jueves, 17 de noviembre de 2016

ALF, extraterrestre doméstico


Cuando Spielberg estreno ET (1982) rebajo el listón estético de las razas extraterrestres: nos los mostró bajitos, desagradables, con expresión bobalicona; fundamentalmente, tiernos pero feos, tirando a horripilantes. Paul Fusco y Tom Parchett tardaron menos de cuatro años en diseñar un extraterrestre de la misma altura, pero más guasón, cínico y liante que el pobre ET. Era peludo, de enorme boca, con pliegues en una descomunal nariz, verrugas o algo que lo parecían en el rostro; para colmo, digería gatos a través de sus ocho estómagos. Procedía del remoto planeta Melmac y había estudiado odontología, la carrera más fácil que encontró a la vista de que su raza solamente disponía de cuatro dientes. 

Todos los habitantes de aquel extraño planeta estaban cubiertos por un pelo denso, largo y rebelde. Alf cuenta que por culpa de ese pelo el planeta estalló en mil pedazos: en efecto, todos sus ciudadanos conectaron las secadoras de pelo el mismo día a la misma hora produciendo una catástrofe de la que Alf se salvó… por los pelos, obviamente. De hecho, no fue el único superviviente de su raza, pero sí el único que alcanzó el planeta Tierra. En realidad, no se llamaba Alf, éste fue el nombre que le pusieron los Tanner –propietarios del chalet al que fue a parar después de un año de viaje interplanetario– y que correspondía a la sigla inglesa de Forma de Vida Extraterrestre (Alien Life Form).




La construcción del personaje de Alf y su caracterización se convirtió en el elemento central de la serie. Su carácter era campechano, cínico, realista, irónico, curioso e inquieto. Tenía iniciativas que frecuentemente ponían en dificultades a la familia con la que vivía. El aislamiento y las diferencias etno-culturales lo habían convertido en un inadaptado. No es que no quisiera integrarse en la cultura terrícola, es que se integraba con demasiado entusiasmo y sin haber olvidado sus raíces. Cualquier inmigrante hubiera podido identificarse con él. Los rasgos estéticos del personaje estaban deliberadamente diseñados para atribuirle un aspecto grotesco: simplemente, su presencia muda, sin esa voz característica, entre impostada y nasal, ya era suficiente como para despertar carcajadas. Los diálogos que planteaba, las frases y juicios que sostenía y las historias que contaba de su planeta originario, eran siempre desternillantes y conseguían sorprender a los Tanner.

Éstos, por su parte, vivían en una urbanización situada en los suburbios de algunas gran ciudad norteamericana. Eran la típica familia de clase media. Él, Willie Tanner, un trabajador social con todos los rasgos del liberal norteamericano, su mujer y sus dos hijos, todos ellos conjurados para ocultar, proteger y defender a su mascota llegada del espacio: Alf. La familia en pleno ha decidido ocultar al recién llegado del organismo encargado de la vigilancia sobre la presencia extraterrestre en el planeta. El principal obstáculo que tienen los Tanner para salvar su secreto lo constituyen sus vecinos, una pareja de entrometidos –los Armonía– que advierten la existencia de algo o alguien nuevo en el chalet contiguo. 

Indudablemente, lo mejor de la serie lo constituyen los diálogos y los soliloquios que el extraterreste mantiene consigo mismo o con el resto de protagonistas. También suele utilizar el teléfono para cometer algunas de sus excentricidades. Siempre, absolutamente siempre, las frases que pronuncia Alf son ingeniosas y rotundas y se corresponden con los rasgos con que se ha dotado al personaje. Por el contrario, Willie Tanner resulta ser un tipo soso, poco ingenioso, se toma la vida demasiado en serio y casi parece un antiguo hippie reconvertido en trabajador social respetable. 

La serie sirve para ironizar sobre algunos aspectos de la sociedad norteamericana y de los estándares de vida modernos. Alf no entiende buena parte de los rasgos de la sociedad a la que ha ido a parar, pero muestra una inequívoca decisión de comprender el mundo en el que vive. Hay mucho de crítica social y de crítica a la civilización en esta serie. Quizás lo más brillante de la misma haya sido utilizar a un extraterrestre como elemento desencadenante de esa crítica. 


