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jueves, 30 de agosto de 2018

La Novia del Desierto - The Desert Bride... de Cecilia Atán y Valeria Privato



“Lo que sucede en Las Vegas, se queda en Las Vegas”, dice uno de los pocos dichos populares norteamericanos. Por lo mismo puede decirse que “Lo que sucede en el Desierto de San Juan (Buenos Aires) se queda en el Desierto”. Tal es la sensación que iba apoderando de nosotros mientras se desgranaban los 77 minutos de esta ópera primera de dos directoras del Cono Sur: Cecilia Atán y Valeria Privato. Vale la pena decir, en principio, que se trata de una road movie clásica. No por ser clásica es menos agradecida de ver. Bienvenido, pues, a La Novia del Desierto.

Es una historia simple en la que el Desvío y el Azar juegan con los protagonistas. Las dos directoras, que al mismo tiempo, han sido las guionistas, nos cuentan la historia de Teresa, una mujer madura que ha trabajado durante muchos años como sirvienta para una familia bonaerense. Sin embargo, sus patrones deciden vender la vivienda y emprender una nueva vida que repercute también en su sirvienta: lo que hasta ese momento había sido para ella un refugio de seguridad hecho a base de obligaciones y rutinas, con la contrapartida de tener el sustento y las necesidades mínimas aseguradas, a partir de aquí se convierte en una situación de dudas e incertidumbres. 

En el curso del viaje hacia su nuevo destino, pierde sus pertenencias en el interior de la furgoneta de un buhonero. Va a parar al santuario de Deolinda Correa (mujer que cruzó el desierto en busca de su marido con un bebé en los brazos y murió de sed, pero el niño logró sobrevivir alimentado por el pecho de la madre muerta) en el desierto de la provincia de Buenos Aires y, aunque no tiene mucha fe en ningún Dios, respeta y le impresiona la fe de otros. 

Acompañada por “el Gringo”, un atrabiliario y carismático personaje, charlatán y excesivo, atravesará se viaje iniciático para recuperar su bolso con sus pertenencias. “El Gringo” es un hombre que sabe esperarla. Teresa, que pierde el bolso pero irónicamente lleva a cuestas su incomodidad de relacionarse con la vida. Ambos son el día y la noche: circunspección frente a extroversión, elementos que realzan el carácter de la road movie. Las relaciones entre ambos derivan desde la desconfianza inicial hasta la amistad final. 

La película tiene a dos codirectoras noveles y a dos protagonistas que ejercen como columnas sobre las que se sostiene todo el relato. Cabe decir de las dos directoras han recibido varios premios por esta producción y previamente habían filmado algunos documentales y premios de guionización, así que no eran completamente desconocidas en el mundo del cine iberoamericano. En cuanto a los protagonistas cabe elogiar el trabajo tanto de Paulina García como el de Claudio Rissi, chilena y argentino respectivamente, muy conocidos en el Cono Sur y ampliamente premiados. Ambos componen sendos personajes que combinan perfectamente, ella por sus silencios y gestualidad corporal, y él por las frases provocadoras y excesivas.

Algunos recursos de la fotografía son interesantes de comentar y no pasan desapercibidos para el espectador. El desenfoque de las personas a las que Teresa no presta atención nos ha parecido muy interesante. Nos dice que si Teresa no ve a los demás es que su vida está agotada. La banda sonora también merece destacarse. El ruido de los paisajes áridos, protagoniza en el espectador la sensación de estar ahí. Vanamente buscaríamos algún exceso en la película. El paisaje lo aporta todo. El espectador no va a sufrir un coma diabético de melodrama y sentimentalismo. La película, en este sentido, no es demasiado provocadora, sino más bien tranquila.

Al final se llega a la conclusión de que lo que hemos visto es entretenido, interesante y breve pero conciso. Es una buena película, en definitiva, que anima a observar las trayectorias posteriores de sus dos artífices. Ahora bien, hay que poner las cosas en su justa medida. Una cosa es reconocer las cualidades de esta película, sus valores y su interés, lo magistral de las interpretaciones y lo sobrio del guión, y otro muy diferente exaltarla hasta más allá de lo razonable como “uno de los grandes películas románticas de 2018”. Cabría más bien decir que la verdad es que no lo vemos como tal. Creemos que son dos personas que realizan un viaje con lo que cabe en sus mochilas. Es lo que han conseguido aquilatar en la vida y se reduce a lo útil y a lo inútil. Son dos personas que su carácter ha obligado a elegir su modo de vivir el día a día en círculos de confort muy distintos.

