sábado, 7 de enero de 2017

La Frontera Azul, mamporros a orillas el Lian Shang Po


Fue la primera serie japonesa que llevó a los televisores españoles y ya apuntaba maneras. No las mismas que Humor Amarillo, pero si con cierta estética similar. Caminando sobre el reguero dejado por “el pequeño saltamontes” (Kung-Fu), prácticamente se empezó a emitir a poco de haber cesado las correrías de David Carradine por caminos polvorientos y cuando Bruce Lee ya era una leyenda de las artes marciales. Gustó entre un público predispuesto a llenar los gimnasios de Kung-Fu y las escuelas de mística oriental. No ha sido repuesta por ninguna televisión desde entonces. Y es una pena.

CHINA NO ES JAPÓN, PERO…

En 1973, China seguía siendo un misterio para Occidente. En 1972, poco antes de dimitir, Nixon, a través de su Secretario de Estado, Henry Kissinger, había logrado entrevistarse con el presiden Mao y establecer relaciones diplomáticas con China en lo que se llamó la “política del ping-pong” que escenifica en uno de sus esqueches la película Forrest Gump (1994). Se trataba, en realidad, de una alianza antisoviética realizada al margen de las afinidades ideológicas y en donde la lógica geopolítica impuso sus reglas. Pero un año después, cuando la Nippon Televisión estrenó La Frontera Azul, la República Popular China era un enigma. Mao moriría poco después de Franco, en 1976 y dos años después La Frontera Azul se estrenaba en España cosechando un éxito clamoroso e inmediato. De hecho, todavía hoy, a barrios muy alejados del centro de las grandes ciudades, en ocasiones, se les sigue mencionando como “el Lian Chan Po” como recuerdo de aquella serie proyectada en los momentos más duros de la transición.



Se sabe que los japoneses y los chinos, que algunos europeos tienen dificultades en distinguir étnicamente y que, aparentemente parecen tan próximos, nunca se han llevado bien. Los japoneses han invadido regularmente China y nunca han dejado un buen recuerdo en la memoria colectiva de este país. Es posible que esta serie producida en Japón pero ambientada en China tendiera a favorecer el acercamiento  entre ambos pueblos, casi obligado por la nueva escena internacional creada después de la “política del ping-pong”. 

La serie dramatizaba una de las grandes novelas de la literatura China, atribuida a Shi Nai’in (1296-1372) y cuyo nombre originario era La frontera de agua (o La Frontera Azul). El relato originario narraba como un grupo de 108 “bandidos”, rebeldes o fuera de la ley, se reunían en el Liang Shan Po para formar un ejército y obligar el Emperador a amnistiarlos, recurriendo luego a sus servicios para conjurar invasiones extranjeras. La traducción de esta obra al japonés solamente se realizó a mediados del siglo XVIII e interesó desde entonces a la cultura japonesa en el tiempo en el que los samuráis ocupaban un lugar central. Ya en tiempos modernos, los japoneses siempre han tenido el ojo puesto en esta obra clásica y la han tratado en cómics, teatro y películas. En 1973, cuando el relato era muy conocido y divulgado en el Japón se abordó su traslación a la pequeña pantalla.

LA FIEBRE DE LAS ARTES MARCIALES

La serie llegó a España en un momento en el que los cines estaban saturados de películas de artes marciales. Cada una de ellas era copia de la anterior solo que con algunas variaciones introducidas en la técnica de combate: en Japón abundan las artes marciales y otro tanto ocurre en China, así que para este tipo de cine era particularmente fácil adaptar el guión de la nueva producción, a una técnica concreta, encontrar a unos cuantos especialistas en este tipo de combates y facturar en el menor tiempo posible una película “de artes marciales”. Entre 1973 y 1980 rara fue la semana en la que no se realizaba algún estreno de este tipo en las pantallas españolas. 


