Uno no está habituado a ver a Diane Keaton interpretando el papel de una monja. Pero mucho menos a ver a esa misma monja con una camiseta que dice “Soy virgen… pero esta camiseta es de hace muchos años”. Tampoco está habituado a ver a un Papa de la Iglesia Católica guiñar el ojo o simplemente fumar. A decir verdad, ni siquiera está habituado a ver a un Papa haciendo milagros. Y, sin embargo, todo esto es lo que, a primera vista más llama la atención de esta serie de bandera italiana pero fruto de una coproducción ítalo-franco-hispano-norteamericana, incluida en la parrilla de HBO nada más desembarcar en España.
PRECIOSISMO, BARROQUISMO Y ESPIRITUALIDAD
Es una serie para degustar con calma. No es apresurada. No es fácil de llegar al fondo de su mensaje y es posible, incluso, que este mensaje no guste a muchos. Y, en particular, que no guste a todos los católicos. Ahora bien, cada escena, cada toma, la ambientación, los encuadres, las localizaciones, son pequeñas obras de arte. No es, sin duda, por casualidad, que en la presentación de la serie, el supuesto Papa Pío XIII, desfile ante una galería de obras de la pintura clásica, precedido por una estrella y con los créditos encendiéndose como neones.

