domingo, 16 de julio de 2017

El último Virrey de la India... Gurinder Chadha


Película inglesa dirigida por Gurinder Chadha, directora británica de origen indio y raíces sikhs (sij) (dato, como veremos, importante) de la que, además, es guionista, nos ofrece los últimos meses de presencia inglesa en la India.  El “último virrey de la India” no es otro que Lord Louis Mountbatten, un personaje que llenó la historia del Reino Unido desde 1924 hasta su asesinato por el IRA en 1979. 

Su misión en la India fue importante, pero no fue ni la única ni siquiera la de más envergadura que realizó para el gobierno de Londres. La película es interesante en unos momentos y discreta en otros; registra por un lado el trabajo de Mountbatten al poner el “the end” al dominio británico en aquella zona y, paralelamente, una historia de amor imposible entre dos asistentes de la pareja, uno hinduista y y la otra musulmana. 

Cabría decir que la directora presenta los amores interreligiosos como un símbolo de que los pueblos de distintas religión pueden entenderse si sobre ellos planea el amor… Demasiado alambicado, ingenuo-felizote e intolerablemente simple, porque la historia demuestra justo lo contrario, en el caso de la India. Menos mal que la comunidad hinduista y la musulmana fueron separadas en dos países en el momento de obtener la independencia (India y Paquistán), porque de lo contrario, la situación hoy en la zona sería peor de lo que ya es. De hecho, a principios de los 70, India invadió el Pakistán Oriental, Bangladesh, poblada por una mayoría de musulmanes, a lo que siguieron nueve meses de una guerra repleta de masacres seguidas por una hambruna inolvidable. Sin olvidar que, cada vez con mayor frecuencia estallan disturbios entre musulmanes e hinduistas especialmente en el centro y norte del país. No; en países que viven tan intensamente la cuestión religiosa, la convivencia no era posible en 1947 en el momento en el que la India logra su independencia, y mucho menos ahora, en donde el fundamentalismo islámico complica aún más la situación. Así pues, la historia de amor entre los dos asistentes de religiones diferentes es una interpolación intempestiva que desvía lo esencial de la película hacia un intimismo fuera de lugar. 

Nos quedamos, pues, con la parte histórica que está realizada con precisión aceptable. Churchill que en 1942 se había negado a la independencia de la India, encarcelado a muchos dirigentes y obligado a huir a otros, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial (en la que Lord Mountbatten había servido a su país dirigiendo las tropas inglesas en el sudeste asiático), aceptó dar la independencia ante el cariz que estaba tomando el movimiento nacionalista. Mountbatten lo hizo lo mejor que pudo. El problema esencial era el de los límites fronterizos y poner de acuerdo a grupos religiosos muy distintos para llegar a la partición del territorio. Era imposible. Además, Churchill envió a Mountbatten a la India cuando él, personalmente, ya había decidido la política a seguir (política que no le confió). Churchill, en efecto, aspiraba a balcanizar la India, convertirla en un mosaico de naciones y pueblos peleados unos con otros que jamás lograrían estabilizarse. Así consumirían armas y recursos británicos durante décadas. 

De hecho, si tenemos en cuenta la historia reciente de ese país en los últimos 70 años se verán los nefastos resultados de esa política: conflictos con China en 1959 y 1962, conflicto con Portugal por Goa en 1961, enfrentamientos con Pakistán por la cuestión de Cachemira en 1947, 1949, recrudecidos en 2000, invasión de Paquistán Oriental con la consiguiente guerra en 1971… Y, aún así, India es hoy una de las naciones del mundo con más potencial. Sin olvidar que India y Paquistán son hoy potencias nucleares y que, una vez más, es la amenaza de destrucción mutua asegurada lo que evita el estallido de un nuevo conflicto.

Si la película se hubiera centrado en la tarea de Lord Mountbatten y de su esposa (que tiene una gran relevancia en la cinta) hubiera podido contar lo mismo sin que la incrustación emotiva-sentimental-ingenua sobre los asistentes hubiera hecho perder el tiempo. De todas formas, el resultado de la cinta es aceptable: aprendemos un poco de historia. Lord Mountbatten era, y su historial puede confirmarlo, un aristócrata que sirvió a su país allí en donde su gobierno decidió enviarlo (que, por cierto, fueron, en la guerra y en la paz, siempre misiones delicadas). 


Lo cierto es que Lord Mountbatten desembarcó en la India en seis meses antes de que este país obtuviera la independencia y la tarea que tenía por delante era portentosa. La directora se recrea en demostrar que el Virrey de la India vivía en medio de un lujo extremo y decadente… olvidando que para los marajás autóctonos el nivel de vida era similar. La directora, como hemos dicho, de raíces hindúes parece albergar restos de resentimiento típico del antiguo colonizado. Incluso no puede evitar. Además, es de origen sikhs, religión que es una síntesis sincrética de hinduismo, islamismo y cristianismo… ¿entienden ahora el por qué introduce los forzados amores entre el hinduista y la musulmana?.

Los papeles protagonistas están desempeñados por Huhg Bonneville (un rostro conocido por Downton Abbey) en el papel de Lord Mountbatten y por Gillian Anderson (la agente Scully de Expediente X y luego protagonista de la serie The Fall). Ambos realizan un papel extraordinario. Uno no puede dejar de maravillarse de más que excelente dicción inglesa de Gillian Anderson (por mucho que sea de nacionalidad estadounidense). Es una delicia escucharla, aunque no se sepa mucho inglés. 

En cuanto a la directora, cabe decir que, hasta ahora Chadha había sido conocida en España especialmente por aquella película que recibió buenas críticas Quiero ser como Beckham (2002). Consigue transmitir lo esencial de lo que ocurrió en los seis meses previos a la independencia de la India y a la partición del país. Ésta es, desde luego, su película más ambiciosa.


En resumen, una película que interesará especialmente a los amigos de la Historia y a quienes quieran ver a Bonneville o a la Anderson en acción. 

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