Poco a poco, sin darnos cuenta, los spagheti-western se fueron relegando a segunda fila y estas películas clónicas producidas en Hong-Kong, las fueron sustituyendo. Ciertamente, por su estructura narrativa y su temática solamente podían atraer la atención e un público juvenil que se encarrilaría luego en un alto porcentaje a la práctica de las artes marciales, pero en esa época Bruce Lee ya se había convertido en una leyenda (su participación en la serie El Avispón Verde (1966-1967) y mucho más en por la película Operación Dragón (1973) estrenada una semana después de su muerte.

Y en el cénit de esta fiebre, cuando aún no se habían extinguido los ecos de la serie Kung-Fu, no es de extrañar que esta serie supusiera una conmoción en aquella España que se levantaba cada día sin saber cuál iba a ser la ración de noticias espectaculares que iba a tener que digerir. A diferencia de Kung-Fu que estaba dominada por el realismo en todas las escenas, La Frontera Azul mostraba escenas de combates imposibles, presencias de seres fantásticos, más próximas a los cuentos infantiles. En esto –en esa componente fantástica, tan querida a los relatos orientales- residía precisamente su atractivo. La Frontera Azul era un cuento que narraba una rebelión contra un mandarín injusto y cruel. En el curso de la revuelta no solamente participaban aguerridos combatientes, sino espíritus y seres fantásticos. No es raro que la novela de Shi Nai’in, una vez entrados en la era de la informática, diera lugar a distintos videojuegos.

VALORACIÓN Y RECOMENDACIONES

La serie fue emitida en España en horario de gran audiencia en la sobremesa de los sábados y dio lugar a colecciones de cromos, cómics e incluso una fotonovela (género muy en boga en aquel momento). Así como La Frontera Azul había apareció tras extinguirse Kung-Fu, a su vez, cuando llegó a su capítulo final empezó la emisión sistemática de series de dibujos animados realizadas en Japón de las que Mazinger Z (1972-1974) fue el producto más característicos, si bien discurría por caminos abiertos por Heidi (1974), realizada en Japón, pero con el “cebo” de tener una temática literaria bien conocida en Europa. Mientras, a principios de los 80, el género “de artes marciales” se había ido eclipsando hasta desaparecer.


La serie La Frontera Azul precedía a los manga y anime japoneses llegaos en aluvión en las últimas décadas, con temáticas legendarias y heroicas. Fue una serie que vieron jóvenes y no tan jóvenes: los primeros fascinados por la fantasía y las escenas de combates y los segundos porque nunca habían visto nada similar hasta entonces. En general, unos y otros la juzgaron favorablemente. La serie recibió pocas críticas por su montaje, el trabajo de los actores o por el guión. Cuanto más joven era  el público, más tendía a identificarse con la serie. 

Hoy volver a verla para quienes la apreciaron en su momento es un ejercicio de nostalgia. La pureza del texto originario de Shi Nai’in quedó dilapidada y resulta imposible de apreciar. Casi es un cuento para niños con algunas coreografías de combates que están más cerca del ballet que de la trifulca. No verla, si no se está muy predispuesto a apreciarla.



FICHA

Título original: The Water Margin.
Título en España: La Frontera Azul.
Temporadas: 2 (26 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 1972-1975.
Temática: Acción
Subgénero: Artes marciales – orientalismo.
Tema: Un oficial de la Guardia Imperial, condenado a muerte por haberse opuesto a la tiranía, se pone junto a un grupo de guerreros al favorito del Emperador que ha profanado las tierra sagrada en la que moral los espíritus de los héroes muertos en combate.
Actores: Atsuo Nakamura, Sanae Tschida, Kei Sato, Isamu Nagato, Teruhiko Aoi, Ryohei Uchida.
Lo mejor: vimos algo que no se había visto antes en televisión.
Lo peor: algunos de los elementos constructivos eran aptos solo para niños.

Puntuación: 7
Presentación (en español): https://youtu.be/NLgCzriJL1E
Sintonía e introducción de la serie (en español)
Escena típica 1 (en VO): https://youtu.be/0T4AWcNFJ6Q
Escena típica 2 (en VO): https://youtu.be/eHwegoVfOLU
¿Cómo verla?: Algunos episodios en versión original y en castellano están incluidos en youtube. La colección completa en DVD está a la venta en Amazon.es  en lengua inglesa


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