muestran cicateras y poco dispuestas a ofrecer los servicios sanitarios requeridos por el paciente. Tal es el punto de partida –dramático, se mire como se mire- elegido por Michael Moore para describir la situación sanitaria de los EEUU. Sicko, el título del documental, es una palabreja utilizada en aquel país para describir a personas para describir las actitudes aprensivas e hipocondríacas y la falta de estabilidad mental (psycho) así como el estado de salud general del sujeto (sick).

LO PEOR: LA FALTA ARGUMENTOS PARA DEFENDER LA SANIDA PRIVADA EN EEUU

Aparentemente, el documental podría formar parte de una campaña anti-norteamericana capaz de levantar al mismísimo senador McCarthy de su tumba. Y sin embargo, ha sido hecha por un director, productor y guionista nacido en Flint, Estado de Míchigan, casi en la frontera con Canadá. El vecino del norte aparece muy a menudo, por cierto, en este documental. En el fondo Moore es un norteamericano que siempre tiene tendencia, en sus documentales, a comparar la vida de los EEUU con la de otros países de su mismo nivel de vida. La comparación es demoledora para su propio país. Y en sanidad, lo más incomprensible es que los norteamericanos de a pie, soporten una situación que solamente beneficia a las aseguradoras y a las farmacéuticas. 

lunes, 5 de diciembre de 2016

Paterson, la poesía según Jim Jarmusch


Situemos a Jarmusch. Con ascendentes checos, germanos e irlandeses, Jarmussch es, al menos culturalmente, hijo de la vieja Europa. Por edad, pareció que llegó tarde a la literatura beatnick, pero se enganchó a Kerouack y Bourroughs. Su cine es “intelectual” como su formación. Un director así, difícilmente podía encontrar acomodo entre las grandes productoras de Hollywood. Era un tipo predestinado a hacer cine “indi”. De hecho, se le tiene como uno de los grandes impulsores de este cine, habitualmente minimalista. Adorna con la presencia de su cabellera blanca todos los festivales de cine independiente que, habitualmente, tienen a bien recompensarle con su reconocimiento en forma de galardones. Los ha tenido de todos los colores y en todas las latitudes. Solamente alguien así podría haberse arriesgado a hacer una película en la que la poesía es el tema central. Porque, Paterson, va de poesía.

PATERSON CONDUCTOR DE BUS EN LA CIUDAD DE PATERSON

No es un trabalenguas. El protagonista de esta historia intimista se llama “Paterson”, nada más, sin nombre, como la ciudad en la que vive, una ciudad realmente existente en el Estado de Nueva Jersey. Una pequeña ciudad de provincias con menos de 150.000 habitantes. Casi un pueblo grande, más que una ciudad pequeña. Entre los notables nacidos en allí figuran tres poetas: el primer es el archiconocido Allen Ginsberg que, solamente por su poema Aullido, hubiera merecido pasar a la historia de la literatura mundial como representante de la beat-generation, Simon Perchik, sobre cuya obra se suele bromear diciendo que es el “poeta desconocido más leído en los EEUU”, y, finalmente Williams Carlos Williams, mayor que los anteriores, fallecido en 1963 y autor de un conocido poema a la ciudad de Paterson. Es a este último al que se hace constante alusión en esta cinta.

Braquo, ser policía no es ninguna ganga en Francia


La primera impresión que uno tiene con esta serie no es mala: quizás, desde los primeros minutos parece algo “bronca”. Recuerda a otros muchos productos que hemos podido ver en televisión, incluso remite a aquella serie española, Brigada Central (1989-1990) en la que parecía que el grupo de policías que la protagonizaban solamente podían entenderse a gritos, pero recuerda mucho más el ambiente depresivo de la comisaría de Canción triste de Hill Street (1981-1987), y mucho más todavía a The Shield (2002-2008), en donde los protagonistas, un grupo de policías e pocos escrúpulos, viven situaciones cada vez más abracadabrantes, luchando por un lado contra la delincuencia y, por otra, ejerciendo ellos mismos de delincuentes. Braquo, serie policial francesa que remite a estos precedentes, los amalgama con el género negro convencional. El resultado es una serie “sucia” en la que ni siquiera la imagen es nítida, todo está impregnado por la patina de lo oscuro y el contagio que los bajos fondos generan entre quienes se mueven mucho en su entorno.

