domingo, 30 de octubre de 2011

Las mascotas reciclan nuestra basura emocional

La exposición en Casa Asia de "Japón, paraíso de las mascotas", me atrae por la relación y continuidad que creo que la tiene con la conferencia que asistí del profesor Ishiguro sobre Robots en CosmoCaixa.

A raíz del final de la II Guerra Mundial, Japón en la intimidad se sostiene emocionalmente gracias a la cercanía de sus mascotas. Desde los años 50 hasta nuestros días surge un fenómeno de masas... las series de TV y como un pegamento, la popularidad de las mascotas hasta límites insospechados. El éxito llega al resto del mundo con la era de la información y de la globalización. Son utilizadas por la población en todas las edades y en un entorno tanto público como privado.

Antes de entender el paraíso de las mascotas japonesas debo explicar dos líneas de investigación que convergen.

Primero: ¿Cuál es el significado de la relación del ser humano con los peluches?

Segundo : ¿Dónde arranca la transformación del Japón milenario hasta llegar al Siglo XXI?

Primero

El peluche o mascota que tenga como elementos tan básicos, ojos y boca, hace que lo veamos... más humanos.

El protagonista de la peli "Naufrago", a una pelota le dibujó esos rasgos humanos y llegó a comunicarse, a relacionarse, a sentirlo como un amigo, un compañero en medio de la nada. Con el simple dibujo de unos ojos y de una boca le había dado un alma. Hablaba con el muñeco para no enloquecer. Cuando el naufrago pierde a Wilson en el océano, se lanza a rescatarlo con riesgo de perder su vida. Se siente tan solo que deja de luchar.

Con la religión no resulta extraño que la gente afirme que "habla con Dios", que "hablamos con los seres queridos que han fallecido", que "nos comprenden, que "nos protegen". La tradición oriental otorga "alma" a las montañas, a los árboles. Dada esta condición no hay que extrañarse de que piensen en sus mascotas manga como seres con espíritu. ¿Algo excéntrico?

Posiblemente si cada persona del mundo tuviera su peluche o mascota... se sentiría muy amada, podría hablar con él, se lo llevaría a todos sitios, lo vería como algo protector. En definitiva, una relación de dos, cuidarlo para no perderlo y por no perderlo, protegernos.

Las personas tienen carencias de afecto y muchas ganas de hablar con alguien, en este caso, hablan con sus mascotas. Esta necesidad emocional, a algunas personas les llena tanto o más que si hablaran con humanos.

Las mascotas alivian las depresiones y los bajones de autoestima. El cerebro humano es capaz de atribuirle vida. Por lo tanto es un objeto con un valor especial que le acompañará hasta el fin del mundo y más allá.

Las mascotas son importantes cuando los bebés se dan cuenta de que el mundo es más grande que papa y mama. Es un sustituto de mama y su olor cuando ella no está. Le ayuda a superar la separación. Le ayuda en la aventura de descubrir el entorno y le protege contra el miedo, la soledad, el abandono. Es un consuelo... no está solo.

Otro aspecto fundamental son las caricias a las mascotas y a los peluches. Las caricias crean vínculos y acercan a las personas en los momentos de crisis. !Son tan blanditos!. Hay un deseo natural de acariciar, tocar, establecer contacto físico, acercarnos a las cosas que nos gustan, explorar. Es parte de la curiosidad y del alma humana. Reducimos el dolor.

Segundo

Japón estaba aislado del mundo económica y políticamente hasta 1854. Con la restauración Meiji entre 1866 y 1869 tuvo un objetivo muy definido... asimilar Occidente manteniendo sus tradiciones.

Mientras en el mundo se vivía el auge de los imperios europeos y las rutas navales. Japón era consciente que hasta que no incorporara la mecanización industrial en su crecimiento sería muy lento su recorrido para abrirse a Occidente.

Gracias a la "Armada Imperial Japonesa" de 1869 al 1947, tuvo un gran protagonismo entre las fuerzas armadas y se planteó objetivos militares y de expansión hacia China y Korea.

En 1902-1905 tienen una importante victoria en la batalla de Port Arthur dejando a los rusos en una vergonzosa derrota.

