Las series de satanismo, vampiros, terror gótico (o supuesto tal), zombies, son tan habituales que frecuentemente pierden perfil y uno termina por no saber a qué tipo de monstruos pertenecen los “malos”. Tal es lo que ocurre en esta serie recién estrenada por Netflix y por SyFy, en la que no estamos seguros de si los vampiros que dominan las calles, lo son en realidad, o tienen en su ADN algo de zombies. Confusiones de este tipo son imperdonables porque una cosa es ser un no-muerto y otras un muerto deambulante. Se dirá que somos preciosistas a la hora de establecer contornos, pero es que, series como está resultan imperdonables para los que llevamos años nutriéndonos con los clásicos del terror.
UN VAN HELSING QUE NO ES EL VAN HELSING DE TODA LA VIDA
Se sabe de dónde nace el personaje: es el perseguidor de vampiros, de origen holandés, más viejo que un pecado, médico, filósofo y erudito del ocultismo. No está claro donde enseña su ciencia, pero Bram Stoker lo hace acudir inmediatamente cuando su alumno, John Seward, no sabe cómo tratar la enfermedad que consume a su adorada Lucy Westenra. Y Abraham Van Helsing, diagnostica inmediatamente: “un no-muerto le roba la vida”. Tal es el personaje que aparece en el Drácula de Stoker y que reaparece, antes o después, como adversario del vampiro en todas las películas sobre el tema. Ciertamente, en los últimos años su nombre ha atraído la atención de guionistas poco imaginativos y menos escrupulosos. En 2004, Stephen Sommers lanzó su Van Helsing insufrible película protagonizada por Hugh Jackman.
