Nouvelle Vague de Richard Linklater (2025)
FICHA TÉCNICA
Sinopsis:
Nouvelle Vague es una carta de amor al cine. La película sigue los días previos y durante el rodaje de À bout de souffle (Al final de la escapada, 1960), cuando Jean-Luc Godard —entonces crítico de cine para Cahiers du Cinéma— decide convertirse en cineasta en pleno París de 1959. Con el apoyo y la incredulidad de sus amigos y colegas (Truffaut, Chabrol, Rivette, Rohmer, Schiffman), Godard impulsa una producción improvisada y caótica que acabará revolucionando el lenguaje cinematográfico. La película recrea con detalle y cariño las tensiones, dudas, improvisaciones y la energía creativa que definieron ese momento decisivo de la Nouvelle Vague.
Hablando de la película...
Anécdotas de rodaje y curiosidades
Rodada íntegramente en francés y en blanco y negro
Richard Linklater decidió que este sería su primer proyecto rodado enteramente en francés, y eligió filmar en blanco y negro con formato 4:3, evocando directamente la estética de la época de Breathless y la New Wave original.
Autenticidad histórica y localizaciones reales
Para reforzar la inmersión, varias escenas se rodaron en calles históricas de París relacionadas con el rodaje original de Breathless, incluyendo la ubicación de la icónica escena de muerte de Michel Poiccard.
Escena de prueba para Jean-Paul Belmondo
El papel de Belmondo fue objeto de una audición interesante: Victor Belmondo, nieto del actor real, audicionó para interpretarlo, pero finalmente el papel fue para Aubry Dullin, que tampoco tiene relación familiar con él.
Zoey Deutch y el desafío lingüístico
Zoey Deutch, que interpreta a Jean Seberg, aprendió francés para la película, trabajando no solo la pronunciación sino la cualidad vocal que la actriz real tenía en esa épica.
Homenajes cinematográficos dentro de la narrativa
La película no sólo cuenta la historia de Godard —como muchas reseñas han señalado— sino que sirve como un retrato coral de la comunidad de cineastas y técnicos detrás de Cahiers du Cinéma: apareciendo auxiliares de cámara, editores, supervisores de continuidad y otros personajes que normalmente quedan fuera de la historia oficial del cine.
Linklater como cineasta-cineasta
El director ha explicado en conferencias que después de décadas haciendo cine sintió la necesidad de hacer una película sobre lo que significa hacer cine, regresando a sus raíces cinéfilas más puras e investigando profundamente el contexto histórico de la New Wave.
Me ha llamado la atención que nombran infinidad de directores internacionales de cine y creo que no nombran ningún director de España. Como yo ha debido sorprender a otro espectador. Explicación:
No es que se les haya “olvidado” España: es históricamente coherente con lo que Nouvelle Vague decide contar… y también con lo que decide no contar.
La Nouvelle Vague fue un club muy cerrado (y muy francés)
La película se centra casi exclusivamente en el ecosistema Cahiers du Cinéma + París entre 1957 y 1960. Ahí aparecen: Godard, Truffaut, Chabrol, Rohmer, Rivette, Astruc, Becker, Renoir (como figura tutelar)
Ese mundo era endogámico, intelectual y parisino hasta la caricatura. No era un movimiento internacional, sino una insurrección local con vocación universal.
España, en ese momento, no formaba parte de la conversación.
Contexto político: España estaba “fuera del mapa cultural europeo”
Mientras en Francia se discutía: autoría, existencialismo, cine como ensayo moral,
España vivía: franquismo duro, censura previa, aislamiento cultural, exilio intelectual.
Los cineastas españoles que hoy consideramos fundamentales: Berlanga, Bardem, Saura (todavía incipiente) no circulaban en los círculos parisinos que frecuentaban los Cahiers, o lo hacían de forma marginal.
Para Godard y compañía, el eje era: Francia – Italia – EE. UU. – Japón (no España).
Los Cahiers miraban más a Hawks que a sus vecinos
Esto es clave y muy godardiano:
Los jóvenes turcos de los Cahiers idolatraban a Hollywood: Hawks, Hitchcock, Ford, Nicholas Ray
Antes que mirar a España o Portugal, miraban a Estados Unidos como patria espiritual del cine.
