lunes, 5 de diciembre de 2016

Braquo, ser policía no es ninguna ganga en Francia


La primera impresión que uno tiene con esta serie no es mala: quizás, desde los primeros minutos parece algo “bronca”. Recuerda a otros muchos productos que hemos podido ver en televisión, incluso remite a aquella serie española, Brigada Central (1989-1990) en la que parecía que el grupo de policías que la protagonizaban solamente podían entenderse a gritos, pero recuerda mucho más el ambiente depresivo de la comisaría de Canción triste de Hill Street (1981-1987), y mucho más todavía a The Shield (2002-2008), en donde los protagonistas, un grupo de policías e pocos escrúpulos, viven situaciones cada vez más abracadabrantes, luchando por un lado contra la delincuencia y, por otra, ejerciendo ellos mismos de delincuentes. Braquo, serie policial francesa que remite a estos precedentes, los amalgama con el género negro convencional. El resultado es una serie “sucia” en la que ni siquiera la imagen es nítida, todo está impregnado por la patina de lo oscuro y el contagio que los bajos fondos generan entre quienes se mueven mucho en su entorno.

CUATRO TEMPORADAS DE LAS QUE SOBRAN TRES

Tal como le ocurrió a The Shield, la serie parece prometedora en su primera temporada y al concluir los ocho primeros episodios, reconocemos que hay un esfuerzo de guionización, interpretación y dirección, más que notable. Si debiéramos calificar a la primera temporada al margen de los otras tres que le siguieron, cabría puntuarla con un 8. No es una serie perfecta, pero, al menos, la dinámica es acelerada, las situaciones se desarrollan con rapidez, apenas hay tiempos muertos y el público se ve embarcado en una serie de situaciones sorprendentes que llevan a tensión cada vez más extremas. El corazón del espectador palpita, se agarra al butacón, comprime su cuerpo contra el respaldo y no puede apartar la mirada de la pantalla. Sin embargo, cuando se inició la segunda temporada, empezamos a ver algo que no terminaba de encajar. La serie había perdido todo su interés. Bruscamente, sin explicación, sin sentido.




No es la primera vez que vemos uno de estos fenómenos de caída total de interés. Le ocurrió a Crossing Line a partir de su segunda temporada, cuando se renovó el cuadro de actores y los que hasta ese momento la habían protagonizado fueron reemplazados por una nueva hornada que no estuvo en condiciones de superar a la primera. Este mismo fenómeno lo habíamos visto en la tercera temporada de Homeland, muy por debajo de las primeras y rara muestra de una serie que decae para luego recuperarse en las temporadas cuarta y quinta. Pero lo que sorprende de Braquo es que la caída haya sido tan brusca y tan en picado. La dimensión psicológica de los personajes que había constituido el principal polo de atracción de la primera, simplemente desaparece en la segunda. La serie empieza a mostrar solamente su aspecto más insulso y convencional y el capital aquilatado en la primera se diluye completamente a la mera dimensión de tostón con griterío y disparos.

EL PUNTO DE PARTIDA

Empieza la trama con el jefe de un grupo policial poco convencional. A lo largo de sus años de servicio ha demostrado que respetando siempre el reglamento y la ley, resulta imposible perseguir y vencer a quienes están habituados a vulnerar lo uno y lo otro. No ha dudado en hacer lo necesario para arrinconar y vencer a los “malos”. Los cuatro policías que están a sus órdenes le aprecian y han asimilado esta escuela: donde no llega la ley, llega la voluntad de vencer a la delincuencia. Pero, un buen día, acosado por sus superiores y agobiado por problemas personales, el jefe del grupo termina suicidándose. Sus cuatro compañeros deciden vengarlo. A partir de aquí se construye una trama que tiene como protagonistas a estos cuatro “flics” que deberán actual contra la delincuencia y contra sus propios superiores.

