lunes, 14 de noviembre de 2016

El sangriento imperio romano: Cómodo según Dión Casio


Recién estrenada en Netflix, esta miniserie en seis entregas, ni es una película convencional, ni un documental histórico. Es, a la vez, una cosa y otra. Tiene de documental los testimonios de historiadores y eruditos sobre la historia de Roma. Todo lo demás pertenece al género de dramatización histórica: con sus protagonistas, su argumento, su trama y su desenlace. Es un intento curioso, no único, pero si poco habitual, de lo que se ha dado en llamar “docudrama”. Su concepto es simple: un hecho real (no necesariamente histórico; son varios los programas procedentes de EEUU y Canadá en los que se narra un asesinato con una mezcla de actores y entrevistas a protagonistas) es dramatizado mediante actores que interpretan papeles marcados por un guión que aspira a ajustarse a los hechos que realmente ocurrieron. 

Hay distintos modelos de docudrama: en algunos se prescindible por completo de la opinión de expertos, se da por supuesto que los hechos dramatizados se corresponden con la realidad, y, como máximo se insertan fotogramas, si existen, de los hechos narrados (el modelo es la película de Irving Kershner es Raid en Entebe [1976]). De todas formas, el género es mucho más antiguo y hunde sus raíces en programas de radio. Hoy suele emplearse en televisión para narrar casos paranormales, crímenes y episodios históricos. Es, pues, un género híbrido: no es un documental en estado puro ni una ficción dramatizada, aunque tiene algo de lo uno y de lo otro. Tiene tendencia al realismo, aunque algunas variantes se permiten “licencias” o simplificaciones, más o menos abusivas. Tal es lo que ocurre con esta miniserie emitida por Netflix: El sangriento imperio romano. Seguir leyendo...
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