domingo, 30 de julio de 2017

LA DECISIÓN DEL REY... cuando el rey decidía


Una película noruega que revisa la historia de ese país en el momento en el que se vio, sin quererlo, embarcada en la Segunda Guerra Mundial. Era el mes de abril de 1940. Los ingleses, sabiendo que el mineral de hierro procedente de Suecia era vital para el esfuerzo bélico alemán, decidieron unilateralmente minar los puertos noruegos. Alemania respondió haciéndose con el control del país y ocupándolo durante los siguientes cinco años. 

Previamente, cuando estalló la guerra ruso-finlandesa, en el invierno de 1939, Churchill ya intentó poner un pie en Noruega alegando la ayuda que iba a prestar a Finlandia. El plan no pudo llevarse a cabo porque la guerra fue breve y no hubo tiempo para ponerlo en práctica. Más adelante, en febrero de 1940, un barco alemán desarmado que transportaba 303 prisioneros británicos, fue atacado por un destructor británico en aguas neutrales y se refugió en un fiordo noruego a donde fue perseguido y atacado. La acción, que en realidad, era una violación del estatuto de neutralidad noruego. El gobierno de este país reaccionó airadamente con Gran Bretaña. Era evidente que aspiraba a permanecer al margen de la guerra. 

Lamentablemente, estos antecedentes no son explicados en la película La decisión del rey, a pesar de que hubieran contribuido a que se entendiera mejor la trama. Incluso Shakespeare en su Julio César se vio obligado a retroceder a su llegada a Roma para explicar porqué Bruto, un mal día, le dio por emprender con él a cuchilladas. La historia siempre tiene justificaciones objetivas y es, a partir de ellas, sobre la que puede deducirse la actitud de cada parte, no empleando el subterfugio de limitar el acceso al pasado histórico para evitar el compromiso de tener que recordar que hubo responsabilidad compartida en los factores que introdujeron a Noruega en le conflicto.

El fondo de la cuestión es la actitud de un monarca anciano al que le resulta muy difícil comprender la situación y actuar en consecuencia. Acaso porque la situación no tenía solución y era evidente que Noruega había sido puesta en una situación difícil por los británicos y los alemanes no tenían la más mínima intención de dejarse sitiar desde la península escandinava y actuaron en consecuencia. La maquinaria militar alemana era muy superior a la noruega y el Reino Unido estaba demasiado lejos como para poder contrarrestarla. La película tiende a explicar y justificar el papel del Rey Haakon VII en aquellos cruciales momentos. Desde este punto de vista, la película satisface las conciencias de los habitantes de aquel país: el rey hizo lo que hizo porque no pudo hacer otra cosa. El cómo se llegó a esa situación es lo que queda cojo: la cinta evita remontarse a las fuentes del conflicto, seguramente porque, finalmente, los ingleses figuraban en el bando vencedor en 1945 y el relato que ofrecieron de los hechos es simple: Alemania invadió Noruega, porque el Reich llevaba en sus entrañas el agresivo virus expansionista.

Quizás esto sea lo que se puede reprochar a la película: que está orientada al consumo interior. Esto hace que parezca algo lenta especialmente en algunos tramos y se extienda en explicaciones y personajes sobre los que fuera de Noruega se sabe poco. El director, da la sensación, incluso, de que en algunos momentos, hubiera deseado salir de la corrección política y exponer lo que cada vez sospecha más gente: que la culpa del desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial no correspondió solamente a Alemania, sino que Inglaterra –y Winston Churchill en concreto- tuvieron mucho que ver. En efecto, en un momento dado, el embajador alemán en Noruega pronuncia la frase: “Esta guerra entre Alemania e Inglaterra es absurda”. Y lo era. Pero el mantenimiento de la corrección política era lo que obligaba a que la trama empezara, eludiendo los antecedentes del conflicto, cuando el Rey Haakon VII se enfrentaba a la difícil decisión de negociar o resistir a las presiones alemanas y ante la agresividad británica. Obviamente, la película deja en muy buena posición a la dinastía noruega

La película está muy bien elaborada y la película es, desde todos los puntos de vista, interesante y valiosa. Es una película que trata sobre la entrada de Noruega en la Segunda Guerra Mundial, pero no es una película “de guerra”, sino más bien de reflexión sobre los callejones sin salida en los que puede encontrarse el máximo mandatario de un país. De todas formas, las pocas escenas bélicas (como el hundimiento del crucero alemán Blucher) están muy bien resueltas. Así mismo puede ser considerada como una “película política” en la que se muestran las tensiones entre la diplomacia y la fuerza, las limitaciones de una y de otra y los problemas y dudas que cada camino impone a quien debe elegir.

Sobre las actuaciones cabe resaltar la interpretación de Jesper Christensen, veterano actor que el año pasado vimos en un papel secundario en Spectre (2016) junto a Daniel Craig, con el que ya había actuado en Casino Royale (2006). A pesar de encarnar al Rey de Noruega, se trata de un súbdito danés que suele actuar en películas británicas. Por aquello de las contradicciones, en 2006, rechazó recibir la Cruz de Caballero de la Orden de Dannebrog, máxima condecoración de su país, por que “toda idea de la monarquía es un delito perpetrado por los miembros de la familia real, y no encaja con el mundo actual”… Otro rostro conocido, tanto por su participación en las primeras temporadas de Rex, un policía diferente (1994-1996) y en las películas Los falsificadores (2007) y Gran Hotel Budapest (2014), es el del austríaco Karl Markovics, que aparece como el embajador alemán.


Los espectadores deben estar prevenidos cuando se sienten en la sala de proyecciones: la película dura algo más de dos horas y en algunos momentos, parece excesivamente lenta, pero es una buena película, digna de verse y, sobre todo, de juzgarse. Cualquiera que la vea puede interesarse por la historia de Noruega en aquellos años decisivos y remontarse a lo que, prudentemente, la película no cuenta: todo lo que ocurrió antes de que los cañones del fuerte Oskarborg dispararan contra el crucero alemán Blucher. De las mejores películas producidas por las cinematografías nórdicas en 2016.
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