miércoles, 5 de abril de 2017

Lo tuyo y tú... Yourself and Yours


Por Sofía Milà y Amor DiBó

Película coreana, es decir, de una industria filmográfica poco conocida en España y procedente de un país del que apenas se sabe que su vecino del norte está dirigido por un personaje que al que los EEUU atribuyen todas las maldades y del que, quienes peinan canas, recordarán que allá hubo una guerra. Eso es todo. Ver una película procedente de un horizonte geográfico desconocido supone situarnos ante el riesgo de un “choque cultural” que nos genere aburrimiento y bostezos hasta el umbral del descoyuntamiento de las mandíbulas. Pues bien bien, no. Esta película es comprensible para occidentales, dirigida según códigos de comunicación al uso en cinematografías más próximas e incluso bien dirigida a pesar de que su responsable, Hong Sang-Soo se autodefina como vago. 

Obviamente es una exageración porque Hong Sang-Soo lleva filmadas una treintena de películas desde que se estrenó el milenio. Su promedio viene a ser de casi una película y media por año. Pero, ciertamente, en su técnica de filmar, en algunos momentos se nota que es un adepto a la ley del mínimo esfuerzo: se limita a colocar la cámara en un plano fijo y a esperar que los actores desgranen su parte del guión.... Su técnica parece como si, llevara a su lado a un becario encargado de darle al “rec” y filmar todas las conversaciones entre las parejas protagonistas, los amigos, el camarero y el cliente que vamos viendo en Lo tuyo y tu



Para entender esta película hay que tener en cuenta la situación actual de la sociedad sudcoreana. Se dice que hay hambrunas en Corea del Norte y que todo el presupuesto nacional se dilapida en ingenios nucleares y vectores balísticos. Pero, los problemas de Corea del sur son muy diferentes y el alcoholismo es, sin duda, la peor plaga que padece aquella sociedad. No es que se atiborren de whisky o ron, es que el consumo de su propio fermentado alcohólico, el soju, ha rebasado los límites de lo tolerable. Desde siempre, el soju ha sido en su tradición un acto social. Mientras el país se mantenía, más o menos, fiel a su tradición, el consumo de soju no era un problema, pero, en los últimos años, está sucediendo un cambio social que estimula la soledad, el corte de los nexos ancestrales existentes entre las personas, con la consiguiente pérdida de cohesión vincular en el interior de la sociedad. Desde que este fenómeno empezó a ser evidente, el número de alcohólicos se fue incrementando. 

Las personas prefieren beber solas. Solas porque viven solas o solas como nuestra protagonista, que llega a un acuerdo con su pareja: ésta tolerará su adicción, a cambio de comprometerse a beber un número determinado de vasos de soyu. Aquí puede sorprender este planteamiento, pero no en Corea del Sur, considerado –dato a tener en cuenta- como el país con más densidad de alcohólicos de todo el mundo.

El elemento más desgarrador para la mentalidad coreana es que no es un varón el que pierde la noción de sí mismo con la borrachera cotidiana, sino una mujer. Son los amigos del varón los que le alertan de que su mujer se está dejando ver por locales públicos ¡bebiendo! Y, para colmo, acompañada de hombres. El machismo de aquella sociedad no concibe este tipo de comportamientos. 

La película está considerada como “dramática” y, efectivamente, el alcoholismo, es una plaga social, pero el director no evita –sino que cultiva- el sentido del humor en muchos momentos, a pesar de la seriedad de la trama y de la fijeza de los planos. 

Hay algo de moralina en la cinta: nos habla de la falta de confianza en uno mismo y en el otro en el seno de una pareja sometida a las habladurías de la gente. Los amigos que rodean al protagonista, ejercen sobre él una influencia negativa propalando rumores, maledicencias (¿son maledicencias?) y ejerciendo un papel vigilante casi policial. Todos quieren arreglar y programar la vida de la pareja, contribuyendo a que el varón vaya de sorpresa en sorpresa y la mujer nunca reconozca sus culpas (¿son reales o supuestas?).

El alcohol es, seguramente, junto a la marihuana, la forma más directa y barata de huir de la realidad. En efecto, una y otra, cubren el nihilismo de muchos en este tiempo caracterizado por la falta de perspectivas y lo aparentemente inamovible de las situaciones. En esto no hay mucha diferencia entre Corea del Sur o cualquiera de las diecisiete autonomías de por aquí. Para la protagonista, el beber y el seducir son dos formas de supervivencia y de fuga de la realidad. Por eso, las situaciones que vive en estado de embriaguez dejan de existir para ella y una vez superadas son como el protagonista de Atrapado en el tiempo (1993), Bill Murray, para el que cada mañana, al despertarse, sabía que iba a vivir un nuevo “día de la marmota”. Ninguno de los ejercicios de seducción que ha realizado con desconocidos tiene importancia para la protagonista porque todos se sitúan entre las brumas del alcohol. Solamente llorará cuando experimente que es imposible huir de la realidad.


Obviamente no podemos desvelar el final, pero si estamos obligados a añadir que el director juega con el espectador en los último segundos, casi la misma técnica que la protagonista juega con los hombres.
Publicar un comentario