sábado, 5 de noviembre de 2016

Crematorio, el sueño loco de la burbuja, la corrupción y la cocaína


Canal+ y Movistar llevan emitiendo esta serie un lustro y todavía tiene seguidores y gentes que la descubren y se maravillan. Luego pasa que el celtíbero de a pie se acostumbra a lo bueno y exige series de esta calidad en su propio acento. Y no siempre están al alcance del mando a distancia, así que termina visionando series producidas en el extranjero y preguntándose: “¿por qué diablos no haremos series tan buenas como éstas?”. De hecho, las hacemos, pero son pocas y las olvidamos pronto. El Crematorio ha sido promocionada como la “mejor serie española del siglo XXI”. Es mucho decir, pero a fuerza de hacer memoria y repasar lo producido en estos pagos, debemos de reconocer que si no es así, poco le falta. 

La serie está protagonizada por un actor de carácter que empezó a prodigarse en la pequeña pantalla como miembro de la cuadrilla de Curro Jiménez (1976-1978). Era “el Estudiante”. Se llamaba José Sancho y falleció en 2013. Esta serie en la que ocupaba un papel protagonista fue su último trabajo importante. Se fue dejándonos algo más que un buen recuerdo. Su interpretación de “Rubén Bartomeu” fue antológica: de las mejores que hemos visto en nuestro cine, hasta la última frase, hasta el último gesto, fue una interpretación inmejorable. Si la veteranía es un grado, Sancho lo demostró en grado de excelencia. Sean, pues, este comentario sobre la serie, un homenaje, en primer lugar a su trabajo.




La octava novela del escritor valenciano Rafael Chirbes, publicada en 2007, mereció en Premio de la Crítica de Narrativa Castellana. Se titulaba El crematorio y nos contaba algo que resultaba extremadamente familiar: cómo un tipo que estaba llamado a ejercer el oficio de albañil, y de haberse pasado al “lado oscuro”, hubiera sido un pequeño camello de poca monta, enganchado a los porros o a la cocaína, después de unos turbios comienzos se convierte en un próspero y respetado empresario del sector inmobiliario con conexiones políticas. El Levante español estaba repleto de casos similares. Así pues, lo que Chirbes nos contaba no era nada nuevo, ni nada que nos sorprendiera: era simplemente, la crónica del “boom de la construcción”, de la “burbuja inmobiliaria”, de la “corrupción política” y de la delincuencia de guante blanco. La historia de los últimos treinta y cinco años de vida (y de muerte) española. Era, en definitiva, una apuesta segura si se llevaba al cine.

Le correspondió a Sánchez Cabezudo adaptar el relato original, elaborar un guión con ritmo televisivo y dirigirlo por encargo de Canal+ 1. El resultado fue extremadamente positivo, no sólo porque el relato era creíble, dinámico y actual, sino porque el casting en su totalidad dio en el clavo. Incluso el tema principal de la serie, Cruzando el Paraíso, compuesto por Loquillo, dejó un buen recuerdo. La fotografía y los encuadres remiten al calor y al bochorno del Levante español mediante imágenes evocadoras: polvo, playas, sudor, lujo y miseria. 

El impacto de la serie se debió a que en el momento de estrenarse todavía estaba muy reciente la trama de corrupción descubierta en Marbella en torno a Jesús Gil. Rara era la población costera en la que todos los vecinos no conocían algún caso, más o menos, similar. Para colmo, el presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fábregas, llevaba años a la espera de juicio y, especialmente en la Costa Mediterránea se multiplicaban las corruptelas que siempre obedecían al mismo esquema: compra tierras a bajo precio – recalificación de tierras – urbanización de la zona – pelotazo final. Todos pillaban de lleno: constructores, promotores inmobiliarios, concejales de urbanismo, alcaldes, arquitectos municipales, notarios, registradores… Algunos de los protagonistas tenían historiales previos catastróficos, habían sido procesados por estafa y el origen de sus capitales nunca terminaba de estar completamente claro. España, país de listos, espabilados y buscavidas estaba en su cénit. Mientras, la España que trabajaba, que intentaba respetar las leyes y mantener unas conductas morales, se encontraba en repliegue. 