CUATRO TEMPORADAS DE LAS QUE SOBRAN TRES

Tal como le ocurrió a The Shield, la serie parece prometedora en su primera temporada y al concluir los ocho primeros episodios, reconocemos que hay un esfuerzo de guionización, interpretación y dirección, más que notable. Si debiéramos calificar a la primera temporada al margen de los otras tres que le siguieron, cabría puntuarla con un 8. No es una serie perfecta, pero, al menos, la dinámica es acelerada, las situaciones se desarrollan con rapidez, apenas hay tiempos muertos y el público se ve embarcado en una serie de situaciones sorprendentes que llevan a tensión cada vez más extremas. El corazón del espectador palpita, se agarra al butacón, comprime su cuerpo contra el respaldo y no puede apartar la mirada de la pantalla. Sin embargo, cuando se inició la segunda temporada, empezamos a ver algo que no terminaba de encajar. La serie había perdido todo su interés. Bruscamente, sin explicación, sin sentido.

Los Roper, la secuela que superó al original


Se llamaban “George” y “Mildred”. Inicialmente, eran la contrapartida burguesa al trío de jóvenes a los que les habían alquilado el piso superior del edificio en el que ellos vivían en la planta baja. A medida que avanzaban los episodios de Un hombre en casa, se iba poniendo de manifiesto que las carcajadas del público aumentaban cuando entraba en escena el matrimonio propietario del inmueble. No solamente los dos actores que encarnaban a la pareja (Brian Murphy y Yootha Joyce) tenían buena química sino que hacían que la comicidad de la serie se disparase: algo siempre objetivo y mesurable en términos de risas. Así pues, cuando se evidenció que el producto Un hombre en casa, empezaba a estar agotado (las series inglesas tienen la ventaja de concluir antes de que sea perceptible una bajada en la calidad y en la audiencia), la cadena inglesa ITV encargó una serie basada en la pareja. El éxito fue abrumador y los 38 episodios filmados marcan un hito en las series de humor británicas. 

DE LA CLASE MEDIA BAJA A LA CLASE MEDIA ALTA

De la misma forma que Un hombre en casa, podría ser considerado como un estudio sociológico sobre la juventud de los años 70 y cómo ese grupo social soportó los cambios que se habían producido desde finales de la década anterior, Los Roper, suponen la traslación de ese estudio al mundo de los adultos y, en concreto, a una familia de la clase media baja que, por un golpe de suerte, habían podido trasladarse a un barrio más acomodado y creían que eso bastaba para reconocerles un nuevo estatus social. De ahí que Los Roper tengan un trasfondo tragicómico: todos los esfuerzos realizados por “Mildred” para ascender en la escala social y vivir acordes con su nuevo emplazamiento, terminaban estrellándose: ni pertenecían a esa clase social (representada por el matrimonio vecino y por su hijo), ni la alta burguesía estaba dispuesta a facilitarles la tarea. En el Reino Unido siempre ha existido un elitismo que ha tendido a estratificar la sociedad. De ahí que, en medio de la comicidad, subsistiera siempre ese trasfondo dramático e incluso hiriente.

Los Ángeles Negros de la Utopía, la pieza que faltaba sobre la piratería


La primera edición del Manifiesto Comunista fue pagada –se dice– por Jean Lafitte, llamado “el último rey de Galvestown”,  cuando ya se había retirado del pirata. Ese dato quedó retenido en mi mente cuando vi por primera vez –hacia 1999– este documental francés. Todavía faltaban unos años para que Johnny Deep encarnara al “capital Sparrow” en La maldición de la Perla Negra (2003). Siempre han existido películas “de piratas” y siempre hemos dado por sentado que conocíamos lo que fue el fenómeno de la piratería. Nunca –hasta ver este documental– se nos ocurrió que podía tener un origen muy diferente al que siempre habíamos pensado.

DE DIOS AL DIABLO

Lo interesante de este documental es que da varias explicaciones al  fenómeno de la piratería a la vista de que bajo el mismo rótulo y la misma actividad se albergan fenómenos muy diferentes. Ha existido piratería desde el origen de los tiempos (siempre alguien ha querido apropiarse de lo que no era suyo y ha estado dispuesto a hacerlo por la fuerza), pero no fue sino hasta principios del siglo XVIII cuando el fenómeno adquirió la connotación que le damos hoy. Apareció en uno de los lugares más paradisíacos de la tierra: las aguas del Caribe. Fue allí en donde el Jolly Rogers (la bandera negra pirata con la calavera y las dos tibias cruzadas) apareció de la mano de Jack Rackham, Edward Teach (Barbanegra), Bartholomew Roberts (Black Bart) y demás “piratas ilustres”. Se ha atribuido a esta bandera un origen francés: sería el “jolly roger” sería el “bonito rojo” (joli rouge) aludiendo a la sangre. Pero eso supondría admitir solamente un origen francés de la piratería y olvidarnos que la bandera era rigurosamente negra con la calavera en blanco. Otra interpretación de este nombre sería la adulteración de la palabra inglesa “holy” (sagrado en inglés) en “jolly”, unida al nombre de “Rogers”, una de las formas con las que se designaba al diablo (el “old Roger”). A pesar de que el documental no entra en este tema, nos quedamos con la última explicación que abunda en la interpretación que nos da el documental sobre la piratería.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Fauda, la rabia entre judíos y palestinos vista con ecuanimidad