Presentada en la Sección Oficial del Festival de Cannes de 2017, la película resultó premiada. Así mismo se llevó el premio a la mejor película en el Festival de la Habana y en los Premios Sur fue nominada al mejor guión adaptado, a la mejor música y a la mejor ópera prima. 

Película interesante por determinados conceptos y que resulta un buen primer paso para las dos directoras. Película que gustará a un público muy diversificado con predisposición hacia el cine introspectivo y sereno. Obviamente si su perfil es de espectador con predisposición hacia las películas de acción, efectos especiales y bofetadas, esta no es, desde luego, su película. Pero, en cambio, si quiere aprender algo sobre la vida, los problemas, las historias mínimas bien contadas y los paisajes austeros, ésta es su película.

martes, 24 de abril de 2018

BCN FILM FEST 2018. El Fútbol ó yo... de Marcos Carnevale



El título que adorna a esta película argentina hace que solamente tiendan a acercarse a ella todos los que, de alguna manera, son aficionados, sino fanáticos, del fútbol, pero repele a los que nos trae literalmente al fresco. De hecho, no era esa película la que está crítica tenía intención de ver en el Film Festival de Barcelona, sino Barefoot, pero un providencial retraso en su emisión me indujo a ver la cinta argentina, por su origen mucho más que por su temática.

El caso que presenta la película no es raro. Lo conocemos todos: un aficionado al fúbtol, más que aficionado fanático, insoportable, que está perdiendo cada vez más el sentido de la realidad y arruinando sus relaciones familiares y sociales. No es un caso único, todos hemos vivido una situación parecida en nuestra propia piel o cerca nuestro. Para algunos, como para el protagonista de esta película, el fútbol es algo parecido a una secta destructiva, que le lleva incluso a ser despedido (había visto muchos partidos de fútbol en el puesto de trabajo). De una vez por todas, la sufrida esposa, se cuadra y le da un ultimátum: o el fútbol o ella. Explicar lo que ocurre a continuación supondría desvelar lo que el espectador tiene que descubrir por sí mismo. En realidad, lo que vemos es a un hombre tiranizado por una afición y que desearía, o bien que su esposa lo compartiera o bien que se dedicara con la misma intensidad a cualquier otra afición.

La película se hace entretenida pero está muy lejos de apurar el tema. Hubiera hecho falta pulir un poco más el guión. Ciertamente, se trata de situaciones que son muy fáciles de interpretar y asumir y el trabajo ha sido fácil para los actores. Julieta Díaz realiza una espléndida actuación y dicción que es de agradecer. Lo mismo puede decirse de Alfredo Casero y de Peto Menahem. En cuando al protagonista, Adrián Suar, falta algo de expresividad en sus labios y, quizás por eso, cuesta entender su dicción y harían falta unos subtítulos.

Es una película llevadera y entretenida, con buenas dosis de comicidad, pero que se queda a medias. No es, desde luego, de las mejores comedias de su director Marcos Carnevale; como máximo, puede decirse que es ligeramente superior a su anterior comedia, Inseparables  (2016), pero bastante inferior a Viudas (2011).

Película de trámite, en cualquier caso, apta especialmente para familias y grupos sociales en los que alguno de sus miembros sea un adicto y fanático futbolero. Que, en España, por cierto, son legión.

jueves, 27 de octubre de 2016

El Ciudadano Ilustre



El milenio empezó bien para el cine argentino en los últimos diez años. Desde que se proyectó Nueve Reinas (2000) aquella cinematografía ha ido subiendo el tono y elaborando productos cada vez de mayor calidad. Incluso en televisión, las series argentinas han alcanzado el nivel de excelencia con Cromo. A partir de ahora ya no basta con que nos satisfaga cine en castellano con otro acento: debemos ser conscientes de que la creatividad de aquellas latitudes figura entre las más dinámica del mundo. De ahí que no haya constituido una feliz sorpresa, sino algo esperado, la película El ciudadano ilustre que revalida la calidad de los productos allí facturados.