viernes, 14 de octubre de 2016

Bron/Bröen, o la unanimidad sin disonancias



Una se pregunta, casi de manera inevitable, “¿Cuándo se harán en España series de este tipo?”. De tanto en tanto aparecen series cuya trama es la convencional que corresponde a una película policíaca, y sin embargo, el resultado no es sólo correcto, sino extraordinario hasta el punto de que existe unanimidad en la crítica y cuesta encontrarles alguna deficiencia. No es frecuente, pero series como Bron/Bröen figuran entre las más apreciadas por la crítica (y por el público) en la segunda década del milenio. Y lo más sorprendente es que no procede de los laboratorios de Hollywood, sino de cinematografías minoritarias. 

La serie mereció el que Hollywood se interesara por ella y  realizara una afortunada adaptación a los EEUU. Y El resultado también es curioso, porque, normalmente, el original y la adaptación suelen tener calidades diferentes o, como mínimo, adaptarse mejor o peor a públicos de latitudes concretas. The Bridge gusta porque, partiendo de la misma trama, la adapta a los problemas locales de la frontera  entre dos mundos: EEUU y México, cuyas dicotomías son mucho más marcadas que las existentes entre Dinamarca y Suecia. 


En efecto, difícilmente encontraríamos dos países más similares que los que han producido esta serie y en los que se sitúa el argumento. Aparentemente, lo único que distingue a Dinamarca de Suecia es el tamaño, el hecho de que uno esté a una orilla del Báltico y el otro en la de enfrente y esa “e” que aparece en el nombre danés de la palabra “puente”, pero está ausente en el sueco. Por tanto, el guión no podía centrarse –como en la versión norteamericana– en las diferencias entre el mundo latino del Sur de Rio Grande y el mundo anglosajón del otro lado de la frontera. La habilidad de la serie norteamericana consiste en armar un thriller sobre la base de la problemática sórdida que se da entre las ciudades de El Paso al Norte y Ciudad Juárez al Sur. Narcotráfico, feminicidios, espaldas mojadas, constituyen el trasfondo de la adaptación norteamericana: era fácil, se trataba de problemas realmente existen que un buen guion solamente tenía que encadenar. En el original nórdico se permanece en el género negro en estado puro, las referencias a problemas sociales realmente existentes son  mínimas y la atención se centra en una trama de “nordic noir” químicamente pura. Es precisamente en este terreno, en el que uno está tentado de pensar que ya se ha dicho todo y que resulta imposible generar novedad alguna, en donde los guionistas logran sorprendernos felizmente. Tales son las diferencias esenciales entre ambas series. 

Se diría que Europa tiene nostalgia de la proliferación vermicular de la figura del asesino en serie que se da en EEUU. En realidad, los criminólogos saben que, salvo raras excepciones (cuyos nombres se recuerdan precisamente por ser excepciones: “el Arropiero” en España, Andrei Chikatilov el llamado “Carnicero de Rostov”, el italo–ecuatoriano Garavito o el paquistaní Javed Iqbal), el “serial killer” es algo que en EEUU casi se manufactura a troquel. Se calcula que el 85% de todos los asesinos en serie de los últimos 50 años han desarrollado sus crímenes en los EEUU. Las crónicas no dan cuentas de asesinos en serie en los países nórdicos… salvo en televisión. Lo cual, a fin de cuentas, resulta tranquilizador para esa zona geográfica. Quizás por eso, la serie Bron/Bröen despertó interés inmediato en los dos países en donde se produjo (nos atraen las películas de extraterrestres porque sabemos que no existen, análogamente, hablar de seriel killers en Suecia o Dinamarca es aludir a una especie inexistente, pero en torno a la que existe una curiosidad morbosa).