La mutua hostilidad entre judíos y palestinos está a punto de cumplir 100 años y va camino de durar otros 100. Así que cuando Netflix anunció esta serie producida en el Estado de Israel, lo primero que pensamos es que los palestinos iban a quedar como chupa de dómine (expresión en desuso que hacía referencia al blusón –chupa– usado por los clérigos de otros tiempo –dómines– que daban clase y eran poco apreciados por sus alumnos). Se indicaba, además, que la serie iba a tratar sobre una unidad hebrea destinada a infiltrarse entre los terroristas palestinos, así que: blanco y en botella. Y luego resultó que no: la serie, no solamente es llevadera, sino que no hay en ella ni héroes invulnerables, ni resulta de un maniqueísmo lacerante. Todo se entiende mucho mejor si tenemos en cuenta que hoy el 30% de los habitantes del Estado de Israel son de origen palestino. 

ISRAEL: EL SUEÑO DE SER UNA POTENCIA CINEMATOGRÁFICA

No hace mucho comentábamos la serie Hostages que calificábamos como un thriller producido en Israel que nos dejó el sabor de la insatisfacción. Faltaba algo para hacer creíble la situación y sobraban episodios. Fauda, es posterior en dos años a Hosteges y realizada prácticamente con los mismos medios. Los errores y deficiencias de la primera serie han sido corregidos y el resultado es un producto cuyo interés va in crescendo para demostrar que el título (fauda, en árabe, quiere decir “caos”) no es gratuito.

Un hombre en casa, la serie que precedió a Los Roper


Hay series que son importantes en sí mismas y que prolongan su éxito después de desaparecidas gracias a spin-off notables. Cheers (1982-1993), por ejemplo, no desapareció al cabo de las once temporadas, logró mantenerse a través de uno de sus personajes, Frasier (1993-2004), durante otro ciclo que, incluso, en algunos aspectos, superó la comicidad del original y, desde luego, lo actualizó. Otro tanto ocurrió con una serie británica precedente emitida por Televisión Española en los momentos más duros de la transición, entre el 11 de abril de 1978 y el 5 de enero de 1979, Un hombre en casa (1973-1976) que tuvo dos secuelas, una de ellas que superaba el original, Los Roper (1976-1979) y otra que no contó con el mismo éxito y se extinguió en apenas una temporada, El nido de Robin (1977). 
UN HOMBRE EN CASA O LA FANTASÍA DEL MENAGE A TROIS
Uno de los factores del éxito de la serie en aquellos momentos (la “revolución sexual” apenas tenía 10 años en EEUU cuando empezó a filmarse esta serie y llegó tardíamente a España, coincidiendo más o menos con su emisión en nuestro país) era el “menage-a-trois”. Todo hacía pensar que, antes o después, los protagonistas de la serie, terminarían haciéndola realidad. Sin embargo, los episodios son castos y esta posibilidad que permanentemente planeaba en la lujuriosa mentalidad del espectador (y que los guionistas cultivaban en cierta medida), nunca terminaba de concretarse, pero siempre había la esperanza de que en el episodio siguiente, “algo” ocurriera. Y nada, que no. Al protagonista, “Robin”, le gustaba la morena (“Crissy”). A fin de cuentas era el personaje juicioso, moderado, enérgico y bienpensante. La rubia (“Jo”), por el contrario, más atractiva, fantasía sexy de muchos adolescentes de la época, era, literalmente, una tonta del bote. Y, para colmo, “Robin” le era completamente indiferente para la morena.

Esta correlación de fuerzas hacía que la serie, poco a poco, nos fuera pareciendo cada vez más a la obra de teatro de Jean-Paul Sarte, A puerta cerrada (en donde, el infierno son los otros), mucho más que al “menage-a-trois” esperado. Se trataba, en cualquier caso, de una comedia de situación diseñada para que el espectador se viera convulsionado semanalmente por treinta minutos de sonrisa permanente alternada con crestas de carcajadas. Cuando aparecían los créditos, los realizadores, guionistas, equipo técnico y actores, podían darse por satisfechos: la serie nunca defraudó al público.

