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domingo, 2 de agosto de 2026

El Síndrome de Rembrandt . Pierre Schoeller


Para el espectador que visione los primeros minutos de la película El síndrome Rembrandt de Pierre Schoeller, tendría que parar porque la conversación del matrimonio y la hija que cumple 21 años en un restaurante no habrá entendido nada, como yo. No se si es la traducción pero la escena descoloca bastante. Pierre Schoeller escribe diálogos muy naturales, muy franceses, en los que varias ideas se cruzan a la vez y, además, una traducción poco afinada puede hacer que parezca una conversación inconexa.


He comprobado esa secuencia y, en realidad, la conversación gira alrededor de dos conflictos familiares. 


Celebran el 21º cumpleaños de Salomé. Parece una cena familiar agradable, pero enseguida aflora una tensión que ya existía.

Salomé anuncia que quiere dejar Biología. Ella quiere abandonar la carrera para dedicarse a la fotografía. Sus padres, especialmente el padre, consideran que debería terminar primero los estudios universitarios.

La hija aprovecha para ajustar cuentas con su padre. No solo habla de la carrera. También le reprocha que cuando era joven fue una persona cobarde, alguien que no se atrevió a seguir sus propias convicciones. Es decir, le está diciendo: "¿Cómo puedes decirme que sea valiente si tú nunca lo fuiste?"

La madre (Claire) se comporta de forma extraña. Parece distraída, emocionalmente ausente e incluso bebe más de la cuenta. En ese momento el espectador todavía no sabe por qué. Nosotros ya sabemos que acaba de vivir la experiencia perturbadora en la National Gallery frente a los cuadros de Rembrandt, pero la familia no comprende qué le ocurre.

Finalmente se abrazan. Aunque han discutido, la escena termina con regalos y reconciliación. Sin embargo, el detalle importante no es la discusión, sino que Claire ya no es exactamente la misma persona. Esa transformación silenciosa es lo que le interesa al director Schoeller.


Creo que aquí está la clave

Schoeller hace algo muy francés: mientras aparentemente discuten sobre los estudios de la hija, en realidad está hablando de otra cuestión mucho más profunda. Cada personaje representa una forma distinta de mirar el mundo: El padre representa la razón, la planificación y el deber. La hija representa la libertad y la creación artística. La madre ya está empezando a vivir una experiencia casi mística que nadie más puede comprender.

Es decir, la discusión sobre Biología o Fotografía es casi un pretexto. El verdadero tema es el enfrentamiento entre la ciencia, el arte y la transformación interior, que será el corazón de toda la película.


Ahora volvemos a estar confusos porque desde un punto de vista de comportamiento humano, no resulta una reacción muy verosímil. Imaginemos la situación en la vida real. Estás en un museo extranjero. Tu pareja desaparece durante dos horas. No responde. La encuentras después en un estado extraño, como ausente. Lo habitual sería una avalancha de preguntas.  ¿Dónde estabas? ¿Te ha pasado algo? ¿Te has mareado? Sin embargo, Schoeller apenas le da importancia.


Hablando de la película...