Vivimos en la era de la informática. Lo preocupante de este momento es que fue diseñado por neuróticos, inadaptados sociales e inmaduros emocionales al estilo de Steve Jobs o Bill Gates (algo que se percibe sin dificultad en biopics como Pirates of Silicon Valley (1999). Desde entonces la cosa no ha variado y en las tendencias más avanzadas de la informática (las impresoras en 3D) siguen existiendo tipos que responden a las mismas características (véase el documental Print The Legent [2014] presente en el streaming de Netflix). Claro que si la realidad es descorazonadora, ahí está Hollywood para embellecerla.
Desde que David Cronemberg, filmó Videódromo (1983) en los albores de la era de la informática (dos años antes IBM había lanzado su primer Personal Computer), al cine siempre le han preocupado las interferencias entre nuevas tecnologías, manipulación de masas y visiones distópicas del futuro. Matrix (1999–2003) en sus tres entregas, con tintes progresivamente mesiánicos, nos situó ante el problema de nuestro tiempo: ¿Qué es la realidad? ¿Vivimos una realidad tangible o es el producto de un programa y lo que tenemos por realidad no es más que una ficción que encubre que somos seres esclavizados y con el cerebro manipulado? Y, acaso la más importante de todas ¿existe posibilidades de redención para lo humano? Mr. Robot circula en esta dirección, pero lo hace por senderos más realistas y menos trillados.