LA JUVENTUD INGLESA DE AQUELLOS AÑOS

Los jóvenes eran así en aquella época: ya por entonces sus salarios alcanzaban difícilmente para pagar un piso, así que empezaban a verse obligados a vivir juntos tras abandonar el domicilio paterno (porque, entonces, raro era el joven que al cumplir 23 años seguía en la casa de sus padres). Especialmente a partir de 1973, cuando estalló la primera crisis económica mundial de la postguerra que ponía broche final a los “treinta años gloriosos” de la economía, los salarios se estancaron y, a partir de ese momento, fueron perdiendo, cada vez más,  poder adquisitivo, el paro aumentó y puede decirse que uno de los factores que contribuyeron al éxito de esta serie fue que respondía bastante bien a la realidad de la juventud británica de la época. 

El mundo insólito de los Hermanos Marx, en las entrañas de la farsa


Unas precisiones sobre este documental cuyo verdadero nombre es The Unknown Marx Brothers que se traduce directamente, como El mundo desconocido (o insólito) de los Hermanos Marx; es el mismo documental que también ha sido difundido en España como Los irreverentes Hermanos Marx. No me pregunten el motivo de las alteraciones en el título, pero, en realidad, ni uno ni otro responden al contenido real de sus dos horas de metraje. De hecho, yo la bajé a través de emule con el título de Los desconocidos Hermanos Marx, pensando que iba a conocer la historia de Gummo y Zeppo, los hermanos desconocidos de Grucho, Harpo y Chico. Y tampoco. En realidad, va sobre lo que hicieron estos tres últimos Marx después de dejar de aparecer juntos en películas. Lo cual es también interesante, especialmente si tenemos en cuenta que esa trayectoria es completamente desconocida en España.

GROUCHO DESPUÉS DE LOS HERMANOS MARX

Los buscadores de datos insólitos y de huellas desconocidas que rodean a personajes conocidos, hubiéramos preferido saber algo sobre los pasos perdidos de Gumo Marx y Zeppo Marx. De Gumo (que, en realidad, se llamaba Milton) se sabe solo que tras unos pasos en el vodevil y un servicio militar en Europa durante la Primera Guerra Mundial, se retiró de los escenarios y fundó con Zeppo, el otro desconocido, una agencia teatral, fue representante de Groucho y el productor de The Life of Riley, un programa de radio en el que el mayor de los Marx era la estrella. Y eso es lo que repiten todas las biografías. Y en cuanto a Zeppo (Herbert Marx), el menos gracioso de los Marx, casi convencional y políticamente correcto, a pesar de que era tan guasón como los otros, se retiró pronto del escenario y se dedicó al diseño industrial de armamentos. Se cuenta que los enganches que amarraron a la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima fueron obra suya. Y, como para cerrar la farsa se suele añadir que fue el último de sus hermanos en morir. Lo hizo, en efecto, en 1979. Su ex mujer se unió a Frank Sinatra. Eso es todo. 

sábado, 3 de diciembre de 2016

Vacaciones en el mar: ya no hay cruceros como los de antes


Quienes a finales de los años 70 y durante los 80 no habían hecho un crucero, creían que se viajaba así por mar. Un crucero lujoso, repleto de glamurosas rubias en las piscinas, con un personal solícito que te ayudaba hasta en los menores detalles y siempre, absolutamente siempre, con final feliz. Mi padre, que en esto de los cruceros tenía experiencia, cuando me casé y nos embarcamos hacia Génova, me lo advirtió: “Reza para tener buena mar”. Debió ser en los años 30 cuando él, siguió la misma ruta: “Vomitó hasta el capitán”. Dos días después de llegar, todavía el monumento a Colón del puerto parecía como si oscilara. A nosotros nos pasó exactamente lo mismo. Y, sin embargo, en Vacaciones en el mar (que, originariamente y en Iberoamérica se llamó “El crucero del amor”) nunca jamás –que recuerde- estalló ninguna tormenta. Hoy ya no se hacen cruceros así. 

TRES HISTORIAS PARA UNA FORMA DE VIAJAR

La serie Vacaciones en el mar fue emitida por TVE en los años en los que no tenía competencia. Los cruceros parecían ser solamente patrimonio de ínfimas minorías. Tampoco la masificación había llegado a los aeropuertos. El escenario de la serie era un lujoso buque dirigido por el “capitán Stubing” (Gavin MacLeod) al mando de una tripulación abnegada preocupada solamente por el bienestar moral, material y espiritual de los pasajeros. La idea había salido de una novela de Jeraldine Saunders, The Love Boats a la que el genial Aaron Spelling dio forma televisiva. Era una forma de generar una fantasía en el espectador. Tres historias, siempre tres líneas argumentales, se desarrollaban paralelamente, sin relación entre sí y terminaban felizmente como en cualquier novela rosa. 

