viernes, 18 de noviembre de 2016

El Caso: Crónica de sucesos


Algunos aprendimos a leer con el semanario El Caso. También aprendimos que el mundo no era ese valle feliz que nos habían contado nuestros padres. De hecho, en casa no se compraba El Caso. Se le desconsideraba. Se decía de él que era “el semanario de las porteras”. Lo era, pero también era el semanario que colgaban con pinzas de tender la ropa los kiosqueros en sus tenderetes y, por tanto, el semanario que más habitualmente tenía al alcance de la mano aquella niña curiosa que era yo en los años 50. Nací el mismo año que El Caso y, poco a poco, le fui perdiendo de vista. No es que desapareciera de los kioscos con la transición, es que, cada año que pasaba, fue aumentando el número de semanarios y revistas, su calidad y el formato tabloide en el que apareció se vio relegado a un lugar cada vez menos visible. Me cuentan que siguió publicándose hasta 1997, pero lo perdí de vista al terminar la transición. Empecé a interesarme por aquel semanario tan denostado por mis padres cuando leí en El Caso, la peripatética historia de un individuo al que su novia le había abandonado; desesperado, se había refugiado en una cueva del monte para dejarse morir en soledad. A los pocos días, el hambre no era suficiente para hacerle desistir de sus propósitos, así que durante unos días estuvo comiendo hierba. No fue, desde luego, el episodio más truculento de la época, pero sí el que llamó más la atención a mi espíritu infantil.



Cuando TVE anunció que iba a emitir la serie El Caso: Crónica de sucesos, muchos pensamos que íbamos a revivir los años de nuestra infancia. Así fue, en efecto, y solamente por eso, habría que agradecer a los directivos de la cadena este proyecto. Luego, cuando se emitieron los trece episodios de la serie, nos invadió la sensación de que habíamos visto un concentrado de cómo era la España de los años 50-75, a través de una selección de episodios criminales, que realmente se produjeron, algunos de los cuales recordábamos de haber leído en las mismas columnas de aquel semanario y otros que dejaron una impresión imborrable en la sociedad española. Obviamente, cada episodio estaba dramatizado y adaptado a la pequeña pantalla. Una serie de comentarios sobre los episodios narrados emitida con el título de Las claves de El Caso, pretendía aludir al episodio narrado tal como fue en realidad. TVE recurrió a distintos testimonios policiales y a los recuerdos del que había sido director para realizar las precisiones y detalles que no habían sido recogidos en la serie; alguno de los guionistas, sin embargo, demostró no conocer suficientemente la historia de España en aquellos tiempos cayendo en patinazos notables.

La serie recibió elogios y contó con la aprobación del público, pero no renovó para una segunda temporada. Algo que, en cualquier caso es de lamentar, aunque TVE siempre tiene tiempo para rectificar. No viene mal una mirada retrospectiva a nuestro pasado, aunque sea en materia criminal. A fin de cuentas, lo que semanalmente nos contaba El Caso de manera puntual era la crónica negra de nuestro país, una crónica que tiembién forma parte también de nuestra historia. De ahí la importancia de aquel tabloide.


Las series españolas suelen tener problemas a la hora de elegir intérpretes. Los que surgieron de las hornadas de Al salir de clase (1997-2002) y similares, actores jóvenes, tiene como denominar común problemas de dicción, apenas modulan la voz y eso resta convicción y calidad a sus actuaciones. Mal asunto y un lastre para series que han quedado literalmente pulverizadas por un mal casting. No ha sido, afortunadamente, el caso de El Caso. La idea partió de Fernando Guillén Cuervo que, además, se erigió en protagonista central de la serie. Tanto su creación como interpretación pueden ser consideradas como brillantes (e incluso, muy brillantes). El resto de miembros de la redacción del semanario, tienen todos su personalidad propia, están bien construidos e interpretados por actores consumados que remiten a los mejores tiempos de TVE cuando Estudio 1 nos mostraba cada semana el nivel de nuestra escena. 
La trama está compuesta por tres líneas: lo que podemos llamar “episodios autoconcluidos” que aludían a algún caso criminal, elegido entre los que más comentarios suscitaron en su momento que se resuelven en cada entrega; una trama transversal que recorre la serie desde el primer hasta el último episodio y que alude a la persecución de un asesino ficticio que, al parecer, contaría con complicidades de altos vuelos (“el asesino del rosario”) y, finalmente, las vicisitudes personales y familiares de los personajes centrales. El engarce entre las tres líneas no es forzado y contribuye a aligerar la serie y evitar que sea solamente un catálogo de crímenes, apto solamente para mentes morbosas. 


