martes, 27 de diciembre de 2016

Operación Luna, el falso documental más llamativo del milenio


Hemos oído tantas veces eso de que el aterrizaje en la Luna fue un montaje que cuando aparece un documental que une este tema al de Stanley Kubrick, que estamos dispuestos a prestarlo atención.  Además, la solvencia de Documanía, el canal de Televisión Española es proverbial, así que casi era una obligación verlo. En los 50 minutos que sigue, inicialmente, el espectador queda fascinado por la coherencia de lo que está oyendo. Por fin se despeja la misteriosa calidad de las imágenes del primer paseo lunar. Además, el documental cuenta con testimonios de primeros protagonistas de la época. Así que hay que asumir su contenido sin reservas mentales. Y, sin embargo, todo era un “fake”: un falso documental. Moraleja: no pongas la mano en el fuego, por nada, ni por nadie.

“FAKE”, O LA OBRA MAESTRA DE ORSON WELLES

En 1973, Orson Welles lanzó una de esas películas que le interesaban a él y que las productoras no veían con posibilidades de éxito. El sino de Welles durante décadas consistió en hacer dinero con el cine que no le interesaba para gastárselo en sus proyectos personales. Éste fue el último que acarició: F for Fake (lo que venía a ser “Con F de fraude”, estrenado en Francia como Vérités et mensonges” y en España resumido simplemente como Fraude). 



Aparentemente se trataba de dos largas entrevistas realizadas a Elmyr de Hory (un falsificador de obras de artes) y al matrimonio Irving que acababan de falsificar las memorias de Howard Hughes). 

El propio Welles, no se olvide, en el arranque de su carrera consiguió generar pánico con una falsa invasión extraterrestre. La película es una reflexión sobre lo que es verdad y lo que es mentira y cómo la frontera es particularmente débil. Elmyr había demostrado que los mejores expertos en arte podían equivocarse (o se les podía engañar) y los Inving se las ingeniaron para hacer pasar como auténticas las memorias del multimillonario excéntrico. 

A partir de este documental (en el que, mediante el montaje, se insinúa que Elmyr de Hory, los Inving y Welles habían estado juntos en Ibiza, cuando no era cierto), se inició un género nuevo: el “fake”, el falso documental (que otros prefieren llamar “mockumentaries). El género llegó a TVE con una serie de 13 capítulos presentada por Felipe Mellizo y titulada Páginas Ocultas de la Historia (1999), injustamente olvidada. Gracias a Mellizo pudimos enterarnos que García Lorca no murió fusilado en el barranco de Viznar en 1936, sino que sobrevivió, muriendo veinte años más tarde, o que Lope de Vega tenía un “negro” que escribía sus obras y Goya pintó, no dos sino tres majas, la anorexia era un error de laboratorio y no una enfermedad psicológica, hubo películas habladas antes de 1926 y la inexistente Tu siempre serás mi estrella fue anterior a El cantor de jazz. Mellizo, como Welles, se las ingeniaban para que las informaciones dadas, por inverosímiles que parecieran, fueran creídas por el público. Lo mismo ocurre con Operación Luna que sigue idéntico recorrido.

REINTERPRETANDO UNA LEYENDA URBANA

Es difícil saber de dónde procedió la leyenda de que los astronautas del Apolo XI jamás pisaron la Luna, pero lo cierto es que se ha repetido insistentemente, en especial en medios conspiranoicos. Siempre, el argumento mayor de tal disparate era la perfección de las fotos que llegaron hasta nosotros. El documental de Karel no niega el hecho incontrovertible de la llegada de los astronautas al satélite, se limita a decir que lo falso eran las fotos y el vídeo y da una explicación de cómo se obtuvieron. La explicación es todavía más increíble que la tesis conspiranoica y, paradójicamente, puede ser aceptada por gentes razonables a la vista de los testimonios aportados: Henri Kissinger, los ex jefes de la CIA Vernon Walters y Richard Helms, el astronauta Buzz Aldrin y su esposa, Dunald Rumsfeld antiguo secretario de defensa de Nixon, el general Alexander Haig… Resulta imposible dudar de todos estos testimonios.


La tesis del documental es que el gobierno de los EEUU dio a la carrera hacia la Luna el carácter de espectáculo, para ello era preciso contar con buenas fotos del alunizaje, pero era imposible obtenerlas a causa de las temperaturas lunares y las emulsiones de la época. Así pues, el gobierno de los EEUU y la NASA recurrieron a Kubrick que en aquellos momentos estaba rodando 2001, una Odisea espacial, para que les ayudara a filmar el falso documental en los mismos escenarios que había creado para la película y que reproducían el paisaje lunar (el cráter Clavius en donde aparece el famoso monolito). 