Hitchcock/Truffaut, o el cine como arte y los cineastas como artistas


El cine según Hitchcock de François Truffaut es uno de esos libros de lectura casi obligada para todo cinéfilo que se precie. En España se ha editado en varias versiones pero la de Alianza Editorial en la colección El Libro de Bolsillo (Madrid, 1974) es la más asequible. Trescientas veinte páginas de apretada letra de cuerpo 10, a cambio de veinticinco pesetas de la época. El libro es un juego de preguntas y respuestas a partir de la página 23, ameno pero mucho más fácil de leer y de entender si en lugar de acudir a la edición de bolsillo española hubiéramos recurrido al original ampliamente ilustrado y en gran formato. Las fotos, los fotogramas de películas, los esquemas, eran muy importantes en una obra de este tipo pero fueron escamoteados en aras de la economía. Ha debido de llegar este documental de Kent Jones, cuando se cumple medio siglo de la publicación de aquella obra, para que a este lado de los Pirineos tengamos conciencia de su valor. El documental de Jones es el complemento obligado para aquella obra (que hoy puede leerse gratuitamente en Internet) y algunos de cuyos matices no están presentes en la edición española.

UN ANTES Y UN DESPUÉS DE El cine según Hitchcock

Hasta mediados de los años 60, Hitchcock no era un director particularmente apreciado por los intelectuales. Se tenía a su cine como puro entretenimiento que no aportaba al público nada más que sobresaltos y reacciones primarias. Lo mismo se decía en aquella época del cine de Howard Hawks. Parecía como si aquellas películas que gustaban a un público demasiado amplio hubieran debido de rebajar su calidad para ser aceptadas por los intelectuales.  Pero ahí estaba Truffaut al frente de Les Cahiers du Cinemá, la prestigiosa revista francesa que desde 1951 estaba sistematizando sus críticas, para llamar al orden a la crítica y reconocer los méritos del director inglés. 

Crisis in six scenes, la serie de Woody Allen de 2016


Debió ser hacia la primavera de 2015 cuando Amazon comunicó el proyecto de realizar una miniserie dirigida, escrita y protagonizada por Woody Allen. Era algo inédito porque en la dilatada carrera de Allen y entre su medio centenar de películas (casi una por año) no hay rastro de ninguna producción para la pequeña pantalla. Además, Allen, a poco de conocerse la noticia confesó que sus miedos y neurosis habían aumentado con el desafío inédito. Así pues, existía el riesgo de que la serie constituyera una fenomenal muestra de bisoñez en el medio televisivo y de la incapacidad de Allen para adaptarse al plasma. Y, sin embargo, la serie –que todavía no se ha estrenado en España, pero que los seriéfilos pueden ver en VOSE- es altamente satisfactoria especialmente para –como veremos- determinado tipo de público. Así que tranquilidad: Allen ha salido airoso del trance.

¿EN QUÉ MOMENTO ESTÁ EL CINE DE ALLEN?

Hitchcock estuvo en la cima de su gloria con Vértigo (1959) y Psicosis (1960). Fritz Lang con Los Nibelungos (1924) y Metrópolis (1927). Incluso Ed Wood conoció desde el más allá la cresta de la ola, no con su cine sino con la reconstrucción de su vida realizada en 1995 gracias a la simbiosis de Johnny Deep y Tim Burton. Así pues, en una carrera tan dilatada como la de Woody Allen y que tiene mucho más pasado que futuro, cabe preguntarse en qué momento estamos: si cerca de su zénit o en las laderas de la decadencia. Los premios no son, desde luego, el mejor indicativo, pero si se trata de premios, la mayor acumulación en el cine de Allen tuvo lugar en los años 80. Desde Vicky, Cristina, Barcelona (2008) daba la sensación de que Allen estaba filmando películas alimentarias, buena parte de cuyo coste estaba asumido por ayuntamientos deseosos de promover su imagen. Su último estreno Café Sociey (2016) no aportó ni lustre ni esplendor a su filmografía.