La serie resulta entretenida, bien llevada, y cada espectador empatizará con uno  otro de los protagonistas centrales. Creemos que papeles como el de “Paloma García”, que dramatiza a la periodista Margarita Landy, hubieran merecido una mayor atención por parte de los guionistas; tanto por la calidad interpretativa de la actriz que la encarna, como por la envergadura del personaje en sí mismo, hubieran llevado automáticamente a concederle una importancia mayor en la serie. Algunos consierarán la trama paralela urdida en torno a la vida personal de la protagonista femenina, interpretado por Verónica Jiménez, como excesiva y seguramente como el elemento menos creíble de la serie, pero, en su conjunto, el producto está diseñado para atraer la atención de un amplio espectro de público y tal es la tarifa a pagar.

No es una serie en la que se hayan empleado medios costosos y un gran despliegue técnico. Existe cierta limitación en el terreno de la inversión, habitual en TVE y que ya hemos visto en series como Los misterios de Laura (2009-2014), El Ministerio del Tiempo (2015-hoy) o Águila Roja (2009-2016). Es lo que cabe en una televisión sin cortes publicitarios y que mantiene su programación con dinero público. De hecho, lo que cabe exigir a TVE es justamente que aproveche de la mejor manera posible los medios con los que cuenta. Aquí lo ha hecho y el resultado puede ser considerado como globalmente satisfactorio.



La serie ha merecido ser nominada como Mejor Serie del Año para los premios Iris de la Academia de TV compitiendo con El Ministerio del Tiempo, El Príncipe, La que se avecina, Mar de Plástico o Vis a Vis. En nuestra opinión, merece el premio más que las demás. Votaríamos por ella.
Serie especialmente adaptada para los que conocieron El Caso mientras se publicó: sabrán reconocer algunos episodios que leyeron en su juventud. Ayudará a los jóvenes que quieran conocer cómo fue la España de sus padres o de sus abuelos: las modas, los vehículos, la moral, la censura, la redacción de un semanario, la situación internacional... Incluso nos puede convencer de que el cine español cuenta con muy buenos actores (Fernando Cayo en el papel de director del semanario, Gorka Lasoasa como “Germán”, uno de los redactores y, de paso, boxeador, Teresa Hurtado de Ori, como “Paloma García”, Francisco Ortiz, “El Peluso”, uno de los policías, y especialmente Antonio Garrido, “Toño” el jefe de policía de mala uva, antítesis del protagonista, “Jesús Expósito”, redactor de El Caso, papel que se reservó Fernando Guillén Cuervo. Igualmente buena es la interpretación de Verónica Sánchez, la otra “intrépida redactora”). 



FICHA:

Título original: El Caso: Crónica de sucesos
Título en España: El Caso: Crónica de sucesos
Temporadas: 1 (13 episodios)
Duración episodio: 80 minutos
Año: 2016
Temática: Thriller
Subgénero: Periodismo
Actores principales: Fernando Guillén Cuervo, Verónica Sánchez, Antonio Garrido, Francisco Ortiz, Fernando Cayo, Gorka Lasoasa, Tera Hurtado de Ory, Daniel Pérez Prada, Ignacio Mateos, Marc Clotet, Raúl Tejón, Natalia Verbeke, María Casal, Carlos Manuel Díaz, Blanca Apilánez.
Lo mejor: la reconstrucción del clima de la postguerra.
Lo peor: algunos diálogos hubieran debido de estar mejor trabajados.
Puntuación: 7

¿Cómo verlo?: Fue emitido por TVE1 y puede ser visto en el link de Televisión a la Carta.
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