viernes, 11 de noviembre de 2016

El Editor de Libros


Vimos en la encantadora película Shakeapeare in Love (1998) que en el mundo del teatro del siglo XVI el personaje menos importante era el autor. Volvimos a ver en la serie Silencio, estrenamos (1974) del genial Adolfo Marsillach que cuatro siglo después, las cosas no habían cambiado. En el mundo editorial, las cosas no son diferentes. Se obsequia al autor con unas royalties de entre el 8 y el 12% y, salvo que sea un premio Nobel como el protagonista de El ciudadano ilustre, el resto bastante tiene con que la editorial no les escatime derechos de autor. Muchos editores están convencidos de que el autor bastante satisfacción tiene con ver editado su libro. Es frecuente, incluso, que el editor –a esta parte de la galaxia- ni siquiera lea lo que publica, que le guía solamente el que el título “venda” o no, a despecho del contenido y, cada vez más frecuente, el editor que explota el afán de los autores por ver publicada su obra, y, en lugar de pagar porcentaje por ventas, les exige un desembolso inicial por publicar su obra. Y es que, escribir es sufrir, ayer y hoy. Claro está que hay editores más dignos que se toman en serio su trabajo. No pertenecen a estas latitudes, pero existen. Esta película de Michael Grandage, El editor de libros, trata sobre un editor y su autor.




El editor es Maxwell Perkins, personaje realmente existente, descubridor de autores como Ernest Hemingway, Scott Fitzgegald y Thomas Wolfe, es quizás el editor modélico que todo autor desearía haber conocido. Era un hombre cuyas raíces se hundían en el siglo XX. Había nacido en 1884 en Nueva York. Estudió literatura y trabajó para el The New York Times y en 1910 empezó a trabajar en el mundo editorial. Era una empresa vieja propiedad de Charles Scribner Sons, consolidada y conformista que aborrecía los autores nuevos. La llegada de Max Perkins supuso un revulsivo. En 1919 realizó su primer gran descubrimiento: Scott Fitzgerald. Éste le presentó al jovencito Hemingway en 1925. Cuando éste publicó en 1929, Adiós a las armas, la imagen de Perkins como descubridor indiscutible de talentos ya estaba suficientemente reconocida. Quedaba descubrir a Tom Wolfe. Y este es el tema central de la película.

Después de ver esta película, muchos espectadores sentirán la necesidad imperiosa de leer las obras de Tom Wolfe. Solamente por este motivo valdría la pena ver la película. Podemos considerar la inversión en desplazamiento, entrada y palomitas, como una inversión cultural. Aprenderemos cómo deberían ser los editores, cómo fueron en otro tiempo y en otras latitudes y cómo hacen falta aquí y ahora. En la película, el editor Perkins no es solamente el individuo calculador que valora si vale la pena o no realizar la inversión y si el libro se venderá bien o, aun vendiéndose, no pasará a la historia de la literatura. Es algo más: incluso un maestro de escritura y de vida. En una de las escenas cumbre de la película, Perkins, el editor le dice al todavía joven Wolfe: “Que Dios ayude a quien sea que te ame, Tom. Porque a pesar de tus millones de palabras hermosas, no tienes la menor idea de lo que significa estar vivo”. El autor y Wolfe más que cualquier novato, suele ser un tipo orgulloso de su obra, que cree que es insuperable e intocable y que se toma mal las correcciones y mutilaciones de su manuscrito. Perkins tiene tendencia a hacerlo: ama la literatura y quiere publicar especialmente libros con altura literaria. Wolfe se enfurece cuando ve las alteraciones que le sugiere el editor, pero… a cambio pudo hacerse un nombre en la literatura norteamericana del siglo XX.


Los papeles protagonistas han sido ocupados por Colin Firth (“editor Maxwell Perkins”) y por Jude Law (“autor Thomas Wolfe”). El tercer personaje central está asumido por Nicole Kidman (“Aline Bernstein, esposa de Tom Wolfe”). La pareja Scott y Zelda Fitzgerald están interpretados por Guy Pearse y Vanessa Kirby. Y, finalmente, Dominic West da la talla en el papel de Ernest Hemingway. Quizás Law sobreinterpreta en algunas escenas, pero es que Wolfe era todo un personaje dado a excesos tanto en euforias como en depresiones. Todos los actores están a la altura de sus papeles y la película será recordada, especialmente, por la calidad de su interpretación. 

El mensaje que quiere transmitir la película queda claro: el editor es como un padre para Wolfe, su personalidad tiene una capacidad de atracción y de fascinación sobre el autor, tal que su propia esposa experimenta una sensación creciente de alejamiento: hasta conocer a Perkins, Aline Berstein, mujer acomodada, tenía a Wolfe como una especie de amantísima mascota de su propiedad. Cuando éste empieza a destacar en el mundo de la literatura y en el proceso de creación de su gran novela Del tiempo y el río bajo la influencia de Perkins, Aline experimenta esa sensación creciente de alejamiento y de pérdida de una posesión. Por su parte, el editor se muestra paternal (como los padres de mediados del siglo XX, entre amigos y sargentos mayores) con el escritor. A fin de cuentas, él solamente tiene hijas y siente que Wolfe podría ser ese hijo que le falta. 

El guión de la película fue elaborado a partir de la biografía escrita por Scott Berg, Max Perkins: Editor of Genius. De ahí que la película, en EEUU, se haya proyectado con el título de Genius. El director ha hecho un buen trabajo contando con un material muy depurado y unos actores prestigiosos. Michael Grandage, nacido en Inglaterra, es poco conoció en España, sin embargo, tiene un amplio historial como director y productor teatral; ésta es su primera película. Buena parte de su carrera ha discurrido en el mundo del teatro, de ahí que tenga particular predilección por películas que tienen que ver algo con el mundo de la literatura y del teatro. No en vano trabajó durante doce años para la Royal Shakespeare Company. 


Cabe decir que cuando en una película se une un reparto potente al servicio de un guión bien elaborado y con un director de fotografía que dé los encuadres adecuados, el resultado no puede ser sino una película de notable hacia arriba. La película tiene el sello de elegancia de las mejores producciones británicas. 


No es una película “apta para todos los públicos”. Obviamente los menores de edad podrían verla sin escandalizarse, pero, en realidad, está película está hecha para un determinado tipo de público: para seguirla, para que emocione al espectador, para que le transmita algo, éste debe poner algo de su parte. Como mínimo debe sentir cierto interés por la literatura o, cuanto menos, un interés por la cultura. Si aspira solamente a entretenerse, si considera que leer un libro es algo que no va con él, si no le interesa el mundo de la literatura de anteayer (que todavía sigue influenciando en el presente), esta película está contraindicada. Le aburrirá soberanamente y la cartelera le ofrecerá thrillers trepidantes, películas-petardo de universidades norteamericanas, astracanadas locales y demás. Para apreciar esta película, degustarla y recordarla, hace falta tener un interés por la Cultura con mayúscula. Usted sabe mejor que yo lo que le puede interesar y con qué tipo de público se identifica. Así que ya sabe.


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