Deception, no es que sea mala, es que es plana…


Seguramente usted no habrá visto Deception. Incluso es probable que ni siquiera haya oído hablar de ella. De hecho, no existen rastros de que la serie haya sido emitida en canal alguno en España. Si la traemos a colación en este blog es precisamente como muestra de hasta qué punto se puede malograr una serie y como ejemplo de que, incluso las grandes cadenas, de televisión con sus rutilantes show-runners, caza-talentos y husmeadores de éxitos, a veces, meten la pata hasta el remo o bien, simplemente, no saben sacar adelante una serie que lo tenía casi todo para “funcionar”. Deception no es una serie de suspenso hacia abajo, sino que, simplemente, lo peor que se le puede achacar es su intrínseca mediocridad y el que haga honor a su nombre: decepcionante.

LAS SERIES AMERICANAS VENCEN SIEMPRE: POR ACUMULACIÓN

Los EEUU no fueron el primer país que emitió programación regular en televisión, pero sí la potencia que más ha apostado por las series. Es posible que en estos momentos, en el territorio de los EEUU se produzcan anualmente un centenar de series nuevas o de temporadas de series ya consagradas. No podemos decir cuántos episodios-piloto se filman y se quedan en el camino después de constatar la decepción de los espectadores o que ni siquiera llegan a proyectarse. Estaríamos hablando de una cifra aproximada a los dos centenares. Resulta inevitable que ante esta acumulación, de tanto en tanto, se celen algunas que se sitúen por encima de la mediocridad general e incluso que, una por temporada (o acaso dos, en épocas de bonanza) alcancen el nivel de la genialidad. 

The Human Experiment, o como ser humano y sentirse cobaya


Usted y yo somos cobayas. Si no me cree, vea este documental. No hay en él nada de exageración, ni siquiera se cargan las tintas. Creo, incluso, que rebaja el tono de dramatismo para evitar generar alarma social. Pero ahí está la única conclusión posible que puede extraerse: usted y yo, repito, somos cobayas utilizadas por determinados consorcios industriales para realizar lucrativos experimentos que terminan afectando a nuestra salud. Y lo que es todavía peor: a la de nuestros hijos. Resumimos el contenido de lo que le recomendamos que vea urgentemente: en nuestro hogar, en la cesta de la compra, en los productos de limpieza y de alimentación se encuentran sustancias tóxicas que generan problemas sanitarios y que son responsables: 1) de determinadas enfermedades, especialmente, cánceres y trastornos endocrinos, 2) del aumento de la mortalidad que debería disminuir a medida en que, teóricamente, mejoran las condiciones sanitarias y de vida. Usted, en torno suyo, tiene 8.000 sustancias químicas de las que nadie se ha preocupado por examinar su peligrosidad.

UN VERDADERO DRAMÓN AMERICANO (Y UN DRAMA EUROPEO)

El documental está centrado en los EEUU, así que todo lo relativo a la legislación y a la protección ante estos productos se refiere a aquel país. Allí gobiernan los consorcios económicos que se rigen por una única constitución: la cuenta de resultados. Es muy complicado que en aquel país se aprueben leyes que afecten a los grandes consorcios. La particular institución del “lobby”, para colmo, hace que estos conglomerados industriales puedan dedicar al año decenas de millones de dólares para impedir cualquier modificación que les pueda afectar. En Europa la situación no es tan dramática. Ni siquiera en el vecino Canadá. 

viernes, 2 de diciembre de 2016

Granjero último modelo, cuando la vida natural no era una moda


Cuentan algunas tradiciones que la primera ciudad la fundó Caín, el primer “malo” de la película bíblica. Desde entonces, siempre ha existido una tendencia, nunca completamente extinguida, que señalaba al campo –el lugar natural de Abel, el “bueno”- como el escenario de una vida natural, más pura, alejada de la contaminación y de las neurosis urbanas, el escenario adecuada para un concepto idílico y bucólico de felicidad. Tal es el punto de vista del protagonista de esta desternillante sit-com protagonizada al alimón por Eddie Albert y Eva Gabor. 

ECOLOGIA ANTES DE LA APARICION DE LA ECOLOGIA

La serie irrumpe paralelamente al movimiento hippy que proponía un retorno a la vida natural y a la pureza de los ambientes campestres. Uno de los que se hacen eco de esta tendencia es “Oliver Wendell Douglas” (Eddie Albert), un abogado neoyorkino de éxito que vivía junto a su esposa, “Lisa” (Eva Gabor) en un lujoso ático de Manhattan. “Wendell” siempre había tenido la fantasía de vivir en una granja. Su esposa se ve arrastrada a la aventura a pesar de ser una sofisticada dama en absoluto interesada en este tipo de aventuras. Por lo demás “Wendell” no tiene absolutamente ninguna experiencia en vida en el campo así que el matrimonio da la sensación de estar fuera de su medio natural: nadie pasa de la frívola vida neoyorkina a una destartalada granja en la América más profunda.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Superagente 86, la réplica desmadrada de 007