Además de las influencias que hemos comentado en el párrafo de introducción (en especial de The Shield), los guionistas y creadores de la serie no han tenido que ir muy lejos para diseñar este producto televisivo. En efecto, el “noir” francés está repleto de películas protagonizadas por Lino Ventura, Jean Gabin, Eddie Constantine, Alain Delon o Jean Paul Belmondo en los años 60-70, como para encontrar vetas inagotables de inspiración: quizás Pepé le Moko (1937) fuera la primera muestra e este tipo de cine que tan bien se les ha dado siempre a los vecinos. Pero fue sin duda, con Ascensor para el cadalso (1958) cuando el “noir” francés se encontró a sí mismo. En ambas películas podrían situarse el origen de los carriles por los que circula Braquo.


LOS CUATRO PROTAS

La serie se mantiene sobre cuatro columnas: los cuatro policías. Entre ellos, destaca Jean Hugues Anglade, veterano actor francés que lleva en activo desde principios de los 80 y que ya ha participado en varias cintas policíacas. Le recordamos por su participación en Nikita de Luc Besson (1990) y en La Reina Margot (1994) de Patrick Chéreau y últimamente en Suburra. Con el paso del tiempo se ha ido curtiendo como actor y es cada vez más requerido para este tipo de papeles de duro entre los duros (véase su participación en Asesino en el tiempo [2013]).

El otro puntal es Joseph Malerba que se prodiga tanto en cine como en televisión, actos que ha pasado por la comedia feliz (Â toute épreuve [2014]), inquietantes remakes (La semilla del diablo [2012])  género negro (Froid comme l’été [2002]), películas frívolas (Reines d’un jour [2001]) el terror o incluso las películas históricas (serie Odysses [2013]). En todos estos géneros, Malerba –que habla italiano a la perfección- se mueve como pez en el agua.
Sus otros dos compañeros de reparto, Karole Rocher y Nicolas Duvauchelle, tienen historiales cinematográficos más limitados y, prácticamente, Braquo, supone su primera incursión televisiva, ambos, sobre todo, han participado en películas francesas con poca proyección internacional.

El papel de los cuatro es relevante. Están al servicio de un guión: si este es bueno, pueden sacar adelante sus actuaciones sin dificultad; si es flojo, pierden credibilidad por mucha leña que echen al fuego.

CONDICIONES INDISPENSABLES PARA QUE ESTA SERIE GUSTE

Damos por sentado que el espectador que haya llegado hasta Movistar+ y se haya decidido a ver esta serie es porque siente una particular simpatía por el género negro. Pero, aún así, habrá que realizar unas precisiones importantes: no basta con que estar enamorado del “noir”, hará falta además que el espectador tenga algo de paciencia. No será sino hasta finales del episodio segundo o en el tercero, cuando la serie adquiera su mejor forma. Antes, tanto la trama como los actores, han estado tanteando el terreno; es a partir de la tercera entrega cuando se han afianzado en sus puestos y han creído en la serie. El ritmo creciente hasta lo frenético se mantiene hasta la octava entrega. Termina la primera temporada. Luego decae y no se vuelve a recuperar. Así pues: primero, paciencia, en alcanzar el clímax, en segundo lugar resignación porque, puestos los créditos de la octava entrega, el salto a la segunda temporada resulta mortal.

La serie, gustará a los que sienten particular devoción por el género negro francés. Quizás serán ellos los que podrán esperar más de esta serie y –con la prevención realizada en el párrafo anterior- más satisfechos les dejarán. Si The Shield les satisfizo, piensen que ésta es su traslación a este lado del océano.


Ficha

Título original: Braquo.
Título en España: Braquo.
Temporadas: 4 (32 episodios)
Duración episodio: 52 minutos
Año: 2009-2016.
Temática: Thriller.
Subgénero: Policíaca.
Tema: Un grupo de policías vulneran frecuentemente la ley para lograr sus objetivos y no tienen reparos en ser más criminales que los criminales para venga a su jefe muerto.
Actores:  Jean-Huges Anglade, Nicolas Duvauchelle, Joseph Malerba, Karole Rocher, 
Lo mejor: la caracterización del grupo policial pasado al “lado oscuro”.
Lo peor: caída de la calidad en la segunda temporada.
Puntuación: 6

¿Cómo verla?: A través de Movistar+. 
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