Por eso en la película se nombran: directores americanos, italianos del neorrealismo, algunos alemanes o nórdicos, pero no españoles.
No por desprecio explícito, sino por irrelevancia en su radar mental.
Linklater no corrige la Historia: la reproduce
Aquí hay una decisión muy clara de Richard Linklater (y muy honesta): No reescribe el pasado con sensibilidad contemporánea.
No introduce: diversidad forzada, miradas periféricas, “reequilibrios” históricos.
Acepta que la Nouvelle Vague fue: masculina, parisina, elitista, ciega a buena parte de Europa.
Eso explica también: la escasa presencia femenina creadora, la ausencia de España, la casi inexistente mención a Latinoamérica.
Párrafo crítico central
Nouvelle Vague es una película profundamente enamorada del cine, pero también —y quizá sin pretenderlo— un retrato fiel de los límites ideológicos de aquel amor. Linklater reproduce con precisión el microclima parisino de finales de los cincuenta: un ecosistema cerrado, masculino y endogámico, donde el cine se discutía como filosofía de café, pero siempre desde el centro del mundo. La ausencia de cineastas españoles no es un olvido ni una carencia del film, sino una verdad histórica: para los jóvenes turcos de Cahiers du Cinéma, España simplemente no existía. No porque no hubiera cine, sino porque el canon se construía desde París, mirando a Hollywood antes que a los países vecinos sometidos a dictaduras. La película no corrige esa ceguera; la exhibe. Y en ese gesto, quizá involuntario, revela tanto la grandeza como la estrechez de miras de la Nouvelle Vague.
Comparación con el cine español de la época
Mientras Godard improvisaba planos en los Campos Elíseos, en España se rodaban películas como Muerte de un ciclista (Juan Antonio Bardem, 1955) o Bienvenido, Mister Marshall (Luis García Berlanga, 1953), obras que dialogaban con la realidad social desde la ironía, la metáfora y la crítica soterrada. Pero ese cine, nacido bajo censura y vigilancia, no entraba en el relato heroico de la modernidad cinematográfica europea. La Nouvelle Vague hablaba de libertad formal; el cine español, de supervivencia moral. Quizá por eso no se encontraron. No compartían idioma, ni contexto político, ni el privilegio de poder filmar el hastío existencial sin miedo a consecuencias reales.
La bofetada elegante al canon francés
La Nouvelle Vague quiso reinventar el cine, y lo consiguió. Pero también construyó un canon que confundía universalidad con centralidad parisina. Nouvelle Vague de Linklater, al poblar la pantalla de nombres ilustres y ausencias clamorosas, nos recuerda que toda revolución cultural tiene puntos ciegos. El cine existencialista francés hablaba del individuo libre, pero lo hacía desde un lugar protegido, donde la angustia era filosófica y no política. España, sometida y silenciada, no encajaba en ese relato. No era lo suficientemente cool, ni lo suficientemente visible. La película, al no nombrarla, no la borra: la delata.
¿Qué significa “los jóvenes turcos de Cahiers du Cinéma”?
No tiene nada que ver con Turquía, ni con nacionalidad, ni con etnia. Es una expresión histórica y metafórica, muy usada en el ámbito cultural europeo (y especialmente francés).
Origen de la expresión “Jeunes Turcs” (jóvenes turcos) se usa desde principios del siglo XX para referirse a:
Un grupo de jóvenes rebeldes que desafían a la vieja guardia de una institución.
Proviene del movimiento político de los Jóvenes Turcos del Imperio Otomano, que a finales del XIX y principios del XX se levantaron contra el poder establecido y forzaron reformas. En Europa, el término se despolitiza y se convierte en una metáfora cultural.
En el contexto de Cahiers du Cinéma
Cuando se habla de los “jóvenes turcos” de Cahiers du Cinéma se alude a: Godard, Truffaut, Chabrol, Rivette, Rohmer
Es decir, críticos jóvenes, insolentes y combativos que: atacaron el “cinéma de qualité” francés, despreciaron a los directores académicos, defendieron la política de los autores, escribieron con pasión, arrogancia y voluntad de demolición.