En 1920 Japón inicia la conquista de Manchuria en una larga guerra que enlazará con la II Guerra Mundial. Es entonces cuando surgen fenómenos nuevos de liberación nacional y anticolonialismo con fuertes líderes independentistas. Japón aprovecha y estimula los movimientos de liberación nacional con consignas del tipo... "Asia para los asiáticos". EEUU comprimió el poder de Japón en Asia porque se lo ponía en bandeja, como también le vino muy bien que Japón deseara echar a los americanos del Pacífico, ejemplo Pearl Harbor.

El transfondo psicológico de todo este mínimo recuerdo histórico es que Japón tiene 3 obsesiones demográficas. Viven la falta de espacio vital, toman conciencia de sus inestabilidad como islas en zona volcánica, con terremotos y tsunamis y están en alerta buscando otros horizontes.

Logran una expansión ficticia en muchos países que no pueden controlar por carecer de una capacidad industrial-naval suficiente que pudiera rivalizar con los astilleros de EEUU.

El fracaso naval en la guerra y en sus deseos de expansión se ven reforzados con la bomba nuclear de del 6 agosto de 1945 con 120.000 muertos y 300.000 heridos.

Con la Gran Derrota deben firmar acuerdos con eeuu de matiz humillante dado que es a partir de ese acuerdo cuando el Emperador queda despojado de todo poder, relegándolo a una figura simbólica semejante a un rey occidental.

Japón renuncia a tener un ejército propio, con una constitución donde se especifica que no se puede dedicar a misiones ofensivas fuera del territorio.

Concluyendo, Japón vive instalado en una "acumulaciones de sensaciones traumáticas":

- De una isla que no pueden salir... y están solos

- De que nos vamos a caber y el mar nos amenaza

- De que no hay forma de conquistar espacio vital

- De que viven la esquizofrenia de los valores ancestrales comunitarios, donde no tienen miedo a inmolarse en defensa de la comunidad y el modelo occidental con valores económicos y cívicos individualistas.

Para levantar la moral de un país hecho polvo fue importante relacionar a los japoneses con su héroes. Necesitaban identificarse y estar rodeados de mascotas que eran fuertes y que luchaban contra la adversidad como Astro Boy y Ultraman de los años 50-60. En los años 70 un cambio radical, se pasa a la inocencia de la gatita Hello Kitty ó unos monitos de peluche irresistibles para abrazar Monchhihi y también a Mazinguer Z, el robot gigante símbolo del poder económico y tecnológico. En los años 80 Japón es una superpotencia y sus ciudadanos tienen confianza. Nacen las videoconsolas con Mario Bross y las figuritas de plástico de las series de dibujos inundan los mercados.

Los años 90, años de las crisis inmobiliaria, nace el fenómeno del Tamagotchi, la mascota virtual que hay que cuidar. También las sorprendentes heroínas sexys, precursoras de las tribus urbanas que se disfrazan de las mascotas preferidas.

El camino que lleva a una sociedad de posguerra a un desarrollo espectacular, instalando a sus ciudadanos en el bienestar y el consumo compulsivo, nos facilita para comprender y entender las raíces de la cultura manga llegando a verse como una "filia extrema" a los chicos con "síndrome hirikomori". Adolescentes angustiados, encerrados en sus habitaciones, dónde las mascotas son los sustitutivos de las carencias afectivas que experimentan en la sociedad en la que viven. La habitación es el propio territorio, protegido, un universo cerrado, que da seguridad al individuo por no sentirse unido a la comunidad. El mundo exterior lo controla porque lo ve a través del ordenador, apaga y enciende, elimina todo lo que le molesta a voluntad.

Como anécdota barcelonina es que la peli Amelí, un guión que sorprende con una mascota que viaja a distintos lugares del mundo, es la inspiración para un negocio en alza en Barcelona. Es increíble que se llegue a montar una agencia de viajes para peluches. Si, como lo están pensando. Hay gente que envía a sus peluches a ser fotografiados en Las Ramblas, el museo del Barça, ir a la playa o sentarse en una de las atracciones del Tibidabo, el barrio gótico ó un partido del Barça. La edad de los clientes es entre 25 y 35 años pero también hay padres que sorprenden a sus hijos con fotos en cualquier parte del mundo. Otra curiosidad es el Hospital Universitario de la Charité de Berlín dónde "han curado" 3000 muñecos en su clínica de peluches Teddyklinik.

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