Entre 1962 y 1965 se proyectaron las cuatro primeras películas protagonizadas por James Bond, el agente 007, interpretadas por Sean Connery. Después de la sorpresa inicial (Dr. No [1962]) la serie se fue consolidando con las tres siguientes entregas y al llegar a 1965 ya eran muchos los productores que intentaban aprovecharse de la fama adquirida por el personaje de Ian Flemming. Pero, entre todos los productos que intentaban reproducir las habilidades e James Bond, solamente a Mel Brooks se le ocurrió crear un anti-Bond en clave cómica. De ahí salió Get Smart, emitido en España como Superagente 86.

EN LA SENDA DE JAMES BOND

Lo que caracteriza a Bond es el estar inmerso en un mundo glamuroso en el que él detenta la excelencia. No solamente es pulcro en el vestir, sino que no se altera ni un pelo en los habituales combates que sostiene contra los agentes de Spectra o de Smerch, ni siquiera en los revolcones todavía más frecuentes con las protagonistas femeninas. De tanto en tanto suelta alguna ironía, más por su origen británico que por exigencias del guión. Es tremendamente serio y responsable. Y está rodeado de agentes a los que no se les permite error alguno. A partir de este arquetipo era posible ir más allá o situarse en un nivel inferior, muy inferior o ínfimo en relación a Bond. Y en la segunda mitad de los sesenta aparecieron productos para todos los gustos. 

Los últimos Espartanos: el contexto de las Termópilas


En 2007, la película 300, popularizo el nombre de Esparta y la más conocida gesta de sus guerreros, la defensa del paso de las Termópilas que detuvo durante unos días a los persas. Claro está que la película se había hecho en función del cómic de Frank Miller publicado en 1998 y que no dejaba de ser una “fantasía heroica” en la que no quedaban claros, ni los porqués, ni los antes, ni los después, ni siquiera se percibía la totalidad de lo que había ocurrido, ni mucho menos se era capaz de encuadrarla dentro de la historia de Grecia, ni siquiera de su disputa con el imperio persa. Tanto Miller como Zack Snyder, director de la película, se habían limitado a mostrar una serie de bofetadas espectaculares en el cómic y de pretendida grandeza inconmensurable en la película, sin entrar en muchos más detalles. Hacía falta, pues, un documental, que nos ayudara a situar lo narrado en 300 dentro de una perspectiva histórica comprensible que hiciera de nosotros “especialistas” en ese episodio crucial del mundo clásico. De hecho, el documental Los últimos espartanos podría ser subtitulado “cómo dárselas de enterado sobre la batalla de las Termópilas, empleando apenas hora y media”. 

EL CONTEXTO DE LAS TERMÓPILAS

A pesar de lo que sugiere el título del Canal Historia, no todos los productos que se emiten a través suyo tienen que ver con la historia, ni siquiera, todos los que están centrados en esta temática, son aceptables y tienen calidad suficiente como para poder ser considerados como “Historia” con mayúsculas. Incluso los responsables de este canal parecen pensar que la historia “aburre” al espectador y tienen tendencia a intercalar en su programación programas de puro ocio (sobre ovnis, parapsicología, misterios y seudo-historia) entre los cuales, de tanto en tanto, figura algún documental que puede enseñar al espectador algo sobre el título del canal. Éste es uno de ellos.

Westworld, ciencia ficción en un parque temático


En su irrupción en España a finales de noviembre de 2016, la plataforma HBO ha colocado en primera fila en su streaming esta serie (junto a Juego de Tronos) a modo de ariete. Esto ya es significativo de que la plataforma internacional la considera uno de sus productos más “fuertes” y, por tanto, susceptible de romper la hegemonía que hasta ahora tiene Netflix y el imperio descendente de Movistar+. Y se trata, en efecto, de una serie pulcramente realizada que tiene el inconmensurable atractivo de que en ella aparecen (si bien es cierto, que esporádicamente) actores de primera fila: Ed Harris, Anthony Hopkins o la danesa Sidse Babett Knudsen (a la que conocemos por las series extremadamente recomendables 1884 y Borgen).

