Mostrando entradas con la etiqueta Bernie Kopell. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bernie Kopell. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de diciembre de 2016

Vacaciones en el mar: ya no hay cruceros como los de antes


Quienes a finales de los años 70 y durante los 80 no habían hecho un crucero, creían que se viajaba así por mar. Un crucero lujoso, repleto de glamurosas rubias en las piscinas, con un personal solícito que te ayudaba hasta en los menores detalles y siempre, absolutamente siempre, con final feliz. Mi padre, que en esto de los cruceros tenía experiencia, cuando me casé y nos embarcamos hacia Génova, me lo advirtió: “Reza para tener buena mar”. Debió ser en los años 30 cuando él, siguió la misma ruta: “Vomitó hasta el capitán”. Dos días después de llegar, todavía el monumento a Colón del puerto parecía como si oscilara. A nosotros nos pasó exactamente lo mismo. Y, sin embargo, en Vacaciones en el mar (que, originariamente y en Iberoamérica se llamó “El crucero del amor”) nunca jamás –que recuerde- estalló ninguna tormenta. Hoy ya no se hacen cruceros así. 

TRES HISTORIAS PARA UNA FORMA DE VIAJAR

La serie Vacaciones en el mar fue emitida por TVE en los años en los que no tenía competencia. Los cruceros parecían ser solamente patrimonio de ínfimas minorías. Tampoco la masificación había llegado a los aeropuertos. El escenario de la serie era un lujoso buque dirigido por el “capitán Stubing” (Gavin MacLeod) al mando de una tripulación abnegada preocupada solamente por el bienestar moral, material y espiritual de los pasajeros. La idea había salido de una novela de Jeraldine Saunders, The Love Boats a la que el genial Aaron Spelling dio forma televisiva. Era una forma de generar una fantasía en el espectador. Tres historias, siempre tres líneas argumentales, se desarrollaban paralelamente, sin relación entre sí y terminaban felizmente como en cualquier novela rosa. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

Superagente 86, la réplica desmadrada de 007


Entre 1962 y 1965 se proyectaron las cuatro primeras películas protagonizadas por James Bond, el agente 007, interpretadas por Sean Connery. Después de la sorpresa inicial (Dr. No [1962]) la serie se fue consolidando con las tres siguientes entregas y al llegar a 1965 ya eran muchos los productores que intentaban aprovecharse de la fama adquirida por el personaje de Ian Flemming. Pero, entre todos los productos que intentaban reproducir las habilidades e James Bond, solamente a Mel Brooks se le ocurrió crear un anti-Bond en clave cómica. De ahí salió Get Smart, emitido en España como Superagente 86.

EN LA SENDA DE JAMES BOND

Lo que caracteriza a Bond es el estar inmerso en un mundo glamuroso en el que él detenta la excelencia. No solamente es pulcro en el vestir, sino que no se altera ni un pelo en los habituales combates que sostiene contra los agentes de Spectra o de Smerch, ni siquiera en los revolcones todavía más frecuentes con las protagonistas femeninas. De tanto en tanto suelta alguna ironía, más por su origen británico que por exigencias del guión. Es tremendamente serio y responsable. Y está rodeado de agentes a los que no se les permite error alguno. A partir de este arquetipo era posible ir más allá o situarse en un nivel inferior, muy inferior o ínfimo en relación a Bond. Y en la segunda mitad de los sesenta aparecieron productos para todos los gustos.