El espectador tiende a identificarse con el protagonista indiscutible y empatiza con sus sensaciones, se divierte con sus comentarios y alaba su sentido del humor. La raza humana, en realidad, no sale muy favorecida: papá Tanner, saca solamente el genio in extremis, entre tanto se comporta como un individuo débil y dubitativo. Sus hijos aparecen como absolutamente superficiales. Y en cuanto a los vecinos son el receptáculo de todas las miserias y las mediocridades de la clase media. Alf aparece en ocasiones como víctima y en otras como el desencadenante de situaciones que luego se vuelven contra él y contra la familia que le acoge. 

Finalmente, las indiscreciones, la acción de los vecinos y las investigaciones de una agencia gubernamental destinada a localizar extraterrestres consigue identificarlo y detenerlo. Ahí termina la última temporada. Estaba diseñada una quinta temporada que, finalmente, no se pudo filmar por falta de presupuesto de la cadena NBC. Así terminó la serie y hubo que esperar a que años después se filmara una película en 2014 (Proyecto ALF) para saber lo que había ocurrido. Los Tanner ya no aparecían y el extraterrestre pudo escapar a su cautiverio gracias al concurso de los dos agentes que lo custodiaban.

Contrariamente a lo que podría pensarse, la filmación de la serie no fue una fiesta para ninguno de los participantes. La relación entre el equipo de actores era mala, los actores se quejaban de que los mejores diálogos iban a parar a Alf. En especial Max Wright (el padre de los Tanner) estaba muy disconforme con su papel. Es famoso que ni siquiera se despidió al acabar la filmación del último episodio. Los actores terminaban agotados y con los nervios rotos: debían dedicar 30 horas de trabajo para filmar un episodio de penas 30 minutos. Parte de la complejidad de la serie derivaba de la naturaleza del protagonista. 


En efecto, Alf era un muñeco que se movía de manera muy primitiva. El creador de la serie. Paul Fusco, movía su boca con una mano, con la otra manejaba uno de sus brazos, otra colaboradora movía el otro y un tercer elemento sus movimientos faciales. Lograr coordinar todos estos movimientos y grabar la voz, era extremadamente complejo, abundaban los errores y cada escena requería de decenas de tomas. En algunas escenas se utilizó a un enano de 83 centímetros para mover al personaje en escenas en las que se requería ver completo el cuerpo del extraterrestre. Michu Meszaros, quien asumió en esas escenas el papel, falleció el pasado 13 de junio de 2016.

Vista con treinta años de distancia desde que se filmaron los primeros episodios, la serie mantiene aún su vigencia y suscita sonrisas. Algunos la consideran una de las mejores sit-com jamás filmadas. Exageraciones. Pero sí, desde luego, fue una de las series más notables de los años 80. Así pues es normal que guste a quienes la recuerdan con simpatía, gentes de edades superiores a los 45 años. Los seguidores habituales de sit-coms, si no la han visto hasta ahora, disfrutarán con ella, a condición de considerar que algunos gags tenían su justificación hace treinta años. Es una película que puede satisfacer a todos los miembros de la familia, juntos o por separado y cualquiera que sea su edad. Y, sobre todo, Alf es la réplica gamberra a la ñoñería de ET (sí, lo confieso, nunca pude soportar aquella película).




Ficha

Título original: ALF.
Título en España: ALF.
Temporadas: 4 (102 episodios).
Duración episodio: 30 minutos.
Año: 1986-1990.
Temática: Comedia de Situación.
Subgénero: Extraterrestres.
Actores principales: Charles Nickerson, Michu Meszaros, Anne Meara, J.M. Bullock, Bill Daily, Andrea Covell, Paul Dooley.
Lo mejor: Alf, más humano que los humanos.
Lo peor: inventario de las miserias humanas.
Puntuación: 7
Web oficial: http://www.alftv.com/ 
Tema musical de la serie: https://www.youtube.com/watch?v=z5VFngsQPok    

¿Cómo verlo?: Puede adquirirse en DVD en versión original. Se puede conseguir a través de programas “peer to peer”. 43 episodios pueden verse en youTube.
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