Resumamos el contenido de la serie: en el interminable puente de Øredsun aparece, justo en la línea fronteriza, aparece un cadáver descuartizado: una parte está en la zona danesa y la otra en la sueca. La sorpresa es que una mitad pertenece a una persona y, de cintura para abajo, a otra. Así pues se encargan de la investigación un policía convencional danés y una investigadora sueca. Ésta última tiene como rasgo característico el estar afectada por el síndrome de Asperger que le impide manifestar sus sentimientos y la imposibilita para mantener relaciones empáticas. Él es un policía, directo, eficiente, campechano e intuitivo. Desde el primer momento, se percibe que uno de los elementos esenciales en la trama es la relación que van a tener ambos policías de personalidades tan contradictorias. Es significativo que la caracterización de ambos protagonistas sea el elemento que se ha conservado sin alteraciones en la adaptación norteamericana: es ahí en donde reside la fuerza del relato.

Quizás lo único que podría decir como crítica al guión es que los criminales que aparecen son de un retorcimiento extremo. Pero es ficción y, por otra parte, los asesinos en serie no son personalidades comunes. El riesgo hubiera sido que la trama se deslizara por senderos increíbles e inasumibles para el espectador, sin embargo, fluye de manera natural, el espectador va de sorpresa en sorpresa sin que su sentido común se sienta maltratado, ni vea lo que está sucediendo en el plasma como altamente improbable. Le ocurre como a la serie danesa Forbrydelsen (2007–2012): protagonistas, situaciones, sospechosos y criminales, aparecen siempre casi como realmente existentes, lejos de sorprender nos recuerdan a tal o cual personaje que hemos conocido: desde aquel niño que arrancaba las alas moscas en el colegio, a la funcionaria de ventanilla que nos mostraba su cara de palo mientras sellaba nuestra solicitud o aquel tipo que nos cruzamos cada tarde en el bar de la esquina. Lo mejor del cine nórdico es ese hiperrealismo que logra atribuir a sus personajes. 


La elección de los protagonistas ha sido también un acierto para los productores. Sus nombres dicen poco para los espectadores del sur y sus filmografías tampoco son excesivamente abultadas. Sofia Helim, en la serie “Saga”, actriz sueca con la cara marcada por alguna cicatriz producto de un accidente de bicicleta (estamos en los países nórdicos) venía actuando desde principios del milenio pero ha sido su interpretación en Bron/Bröen la que le ha proporcionado un impulso decisivo a su carrera. No es fácil interpretar a una policía aquejada de Asperger y mostrar una cara de palo tan rígida como su carácter (al menos, no es fácil hacerlo con naturalidad). Antes había aparecido en una docena de películas –en varias como protagonista– de poca proyección internacional. Su compañero de reparto, Kim Bodnia (“Marti” en la serie), danés, llegado del teatro, ha protagonizado una veintena de películas –algunas norteamericanas, canadienses e incluso indias– de escaso eco fuera de los países nórdicos. Con él estamos lejos de los Starsky & Huth (1975–1979) o del “VicMackey” de Shields (2002–2008): se trata de un policía realmente existente que uno puede encontrar en la comisaría de su barrio.

Es una serie oscura. Filmada entre sombras y brumas, la mayor parte de cuya trama se desarrolla al declinar el sol. La sordidez del guión aumenta a medida que avanzan los capítulos y puede decirse que al terminar cada temporada, el espectador se levanta de su sillón con una doble sensación: liberación de la angustia que le ha precedido y ansiedad por ver la siguiente temporada.

FICHA

Título original: Bron/Bröen
Título en castellano: El Puente
Temporadas: 3 (de 10 episodios cada una)
Duracion episodio: 60 minutos 
Año: 2012, 2015
Temática: policíaca
Subgénero: nordic noir
Actores principales: Sofia Helin, Kim Bodnia, Thure Lindhart, Dag Malmberg, Pul Scharbau, Rafael PEttersen, Anette Linäck
Lo mejor: que con procedimientos convencionales logra una serie extraordinaria.
Lo peor: que tres temporadas saben a poco.
Puntuación: 9

¿Cómo verlo?: se pasó a través del canal AXM, en versión original a través de eMule y bitTorrent, con subtítulos en http://www.subdivx.com/
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