No eran todavía cineastas consagrados: eran críticos con hambre de revolución.
Por qué la expresión es especialmente adecuada aquí
Llamarlos “jóvenes turcos” implica varias cosas a la vez:
Rebeldía generacional: Se enfrentan a padres simbólicos (Autant-Lara, Delannoy, Clair).
Violencia crítica: Sus textos eran provocadores, injustos a veces, y deliberadamente incendiarios.
Conciencia de grupo: No actuaban como individuos aislados, sino como una pequeña secta intelectual.
Ceguera selectiva: Como muchos movimientos revolucionarios, eran lúcidos en lo que atacaban… y ciegos en lo que dejaban fuera.
La Nouvelle Vague tiene mucho que ver con París, con la posguerra y con una generación que heredó un mundo reconstruido… pero no necesariamente habitable.
Vamos por partes, porque aquí hay mucha materia crítica buena.
La Nouvelle Vague: hijos de la posguerra, no de la guerra
Los cineastas de la Nouvelle Vague no vivieron la II Guerra Mundial como adultos, sino como niños o adolescentes. Eso marca profundamente su mirada. No filmaron la guerra. No filmaron la reconstrucción material. Filmaban el vacío posterior.
En lugar del trauma directo, aparece: el hastío, la errancia, la falta de rumbo, el individuo sin causa.
El cine deja de preguntarse qué ha pasado y empieza a preguntarse para qué vivir.
París: una ciudad perfecta para el desencanto elegante
París en los años 50–60 es clave: Capital cultural intacta (no devastada como Berlín). Cafés, universidades, cineclubs. Seguridad económica relativa. Una burguesía intelectual cómoda. Es el escenario ideal para una angustia sin urgencia.
La Nouvelle Vague convierte París en: un decorado del deambular, una ciudad para caminar sin destino, un espacio donde la crisis es interior, no material.
El malestar se estetiza. La desesperación se vuelve fotogénica.
Del compromiso al narcisismo (uno de los grandes riesgos)
Comparado con el neorrealismo italiano: Rossellini, De Sica → comunidad, pobreza, ética. Godard, Truffaut → individuo, gesto, ruptura, yo.
La Nouvelle Vague desplazó el foco: del nosotros al yo, de la sociedad al autor, del contenido al estilo.
Esto trajo libertad… pero también una deriva narcisista.
Consecuencia: El cine empieza a hablar más de sí mismo que del mundo.
El mito del genio y la exclusión
Otro efecto problemático: Se consagra la figura del autor-genio. Se construye un canon excluyente. Se invisibilizan: mujeres creadoras, cines periféricos, narrativas populares.
El cine se vuelve: más brillante, pero menos accesible. Amar el cine empieza a exigir haber leído el manual.
La herencia emocional: una juventud sin horizonte
Aquí está el punto generacional más delicado. Los personajes de la Nouvelle Vague: caminan mucho, hablan mucho, aman poco, creen en nada.
No luchan contra algo concreto. No construyen nada. No imaginan futuro. Es un cine del presente perpetuo, del instante, del gesto.
Ese vacío existencial, tan influyente y seductor, normalizó una idea peligrosa: que no creer en nada es una forma de lucidez.
¿Tiene esto consecuencias posteriores?
Sí, y muy claras: Cine ensimismado. Autores que filman su propio reflejo. Espectadores formados para admirar la forma antes que el sentido. Una cinefilia que confunde complejidad con profundidad. La Nouvelle Vague liberó el cine… pero también lo encerró en su propio espejo durante décadas. La Nouvelle Vague fue necesaria. Pero no fue inocente.
“Nouvelle Vague es cine hablando de cine… cuando el cine todavía creía que podía cambiarlo todo.”
Recomendar este magnífico documental visto en el BCN FILM FEST 2017. Las películas de mi vida por Bertrand Tavernier
https://agoradeideas.blogspot.com/2017/04/bcn-film-fest-las-peliculas-de-mi-vida.html
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