Además, nuestro país había terminado siendo la meca de una delincuencia llegada de toda la Galaxia. Amparados en una legislación garantista y en un sistema penal cómodo y relajado, aquí se dieron cita mafiosos rusos, narcos colombianos, proxenetas del Este y escoria mundial. Muchos venían con millones de dólares en los bolsillos. Pronto invirtieron en los sectores más corruptos: construcción, hostelería, compraron clubs de fútbol, montaron clubes de prostitución y pronto introdujeron lujos horteras. Nadie –o casi nadie- les molestó. Durante años pudieron actuar con total impunidad. Lo de menos era la proliferación de chicas de buen ver procedentes del Este, llegadas con intención de ejercer la prostitución el tiempo justo y necesario para encontrar un marido, a ser posible multimillonario, que les diese lo que la Madre Rusia no les había podido dar. El choque entre estos especímenes y la sociedad española, destrozó familias, generó una aceleración de la submundo de la ilegalidad y dio, durante unas décadas, sensación de impunidad a sus protagonistas. 

Todos estos personajes están presentes en El Crematorio, diestramente manejados por el director e interpretados de manera sumamente convincente.  El “Rubén Bartomeu” encarnado por Pepe Sancho es, a la vez un triunfador y alguien que ha fracasado en su “frente familiar”. Ha dado a sus hijos, a sus hermanos, a sus próximos, prosperidad y lujos, pero la unidad del clan ha saltado por los aires. Su hija “Silvia” (interpretada por Alicia Borrachero) le vuelve la espalda. Su nieta es una completa inútil. Su esposa, (Juana Acosta) permanentemente rebasada por la situación. Su madre (Montserrat Carulla), amargada por un progreso que no entiende y que ha arrasado con el mundo que conoció… Y, para colmo, con una investigación de la Guardia Civil, con la fiscalía anticorrupción persiguiéndole, los mafiosos rusos al acecho y un pasado turbio que pende sobre su cabeza, realmente, la vida de “Rubén Bartomeu” no es ninguna ganga.

Se ha dicho que esta serie está realizada según los estándares de la HBO norteamericana. Es posible (pueden encontrarse remotas similitudes con Boardwalk Empire o con Los Soprano (1999-2007), pero en nuestra opinión, El Crematorio se parece mucho más a series nórdicas (Absuelto) o incluso belgas (Salamander). Pero esto solamente puede interesar a un público especializado. La cuestión no es a quién se parece, sino si la serie es recomendable o no. Y lo es. Quienes gusten reconocer a sus actores favoritos, tendrán en esta una oportunidad excepcional de verlos al servicio de un guión perfecto y con un final bien resuelto. A los que les gusten las películas que dramatizan episodios de la crónica político-económica, esta serie les supondrá el repaso a los rasgos de la época del “pelotazo” (que todavía no ha sido superada). Enamorará a los fanáticos de los thrillers atípicos. Recordará a los habitantes de las zonas afectadas por la burbuja inmobiliaria, los que han vivido desde los años 80. Los amantes del buen cine y los degustadores de series sabrán que también en nuestro país se pueden hacer productos de alta gama. La media docena de premios que recibió la serie y sus actores en distintos festivales (en especial el Ondas a la Mejor serie española), garantizan que no exageramos, así como el hecho de que pudiera cruzar nuestras fronteras y ser vista en Iberoamérica, Alemania, Finlandia. En España se llevó un 5,7% de audiencia. Poco para la calidad de la serie. Si usted no pertenece al millón de ciudadanos que ya la han visionado, siga nuestro consejo: procúresela lo antes posible. Luego nos lo agradecerá.


FICHA

Título original: El crematorio
Título en España: El crematorio
Temporadas: 1 (8 episodios)
Duración episodio: 48 minutos
Año: 2011
Temática: Thriller
Subgénero: corrupción
Actores principales: José Sancho, Alicia Borrachero, Isabel Rocatti, Juana Acosta, Eugenio Barona, Isabel García Lorca, Vicente Romero, Pep Tosar, Aurora Garrido, Vlad Ivanod, Chisco Amado, Montserrat Carulla, Pepara López, Sonia almarcha, Victor Duplá
Lo mejor: que a lo largo de los 8 episodios va aumentando el interés.
Lo peor: que refleja una España que fue y que todavía sigue siendo. 
Puntuación: 8

¿Cómo verlo?: Se emite a través de la plataforma Movistar+. Puede conseguirse a través de programas “peer to peer”. Actualmente puede verse completa en YouTube. Está a la venta en DVD y Blue-Ray.
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