Kubrick accede y, años después, cuando precisaba una cámara especial para filmar con luz de las velas escenas de Barry Lyndon, pidió a la NASA una cámara con óptica Zeiss que, prácticamente, permitía filmar sin luz. De todas formas, dado que quienes participaron en la filmación del falso documental lunar podían confesar en algún momento la superchería, el presidente Nixon ordenó que fueran asesinados. El propio Kuprick optó por abandonar los EEUU, encerrarse en su propiedad en las afueras de Londres y escribir un memorial con todas las informaciones. Los testimonios de algunos familiares de Kubrick (entre ellos, su esposa y su cuñado Jan Harlan que fue productor de Barry Lyndon) contribuyen a reforzar la credibilidad del conjunto. 

Y, SIN EMBARGO TODO ERA ABSOLUTAMENTE FALSO

Casi nada de lo que se dice en el documental es cierto: pero, sin embargo, solamente en su cuarto de hora final el público atento puede intuir que está asistiendo a la proyección de un fraude fenomenal. La credibilidad viene por el montaje: los personajes notables que aparecen en la filmación expresan frases que, en realidad, no tienen nada que ver con el tema, pero que al descontextualizarlas de la entrevista original y recontextualizarlas en este “fake” adquieren un nuevo significado. En cuanto a los personajes desconocidos a los que se entrevista (la esposa de Aldryn, un grupo de vietnamitas, un rabino, el ex espía soviético, etc., se limitan a interpretar un papel. La voz en off y los datos que menciona, a veces ciertos y en otras, falsos, contribuyen a aumentar la sensación de verismo indiscutible.


El montaje es esencial para mantener la atención del espectador e ir de sorpresa en sorpresa. Solamente en el último cuarto de hora, el director introduce elementos excesivamente “imaginativos” en la trama (la parte relativa a la “liquidación” de quienes participaron en la falsa filmación del aterrizaje lunar), deja suponer que algo no termina de encajar. Cuando se leen los créditos, entremezclados con ellos, aparecen las “tomas falsas” de los actores interpretando sus papeles. Al público, entonces, ya no le cabe la menor duda, de que ha sido engañado. Moraleja: hay que mirar los créditos hasta el final.

VALORACIÓN Y RECOMENDACIONES

Vale la pena visualizar no una sino varias veces este falso documental y empaparse con su técnica: la conclusión que nos asaltará tras concluir el metraje es que hay que estar excepcionalmente atentados ante todo lo que se ve en televisión. Las posibilidades de que seamos engañados por las imágenes es cada vez mayor. Nunca, nada es lo que parece y no siempre el principio de la “navaja de Ockham” se cumple, especialmente en lo relativo a la información. Solamente la atención y el espíritu crítico, unido a una cierta cultura o, al menos, a una inquietud cultural que nos permita verificar por nosotros mismos datos e informaciones, puede salvarnos de sentirnos como títeres movidos por manipuladores de masas. 

El documental debería interesar, sobre todo, a los que siguen teorías conspiranoicas: su validez depende, simplemente, de que resistan un proceso crítico. También servirá para todos aquellos que quieran educar su espíritu crítico, es decir, la capacidad de discernir si una cosa es verdadera o falsa. Y esta es la mejor recomendación que podemos dar: no se crea todo lo que ve, cada vez que se siente ante el televisor o lea una noticia en Internet, piense si lo que lee tiene lógica, sentido, racionalidad y, aun teniendo estos factores, intente encajarla con otras. Si lo consigue, existe un alto nivel de posibilidades de que sea cierta. De lo contrario, deséchela: le han intentado engañar.


FICHA:

Título original: Operation Lune.
Título en España: Operación Luna y La cara oculta de la Luna.
Duración episodio: 52 minutos
Año: 2002
Temática: Stanley Kubrick obtuvo una cámara Zeiss para poder filmar Barry Lyndon a cambio de realizar un pequeño trabajo par la NASA: la falsificación de una película sobre el primer aterrizaje en la Luna.
Género: Documental.
Subgénero: “Fake” (falso documental).
Director: William Karel.
Lo mejor: Que durante los primero 40 minutos nadie duda de que lo que nos cuentan es falso.
Lo peor: Que a partir del minuto 15 la historia pierde credibilidad.
Puntuación: 8
Documental completo en castellano: https://youtu.be/PkaqFRM4sXI
¿Cómo verlo?: Puede verse gratuitamente en el enlace indicado. 


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