UN PRECEDENTE DIRECTO (O VARIOS)

En 1973 recordamos haber visto (sí, es una confesión de nuestra edad) una película que nos llamó la atención, sin ser un peliculón. Lo original era su temática y el papel de Yul Brynner, uno de sus protagonistas. Se trataba de Almas de Metal. Además de Brynner participaban en la película otros actores de la época cuya fama procedía de la televisión: James Brolin (Marcus Welby, MD [1969-1976]), Dick Van Paten (Con ocho basta [1977-1981]), Alan Oppenheimer, Richard Benjamin, etc, actores de reparto en innumerables series. En aquella época el tema era extremadamente original, pero a la película le faltaba intensidad y al acercarse al final se convertía en una ensalada de tiros de la que no se salvaba si el chico de los bocatas. Pero el tema era idéntico al de la serie que ahora nos ofrece HBO.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Fleabag, versión macarra del Diario de Bridget Jones


En Fleabag, parafraseando a Marshall Mac Luchan, puede decirse que la serie es el personaje. Todo en esta serie gira en torno a la protagonista que atiende al alias de Fleabag, que quiere decir algo así como pulga aunque también sugiere mala suerte. Dado que fue la propia protagonista, Phoebe Waller-Bridge, la autora del guión, la miniserie puede ser considerada como una comedia de autor, con ribetes de tragedia especialmente en los últimos minutos del último episodio. La serie viene del Reino Unido, con lo que debemos entender que tiene mucho de humor inglés. 

FLEABAG, UNA CHICA ¿POCO USUAL?

Se sabe quién es “Bridget Jones”: una chica que empieza a dejar atrás la juventud y se va adentrando de día en día en la madurez, trata de ser feliz y un buen día decide que tiene que asentar su vida, rebajar su peso y adoptar unas formas de vida que correspondan a su edad y mejore su físico. Ahí empieza su diario y ahí empieza la trama de esta película que catapultó a la Renée Zellweger. La película cuenta sus problemas, ilusiones y decepciones. Esto mismo, o parecido, es lo que ocurre con Fleabag. Solo que en esta ocasión, la protagonista está contenta con ser quien es, vive una vida desenfadada, es desinhibida en la cama y cuando quiere un amante no tarda en encontrarlo… aunque siempre, inevitablemente, termine por decepcionarla o, simplemente, el personaje sea decepcionante. No hay en Fleabag el comedimiento y la necesidad de ser dueña de su propia vida que se percibe en Brigdet Jones. Lo que hay es una vida que sigue un curso al que la protagonista no está dispuesta a renunciar: amores y negocios ruinosos, relaciones tormentosas con su familia, y un futuro que no está nada claro.

No soy tu gurú, documental sobre el gurú Tony Robbins


Reconozco que no había oído hablar de Tony Robbins hasta que he visto este documental. De haberlo visto hace cuarenta años, sin duda, mi vida habría cambiado. Lo que no tengo tan seguro es si el cambio hubiera sido para bien o para mal. A lo largo de los años, Tony Robbins se ha ido haciendo un nombre entre los “oradores motivacionales” y sus cursos sobre autoayuda tienen tanto éxito como sus libros o sus DVDs. Se venden, literalmente, como rosquillas. Alardea de haber tenido como “alumnos” a Nelson Mandela, Mikhail Gorbachev, Bill Clinton Margaret Tatcher, François Mitterand y a la princesa Diana de Gales. Pero lo que se ve en el auditorio en el que tiene lugar el curso-espectáculo Cita con el destino 2014 no parece compuesta por jefes de gobierno ni por personajes relevantes, sino más bien por una mezcla de mujeres maduras recién divorciadas, a punto de hacerlo o que llevan largo tiempo con problemas, agentes comerciales con altibajos en su trayectoria profesional, adolescentes con problemas, gente que ha atravesado dificultades en la vida y que quieren andar con las muletas prestadas por un gurú que dice no serlo, pero que, en realidad, es como un gurú para gentes que están pidiendo urgente ayuda.

LO BUENO QUE TIENEN LAS SECTAS

Robbins no es el fundador de una secta, pero utiliza una parte del arsenal de trucos habitualmente utilizados por las sectas. Existen muchos documentales sobre la cientología y muchos menos sobre la MT (Meditación Trascendental), los pentecostales, y, si se buscan, se encuentran fácilmente sobre cualquier telepredicador de moda. Habitualmente, se considera que toda secta es, por definición, destructiva. No es así. Buena parte de las sectas prestan lo que podríamos llamar un “servicio público”: gente con problemas psicológicos y sociales, encuentran en la secta a gentes como ellos que difícilmente encontrarían en la sociedad. En general, se sienten a gusto en la secta y están dispuestos a darlo todo, incluso sus caudales, por ella. Pero es que ningún tratamiento psicológico sale gratis. La conclusión es que hay gente que está mejor en una secta que en cualquier otro lugar.